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LA MUJER DEL AVERNO

LA MUJER DEL AVERNO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Villana / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: MeilymCZ

Belleza Angelical, Inteligencia Peligrosa.

Desde niña, Haniel descubrió que una sonrisa podía abrir puertas y que una mirada podía hacer que los demás olvidaran sus propias intenciones. A los dieciséis años solo soñaba con vivir una vida extraordinaria junto a sus mejores amigas.
Pero crecer cambiaría las reglas.
Entre secretos, hombres, dinero, traiciones y poder, Haniel aprenderá que su mayor arma no es su belleza… Sino la facilidad con la que consigue que todos crean en su inocencia.
Porque hasta los ángeles pueden tener un lugar en el Averno.

NovelToon tiene autorización de MeilymCZ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap18

Haniel permaneció varios segundos sin decir una palabra.

La llamada con Olivia seguía abierta.

—Dime que estás segura —murmuró.

—Zamira lo comprobó dos veces.

—¿La cuenta está a nombre de mi madre?

—Sí.

Haniel miró hacia el pasillo.

La puerta de la habitación de Irina estaba cerrada.

—¿Cuánto dinero?

Olivia tardó en responder.

—No es una cantidad pequeña.

Haniel sintió que algo se revolvía dentro de ella.

Durante toda su vida había visto a su madre como una mujer fuerte. Estricta, sí. A veces demasiado controladora. Pero también protectora.

Nunca había imaginado que pudiera esconder algo semejante.

—Necesito hablar con ella.

—¿Quieres que vaya?

Haniel miró el reloj.

—No. Quédate en casa.

—Haniel...

—Olivia, por favor.

—Está bien. Pero llámame después.

La llamada terminó.

Haniel se quedó sola.

Por primera vez, no sabía si quería escuchar la verdad.

Pero sabía que necesitaba hacerlo.

---

Entró en la habitación de su madre.

Irina estaba sentada en el borde de la cama.

Parecía haber estado llorando.

—¿Le diste dinero a Gabriel?

Irina no respondió.

Haniel cerró la puerta.

—Mamá.

—Sí.

Una sola palabra.

Sin excusas.

Sin negaciones.

Haniel sintió que el pecho se le apretaba.

—¿Por qué?

—No puedo explicártelo.

—Puedes.

—No.

—Entonces dime al menos qué compraste con ese dinero.

Irina levantó la mirada.

—Silencio.

Haniel frunció el ceño.

—¿Qué?

—Le pagué para que guardara silencio.

La habitación quedó completamente quieta.

—¿Sobre qué?

Irina se levantó.

—Sobre nuestra familia.

—¿Qué sabía?

—Demasiado.

—¿Sobre mí?

Su madre dudó.

—Sobre todos nosotros.

Haniel sintió una punzada de rabia.

—Siempre haces lo mismo.

—¿Qué?

—Hablas como si estuvieras protegiéndome, pero nunca me dices de qué.

Irina se acercó.

—Porque eras una niña.

Haniel se quedó inmóvil.

Aquella frase tenía un peso extraño.

—¿Y ahora?

—Ahora eres adulta.

—Entonces dime la verdad.

Irina respiró profundamente.

—Hace siete años, Gabriel descubrió información relacionada con una operación de tu familia.

—¿Qué operación?

—No era nuestra.

—Pero tú participaste.

—Intenté detenerla.

—¿Y por qué le pagaste?

Irina bajó la mirada.

—Porque Gabriel amenazó con entregar los documentos.

—¿A quién?

—A las autoridades.

Haniel parpadeó.

—¿Y eso era malo?

Su madre tardó en responder.

—Depende de lo que hubiera en esos documentos.

—¿Qué había?

Irina no contestó.

Haniel apretó los puños.

—¿Zayd estaba involucrado?

—Sí.

—¿Mi padre?

Irina la miró.

—No de la manera que estás pensando.

Aquello solo consiguió confundirla más.

—¿Y Zamira?

—La familia de Zamira también estaba relacionada.

Haniel retrocedió.

—Entonces todo esto empezó hace siete años.

—Sí.

—¿Y tú nunca me dijiste nada?

—Quería que tuvieras una vida normal.

Haniel soltó una risa amarga.

—¿Normal?

Miró su teléfono.

—Alguien me está siguiendo. Zayd aparece en mi puerta. Un hombre desaparecido hace siete años está vivo. Y ahora descubro que tú le pagaste.

Su voz comenzó a quebrarse.

—Eso no es una vida normal.

Irina se acercó y tomó sus manos.

—Lo sé.

Por primera vez, Haniel vio miedo verdadero en los ojos de su madre.

—¿Gabriel te amenazó?

—Sí.

—¿Todavía?

Irina negó lentamente.

—No.

—Entonces, ¿por qué volvió?

—No lo sé.

Haniel la observó.

—¿Estás segura?

Irina no respondió.

Y aquella vez el silencio fue una respuesta.

---

Al día siguiente, las tres amigas lograron comunicarse mediante una videollamada.

Zamira tenía varios documentos frente a ella.

—Encontré algo más.

Haniel se acomodó frente a la computadora.

—¿Qué?

—La transferencia de mi padre a una empresa vinculada con Gabriel ocurrió tres días después de la transferencia de tu madre.

Haniel frunció el ceño.

—¿Qué significa?

—Que probablemente no fueron pagos independientes.

Olivia intervino:

—¿Entonces?

—Alguien estaba coordinando los movimientos.

Haniel se quedó pensativa.

—¿Quién?

Zamira negó con la cabeza.

—No aparece ningún nombre.

—¿Otra vez una inicial?

—No.

Zamira giró uno de los documentos hacia la cámara.

—Esta vez aparece un código.

Haniel lo observó.

L-17.

—¿Qué es eso?

—No lo sé.

—¿Y Zayd?

—También aparece relacionado con ese código.

Haniel sintió que el misterio se hacía cada vez más grande.

—Tenemos que dejar de investigar a ciegas.

Zamira asintió.

—Estoy de acuerdo.

Olivia miró a ambas.

—Entonces, ¿qué hacemos?

Haniel pensó en Zayd.

En Gabriel.

En su madre.

En todos los secretos que parecían conectarlos.

—Encontramos a Gabriel.

Zamira negó inmediatamente.

—No sabemos dónde está.

—Pero alguien lo sabe.

—¿Quién?

Haniel miró hacia la puerta.

—Zayd.

---

Esa misma noche, Haniel recibió una llamada.

Número privado.

Contestó.

—¿Sí?

Silencio.

—¿Quién habla?

Una voz masculina respondió.

—Deja de buscar a Gabriel.

Haniel se puso de pie.

—¿Quién eres?

—No importa.

—Para mí sí.

El hombre soltó una pequeña risa.

—Tu madre te mintió.

Haniel sintió un escalofrío.

—¿Sobre qué?

—Sobre el dinero.

—¿Qué quieres decir?

—No le pagó a Gabriel para proteger a la familia.

Haniel apretó el teléfono.

—¿Entonces para qué?

La voz guardó silencio unos segundos.

—Para comprar tiempo.

—¿Tiempo para qué?

La llamada se cortó.

Haniel se quedó mirando la pantalla.

Inmediatamente llegó un mensaje.

«Pregúntale a Irina qué ocurrió la noche del 17 de agosto.»

Haniel sintió que el corazón se le detenía.

No conocía esa fecha.

Pero su madre sí.

Porque cuando salió de la habitación, encontró a Irina en el pasillo.

—Mamá.

Irina levantó la mirada.

—¿Qué pasa?

Haniel pronunció lentamente:

—¿Qué ocurrió el 17 de agosto?

El rostro de Irina perdió todo color.

Y Haniel comprendió que acababa de mencionar una fecha que su madre había pasado siete años intentando olvidar.

Irina dio un paso atrás.

—¿Quién te habló de esa noche?

Haniel no respondió.

Solo la miró.

Y entonces, por primera vez, su madre dijo algo que cambiaría por completo la dirección de aquella historia:

—Haniel... esa noche fue cuando conocí a Zayd Lekesis.

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Renata Mabel
me encanta esta historia 🦆✨
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