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Le Propuse Matrimonio Al Demonio... El Ahora Será Mi Espada

Le Propuse Matrimonio Al Demonio... El Ahora Será Mi Espada

Status: En proceso
Genre:Venganza / Traiciones y engaños / Fantasía épica
Popularitas:5k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Él ahora será mi espada.
En su primera vida, Cassandra amó al hombre equivocado.
El príncipe heredero, su madrastra y su propia familia conspiraron contra ella hasta llevarla a una muerte cruel. Pero el destino le concedió una segunda oportunidad.
Al despertar diez años atrás, Cassandra recuerda perfectamente el día en que comenzó su desgracia.
Esta vez no elegirá al príncipe que la traicionará.
Cuando el emperador le ofrece escoger a su futuro esposo como recompensa por su salvar a un miembro de la familia real, Rosalind señala al hombre que todos temen: Balkan Trudeau, el Demonio de Moldavia, heredero de un reino de guerreros que cabalgan dragones.
Él es cruel. Ella es vengativa.
Él descubre que su nueva prometida esconde un corazón tan oscuro como el suyo.
Y Cassandra solo necesita una cosa de su futuro esposo:
Que sea su espada mientras ella cobra cada deuda pendiente.

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La trampa de seda

La Reina de Solaria llevaba tres días sin dormir, y en esos tres días había envejecido diez años.

El decreto del rey estaba sobre su mesa, esperando una firma que no era la suya: la de su propia condena. Despojada. Enviada a la Torre del Silencio. Y todo por una muchacha que había vuelto del sur con las manos vacías y la memoria llena.

Fue entonces cuando Edric, el príncipe destituido, el hombre que había perdido la sucesión por la misma mujer, entró en sus aposentos sin anunciarse.

—Los dos tenemos el mismo problema, majestad —dijo Edric, con la voz rota de quien ya no tiene nada que perder—. Y el mismo enemigo.

La Reina lo miró. Y en los ojos del muchacho que una vez fue su heredero favorito, vio el mismo incendio que ardía en los suyos.

—Ella se casa con el demonio dentro de una semana —dijo la Reina—. Si llega pura al altar, Moldavia la protege para siempre, y yo pudro en una torre. Pero si llega *arruinada*… el rey tendrá que ejecutarla por insultar a la corona extranjera. Y en el caos, nadie recordará mis pecados.

Edric sonrió. Fue la sonrisa de un animal acorralado que por fin encuentra una puerta.

—Yo me encargo de arruinarla —dijo—. Vos solo poned el escenario.

***

La invitación llegó al día siguiente, perfumada y sellada con el lacre real.

*La Reina de Solaria ruega a la señorita Cassandra, prometida del Príncipe de Moldavia, que la acompañe en el Invernadero Privado para entregarle, de su propia mano, el velo de boda de la corona.*

Cassandra leyó la nota dos veces. Luego miró a su capitana de Moldavia.

—La Reina me invita a tomar el té —dijo, serena—. Y Edric va a estar escondido detrás de las palmeras con un vino drogado y un bruto de los establos.

—¿Cómo lo sabéis?

—Porque una Reina que va a morir no regala velos —Cassandra dejó la nota sobre la mesa—. Regala trampas. —Tomó el pequeño libro de tapas negras que había sido de su madre y lo abrió por la página que ya conocía de memoria—. Y porque la *Raíz de Luna* huele a almendra amarga bajo la miel. Mi madre lo anotó hace veinte años.

Cerró el libro.

—Avisaré a la Emperatriz —dijo la capitana.

—No —Cassandra sonrió—. La Emperatriz llega al final. Primero, quiero que crean que ganaron.

***

El Invernadero olía a jazmín y a tierra húmeda. La Reina recibió a Cassandra con una sonrisa que era un cuchillo envuelto en seda, y le tendió una copa de vino dulce.

—Por tu boda, niña —dijo—. Que los dioses te den lo que mereces.

Cassandra aceptó la copa. Y antes de beber, la alzó a la luz, apenas un segundo.

*Almendra amarga bajo la miel.*

Bebió. O fingió beber: la manga de su vestido, con el paño encerado que su madre usaba para los venenos de contacto, hizo el resto. Dejó caer la copa. Se tambaleó. Cayó de rodillas, con los ojos vidriosos y el cuerpo blando.

La sonrisa de la Reina se abrió como una herida.

—Ya está —susurró, y alzó dos palmadas.

De detrás de las palmeras salió Edric, y detrás de Edric, un bruto de los establos con las manos como palas.

—Haz tu trabajo —dijo Edric, con la voz temblando de un placer enfermo—. Y cuando termines, los guardias la encontrarán así. Arruinada. Delante de media corte. El demonio la rechazará, y mi padre tendrá que ejecutarla.

El bruto avanzó hacia Cassandra.

Y Cassandra abrió los ojos.

Limpios. Serenos. Despiertos.

Se puso de pie con la calma de quien se levanta de una siesta, y el bruto, confundido, se detuvo en seco.

—La *Raíz de Luna* —dijo Cassandra, sacudiéndose el polvo de las rodillas— huele a almendra amarga bajo la miel. Mi madre lo escribió hace veinte años, en un libro que vosotras quemasteis creyendo que era solo cocina. —Miró a la Reina, y sonrió—. Nunca aprendisteis a leer, majestad. Ese fue vuestro error.

Edric retrocedió un paso.

—¿Qué…?

—Que el vino drogado era el vuestro, no el mío —Cassandra alzó la copa vacía—. Y que yo solo cambié las copas cuando mirasteis hacia la puerta.

La Reina bajó la vista, horrorizada, hacia su propia mano. Hacia la copa que ella misma había estado bebiendo, distraída, mientras Cassandra "caía".

El efecto de la *Raíz de Luna* la golpeó de golpe: las rodillas blandas, el calor subiendo, la razón nublándose.

—No… —gimió.

—Tranquila —dijo Cassandra, y alzó la voz, clara, hacia las palmeras—. ¡Capitana! ¡Su Alteza la Emperatriz puede entrar ya!

Las puertas del invernadero se abrieron. La Emperatriz *La Mano Seca* entró con sus guardias, y detrás de ella, con el rostro gris, el rey Aldric.

Lo que vieron fue esto: la Reina de Solaria, drogada con su propio veneno, aferrada al brazo de un mozo de establo; y Edric, el príncipe destituido, con la mano todavía extendida hacia la prometida de Moldavia.

El rey no gritó. Solo miró a su esposa. Y en ese silencio, la Reina entendió que su corona acababa de morir.

***

El juicio duró una hora.

La Reina fue despojada de su título delante de la corte y enviada a la Torre del Silencio, donde pasaría el resto de sus días sin poder hablar con nadie: el castigo perfecto para una mujer que había construido su vida sobre mentiras susurradas.

Edric, atrapado conspirando para arruinar a la prometida de una potencia extranjera, fue enviado al Muro, a servir como soldado raso sin nombre, junto al falso príncipe Darian. Los dos hijos que Elara había plantado en el trono, cavando trincheras en el hielo, juntos.

Y Cassandra salió del invernadero con las manos limpias, oliendo a jazmín, lista para casarse.

***

Esa noche, en el balcón, Balkan la escuchó en silencio, con las vetas carmesí latiendo bajo los ojos.

—La Reina, en la torre. Edric, en el Muro. —Hizo una pausa—. Ya no queda nadie en Solaria que pueda tocarte.

—Nadie —Cassandra se recostó en la balaustrada, satisfecha.

Pero entonces lo vio.

Un instante. Menos que un parpadeo. Las vetas carmesí de Balkan, que siempre latían como brasas, se volvieron **negras** por un segundo, y su mano, la mano que nunca temblaba, se cerró en un puño detrás de la espalda, ocultando un temblor.

—¿Qué fue eso? —preguntó Cassandra, y su voz perdió toda la calma.

Balkan sonrió. Fue la sonrisa más falsa que le había visto en la vida.

—Nada —dijo—. El viento del norte.

Pero Cassandra, que había aprendido a leer venenos en un libro de tapas negras, y a leer monstruos en un balcón, no le creyó ni una palabra.

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EspirituCreativo
Cassandra marca su camino... Pobre del que trate de pararla
Belky Gonzalez0
Ho Dios...Casandra es de temer.. me encanta 🥰
EspirituCreativo
🤭 Jaja lectora
Enderlay Correa
🤣🤣🤣 se la comió
EspirituCreativo
Gracias, ☺️
Enderlay Correa
muy buena me gusta
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