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EN BUSCA DE LO OCULTO: "Tiempo Prestado".

EN BUSCA DE LO OCULTO: "Tiempo Prestado".

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Aventura / Traiciones y engaños
Popularitas:87
Nilai: 5
nombre de autor: Feng Liang

Cristani por fin tenía una vida normal. O eso creía. Hasta que se dio cuenta de que el poder en su cuerpo empezaba destruirla por dentro.
Al mismo tiempo que los problemas volvieron con sus amigos. Primero fue esa espada. La querían para mantener bajo control a Cristani.
Luego supieron del ser que entró a su mundo, un peligro para su plano. Debían eliminarlo.
Entonces llegó Carl Rowen. Decía conocerla y que podía ayudarla a contener esa energía ancestral.
Y la búsqueda comenzó.
Después, Cristani supo que todas las vidas que trataban de recordarle, no eran suyas. Sino de un fragmento más. Uno que vivía en otro plano.
Y un encuentro con una mujer le hizo darse cuenta que sin ese fragmento podría morir.
Pero eso implicaba que Carl pudiera encontrarse con quien deseaba.
La decisión era suya.
Elegir su vida o elegir la felicidad de Carl.
¿Vivir para verlo desaparecer o morir para verlo encontrarse con ella?
¿Ser el monstruo que tanto temía o ser la heroína que Carl necesitaba?

NovelToon tiene autorización de Feng Liang para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21: El inicio de todo...de nuevo

Mamá llamó a la veterinaria avisando que yo había cogido un resfriado y que no estaba en condiciones para trabajar.

Colgó el teléfono y no volvió a mencionar el trabajo durante esos días.

Me quedé en mi habitación, enterrada bajo las mantas de mi cama. El peso era reconfortante, como si pudiera aplastar la fatiga que se me había metido hasta los huesos. Solo sostenía un libro entre las manos, sin leerlo de verdad. Pasaba las páginas con la vista fija en el techo y escuchaba la quietud del lugar. Era una quietud distinta a la de antes.

Antes el silencio tenía una sensación cálida. El movimiento de la energía en mi cuerpo. Ahora no había nada.

Las voces de Albert y Rose se escuchaban lejos, desde la sala quizás. Hablaban de cosas simples, de si iba a nevar esa tarde. Sus palabras llegaban amortiguadas, como si vinieran de otra casa.

Mi cuerpo se sentía cansado, como si un gran árbol hubiera caído sobre mí y me mantuviera pegada al colchón.

—Así es como se siente al no tener energía espiritual —susurré para mí misma mientras levantaba la mano y miraba mi palma con detenimiento.

La piel estaba pálida, sin el brillo tenue que antes aparecía cuando el poder corría cerca de la superficie.

La energía espiritual ya no corría por mis venas.

Y ya no podía sentir mi espada.

No físicamente, sino esa presencia constante en el fondo de mi mente, como una segunda respiración. Ahora solo había vacío.

El año nuevo llegó sin siquiera darme cuenta. Pasó entre fiebre, té y las mismas canciones en repetición.

Apenas llevaba unos días recuperándome.

Unos días desde que Carl se había ido sin decirme nada sobre mi poder. Sin explicarme como arreglar mi núcleo que se estaba deshaciendo, ni cómo detenerlo.

La música seguía reproduciéndose en un volumen bajo dentro de los audífonos.

—Mantén la ventana cerrada —dijo mamá al entrar a mi habitación y sentir el aire frío de afuera colándose por la rendija—. Te volverás a resfriar.

Ella cerró la ventana con cuidado y bajó las cortinas, devolviendo la habitación a la penumbra. Al final encendió las luces, esa luz amarilla que hacía que todo se viera más suave.

—Ya estoy mucho mejor —comenté mirándola desde la cama.

—Aun así, es peligroso.

Asentí lentamente.

Ella dejó una taza de chocolate caliente sobre la mesita de noche, al lado de la cama.

El vapor subió en espirales lentas.

Luego volvió a salir y cerró la puerta con suavidad.

Solté un largo suspiro mirando el vapor del chocolate subir y desaparecer. La mañana era fría, como todas en invierno. El viento que sacudía los árboles bajaba de las montañas congeladas que rodeaban Everfrost. Incluso dentro de la casa se sentía.

“Wild Flower” de RM entró llenando el ambiente frío.

Y las preguntas en la canción golpearon mi mente ya vacía.

“Where you go?

Where’s your soul?

Where’s your Dreams?”

“그 어디까지가 내 마지막일까

전부 진저리 나 하나 열까지 다

이 지긋지긋한 가면은 언제 벗겨질까

Yeah, me no hero, me no villain

아무것도 아닌 나.”

Cerré los ojos. La letra me daba vueltas.

Yo no era ninguna heroína, ninguna villana.

Nada.

Y eso era justo lo que sentía ahora.

El día entero pasó entre canción y canción.

A veces dormitaba, a veces miraba el techo. Durante la cena las charlas fueron sobre cosas cotidianas.

Albert contó un chiste que el vecino le había hecho. Rose preguntó si quería más sopa.

Cené en silencio y al terminar volví a la habitación a descansar.

Mientras mi cuerpo volvía a hundirse entre las sábanas pensé en Carl.

En la única persona que dijo poder ayudarme y que al final se había ido sin darme respuestas. Se fue como si no pasara nada.

Necesitaba ir a buscarlo. Necesitaba saber lo que mantendría ese poder estable hasta que pasaran los dos años.

Si no encontraba una forma de sostenerlo, me quedaría vacía para siempre. No vacía, moriría antes de que Baishe volviera.

Con eso en mente, gran parte de la noche di vueltas en la cama sin poder dormir.

Escuché el reloj de la sala dar las tres. Esperaba que la mañana llegara pronto para ir a buscar al chico.

.

.

.

—¿Segura que estarás bien? Puedes regresar eso cuando te hayas mejorado —mi madre me miró con preocupación mientras me ajustaba la bufanda.

Había dicho que saldría esa mañana a regresarle una bufanda que Carl me había prestado. Era una excusa. En realidad iba a buscarlo. Pero mi progenitora dudaba en dejarme ir con la cara aún pálida y la tos pegada en la garganta.

—Estaré bien, además iré bien abrigada —señalé mi abrigo grueso, la bufanda y los guantes. Parecía un bulto caminando.

—Bien, asegúrate de que no te toque mucho el frío —pidió ella antes de abrirme la puerta y dejarme salir.

—No tardaré —aseguré saliendo de la casa.

Esa mañana, por alguna extraña razón, se sintió cálida.

El sol subía poco a poco y el cielo estaba más azúl que los días anteriores. No había brisas. Solo una calma que me extrañó, como si la ciudad también estuviera conteniendo la respiración.

Con los audífonos puestos, alejando cualquier ruido del exterior, y mis pasos lentos cayendo contra el concreto, me dirigí en busca de Carl. Cada paso me costaba un poco, pero el aire limpio me ayudaba.

Los rayos del sol empezaban a calentar la fría ciudad de Everfrost.

Se filtraban entre los edificios y caían sobre la nieve de la noche anterior, convirtiéndola en charcos brillantes.

Los árboles alrededor de la calle se mantenían erguidos sin movimiento, como si estuvieran absorbiendo la luz solar que tanto les había hecho falta. Las ramas desnudas de algunas dibujaban líneas oscuras contra el cielo. Me detuve un segundo a mirarlos. Me recordaron a mí: sin hojas, sin energía, pero todavía de pie.

Seguí caminando. El nombre de Carl se repetía en mi cabeza al ritmo de mis pasos.

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