Harold era un médico incapaz de concebir, tras su muerte descubre que ahora es Sayon, el esposo Omega de Lebrón Kambell que ha permanecido encerrado en una jaula de oro alejado de la civilización por ese Alfa, Lebrón.
Con la misión que le pidió el verdadero Sayon de recuperar y proteger a su hijo de cinco años, Dion, que es el verdadero protagonista de la novela, Sayon tendrá que idear un plan para escapar de su prisión de oro y salvar al hijo que Lebrón le arrebató al nacer ya que era el hijo de Sayon con otro hombre, otro Alfa al que Lebrón odiaba profundamente.
Y así Sayon inicia su escape de un Alfa dominante que no quiere soltarlo.
Y así inicia la historia de estos tres, un Alfa que se aferra a buenas y malas a un Omega, un Omega reencarnado que no quiere ser encerrado y un niño Omega que solo quiere a sus padres.
NovelToon tiene autorización de Inés Nsé para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 9
Fui guiado a una única dirección. Cuando finalmente llegamos a una especie de terraza en el segundo piso, era un lugar amplio al aire libre y sobre todo era hermoso porque tenía macetas de flores por doquier amontonando el lugar, una ráfaga de viento golpeó mi rostro.
Me quedé quieto, era la primera vez que sentía el aire exterior desde que había despertado. Esa especie de invernadero era realmente hermoso como había dicho Laila.
Fuera había un jardín, flores y un pequeño estanque, más allá de los límites de la mansión había árboles frondosos.
La vista era tan espléndida que por un instante olvidé dónde estaba, parecía hermoso.
— ¿Le gusta? — Me preguntó Laila acercándose a ver mi rostro.
— Sí — Sonreí — Es precioso — Dije genuinamente.
Mi cabello largo se hondeaba con el viento, por primera vez me sentí libre en esa casa.
Laila me miró como si acabara de ver algo imposible.
— ¿Qué ocurre? — La pregunté.
— Nada — Dijo rápidamente avergonzada.
— Estás mirándome raro — Dije sintiendo la brisa.
Ella negó rápidamente — Es que... hace mucho que no lo veía sonreír — Me mostró su genuina sonrisa.
Bajé la mirada, quizás el verdadero Sayon tampoco había sonreído mucho, quizás aquel rostro nunca había tenido demasiadas razones para hacerlo.
Me acerqué lentamente a una de las flores en la terraza, era una rosa blanca, la toqué con cuidado.
Y entonces escuché una voz.
— ¿Qué haces aquí?.
Me giré.
Lebrón estaba detrás de nosotros, su mirada no era nada agradable, ¿y cuándo lo había sido?.
Vestía un traje negro impecable y tenía aquella misma mirada gris que parecía atravesar cualquier cosa.
Laila bajó inmediatamente la cabeza.
— Señor Kambell — Musitó.
Yo no dije nada, simplemente lo observé, ahora que podía pensar con mayor claridad, había algo que me molestaba. Aquel hombre no parecía simplemente enfadado, parecía agotado, como si llevara años cargando algo demasiado pesado.
— Te dije que no salieras de la habitación — Dijo, su voz era dominante y su expresión, demasiado sería.
— No lo sabía — Le dije sin temor, como si lo estuviera desafiando.
Sus cejas se fruncieron aún más — ¿No lo sabías? — Preguntó sin credulidad.
— No — Respondí secamente. Ahora que lo pienso esta era la primera vez que sus palabras no eran tan hostiles compradas a veces anteriores.
Lebrón me miró fijamente — ¿Ahora respondes? — Preguntó, pero parecía más a una acusación.
—¿Y eso es malo? — Sí, estaba retando a su paciencia.
Laila abrió los ojos, probablemente estaba esperando que yo recibiera un golpe, pero Lebrón no hizo nada, solo me observó con esa mirada asesina. De pronto empecé a sentir un olor en el ambiente que me hicieron marear.
— Señor Lebrón — Laila intercedió rápidamente — El Señor Sayon se sentía abrumado en la habitación y lo traje aquí, el médico dijo que respirar aire puro le sentaría bien, además... — La chica Continuó — Usted Dijo que no podía salir de casa, pero no dijo nada con que paseara dentro de la casa — Dijo valientemente la muchacha.
Laila en ese momento me llenó de orgullo, se veía a leguas que le tenía miedo a Lebrón, pero por Sayon podía hacer mucho.
— Señor Kambell ya está todo listo — Caleb apareció justo en el momento — Señora Kambell, Laila — Nos saludó.
— Vamos Laila — Dije de pronto — Estoy cansado, quiero dormir — Esa situación era muy incómoda.
— Claro — Dijo ella dejando que me apoyara en ella como habíamos venido.
Pasamos justo al lado de Lebrón y al llegar donde estaba Caleb, ese Alfa habló.
— Me da igual si lo dice el doctor — Dijo — Mientras yo no esté no quiero que salgas de tu habitación y mucho menos que pongas un pie fuera de esta casa — Ordenó — Si quieres aire fresco abre la ventana de tu habitación — Dijo saliendo junto a Caleb.
Cada palabra fue dicha con hostilidad que no pretendía ser medida. A veces me costaba pensar que este Alfa era el mismo que en la novela, él no tenía ninguna pinta de arrepentirse de nada.
......
Habían pasado cuarenta y siete días, no faltaba mucho, planeaba irme de aquí en unos días, me encontraba mejor, hacía ya seis días que podía estar perfectamente consciente y caminar, las marcas en mi cuerpo habían desaparecido casi al completo, mis ojos ya no tenían hoyuelos y mi adicción estaba... controlada, pronto, muy pronto iría a por ese pequeño, Dion.
Hoy le había pedido a Laila que me cortara el pelo, no me gustaba tenerlo tan largo, ocultaba mi cara y parecía un fantasma, no podía dejar que el pequeño Dión me viera así.
Una silla junto a una ventana con barrotes, allí estaba yo sentado y detrás de mí estaba Laila cortándome el cabello.
Observaba el paisaje de fuera, era hermoso, colorido y lindo, en todas estas semanas había estado encerrado en esta habitación fría y sin vida, sin poder salir, Laila cerraba la puerta con llave, yo no lo sabía, pensé que era para que no fuera a buscar alguna cosa de beber pero cuando se lo pregunté a Laila, ella me dijo que el tal Kambell no me permitía salir fuera y que yo o sea el verdadero Sayon siempre quería estar encerrado.
En estos días mirando la ventana me di cuenta de que la mansión era vigilada por gente, eran guardaespaldas digo yo, ya que llevaban trajes y esos comunicadores en las orejas como en las películas, Laila ya me había hablado antes de ellos.
Un lugar muy bien vigilado y custodiado, casi parecía el aeropuerto de Francia, me preguntaba cómo iba a salir de aquí.
Tenía que salir y rescatar a mi... quiero decir al pequeño Dión, éso estaba claro, pero y después qué haría, tenía que conseguir fondos y ayuda, pero a quién le iba a pedir ayuda, excluyendo a Laila no conocía a nadie más aquí con intención de ayudarme sin consideración. Ahora que lo recuerdo, tenía un padre que acogió a Dión y lo quiso con todo su corazón, dónde estaba él en éste momento, según Laila, nadie venía a visitarme, solo venía la madre de Lebrón una mujer Omega que venía raras veces al año, pero Lebrón no la dejaba acercarse a mí.
Fuera como fuese, conseguiría los fondos que necesitaba, era algo sencillo, como lo veía yo, Lebrón era asquerosamente rico además de tener relaciones con la mafia, algo que me inquietaba un poco así que conseguir algo de dinero de mi esposo no sería tan difícil “¿verdad?”.
acá me tiene padeciendo por más capitulos, no hay derecho