Valeria Chanstain creyó que el amor podía vencer cualquier obstáculo. Junto al hombre que amaba construyó un hogar, una familia y una vida que parecía perfecta, hasta que una verdad inesperada hizo añicos todo aquello en lo que alguna vez creyó.
Ahora, entre los recuerdos de un amor que juró ser eterno y el dolor de ver cómo la vida que construyó se desmorona ante sus ojos, Valeria tendrá que aprender a dejar ir aquello que más ama y encontrar la fuerza para comenzar de nuevo.
Porque a veces, perderlo todo no significa que la historia haya terminado... sino que apenas está comenzando.
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Entre invitados
Pero algo me inquietaba y no pude evitar preguntarle.
El tiempo pasaba demasiado rápido.
—¿Lo crees? Para mí es perfecto.
—Cada día envejezco un poco más —dije.
—Tonterías. Te ves hermosa, demasiado.
—¿Me amarás cuando sea una anciana?
—Por supuesto.
—Eres gracioso.
—¿Y tú me amarás cuando sea un anciano amargado?
—Talvez el me miro indeciso también te amaré.
—Mira quién por fin se animó.
Giré la cabeza y descubrí que Hall y Tatiana bailaban juntos. Se veían muy bien como pareja, aunque ella mantenía una expresión seria y lo miraba con evidente desagrado.
—Él lleva meses enamorado de ella.
—Pero ella parece odiarlo—dije
—Por su reputación.
—¿Reputación? —pregunté.
—Hall es un poco enamoradizo. Eso le ha traído muchos problemas. Y más ahora que, al parecer, se enamoró de verdad de ella. Actúa como un tonto cada vez que está con Tatiana.
Reí.
—El amor te hace actuar como un tonto.
Ethan me miró fijamente.
—Es igual que contigo. Cuando estoy a tu lado, también actúo como un tonto.
—¿Cómo un tonto después de diecinueve años?
—Bueno, ahora estoy aún más enamorado —respondió Ethan.
Me tomó suavemente de la cintura y me dio un pequeño beso en los labios. Correspondí al beso, aunque no pude evitar sentirme un poco avergonzada. Había demasiadas personas a nuestro alrededor y varias de ellas nos estaban observando.
—¿Pero qué haces? —le pregunté.
Ethan sonrió con complicidad.
—Nada.
Continuamos bailando, pero de repente Ethan se detuvo.
—¿Qué pasa?
—Mira hacia allá.
Seguí la dirección de su mirada y vi a Elian junto a una mujer un poco mayor. Él parecía realmente incómodo. Ella se sentó a su lado y comenzó a hablarle con evidente coquetería, mientras él permanecía serio y algo incómodo, soportando la situación en silencio. La mujer, en cambio, no dejaba de sonreírle.
—Al parecer, está en problemas —dije.
Elian se notaba incómodo y algo molesto.
—¿Quién será? —pregunté.
—Su abuela, su tía abuela.
Lo intente pero no pude evitar soltar una carcajada
— O tal vez una amiga.
Dijo, pero lo miré con cierta incredulidad.
—¿Una amiga le coquetearía de esa forma?
—No lo sé —respondió Ethan.
—Yo nunca dejaría que una amiga siquiera te mirara así.
—Eres muy celosa demasiado.
—No son celos. Solo protejo lo que me pertenece.
—¿Ah, sí yo te pertenezco? —respondió Ethan, divertido.
—Me has pertenecido desde hace veintitrés años.
—¿Veintitrés? No veinticinco.
—¿Por qué veinticinco? —pregunté.
—Porque yo te amé desde antes.
—Tonto —el me miro con ternura sin poder evitar sonreír.—Tal vez esa mujer es su novia o su casi algo —dije.
—¿Su casi algo? ¿De dónde sacas eso? Ella parece su tía abuela.
—No lo sé —respondí, encogiéndome de hombros.
Ethan soltó una pequeña risa.
—¿Volvemos a la mesa? Ya estoy un poco cansado de bailar.
—Sí, vamos. Yo también estoy cansada.
—Al parecer, ya tenemos edad para esto.
Ethan rio mientras tomaba mi mano para regresar a la mesa.
Elian permanecía allí, en silencio, cuadno nos vio su expresión cambio completamente ahora tenía una expresión de evidente alivio. La mujer al notarnos finalmente se levantó y se marchó sin decir una palabra más.
—Gracias. Me salvaron —dijo Elian, soltando un suspiro.
—¿Quién era? —preguntó Ethan.
—Ah… —Elian vaciló por un instante—. Solo una conocida.
—Parecía algo más que una conocida —comenté.
Elian me miró con cierta incomodidad.
—¿Cómo se te ocurre? Es una anciana, por favor. No bromees con eso.
No pude contener la risa. La expresión de Elian era tan seria que solo conseguía hacerlo más gracioso. Ethan permanecía en silencio, pero podía notar que estaba haciendo un gran esfuerzo por no reírse.
Él no era tan cruel como yo.
—Por cierto, Ethan, ¿sabías que el hijo mayor del señor Davies, Andrew, también asistirá?— dijo Elián
Ethan pareció sorprendido.
—No. En verdad, no lo sabía.
—Yo tampoco. Apenas me enteré. Al parecer, Hall fue el primero en saberlo. Lo vio hoy en la empresa y, desde entonces, todos han estado comentando que algo extraño está pasando.
—¿Algo extraño? —preguntó Ethan.
—Sí. Ya sabes que la relación entre ellos no es precisamente buena. Siempre que se encuentran terminan teniendo problemas o discutiendo. Por eso resulta extraño que Andrew haya decidido venir esta noche.
Ethan guardó silencio durante unos segundos, como si aquella noticia le hubiera despertado cierta preocupación.
—Entonces parece que esta noche será más interesante de lo que esperaba —dijo finalmente.
Miré a Elian desconcertada. La verdad, me sorprendía. El señor Davies era un hombre amable, sencillo y noble. Pensar que tenía problemas con su hijo mayor resultaba un poco extraño. Aunque, claro, también era un ser humano y las relaciones familiares no siempre eran tan sencillas.
—Tú lo conoces, Ethan —dijo Elian.
—Solo lo he visto algunas veces y ya —respondió Ethan.
Yo permanecí en silencio, escuchándolos.
—Es una relación compleja, ¿no crees, Valeria? —preguntó Elian.
—Sí, un poco. Pero supongo que es completamente normal —respondí.
Elian me miró con determinación.
—Debes tener mucho cuidado, demasiado para ser exacto —me advirtió.
—¿Por qué? —pregunté, un poco confundida.
—Bueno el hijo del señor Davies, Andrew, es un mujeriego de lo peor. Y, por lo que sé, le encantan las mujeres hermosas, así como tú.
Ethan se quedó mirándolo fijamente. Se notaba que estaba algo molesto por el comentario. Elian, por su parte, lo observaba con una expresión entre divertida y cautelosa.
Yo permanecí allí, mirándolos a ambos. También estaba un poco molesta por lo que Elian había dicho, aunque antes de que pudiera responder, Ethan intervino.
—No creo que logre superarte, Elian. Tú eres todo un maestro; él apenas es un principiante.
Elian lo miró y no dijo nada el noto que Ethan estaba algo enojado.
—Vamos, vamos, amigo. Solo estaba bromeando. No lo decía en serio. ¿O qué dices, Valeria? —añadió, intentando suavizar el ambiente.
Lo miré sin poder ocultar mi desaprobación.
—¿Qué clase de comentarios son esos? Elian, realmente eres extraño —dije.
Él soltó una pequeña risa y levantó las manos en señal de rendición.
—Está bien, está bien. Perdón.
Ethan también sonrió, mientras Elian parecía intentar recuperar la compostura.