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EL SILENCIO DE LOS CORDEROS DE CEMENTO

EL SILENCIO DE LOS CORDEROS DE CEMENTO

Status: Terminada
Genre:Mafia / Completas
Popularitas:198
Nilai: 5
nombre de autor: MISTER (X)

Brooklyn, 1986. Dante Rizzuto tiene doce años cuando presencia el funeral de su padre, Enzo, un capo de la mafia asesinado en un callejón. Su tío Salvatore, el nuevo jefe de la familia, lo cría bajo el código de la Cosa Nostra: el respeto se gana con poder, el poder se mantiene con miedo. Bajo la tutela de su tío, Dante se convierte en "Il Fantasma", un asesino frío y calculador que se mueve entre las sombras del bajo mundo de Nueva York.

Pero el pasado nunca muere del todo. Cuando Dante conoce a Elisa, una fotógrafa de arte que ve más allá de su fachada de hombre de negocios, comienza a cuestionar todo lo que ha aprendido. El amor se convierte en su primer acto de rebeldía, y la traición de su tío desencadena una guerra que lo enfrentará a su propia sangre.

En una carrera contrarreloj entre la venganza y la redención, Dante deberá infiltrarse en la fortaleza de su tío durante la Noche de las Máscaras, una velada veneciana donde los capos de las cinco familias celebran una tregua fic

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LA GRIETA EN LA FAMILIA

Capítulo 3

El funeral de los dos hombres fue discreto, sin flores ni lágrimas. Para el mundo, eran dos delincuentes comunes ajusticiados en un ajuste de cuentas. Pero para la Cosa Nostra, era una ofensa que requería sangre. Los Marchetti, encabezados por el anciano y astuto Don Franco Marchetti, un hombre de rostro arrugado como una pasa y ojos de un azul pálido que habían visto más de sesenta años de crímenes, exigieron una explicación.

Salvatore Rizzuto se vio obligado a comparecer en una reunión de la comisión, celebrada en el sótano de un restaurante de Queens. El restaurante se llamaba "La Villa dei Sogni", y era uno de los lugares más seguros de la ciudad para la mafia. El sótano estaba diseñado como un búnker, con paredes de hormigón armado y una puerta de acero que pesaba media tonelada.

Los capos de las cinco familias se sentaron alrededor de una mesa de roble, sus rostros iluminados por la luz tenue de una lámpara de araña. El humo de los cigarros se elevaba en espirales perezosas hacia el techo, mezclándose con el olor a whisky y el aroma de la comida italiana que llegaba desde la cocina.

Dante estaba en la sala, junto a su tío, sintiendo el peso de las miradas de los capos de las otras familias. La atmósfera era densa, cargada de ira y recelo, como el aire antes de una tormenta. Los capos, hombres de rostros duros y trajes caros, fumaban cigarros y bebían whisky mientras escuchaban las acusaciones de Don Franco.

"Mi sobrino actuó sin mi autorización," se disculpó Salvatore, su voz untuosa y falsa como el oro de un reloj de imitación. "Es joven, impetuoso. Como su padre. Será castigado. La familia Rizzuto no tolera la insubordinación."

Don Franco observó a Dante con desdén, como si fuera un insecto molesto. "¿Castigado? Su imprudencia ha matado a dos de mis hombres. Eso no se resuelve con un simple castigo. Su tío debe pagar con sangre. La sangre de su sobrino o la suya propia."

Dante sintió un escalofrío que le recorrió la columna vertebral. Salvatore lo miró, sus ojos de acero brillaron con un destello de furia contenida. Luego, se volvió hacia Don Franco con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. "No será necesario. Mi sobrino me ha fallado, sí, pero es mi sangre. Le daré una lección que no olvidará. Y para compensar su ofensa, le ofrezco el control del puerto de Elizabeth, una empresa muy lucrativa. El cincuenta por ciento de las ganancias para su familia."

La mención del puerto de Elizabeth causó un murmullo entre los presentes. Era una concesión enorme, que cambiaría el equilibrio de poder entre las familias. Dante observó la reacción de los capos: algunos estaban sorprendidos, otros cautelosamente satisfechos. Don Franco, sin embargo, mantenía su expresión impasible.

"El puerto de Elizabeth es una oferta generosa," admitió finalmente. "Pero no olvido a mis hombres, Salvatore. Asegúrate de que tu sobrino aprenda su lección. Y asegúrate de que no vuelva a ocurrir."

El puerto de Elizabeth era una joya codiciada, una puerta de entrada para el contrabando y el tráfico de todo tipo de mercancías ilegales. La oferta de Salvatore fue un gesto que Don Franco no pudo rechazar, aunque sus ojos mostraban que no olvidaría la afrenta. La tensión en la sala se disipó ligeramente, pero la herida estaba hecha. Dante sabía que su tío acababa de pagar un precio muy alto por su desobediencia, y que ese precio, tarde o temprano, tendría que cobrárselo a él.

De vuelta en el coche, un Lincoln negro con cristales ahumados, el silencio entre Dante y Salvatore era más frío que la noche de invierno en Nueva York. El motor rugía suavemente mientras atravesaban las calles iluminadas por neones.

"¿Qué crees que estabas haciendo? ¿Arruinarnos por una mujer?" rugió Salvatore, golpeando el asiento con el puño. "Te he criado para ser el jefe, no un tonto enamorado. La sangre de tu padre no merece esto."

"Usted envió a esos hombres, tío," dijo Dante, con una frialdad que sorprendió hasta a sí mismo. "Los envió para asustarla, para controlarme a mí. Para recordarme quién manda."

Salvatore lo miró, su rostro se contrajo en una mueca de ira. "¿Cómo te atreves a acusarme? Soy tu tío, tu mentor. ¿Crees que haría eso? ¿Crees que arriesgaría la estabilidad de la familia por un capricho?"

"Lo sé, tío. Porque es exactamente lo que usted haría," replicó Dante, sosteniendo la mirada. "No soy un niño al que pueda manipular. Ni un títere al que pueda manejar con cuerdas. Me crió para ser un hombre, y un hombre ve la verdad aunque duela."

La tensión en el coche era insoportable. Los dos hombres se miraban fijamente, ambos sabiendo que la confianza entre ellos se había roto en pedazos, como un espejo que nunca podría volver a ser uno solo. La guerra no solo era con los Marchetti, ahora también era dentro de la familia, una grieta que crecería con el tiempo.

Esa noche, Dante no durmió. Se quedó despierto en su ático, planeando su venganza. Sabía que no podía enfrentar a su tío directamente, al menos no todavía. Necesitaba pruebas, aliados, y sobre todo, paciencia. Abrió su diario y comenzó a escribir, plasmando sus pensamientos en el papel como una forma de exorcizar sus demonios.

"¿Qué clase de hombre soy?" escribió. "¿Soy el monstruo que todos creen? ¿O soy el hombre que Elisa ve en mí? Mi tío me ha enseñado que el poder lo es todo, pero yo sé que el poder sin honor no es más que una carga. Mi padre entendía eso. ¿Por qué no puedo ser como él?"

A la mañana siguiente, recibió una visita inesperada. Era Marco, que llegó con el rostro sombrío. "Jefe, tengo noticias. Malas noticias."

"Habla," ordenó Dante.

"Su tío ha ordenado que lo vigilen. Todos los días, a todas horas. Quiere saber cada movimiento que hace."

Dante asintió, como si ya lo esperara. "Entonces tendremos que ser más inteligentes. Más astutos. Vamos a darle lo que quiere: una distracción."

Marco lo miró con curiosidad. "¿Qué tipo de distracción?"

"Voy a fingir que me rindo," dijo Dante, con una sonrisa fría. "Voy a hacerle creer que soy un niño asustado que ha aprendido su lección. Y mientras tanto, voy a buscar las pruebas que necesito para destruirlo."

Marco lo miró con admiración mezclada con preocupación. Sabía que su joven patrón estaba jugando un juego peligroso, pero también sabía que era el único camino posible.

Los días siguientes, Dante se comportó como un hombre derrotado. Asistió a las reuniones familiares con la cabeza gacha, aceptó las tareas menores que su tío le asignaba, y evitó cualquier confrontación. Salvatore, confiado en que había recuperado el control, redujo la vigilancia sobre su sobrino.

Pero detrás de la fachada de sumisión, Dante estaba construyendo una red de aliados. Se reunía en secreto con los capitanes que aún le eran leales, hombres que habían servido bajo el mando de su padre y que nunca habían confiado plenamente en Salvatore. Les explicaba sus planes, les prometía un futuro mejor, una familia Rizzuto libre de la tiranía de su tío.

"No les pido que me sigan por lealtad a mí," decía Dante en estas reuniones clandestinas. "Les pido que me sigan por lealtad a la memoria de mi padre. Por lealtad a lo que la Cosa Nostra debería ser."

Uno de estos capitanes era un hombre llamado Giuseppe, un anciano de cabello blanco y manos nudosas que había sido el mejor amigo de Enzo. "Tu padre era un hombre de honor," dijo Giuseppe, con lágrimas en los ojos. "Salvatore lo traicionó, y yo lo he sabido durante años. Pero no tenía el valor para enfrentarlo. Tú, Dante, eres el valor que yo no tuve. Cuenta conmigo."

Giuseppe le entregó una vieja fotografía de Enzo y Salvatore juntos, tomada años antes de la muerte de su padre. "Guárdala," dijo el anciano. "Te recordará por quién luchas."

Poco a poco, Dante fue ganando su apoyo. Sabía que necesitaría a todos ellos cuando llegara el momento del ataque. Dante también comenzó a estudiar a su tío con más detalle. Descubrió que Salvatore tenía una debilidad por el juego, y que frecuentaba un casino en Atlantic City. También descubrió que tenía una amante, una mujer joven llamada Francesca, a la que visitaba en secreto. Dante usó esa información para ganar influencia sobre los hombres de su tío, prometiéndoles sobornos y favores a cambio de lealtad.

En las reuniones secretas, Dante también comenzó a trazar un mapa de la mansión de su tío, memorizando cada entrada y salida, cada rincón donde un guardia podía esconderse. Sabía que el momento del ataque llegaría pronto, y quería estar preparado.

"Salvatore no es invencible," le dijo Dante a Marco una noche, mientras revisaban los informes. "Tiene debilidades como cualquier otro hombre. Solo necesito encontrar la forma de explotarlas."

Marco asintió, con admiración en sus ojos. "Eres más astuto que tu padre, jefe. Y más paciente."

"La paciencia es la virtud de los que sobreviven," respondió Dante. "Mi tío me enseñó eso, aunque no lo pretendiera."

Esa noche, Dante soñó con su padre. En el sueño, Enzo lo miraba con orgullo y le decía: "Estás haciendo lo correcto, hijo. No dejes que el miedo te detenga." Dante despertó con una sensación de paz que no había sentido en años. Sabía que estaba en el camino correcto.

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