Una noche lo destruyó todo. Una trampa, una droga, un hombre que no pudo controlarse. Fernanda Arévalo perdió su pureza, su beca y su fe en el mundo a manos de Tristán Bracamonte, el heredero más poderoso —y más cruel— del país. Huyó sin mirar atrás, jurando enterrar aquella noche para siempre.
Seis años después, la vida tiene un sentido del humor perverso.
Fernanda ya no es el patito feo al que todos humillaban en la universidad. Ahora es una mujer imponente, madre soltera de un niño brillante, y acaba de ser contratada como secretaria personal del nuevo CEO del Grupo Bracamonte. El mismo hombre. La misma mirada gélida. El mismo apellido que le arrebató todo.
Pero Tristán tampoco es el mismo. Detrás de su fachada de hielo, lleva seis años buscando a la chica que desapareció sin dejar rastro, atormentado por una culpa que no lo deja dormir. Y cuando su nueva secretaria lo mira con esos ojos cristalinos que le resultan imposibles de olvidar, algo dentro de él se quiebra.
Ella finge no conocerlo. Él finge no sospechar. Pero los secretos tienen fecha de caducidad.
Mientras Fernanda lucha por mantener oculta la identidad del padre de su hijo, una mujer del pasado urde un plan siniestro para destruirla. Secuestros, traiciones empresariales, una hermana gemela que nadie sabía que existía y una red criminal que se extiende desde Ciudad de México hasta las costas de Maldivas convergen en una trama donde el amor y la venganza comparten la misma cama.
NovelToon tiene autorización de Eli Priwanti para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 19
El auto de Ignacio recorrió las calles de Ciudad de México, ya iluminadas por las luces urbanas, rumbo a uno de los centros comerciales más grandes del centro de la ciudad. Después de estacionarse, Ignacio y Fabiana entraron de inmediato y se dirigieron a la sección de jugueterías en el piso de arriba.
El ambiente colorido de la tienda, repleto de juguetes de todo tipo, entusiasmó a Fabiana. Se detuvo frente a un estante enorme donde se exhibían diversos modelos de robots automáticos. Tomó una de las cajas y se la mostró a Ignacio.
—Mi amor, ¿te parece bonito este robot? —preguntó Fabiana, girando la caja entre sus manos.
Ignacio observó el juguete un momento antes de responder. —Está bien. ¿Cuántos años tiene el niño de tu amiga, mi vida?
—¡Va a cumplir cinco años mañana! Es un niño muy listo, guapo, ¡y además súper simpático! —dijo Fabiana con los ojos chispeantes, imaginando el rostro adorable de Elián, que siempre lograba derretirle el corazón.
Ignacio sonrió y paseó la mirada por el estante contiguo, donde había juguetes de construcción y bloques apilables.
—Si apenas tiene cinco años, mejor cómprale un juguete didáctico, mi vida. Así puede desarrollar su creatividad, aprender jugando.
Fabiana aplaudió suavemente, encantada con la idea de su novio. —¡Ay, qué buena sugerencia, mi amor! ¡Seguro que a Eli le encanta algo así!
—¿Cómo dijiste que se llama el niño? —preguntó Ignacio con naturalidad, mientras ayudaba a Fabiana a buscar un juguete educativo apropiado.
—Elián, mi amor. La verdad es que a veces me da mucha tristeza cuando pienso en lo que pasó con mi amiga, la mamá de Eli. Cuando estaba en la universidad, la pobre sufrió muchísimo. La traían de bajada un montón de hijos de papi del campus, la acosaban sin piedad solo porque la veían tímida y con aspecto anticuado —contó Fabiana con vehemencia, dejando entrever la indignación profunda que sentía cada vez que recordaba el pasado de su amiga.
Al escuchar las palabras "acoso" y "universidad", los pasos de Ignacio se detuvieron en seco. Su cuerpo se puso rígido y la sonrisa se le borró del rostro al instante. El pecho se le contrajo con un dolor punzante cuando la memoria de seis años atrás volvió a girar dentro de su cabeza, recordándole el gran pecado que había cometido.
Sin percatarse del cambio drástico en la expresión de su novio, Fabiana siguió desahogándose mientras escogía un pizarrón magnético educativo. —Y eso no es lo peor, ¿sabes? Lo más salvaje de todo es que a mi amiga la convirtieron en objeto de apuesta de unos tipos asquerosos. ¡Hasta el punto de que la...!
Fabiana se interrumpió de golpe. No fue capaz de terminar aquella frase tan dolorosa. En su lugar, dejó el juguete y movió ambas manos, trazando un gesto circular frente a su propio vientre.
—Mi amor... tú entiendes lo que quiero decir con esto, ¿verdad? —preguntó Fabiana en voz baja, con los ojos humedecidos por la tristeza de revivir el sufrimiento de su amiga.
Ignacio tragó saliva con enorme dificultad. La garganta se le cerró como si la tuviera atrapada en un puño. —¿Quieres decir... que quedó embarazada?
—¡Sí, mi amor! ¡Quedó embarazada por culpa de esos malditos! —exclamó Fabiana, y una lágrima le resbaló por la mejilla—. Pero por suerte, Dios no la abandonó. Hubo un hombre bueno en la ciudad adonde se fue a vivir que aceptó casarse con ella tal como estaba. Gracias a ese matrimonio, ella y su hijo se libraron de los chismes crueles de la gente, y lo más importante, Elián pudo nacer con un nombre y un acta de nacimiento en regla.
Ignacio quedó mudo, apretándose discretamente los dedos, que se le habían puesto helados. Una culpa colosal le aplastó el alma. Pero se esforzó con todo para controlar sus emociones y evitar que Fabiana sospechara algo.
—Yo... admiro mucho a tu amiga —dijo Ignacio con la voz ligeramente ronca—. Es una mujer increíblemente fuerte y valiente para haber enfrentado todo eso. Algún día... ¿me la podrías presentar?
—¡Claro que sí, mi amor! Ella es mi mejor amiga desde la primaria. Estoy superorgullosa de ella. ¡Y tienes que saber que, gracias a estas manos mágicas de estilista que tengo aquí, el patito feo se transformó en un cisne hermosísimo! —proclamó Fabiana con orgullo, sonriendo ampliamente mientras se secaba el rastro de la lágrima.
¿El... el patito feo?
Al escuchar aquel apodo legendario salir directamente de los labios de su novia, el corazón de Ignacio retumbó con tanta fuerza que le zumbaron los oídos. Todo el cuerpo se le aflojó de golpe.
Su mente voló de inmediato a los recuerdos del campus de seis años atrás. Ese apodo... ese apodo específico que solo su grupo usaba para acosar a una sola chica tímida. La chica cuya noche en el Hotel La Perla ellos habían destruido junto con Tristán y Andrés.
Ignacio miró a Fabiana con un estupor abismal, cayendo en la cuenta de una realidad amarga: el destino acababa de arrastrarlo de vuelta al vórtice de un pasado que avanzaba hacia su punto culminante.
*
*
Esa misma tarde, al llegar a su departamento de renta, Fernanda no podía esconder el brillo de felicidad en su rostro. El agotamiento de un día entero lidiando con las impertinencias de Tristán en el Hotel La Perla pareció evaporarse sin más. Ya no podía esperar al día siguiente. Esa misma noche llamó a Fabiana para ultimar los detalles de su encuentro en un centro comercial de la ciudad, donde celebrarían el cumpleaños de Elián.
Y el día tan esperado finalmente llegó. Desde el amanecer, Elián ya estaba despierto, rebosante de entusiasmo. El pequeño saltaba de alegría al saber que su madre lo llevaría a pasear por la gran ciudad. Lamentablemente, en medio de tanta felicidad, doña Mila comenzó a sentirse mal. Le dolía el cuerpo y tenía algo de calentura.
Al ver el estado de su madre, Fernanda se sintió culpable al instante. —Mamá, ¿mejor cancelamos el plan? No me siento tranquila dejándote sola en casa si estás enferma —dijo Fernanda con preocupación, dispuesta a soltar el bolso.
Pero doña Mila negó con la cabeza y se lo prohibió. Sonrió con ternura; no quería arruinar el cumpleaños de Elián, que tanto habían anhelado su hija y su nieto.
—Anda, vete ya... ¿Que no va a estar Fabi con ustedes para celebrar? —dijo doña Mila con voz rasposa.
—Pues sí, mamá, Fabi ya va para allá. ¿Pero de verdad estás segura de que no pasa nada si te dejo? —insistió Fernanda, aún indecisa.
—No te preocupes, mija. Solo necesito descansar y tomarme una pastilla. Váyanse ya, que se les va a hacer tarde con el tráfico —la apremió doña Mila, tranquilizándola.
Después de besarle la frente a su madre y asegurarse de que tuviera todo lo necesario, Fernanda partió con Elián en un taxi hacia el centro comercial que habían planeado.
Al llegar al vestíbulo principal, resultó que Fabiana ya estaba esperándolos cerca de la entrada. Con su look a la moda, Fabiana llamaba la atención de inmediato, pero en cuanto vio a Fernanda y a Elián bajarse del auto, sus ojos brillaron. Agitó la mano con exagerado entusiasmo, corrió a abrazar a Fernanda con fuerza y después se arrodilló para abrazar y llenar de mimos a Elián.
—¡Amiga, estás guapísima hoy! Mira cómo los hombres de aquí no te quitan la mirada de encima —bromeó Fabiana sin filtro, haciendo que las mejillas de Fernanda se encendieran—. ¡Y Eli va requeteguapo con esa ropa! Oye, pero... ¿y doña Mila? ¿Dónde está?
—Mi mamá se sintió mal, Fabi. Le dio un poco de calentura, así que tuvo que quedarse a descansar en casa —respondió Fernanda, algo desanimada.
—Ay, qué mala suerte que justo hoy se enfermó. Bueno, no te preocupes, al rato le compramos algo rico para que se alivie —la consoló Fabiana con su alegría contagiosa.
Los tres entraron al centro comercial y se dirigieron a un restaurante familiar bastante elegante. Resultó que Fabiana ya había reservado un lugar especial. Sobre la mesa redonda, el restaurante había preparado un pequeño pastel de cumpleaños con una velita con el número cinco, acompañado de platillos deliciosos que abrían el apetito.
Cuando ya estaban sentados disfrutando del ambiente, Fabiana se inclinó hacia adelante. Con el rostro sonrosado y una sonrisa tímida, comenzó a contar las novedades de su vida amorosa.
Al escuchar el relato de su amiga, los ojos de Fernanda se abrieron de par en par, incrédulos. —¿En serio estás saliendo con un oficial de policía, Fabi?
—¡Claro que sí, Nanda! Mi novio y yo ya estamos en una relación formal y seria. Es un hombre buenísimo, guapo, bien plantado, ¡y por supuesto, con una posición estable! —dijo Fabiana con efusividad, exhibiendo su enamoramiento en grado máximo.
Fernanda sonrió con sinceridad, compartiendo la alegría. —Me da mucho gusto escucharlo, Fabi. Por fin mi amiga encontró a su media naranja.
—Oye, Nanda... —Fabiana le dio un toquecito en la mano a Fernanda, poniendo cara de súplica—. ¿No te molestaría que mi novio venga a celebrar el cumpleaños de Eli? Ya viene en camino con un regalo grande para Eli. Justo hoy es su día libre.
Elián, que estaba embobado contemplando su pastel de cumpleaños, levantó la cabeza de golpe al escuchar lo de "regalo grande". El niño sonrió de oreja a oreja. —¡Sí, tía Fabi! ¡Eli quiere regalo!
Fernanda se rio al ver la reacción de su hijo y le hizo un gesto afirmativo a Fabiana. —Claro que sí, Fabi. Dile que venga. De paso aprovecho para conocer en persona y evaluar al futuro esposo de mi amiga.
—¡Ay, Nanda, no digas eso que me pongo roja! —exclamó Fabiana cubriéndose el rostro, cada vez más encendido, provocando la carcajada de Fernanda.
Poco después de que Fabiana enviara un mensaje con el número de mesa, un hombre de complexión atlética e imponente apareció en la entrada del restaurante. Vestía de manera casual pero con carisma: polo blanco, jeans, gorra blanca y unos lentes oscuros posados en la nariz. En la mano derecha cargaba una caja de regalo de buen tamaño, la que habían comprado la tarde anterior.
El hombre recorrió el lugar con la mirada hasta que, al quitarse los lentes de sol, saludó con un gesto cálido hacia la mesa.
—¡Por fin llegó mi amor! —exclamó Fabiana alegremente, devolviendo el saludo.
Al escuchar a Fabiana, Fernanda giró la cabeza por reflejo hacia donde venía el hombre. Su intención era dedicarle la primera sonrisa cordial como anfitriona de la celebración. Sin embargo, en cuanto sus ojos se posaron de cerca en las facciones del hombre del polo blanco, la sonrisa se le esfumó al instante. El cuerpo de Fernanda se congeló por completo; la mano que sostenía la servilleta comenzó a temblar violentamente.
Del otro lado, los pasos de Ignacio quedaron clavados al piso del restaurante. El hombre se quedó inmóvil, con los ojos desorbitados, contemplando el rostro de la mujer sentada junto a Fabiana.
La atmósfera alrededor de aquella mesa se volvió gélida y opresiva para ambos.
Esta mujer... ¿por qué se parece tanto al patito?, gritó Ignacio en su interior, con el corazón martilleándole como si lo persiguiera el diablo.
Ignacio clavó la mirada sin pestañear en la estructura del rostro, la forma de los labios y aquellos ojos serenos que ahora lo observaban con una mezcla de estupefacción y terror. Su memoria se disparó de inmediato hacia lo que Fabiana le había contado la tarde anterior en la juguetería: la historia de su amiga que se había transformado de patito feo* en cisne hermoso*.
Dios mío... ¿Será posible que la mujer que tengo enfrente sea de verdad el patito feo que Tristán ha buscado como un loco durante seis años? Si realmente es ella... entonces no necesito moverme de aquí para salvar mi vida de las garras de Tristán, pensó Ignacio con la mente en plena ebullición, comprendiendo que la llave de todo el círculo vicioso de su pasado estaba sentada justo frente a su propia novia.
Continuará...