Ella amaba dibujar, su sueño era poder dedicarse a eso.. pero, sufre un accidente.. aun así, la vida la oportunidad de reencarnar en una nueva vida.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Lady Vasca 2
Así fueron pasando los días, los meses y se cumplio un año del nuevo despertar de Olivia, ella continuaba con sus clases de arte y cada vez estaba más feliz con su nueva vida, aunque a veces soñaba con esa montaña, con ese árbol de hojas rojas, incluso con lugares que antes no había visto. Aún así, había algo que su abuelo Lothian le había pedido que mantuviera además de la pintura.
Las clases de administración.
Lord Lothian era un comerciante importante.
Aunque no poseía un título nobiliario, su familia tenía una posición relevante en aquellos territorios y sus negocios tenían bastante influencia.
Por eso quería que Olivia aprendiera a administrar.
—Necesitas conocer cómo funciona todo esto
Olivia aceptó sin protestar.
No era su mayor pasión, pero comprendía que era importante.
Además, la administración no le impedía pintar.
Y mientras pudiera seguir teniendo sus clases de arte, estaba dispuesta a aprender.
[Está bien. Puedo aprender esto también.]
Así, sus días comenzaron a dividirse entre ambas cosas.
Administración por un lado.
Pintura por el otro.
Pero había una diferencia muy clara.
Cuando estudiaba administración, cumplía con sus responsabilidades.
Cuando pintaba...
Era feliz.
Cada día mejoraba un poco más.
Lady Vasca continuaba siendo exigente.
—Otra vez.
—Sí, maestra.
—Más precisión.
—Sí.
—Observe la luz.
—Sí.
Y Olivia seguía intentando.
Hasta que finalmente llegó el día que había estado esperando.
Terminó su primer cuadro.
Se quedó frente al lienzo sin moverse.
Lo observó durante varios segundos.
Después dio un pequeño paso hacia atrás.
Y volvió a mirarlo.
Era suyo.
Completamente suyo.
Desde el primer trazo hasta el último detalle.
No era perfecto.
Lady Vasca seguramente encontraría cosas que mejorar.
Pero era el primer cuadro que había conseguido terminar después de haber comenzado aquella nueva vida.
Y para Olivia significaba muchísimo.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
[Lo terminé...]
Se llevó una mano al pecho.
[De verdad lo terminé.]
Pensó en su primera vida.
En los dibujos que había hecho.
En las horas que había pasado soñando con poder dedicarse a pintar.
En aquella montaña nevada.
En su caja de lápices cayendo por el cerro.
Y en su último pensamiento.
[Me habría gustado mucho haber seguido pintando...]
Ahora estaba allí.
Frente a su primer cuadro terminado.
Y no pudo evitar sonreír mientras una lágrima escapaba por su mejilla.
[Estoy pintando otra vez.]
Cuando terminó de emocionarse, tuvo una idea.
Quería regalárselo a alguien.
A su abuelo.
Después de todo, si podía pintar todos los días era gracias a él.
Fue Lord Lothian quien había comprado los materiales.
Quien había preparado el salón.
Quien había contratado a Lady Vasca.
Y quien le había permitido abandonar las otras clases para dedicarse al arte.
Así que tomó el cuadro y fue a buscarlo.
Cuando se lo entregó, Lord Lothian lo observó en silencio.
—Es para usted.
El anciano levantó la mirada.
—¿Para mí?
Olivia asintió.
—Como agradecimiento.
Lord Lothian volvió a mirar el cuadro.
Su rostro permaneció serio.
—Gracias, Olivia.
Ella sonrió.
—Espero que le guste.
—Me gusta.
Y eso fue todo.
No hubo grandes palabras.
No hubo abrazos.
Ni una reacción exagerada.
Olivia ya conocía a su abuelo.
[Para él, probablemente eso significa muchísimo.]
Sonrió y dejó que se quedara con el cuadro.
Pasaron algunos días.
Olivia continuó con sus clases sin pensar demasiado en el regalo.
Hasta que una tarde, mientras Fany la ayudaba con algunas cosas, la doncella le dijo algo inesperado.
—Mi lady, su abuelo está muy orgulloso de usted.
Olivia levantó la mirada.
—¿Por qué dice eso?
Fany sonrió.
—Por su pintura.
Olivia parpadeó.
—¿Mi pintura?
—Sí.
—Pero cuando se la di no pareció muy emocionado.
Fany soltó una pequeña risa.
—Lord Lothian no es precisamente un hombre expresivo.
—Eso ya lo sé.
—Pero tiene su pintura en su oficina.
Olivia abrió los ojos.
—¿De verdad?
—Sí.
La sonrisa de Fany se hizo más grande.
—Y no solo eso.
Olivia se acercó.
—¿Qué más?
—Hace unos días tuvo una reunión con unos comerciantes.
Olivia escuchaba atentamente.
—Estaban hablando de negocios y, en algún momento, uno de ellos vio la pintura.
—¿Y qué dijo?
Fany imitó la voz seria del anciano.
—"La hizo mi nieta Olivia."
Olivia se quedó completamente quieta.
—¿Eso dijo?
—Exactamente.
Fany sonrió.
—Lo dijo con muchísimo orgullo.
Olivia sintió que algo cálido llenaba su pecho.
Miró hacia la ventana.
Durante unos segundos no supo qué decir.
Su abuelo no había expresado nada cuando recibió el cuadro.
No había sonreído.
No la había abrazado.
Ni siquiera había dicho muchas palabras.
Pero lo había colocado en su oficina.
En un lugar donde podía verlo todos los días.
Y, cuando otras personas preguntaron por él...
Había dicho orgullosamente que lo había pintado su nieta.
Olivia sonrió.
[Abuelo...]
De pronto comprendió algo.
Quizás el cariño de Lord Lothian nunca se vería como ella esperaba.
Quizás nunca sería un hombre que abrazara fácilmente.
Quizás nunca diría grandes palabras.
Pero eso no significaba que no la quisiera.
Él simplemente tenía su propia manera de demostrarlo.
Y aquella pintura era una de ellas.
Olivia bajó la mirada, sonriendo.
[Entonces...]
[Quizás mi abuelo sí está orgulloso de mí.]
Y esa noche, cuando volvió al salón de pintura, tomó nuevamente sus pinceles.
Porque ahora tenía un nuevo objetivo.
Pintar algo todavía más hermoso.
No para demostrar que podía hacerlo.
Sino porque quería regalarle a aquel hombre serio y poco expresivo otra razón para sentirse orgulloso de su nieta.
Espero de todo corazón que Olivia no le rompa el corazón, Victor solo necesita de cuidado y mucho amor.