Cuando Valentina Rojas, una joven fotógrafa que intenta reconstruir su vida después de una dolorosa traición, conoce a Alejandro Montenegro, un exitoso arquitecto marcado por secretos familiares, ninguno imagina que sus caminos terminarán unidos por el amor. Entre encuentros inesperados, malentendidos, rivales, sueños y sacrificios, deberán descubrir si el amor verdadero es capaz de superar cualquier obstáculo.
NovelToon tiene autorización de Orozco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
los primeros días
Las noticias viajaron rápido.
Mucho más rápido de lo que Valentina y Alejandro habían imaginado.
Dos días después de convertirse oficialmente en pareja, prácticamente todas las personas cercanas a ellos ya lo sabían.
Y aunque ambos habían intentado mantener cierta discreción, resultaba difícil ocultar algo tan evidente.
Las sonrisas.
Las miradas.
La forma en que buscaban la compañía del otro.
Todo hablaba por sí solo.
La primera en descubrirlo fue Laura.
Bueno, en realidad llevaba semanas sospechándolo.
Aquella mañana encontró a Valentina sonriendo frente a su teléfono por quinta vez en menos de diez minutos.
—Definitivamente son novios.
Valentina levantó la vista sobresaltada.
—¿Qué?
—Ni siquiera intentas ocultarlo.
—No sé de qué hablas.
Laura soltó una carcajada.
—Claro.
Y yo soy astronauta.
Valentina intentó mantener una expresión seria.
Duró exactamente tres segundos.
Luego comenzó a reír.
—Está bien.
Lo admito.
Laura dio un pequeño grito de emoción.
—¡Por fin!
—No grites.
—Voy a gritar todo lo que quiera.
Llevaba meses esperando este momento.
Aquella misma tarde, Alejandro visitó a su padre en el hospital.
Roberto continuaba recuperándose favorablemente.
Y aunque todavía debía permanecer algunos días más bajo observación, su estado mejoraba constantemente.
—Te ves diferente.
Comentó Roberto cuando su hijo entró en la habitación.
—¿Diferente cómo?
—Más feliz.
Alejandro intentó disimular.
Sin éxito.
—Tal vez.
—No.
Definitivamente sí.
Roberto sonrió.
—¿Tiene algo que ver con Valentina?
Aquella pregunta bastó para confirmar las sospechas.
—Sí.
La sonrisa de su padre se amplió ligeramente.
—Entonces me alegro.
Y aquellas palabras significaron más de lo que Roberto imaginaba.
Porque durante años, Alejandro había deseado escuchar algo parecido.
Aprobación.
Apoyo.
Simplemente un padre alegrándose por la felicidad de su hijo.
Mientras tanto, Valentina se encontraba visitando a su madre.
Y la situación era muy similar.
—Así que finalmente ocurrió.
Comentó su madre mientras servía café.
—¿Qué cosa?
—Cariño.
Nací mucho antes que tú.
No me hagas fingir que no sé de qué hablo.
Valentina se sonrojó.
—¿Tan evidente es?
—Muchísimo.
Su madre sonrió.
—Y me gusta verte así.
—¿Así cómo?
—Feliz.
La palabra resultó sencilla.
Pero poderosa.
Porque era verdad.
Después de mucho tiempo, Valentina realmente se sentía feliz.
Los siguientes días transcurrieron entre trabajo, visitas al hospital y momentos compartidos.
Momentos sencillos.
Pero especiales.
Una cena improvisada.
Una caminata nocturna.
Una película que ninguno prestó demasiada atención porque estaban demasiado ocupados hablando.
Pequeñas cosas.
Las mismas pequeñas cosas que construyen grandes historias.
Una noche, mientras cenaban en el apartamento de Valentina, Alejandro observó una de las fotografías colgadas en la pared.
Era una imagen de un atardecer junto al mar.
—Siempre me ha gustado esta.
Comentó.
—Es una de mis favoritas.
Respondió ella.
—¿Dónde la tomaste?
—Hace tres años.
En un viaje que hice sola.
Alejandro sonrió.
—¿Te gusta viajar sola?
—A veces.
—Valiente.
Valentina se encogió de hombros.
—O tal vez un poco loca.
—Eso también.
Ella le lanzó una servilleta.
Y ambos comenzaron a reír.
Aquellos momentos eran precisamente los que más disfrutaban.
No las grandes declaraciones.
Ni los gestos espectaculares.
Sino la tranquilidad de poder ser ellos mismos.
Sin máscaras.
Sin miedo.
Sin necesidad de aparentar nada.
Sin embargo, una semana después ocurrió algo inesperado.
Valentina recibió una llamada de la organización que patrocinaba su exposición.
—Tenemos una noticia importante.
Dijo una voz al otro lado.
—¿Buena o mala?
—Depende de cómo lo mires.
Aquella respuesta no le gustó.
—Ahora me preocupa.
—La gira nacional fue aprobada oficialmente.
Valentina sonrió inmediatamente.
—¡Eso es increíble!
—Lo es.
Pero hay un detalle.
La sonrisa comenzó a desaparecer.
—¿Qué detalle?
—El primer proyecto se realizará fuera del país.
Valentina permaneció inmóvil.
—¿Fuera del país?
—Sí.
En España.
Durante seis meses.
El silencio fue absoluto.
Seis meses.
La cifra resonó en su mente.
Una y otra vez.
Seis meses.
Aquello representaba una oportunidad profesional extraordinaria.
El tipo de oportunidad que aparece una sola vez en la vida.
Pero también significaba algo más.
Distancia.
Separación.
Tiempo.
Esa noche llamó a Alejandro.
Y apenas escuchó su voz, supo que necesitaba contárselo.
—Ocurrió algo.
Dijo ella.
—¿Todo bien?
—Sí.
Creo.
—Eso no suena muy convincente.
Valentina respiró profundamente.
—La gira fue aprobada.
—Eso es maravilloso.
—También es en España.
El silencio llegó inmediatamente.
Y aunque duró apenas unos segundos, ambos sintieron su peso.
—¿Por cuánto tiempo?
Preguntó Alejandro.
Valentina cerró los ojos.
—Seis meses.
Ninguno habló durante varios segundos.
Porque ambos comprendían perfectamente lo que aquello significaba.
No era una tragedia.
No era el fin del mundo.
Pero tampoco era algo sencillo.
Especialmente cuando acababan de comenzar una relación.
Especialmente cuando acababan de encontrarse.
Finalmente Alejandro habló.
Y su voz sonó tranquila.
Más tranquila de lo que ella esperaba.
—Estoy orgulloso de ti.
Valentina sintió un nudo en la garganta.
—¿Lo estás?
—Mucho.
—¿Aunque signifique irme?
Él sonrió al otro lado del teléfono.
Ella pudo escucharlo.
—Precisamente por eso.
Porque es tu sueño.
Las lágrimas aparecieron en los ojos de Valentina.
Porque aquella respuesta era exactamente la razón por la que lo amaba.
Sin embargo, después de colgar, ambos permanecieron despiertos durante horas.
Pensando.
Reflexionando.
Intentando imaginar cómo cambiarían las cosas.
Porque el amor acababa de unirlos.
Y ahora la vida parecía decidida a ponerlos a prueba.
Una prueba difícil.
Una prueba real.
Y ninguno sabía todavía si estaban preparados para enfrentarla.