NovelToon NovelToon
¿COMO PUEDO SER YO MISMA?

¿COMO PUEDO SER YO MISMA?

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / Completas
Popularitas:985
Nilai: 5
nombre de autor: analysi

Sofía lleva treinta años interpretando un papel: la mujer perfecta, eficiente, inquebrantable. Editora de textos, vive puliendo las palabras de otros mientras las suyas se pudren en un cajón. Cuando una humillación pública en su trabajo la obliga a enfrentar su fragilidad, comienza un viaje hacia el centro de sí misma. Entre la memoria de una niña que dibujaba espirales, el eco de su madre que también supo fingir, y la escritura de su propia historia, Sofía descubre que ser auténtica no es un destino, sino una decisión cotidiana. Una novela sobre máscaras, miedos y el acto rebelde de mostrarse.

NovelToon tiene autorización de analysi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7: La sala de juntas

Sofía llegó a la editorial a las nueve y media con el corazón latiendo tan fuerte que podía oír los latidos en sus oídos.

El día amanecía gris y frío, con un cielo de plomo que prometía lluvia. Sofía llevaba su mejor traje: chaqueta negra, camisa blanca, pantalones de vestir. La armadura de la profesional. Pero debajo, su cuerpo vibraba con una energía que no sabía controlar.

En el ascensor, se miró en el espejo. Los ojos, cansados, pero brillantes. Las manos, temblorosas, pero firmes. La Máscara, por una vez, no estaba. Sofía sonreía con naturalidad, sin forzar, como si por fin se hubiera reconciliado con su propio reflejo.

—Buenos días —dijo Carla al verla en el pasillo—. ¿Estás lista?

—No —respondió Sofía con honestidad—. Pero voy a hacerlo igualmente.

Carla sonrió y le apretó el brazo.

—Esa es mi amiga. Suerte.

Sofía entró en la sala de juntas a las nueve y cincuenta y cinco. La mesa de roble brillaba bajo la luz fluorescente, y alrededor de ella estaban sentados los rostros que decidirían el destino de la novela de García.

Darío, a la cabecera, con su expresión habitual de eficiencia. Bárbara, la directora editorial, a su derecha, con las manos entrelazadas sobre la mesa y una mirada que parecía perforar el alma. El resto del equipo de ventas, tres hombres y dos mujeres, con sus portátiles abiertos y sus expresiones profesionales.

Sofía sintió que las piernas le temblaban mientras se sentaba en la única silla vacía. Era la silla de los acusados, pensó. La silla de los que tienen que demostrar algo.

—Bien —dijo Darío, rompiendo el silencio—. Empecemos. Sofía, como sabes, estamos aquí para decidir si publicamos la novela de García. Tú has pedido que la defendamos. Así que te escuchamos.

Sofía respiró hondo. Miró a los rostros que la observaban. Algunos curiosos. Otros escépticos. Bárbara, impasible, como una estatua de mármol.

Y entonces, en lugar del discurso ensayado, salieron otras palabras. Palabras que no había preparado, pero que llevaban años esperando para ser dichas.

—Esta novela me ha llegado —empezó, y su voz sonó más firme de lo que esperaba—. Y no quiero decir que me haya gustado como lectora. Quiero decir que me ha llegado como persona.

El silencio se hizo más denso. Sofía sintió que todos los ojos estaban fijos en ella, pero ya no le importaba.

—La historia de esta mujer que pierde a su hija no es una historia bonita —continuó—. No es fácil, no es comercial, no tiene un final feliz. Pero es honesta. Y en un mercado lleno de historias que nos dicen cómo debemos sentirnos, esta nos dice que está bien sentir lo que sentimos. Que el dolor no tiene que ser poético para ser válido.

Hizo una pausa y miró a Bárbara. La directora seguía impasible, pero sus ojos parecían estar escuchando.

—He corregido cientos de novelas —dijo Sofía, y su voz tembló ligeramente—. He pulido las palabras de otros autores, he hecho que sus historias brillaran lo suficiente como para ser publicadas. Pero nunca, hasta ahora, había sentido que una historia me hablaba directamente. Que me decía: "Tú también puedes contar lo que llevas dentro."

El equipo de ventas intercambió miradas. Uno de ellos, un hombre de cuarenta y tantos llamado Roberto, levantó la mano.

—Entiendo que te haya llegado, Sofía. Pero nuestras decisiones se basan en números. ¿Crees que esta novela va a vender lo suficiente como para justificar su publicación?

Sofía sintió que el nudo en el pecho se apretaba. No tenía datos, no tenía estadísticas. Solo tenía su convicción.

—No lo sé —admitió—. Pero sé que hay historias que no deberían venderse solo porque sean rentables. Hay historias que deberían publicarse porque son necesarias. Y esta, creo, es una de ellas.

Roberto frunció el ceño, pero no insistió. Sofía continuó.

—Además, no estamos hablando de una novela experimental o inaccesible. Es una novela bien escrita, con personajes que se sienten reales, con una trama que atrapa. Puede que no sea un bestseller, pero tiene un público. Un público que necesita leer historias así. Que necesita sentirse acompañado en su dolor.

Bárbara habló por primera vez. Su voz era suave, pero tenía un peso que Sofía no había escuchado en mucho tiempo.

—Dices que esta novela es necesaria. ¿Necesaria para quién?

Sofía la miró directamente a los ojos.

—Necesaria para todos los que han perdido algo y no saben cómo nombrarlo —respondió—. Para todos los que han sentido que su dolor no merece ser contado. Para todos los que necesitan saber que no están solos.

El silencio se hizo más profundo. Sofía podía sentir el peso de sus propias palabras, el eco de su propia historia en ellas. Porque cuando hablaba de García, en realidad estaba hablando de sí misma. De la niña que había perdido sus alas. De la mujer que estaba aprendiendo a recuperarlas.

Bárbara asintió lentamente. Luego, se volvió hacia el equipo de ventas.

—¿Qué opináis?

Roberto encogió los hombros.

—Es un riesgo. Pero no el más grande que hemos tomado.

Otra de las mujeres, una joven llamada Paula, intervino.

—He leído el manuscrito. No es fácil, pero es bueno. Y creo que Sofía tiene razón. Hay un público para este tipo de historias.

Darío intervino con su voz de siempre.

—Yo confío en el criterio de Sofía. Nunca había defendido una novela así. Eso significa que realmente le importa.

Sofía sintió que las lágrimas le subían a los ojos, pero las contuvo. No podía llorar ahora. No en la sala de juntas.

Bárbara se volvió hacia ella, y Sofía vio algo que no esperaba en sus ojos: una chispa de reconocimiento. Como si Bárbara también supiera lo que era llevar una Máscara. Como si también hubiera tenido que aprender a ser ella misma.

—¿Sabes cuál es la diferencia entre una buena editora y una gran editora? —preguntó Bárbara.

Sofía negó con la cabeza, sin saber qué responder.

—La gran editora no solo corrige palabras —dijo Bárbara—. La gran editora defiende historias. Y hoy, has demostrado que eres una gran editora.

Sofía abrió los ojos con incredulidad.

—¿Eso significa...?

Bárbara sonrió. Era una sonrisa pequeña, apenas un esbozo, pero genuina.

—Significa que publicamos la novela.

El equipo de ventas asintió, algunos con más entusiasmo que otros. Darío dio una palmada en la mesa.

—Bien. Entonces, a trabajar. Sofía, me encargo yo de hablar con García. Y tú, quiero que coordines el proceso editorial. La novela es tuya.

Sofía salió de la sala de juntas con las piernas temblorosas y el corazón desbocado. La imagen de la niña de las alas de colores apareció en su mente, y por un momento, sintió que volaba.

Carla la esperaba en el pasillo, con una sonrisa enorme.

—¿Qué ha pasado?

—Han aceptado —dijo Sofía, y su voz sonó rota, como si no pudiera creerlo—. Van a publicar la novela.

Carla soltó un grito de alegría y la abrazó con tanta fuerza que Sofía casi se tambalea. Pero esta vez, Sofía devolvió el abrazo sin dudar.

—Lo has conseguido —dijo Carla, y en sus ojos brillaban lágrimas—. Lo has conseguido, Sofía.

Sofía no pudo contener las lágrimas esta vez. Cayeron por sus mejillas como una cascada liberadora, y no le importó que alguien las viera. No le importó que la Máscara estuviera completamente rota.

Porque por primera vez en su vida, no era invisible. Era visible. Era real. Era ella.

Esa noche, cuando llegó a casa, Sofía cogió el dibujo de la niña con alas y lo abrazó contra su pecho.

—Hoy he volado —susurró—. Gracias por recordármelo.

La niña sonreía, ajena al tiempo, ajena al miedo. Y Sofía supo que, aunque el camino fuera largo, había dado el primer paso.

El más difícil.

El más importante.

1
Cliente anónimo
Excelente historia 🥰🥰
Cliente anónimo
Realmente ése libro debe publicarlo ya qué ayudaría a muchas personas gracias a Dios por a ver encontrado está historia, No que soy una mujer como Sofía y no he tenido la oportunidad de quitar la máscara de mi personalidad 👏👏
Eli: Que bueno que te gustó, y muchas gracias por leer mi historia
total 2 replies
Cliente anónimo
Realmente la historia es una gran enseñanza 🥰🥰🥰
Cliente anónimo
Así se hace Sofía 👏👏👏
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play