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El Despertar De La Flor De Plata

El Despertar De La Flor De Plata

Status: En proceso
Genre:Cambio de Imagen / Viaje a un mundo de fantasía / Mundo de fantasía / Bestia
Popularitas:7.9k
Nilai: 5
nombre de autor: ska

En un mundo salvaje donde las hembras son escasas, codiciadas y acumulan harenes de múltiples esposos para asegurar la supervivencia de la especie, Lin Mei (la antigua "hembra perezosa y fea") toca fondo tras intentar forzar al guerrero oso Boran a amarla. Al borde de la muerte tras un intento de suicidio, su cuerpo es ocupado por Mei, una brillante estudiante de agronomía y medicina alternativa del mundo moderno.

Decidida a no ser el juguete ni el parásito de nadie, Mei revoluciona la Tribu de la Roca con conocimientos de higiene, agricultura y costura. Su transformación física y mental la convierte en la hembra más hermosa y deseada del continente. Mientras rechaza los lamentos del arrepentido Boran, Mei desafía las leyes del mundo de las bestias al entregar su corazón a uno solo: Kaelen, el imponente y devoto líder de los leones, demostrando que en un mundo de poligamia, el verdadero poder radica en elegir a quién amar.

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CAPÍTULO 23

El viento de la Luna Blanca comenzó a amansarse cuando las primeras luces del alba tiñeron el cielo de un tono lavanda pálido. La tormenta que había castigado el valle durante la noche se retiraba hacia las cumbres del norte, dejando tras de sí un paisaje modelado en curvas perfectas de nieve virgen y un silencio tan sepulcral que parecía anunciar el nacimiento de una era completamente nueva.

En la entrada principal de las Fauces de la Tierra, las defensas de hielo que Mei había ordenado colocar se mantenían intactas. Sin embargo, la joven agrónoma ya no se encontraba en las profundidades de la bóveda basáltica. Apostada en el umbral de piedra de la ladera oeste, Mei observaba el descenso del sendero con sus ojos almendrados fijos en la línea del bosque bajo. El Traje de Ortiga repelía el frío del amanecer con la misma eficiencia de siempre, pero su postura, con las manos entrelazadas a la espalda, denotaba la tensión de una estratega que aguarda el informe final del campo de batalla.

Detrás de ella, Sora y Nila mantenían una guardia silenciosa, sosteniendo pesadas estacas de madera reforzadas con puntas de piedra tallada. El miedo que antes las dominaba al pensar en los guerreros alfa se había disipado, reemplazado por la fría certeza de que su supervivencia ya no dependía de la piedad de ningún macho, sino de la solidez de sus propios muros y de la tecnología que guardaban en sus cestas.

Un crujido rítmico en la nieve compactada llamó la atención de Mei.

Desde la linde de los sauces de cristal, una columna compacta de figuras comenzó a ascender por el sendero inclinado. A la vanguardia marchaba Kaelen. El líder de los leones lucía una imponente prestancia salvaje; su melena dorada capturaba los primeros rayos del sol como una corona de fuego y su lanza de bronce, apoyada sobre su hombro derecho, venía limpia de sangre, aunque la pintura de guerra negra de su pecho estaba desgastada por el roce del viento helado.

Detrás de él, la falange del sur avanzaba en un orden marcial perfecto, escoltando con desprecio a los restos del ejército de la Roca. Boran, con el rostro desfigurado por los hematomas y dos costillas rotas que lo obligaban a caminar encorvado, avanzaba con paso vacilante, arrastrando los pies en la nieve. Talia caminaba a su lado, con la túnica de piel sucia y rota, con los ojos fijos en el suelo para evitar las miradas de las hembras que antes solía humillar en la plaza baja. Karg y los demás guerreros de élite de la facción alta marchaban atados por las muñecas con cuerdas de tendón de mamut, cabizbajos y despojados de sus armas de piedra.

Kaelen detuvo a la columna a unos diez metros del umbral de la cueva, justo en el claro donde el sol iluminaba por completo la figura de Mei. El líder de los leones clavó la base de su lanza en el hielo y ejecutó una inclinación de cabeza cargada de una galantería soberbia y un respeto absoluto.

—La cacería ha terminado, mi flor de plata —ronroneó Kaelen, su barítono profundo resonando en el aire limpio de la mañana—. El oso que pretendía quemar tus telares y confiscar tus medicinas ahora no es más que un trozo de carne rota que tiembla ante la escarcha. He traído a los prisioneros ante la verdadera dueña del valle para que dictes el destino de sus hilos.

Mei descendió los tres escalones de piedra natural de la entrada, manteniendo su rostro sereno, analítico y carente de cualquier rastro de regocijo malicioso o triunfo infantil. Se detuvo a dos metros de Boran, observando el deterioro físico del macho alfa con la misma frialdad con la que examinaría un cultivo afectado por una plaga irreversible.

—Boran —habló Mei, su voz cortando el viento del amanecer con la precisión de una navaja—. Te advertí que la fuerza bruta no se podía comer cuando el invierno congelara los ríos. Decidiste marchar al sur a robar el sustento de otra tribu en lugar de aceptar las leyes del intercambio y la gestión de recursos que propuse en el consejo. El resultado de tu ignorancia está a la vista de todos: tus guerreros están heridos, tu facción está hambrienta y tu estatus como líder de la Roca ha dejado de existir.

Boran levantó la cabeza con dificultad, sus ojos marrones inyectados en sangre fijos en la chaqueta de tela de Mei. Dejó escapar un gemido ronco, una mezcla de dolor físico y humillación psicológica.

—Maldita sea tu estirpe, paria... —susurró el oso, con un hilo de saliva sanguinolenta corriendo por su comisura—. Nos quitaste a las hembras... destruiste el fuego de la plaza... nos dejaste sin nada.

—Yo no te quité nada, Boran —replicó Mei, dando un paso al frente de manera imponente—. Las hembras de los nidos bajos eligieron la Casa del Hilo porque prefieren el desarrollo y la salud de sus crías por sobre el capricho de tus cazadores de élite. Tú te destruiste a ti mismo al creer que el monopolio de las hachas de piedra era suficiente para gobernar un territorio en crisis. La fuerza solo destruye; es la inteligencia la que conserva la vida.

Talia, incapaz de contener la bilis que le corroía el pecho, levantó la mirada hacia Mei, con el rostro desencajado por la envidia.

—¡Eres una traidora, Lin Mei! ¡Te has aliado con los gatos del sur para robarnos la montaña! ¡El jefe Gorik jamás aceptará que una paria y un extranjero decidan el destino de nuestra sangre!

Antes de que Mei pudiera responder, una figura anciana pero firme emergió de las sombras del sendero lateral. El jefe Gorik, apoyado en su pesado bastón de mando de madera de roble, se abrió paso entre los lanceros de los leones. El viejo líder lucía cansado, pero sus ojos marrones mantenían la lucidez de quien ha visto nacer y morir decenas de lunas blancas. Miró el panorama: los guerreros de Boran derrotados, la falange de Kaelen en posición de control y a Mei erigiéndose como el eje central de toda la escena.

—El jefe Gorik acepta lo que los ancestros ya han dictado a través de los hechos, Talia —declaró el anciano, su voz ronca silenciando los murmullos del claro—. Boran violó el dictamen del consejo al intentar atacar la Casa del Hilo y cruzar las fronteras de nuestros aliados. Las leyes de la Roca son claras: un líder que guía a sus guerreros a una destrucción innecesaria por puro orgullo pierde el derecho a portar el hacha de la plaza.

Gorik caminó hacia Mei, deteniéndose frente a ella y clavando su bastón en la nieve.

—Lin Mei... has demostrado que tu hilo es más fuerte que nuestras piedras. Tu cueva subterránea mantiene vivas a las crías y tus provisiones alimentan a la base de nuestra tribu. Por el derecho de la supervivencia y la sabiduría, la Tribu de la Roca ya no pertenece a los cazadores pardo. A partir de hoy, la Casa del Hilo y la Medicina es el nuevo centro de nuestro nido común. Tú dictarás las leyes del trueque y la distribución de los recursos.

Mei inclinó la cabeza con respeto ante el anciano líder, aceptando la transferencia de poder político con la gravedad de quien asume una jefatura de estado en una situación de emergencia.

—Acepto la responsabilidad, jefe Gorik —sentenció Mei, girándose hacia la multitud—. Y estas son mis primeras leyes: Boran y Karg quedan despojados de sus rangos de cazadores de élite. No serán desterrados al invierno, porque la Casa del Hilo no asesina por omisión; pero trabajarán en las laderas bajas recolectando leña y limpiando los canales de agua bajo la supervisión de los cazadores aliados, como Torg. Talia perderá su derecho a habitar las cuevas principales de la plaza y se unirá al taller de hilado básico; aprenderá el valor del trabajo manual antes de volver a reclamar una porción de comida.

Talia dejó escapar un chillido de horror, cayendo de rodillas sobre la nieve, percatándose de que su destino ahora dependería de los hilos que tanto había despreciado.

Kaelen observaba la resolución de Mei con una sonrisa ladeada, sus pupilas verticales dilatadas por un orgullo posesivo que no se molestaba en ocultar. Dio un paso hacia ella, permitiendo que su enorme silueta dorada flanqueara la figura de la joven agrónoma frente a los restos de la tribu.

—Una resolución perfecta, mi reina de ortigas —ronroneó el león, su tono bajando a una frecuencia íntima que hizo que Sora y Nila dieran un paso atrás de manera instintiva—. Has domesticado a los osos con tu lógica y has tomado el control de la montaña sin desperdiciar una sola vida de tu gente. Ahora que la Roca está bajo tus leyes, la alianza entre el León y el Hilo está sellada con el bronce de mis hombres y la tela de tus manos.

Mei sostuvo la mirada ámbar del felino, manteniendo su distancia profesional pero reconociendo la valía de su intervención militar.

—La alianza es con la Casa del Hilo, Kaelen. Tus guerreros mantendrán la seguridad de las fronteras del sur y proveerán carne fresca para los almacenes centrales. A cambio, mis talleres confeccionarán treinta capas de tela de ortiga reforzada para tus patrullas antes de que termine la Luna Blanca, y Nila preparará los suministros de medicina necesarios para tu campamento bajo. El intercambio será exacto y simétrico. Aquí no hay reyes, Kaelen; hay socios estratégicos.

Kaelen soltó una carcajada limpia, libre y magnífica que resonó en las paredes de las Fauces de la Tierra. El fiero líder extendió su mano larga y curtida, atrapando con sutil firmeza los dedos de Mei, elevándolos ligeramente en un gesto que sellaba el pacto ante los ojos de ambas tribus.

—Socios estratégicos entonces, pequeña flor —aceptó el león, sus ojos brillando con una luz densa que prometía batallas futuras de una naturaleza mucho más íntima—. Pero el invierno es largo y el hielo eventualmente se derretirá. Disfruta de la construcción de tu nuevo orden en las piedras profundas, porque cada hilo que tejes en esta montaña solo nos acerca más al día en que el sur y el norte se unan bajo un solo nombre.

Mei retiró su mano con suavidad pero con una firmeza inquebrantable, devolviéndole una sonrisa enigmática e irónica.

—Para cuando el hielo se derrita, Kaelen, la tecnología habrá avanzado tanto que tu bronce parecerá tan antiguo como las hachas de piedra de Boran. Prepárate para trabajar duro; la revolución de las agujas acaba de ganar su primera batalla.

El sol de la mañana se elevó por completo sobre las colinas, bañando el claro con un resplandor dorado que hacía brillar las vestimentas de tela marfil de Mei como si estuvieran hechas de luz pura. La columna de prisioneros comenzó a ser trasladada hacia los nuevos sectores de trabajo bajo las órdenes de Sora y los cazadores aliados. La Casa del Hilo subterránea abría sus puertas al amanecer de un nuevo mundo, donde la mente de una mujer moderna había logrado reescribir el destino de la evolución primitiva sobre el lienzo inmaculado de la nieve.

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Irma Morena Ruelas Cueva
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Victoria Avon Chang
ME GUSTA LA TRAMA ES NUEVA PARA MI POR LAS TRIBUS DE BESTIAS
Irma Morena Ruelas Cueva
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Yarelis Armas Pérez
q tipo de hembra es mei ? una osa ?

zorra ? ¿ q animal ?
Yarelis Armas Pérez: ahora me quedare con la duda 😗😗😗

bueno a seguir leyendo
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Irma Morena Ruelas Cueva
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Victoria Avon Chang: Ne encanta la trama Autora gracias
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