NovelToon NovelToon
PERFECTO ENGAÑO DE AMOR

PERFECTO ENGAÑO DE AMOR

Status: Terminada
Genre:Romance / Traiciones y engaños / Amor prohibido / Completas
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa

Andrea Miller jamás imaginó que una simple noche en una discoteca cambiaría por completo su vida. Después de semanas sintiéndose atrapada en la rutina, acepta salir con su mejor amiga, Viviana Lewis, sin saber que entre las luces, la música y el alcohol cruzaría miradas con el hombre que terminaría destruyendo su corazón.
Sebastián Foster es atractivo, elegante y demasiado encantador para ser real. Desde el instante en que se acerca a Andrea para ofrecerle una copa, la conexión entre ambos se vuelve imposible de ignorar. Las conversaciones fluyen, las miradas arden y el deseo termina convirtiéndose en algo mucho más peligroso: amor.

NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 21

Las fronteras que antes separaban las vidas de cada uno se habían desvanecido casi por completo. Ya no eran encuentros aislados ni citas ocultas; ahora formaban un círculo cerrado, un grupo unido por parejas que se amaban y que, sin saberlo, compartían también la inmensa red de engaños que sostenía todo. Se reunían en casas ajenas a miradas curiosas, en terrazas apartadas o en el propio refugio que Sebastián usaba con Andrea, convirtiendo esos espacios en escenarios donde la alegría y la complicidad parecían genuinas, mientras que bajo la superficie crecía la tensión de tener que vigilar cada gesto, cada palabra y cada mirada.

Una noche decidieron cenar todos juntos en el apartamento que Sebastián y Andrea llamaban suyo. Era la primera vez que Viviana y Omar entraban allí, y para Sebastián suponía un riesgo enorme, pero también una forma de demostrarle a Andrea que avanzaban, que poco a poco las barreras se iban rompiendo. La cena transcurría entre risas, anécdotas y brindis por el amor que había unido sus caminos. Sin embargo, debajo de esa atmósfera alegre, cada uno mantenía su propia guardia en alto.

—Me parece increíble cómo todo ha cambiado en tan poco tiempo —comentó Viviana, mirando a todos con una sonrisa, aunque en su mirada aún persistía esa sombra de duda que no lograba expulsar del todo—. Antes éramos dos mundos totalmente distintos, y ahora no concibo una reunión donde no estemos todos. Es como si estuviéramos destinados a encontrarnos.

—La vida une lo que debe estar unido —respondió Omar, apretando suavemente su mano bajo la mesa, aunque dirigió una mirada rápida y significativa hacia Sebastián, una mirada que decía: «Cuidado, estamos en terreno peligroso»—. Y hay lazos, como los que tenemos nosotros, que nada ni nadie podrá romper.

Andrea, radiante y feliz, miró a Sebastián con adoración absoluta.

—Es verdad. A veces siento que todo lo difícil, todos los obstáculos que han existido, valieron la pena para llegar aquí, a este momento, donde estamos todos los que queremos juntos y en paz. ¿Verdad, mi amor?

Sebastián sintió un nudo en la garganta, pero sonrió con ternura y le acarició el rostro con suavidad.

—Sí, mi vida. Más que valer la pena. Eres tú quien ha hecho posible que todo esto tenga sentido, incluso lo que parecía imposible de superar.

Al cabo de un rato, mientras reían recordando una salida anterior, el teléfono de Sebastián vibró sobre la mesa. Él lo tomó instintivamente, pero al ver el nombre en la pantalla, su expresión cambió por una fracción de segundo: tensión, sobresalto, ese reflejo de miedo que ya no lograba ocultar del todo. Rápidamente, lo puso en silencio y lo deslizó en su bolsillo, fingiendo indiferencia. Pero ese movimiento brusco, esa pequeña pausa, no pasó desapercibida para dos pares de ojos: Viviana, que lo observaba todo con atención creciente, y Omar, que conocía perfectamente qué significaba esa llamada y quién estaba al otro lado.

—¿No vas a contestar? —preguntó Viviana con voz tranquila pero penetrante—. Parecía urgente.

Sebastián se acomodó en la silla y forzó una sonrisa relajada.

—Para nada. Son… asuntos pendientes, cosas que pueden esperar perfectamente. Nada que tenga importancia comparado con estar aquí con ustedes.

—¿Seguro? —insistió ella, sin apartar la mirada—. Me pareció ver algo… ¿era algún tema familiar o de negocios? A veces esos no pueden esperar tanto.

Omar intervino enseguida, tratando de desviar la atención antes de que la situación se complicara más.

—Ya sabes cómo es esto, Viviana. Siempre hay alguien que llama por cualquier cosa, a cualquier hora. Sebastián tiene la suerte de saber priorizar lo que realmente vale la pena. Y ahora mismo, esto de aquí es lo primero.

Andrea, lejos de sospechar nada y queriendo calmar cualquier extrañeza, asintió feliz.

—Exacto. Ya le he dicho muchas veces que merece la pena desconectar de todo eso de vez en cuando. Me alegra que lo esté haciendo por fin.

Pero esa pequeña incidencia sembró otra semilla en la mente de Viviana, que no dejaba de comparar: «Asuntos pendientes, llamadas que alteran su rostro… ¿no será que es ella? ¿Renata?».

Más tarde, mientras Andrea ayudaba a recoger la mesa y Sebastián salió un momento a la terraza para tomar aire y tratar de calmar sus propios nervios, Viviana aprovechó para acercarse a Omar en voz baja, con la urgencia de quien necesita respuestas inmediatas.

—Omar, vi bien lo que pasó. La llamada, su cara… no era algo sin importancia. Era algo que le asustó. Dime la verdad, por favor. ¿Era ella? ¿Era Renata?

Omar miró hacia todos lados para asegurarse de que nadie más escuchaba, y respondió con seriedad, casi en un susurro:

—Escúchame. Renata es parte de su vida oficial, sí. Y ahora mismo está muy atenta, muy vigilante. Sebastián no puede dejar de atender ciertas cosas, de responder a ciertos llamados, aunque quiera. Pero eso no significa nada para lo que tenemos nosotros. No dejes que cosas pequeñas te confundan y arruinen esta noche, por favor. Todo está bajo control.

—¿Bajo control? —repitió Viviana, escéptica—. Cada vez que nos juntamos, siento que caminamos sobre un hilo muy fino. Una palabra equivocada, una mención que no debe ser dicha, una mirada que delata miedo… y todo estalla. Andrea no sabe nada, Omar. No sabe que la mujer que mencionan en las fiestas, la que dicen ser su esposa, es la que lo llama y lo controla incluso cuando está aquí, con nosotros. ¿Te das cuenta de lo cerca que estamos de que ella se entere de golpe y sin preparación? Sería devastador.

—Lo sé —admitió él con angustia—. Y créeme que lo vigilo cada segundo. Pero también sé que Sebastián hará lo imposible por protegerla, y yo haré lo imposible por protegerte a ti y a lo nuestro. Solo te pido… mantengamos las apariencias, sigamos cuidando cada paso, y confiemos en que sabremos manejarlo si algo ocurre.

En ese momento, Andrea regresó a la sala, cantando bajito y con la mirada brillante.

—¡Qué velada tan maravillosa! Ojalá pudiéramos hacer esto siempre. Me hace sentir que, pase lo que pase afuera, aquí estamos a salvo, todos juntos, cuidándonos los unos a los otros.

Sebastián entró detrás de ella y la abrazó por la espalda, apoyando la barbilla sobre su hombro, pálido por dentro pero tratando de irradiar calma.

—Y así será siempre. Mientras estemos unidos, nada malo podrá tocarnos.

Pero esa sensación de seguridad era solo una ilusión frágil. En otra ocasión, fueron todos a pasar la tarde en una casa de campo que pertenecía a unos parientes de Omar, un lugar tranquilo y aislado donde esperaban estar completamente lejos de miradas y comentarios. Sin embargo, incluso allí, el pasado y la realidad lograron abrirse paso en un desliz inesperado.

Mientras preparaban una fogata para pasar la velada, Andrea notó que Sebastián miraba pensativo un pequeño objeto de decoración antigua que había sobre una repisa: un marco con un escudo familiar grabado, igual al que él tenía en su propia casa oficial, el que compartía con Renata.

—Te gusta? —le preguntó ella suavemente—. Parece algo antiguo, ¿verdad?

Él respondió sin pensar, atrapado por la costumbre y la memoria:

—Sí… es muy parecido al que tenemos en el recibidor de… —se detuvo bruscamente, tragando en seco y desviando la mirada de golpe, comprendiendo demasiado tarde lo que estaba a punto de decir.

—¿En el recibidor de dónde? —insistió Andrea, ladeando la cabeza, intrigada—. ¿De tu antigua casa familiar? ¿De dónde solías vivir de niño?

Sebastián buscó desesperadamente una salida, sintiendo cómo el corazón se le aceleraba peligrosamente.

—Sí… exacto. De la casa donde crecimos con mis padres. Me trajo recuerdos, nada más. Son cosas que no se borran nunca del todo.

Viviana, que estaba cerca escuchando la conversación, sintió cómo se le helaba la sangre. Reconoció la vacilación, el corte brusco, la forma en que él había tenido que forzar la continuación de la frase. «Casi lo dice», pensó aterrada. «Casi decía: «en el recibidor de mi casa, la que comparto con Renata». Y si Andrea hubiera estado más atenta…».

Cuando Omar se acercó a ella para invitarla a dar un paseo por los jardines, ella se negó con un gesto leve y le susurró con voz cargada de tensión:

—Fue por muy poco, Omar. Por muy poco tiempo no dijo algo que hubiera revelado todo. Ya no es solo sospecha, ya no es solo temor. Es que es imposible mantener tantas verdades distintas en un mismo lugar, entre tanta gente que se quiere y habla con confianza. ¡Todo lo que hacen, todo lo que dicen, está lleno de huecos por donde se puede escapar la verdad en cualquier segundo! ¡Basta una palabra, solo una, para destruir esta felicidad que Andrea cree tan segura!

—Lo sé, Viviana, lo sé —reconoció Omar con angustia, mirando hacia donde estaban sus amigos—. Y cada vez que estamos así, me digo a mí mismo que quizás es demasiado arriesgado, que debemos frenar. Pero también sé que separarlos ahora sería sospechoso y doloroso. Ya estamos metidos hasta el fondo. Solo nos queda ser todavía más cuidadosos, estar todavía más atentos… y rezar para que la suerte siga de nuestro lado.

Las semanas transcurrieron así: entre momentos de inmensa felicidad compartida y segundos de pánico contenido, entre la alegría de sentirse acompañados y el peso terrible de tener que vigilar cada sílaba, cada gesto y cada mirada para que nada saliera de su lugar correcto. Andrea vivía ajena a ese peligro latente, abrazada a la certeza de que el amor los hacía invencibles y de que, al estar todos tan unidos, eran mucho más fuertes que cualquier problema externo. Pero para los demás, para Sebastián que cargaba con la mentira original, para Omar que cargaba con la complicidad y para Viviana que empezaba a conocer demasiado, esa cercanía creciente se había convertido en una espada de doble filo: cuanto más estrechaban sus lazos de amistad y cariño, más cerca estaba la verdad de saltar a la luz por una pequeña grieta, y más doloroso y destructivo sería el estallido inevitable cuando finalmente ocurriera.

—Somos como una cuerda que se tensa cada vez más —reflexionó Viviana una noche, mirando a Omar a los ojos con tristeza—. Más fuerte sí, pero más cerca también de romperse en mil pedazos si tiramos un poquito más.

Y aunque nadie respondió con palabras, en el fondo, todos los que conocían la verdad sentían exactamente lo mismo: estaban construyendo una estructura hermosa y sólida sobre suelo movedizo, y tarde o temprano, cualquier pequeño desliz sería suficiente para que todo se derrumbara.

1
monita
mm🤔 tan tan amigo me parece que no ws ,más allá de tenga razón de decirle que lo que hace esta mal 😢
Nancy Nieto
eso es todo? se me ocurre q hubo capítulos q no coinciden.
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play