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Herencia De Sangre Y Deseo

Herencia De Sangre Y Deseo

Status: Terminada
Genre:Mafia / Amor-odio / Completas
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Solecito87

Cuando la mafia y el amor se cruzan...

NovelToon tiene autorización de Solecito87 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Huida en sombras

El vapor llenaba el baño como una niebla tibia mientras Luca dejaba caer el agua sobre su espalda. Cerró los ojos, permitiendo que el calor le aflojara la tensión de los músculos y el alma. Pero ni siquiera la ducha podía borrar la angustia.

La conversación con Vittorio lo había sacudido. Y más aún, la distancia que sentía entre Isabella y él. Ella no lo odiaba, no… era peor: había dejado de confiar.

Mientras el agua golpeaba su nuca, en el cuarto contiguo, Isabella se movía en silencio. Había estado despierta toda la noche, con el corazón latiendo como si estuviera atrapado.

Había tomado una decisión.

Se había vestido con ropa cómoda, jeans, zapatillas, una campera liviana. En la cama tenía un bolso pequeño, apenas con lo indispensable: su documento, algo de dinero, un celular que apenas funcionaba, un par de mudas de ropa.

Y una nota.

La dejó cuidadosamente doblada sobre la mesita de luz. Su letra temblaba. Sus manos también.

Caminó hacia la puerta principal sin mirar atrás. Con el alma encogida y la garganta seca, la cerró con cuidado y bajó las escaleras. El silencio del edificio era espeso, como si hasta los muros supieran que estaba cometiendo una traición.

No una traición a Luca.

Sino a sus propios sentimientos.

No quería vivir entre balas, secretos y traiciones. No quería a Dante. Ni tampoco a Vittorio. Y a Luca… A Luca lo amaba.

Pero a veces, el amor no alcanza.

La ciudad todavía estaba mojada por la tormenta de la madrugada. El cielo gris comenzaba a clarear, anunciando un amanecer débil, sin promesas. Isabella caminó rápido, con la mirada baja. Pero no estaba sola.

No lo sabía, pero alguien la seguía.

A unas cuadras, al doblar en una calle lateral, creyó reconocer la figura de alguien que se desvanecía en la sombra. Aceleró el paso, el corazón apretado, los sentidos aguzados por el instinto.

Quiso atajar un taxi, pero todos pasaban de largo. Las manos le temblaban mientras buscaba calles conocidas, pero se perdió. Y sin darse cuenta, se metió en un callejón sin salida.

Giró sobre sus pasos, sintiendo la adrenalina subir como una corriente eléctrica. Y allí, en la penumbra que aún no se disolvía, una figura emergió.

Él. Dante.

Apoyado contra una pared húmeda, con esa media sonrisa ladeada, los ojos afilados como cuchillas. El mismo perfume que la invadió aquella vez en su casa flotaba otra vez en el aire.

—¿No creés que es muy peligroso que una mujer tan bella ande sola por estos lugares, Isabella?

Ella se quedó paralizada. Su mente le decía que corriera, que gritara, pero su cuerpo no respondía. Solo apretó los labios y tragó saliva.

—Por favor, Dante… —dijo con voz quebrada—. Solo quiero estar sola. Quiero olvidar que exististe. Que existió Luca. Que existió Vittorio. Quiero empezar de nuevo, lejos de ustedes.

Él caminó hacia ella, lento, como un lobo acercándose a su presa.

—No, Isabella. No puedo dejarte. No después de lo que vivimos. No después de haber sentido tu miedo… y el beso.

Quiero que seas mía. Pero esta vez… —levantó la mano, acariciándole el mentón con la yema de los dedos—. Esta vez, como te dije antes, quiero que vengas por voluntad propia.

Ella apartó la cara con fuerza, el corazón golpeándole en el pecho. Dante no hizo más. No la tocó más. Solo la observó.

—No vas a poder huir de mí. Ni de esto. Somos parte del mismo mundo, aunque quieras negarlo. Y tarde o temprano… vas a volver.

Mientras tanto, del otro lado de la ciudad, el sol asomaba tímidamente cuando Luca salió del baño con una bandeja en la mano. Un café, un vaso de jugo y tostadas. Quería hablar con ella. Quería enmendar, aunque fuera un poco.

Tocó la puerta de su habitación con suavidad.

—Isa… ¿estás despierta? Silencio.

—Te traje el desayuno. ¿Puedo pasar? Nada. Ni un sonido.

Frunció el ceño, apoyó la bandeja sobre un mueble y giró el picaporte. La habitación estaba vacía. La cama intacta. El baño privado, oscuro. Sin humedad. Sin rastros de uso.

El estómago se le cayó a los pies. Entonces, la vio.

La nota.

Sobre la mesita de luz.

Corrió hacia ella, la desplegó con manos temblorosas. Las letras parecían susurrarle como una daga lenta:

“Luca, lo siento. No puedo más. Este mundo no es para mí. Ni la mafia, ni mi padre, ni Dante, ni siquiera vos… aunque te ame. Me voy porque necesito volver a respirar. Por favor, no me busques. No puedo seguir siendo parte de esta historia.

Isabella.”

Un grito le brotó desde el pecho. Se levantó de golpe, derribando la silla. Corrió hacia la puerta, salió al pasillo, bajó las escaleras a toda velocidad.

La buscó por la calle. En las esquinas. En las ventanas. Nada.

Sacó el celular del bolsillo. Llamó a Vittorio. Una, dos veces. Finalmente, la voz áspera.

—¿Qué pasa?

—¡Ella se fue, Vittorio! Dejó una carta. Dice que no quiere estar más en este encierro. Que se va. ¡No sabemos a dónde mierda fue!

Un silencio cortante desde el otro lado.

—Voy para allá —respondió Vittorio, seco, con voz endurecida—. Pero Luca… esta vez, si Dante la encuentra primero, no va a haber segundas oportunidades.

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Eneida Acosta
y las siguientes??? me dejo en suspenso
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