Cuándo enfermó Victoria Cornell, no le importaba la enfermedad tanto como dejar a su pequeña sola. La única familia que tenían estaba lejos y eran algunos parientes lejanos. El hermano mayor de su esposo no lo conocía lo suficiente para dejar a su hija a su cuidado, el también tenía una hija de la misma edad que la pequeña Kayla, Victoria tenía cancer terminal no le daban buenas noticias, ya no tenía fuerzas tenía que dejar a su hija en un orfanato, toda su fortuna la dejó en un fideicomiso que podía usar hasta cumplir la mayoría de edad. La fortuna que su esposo había dejado la tenía en inversiones que manejaba ella misma pero ya no podía, así que hizo un testamento sin saber que sería la condena para su propia hija. Pues su cuñado la reclamó cuando ella murió, las autoridades dejaron como única persona de contacto para hacerse cargo de la niña que apenas cumpliría cinco años. A el varón.
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Enfrentando la realidad
Corbin fue al encuentro de la mujer que ya empezaba a interesarle más de lo que pensaba. Marina al verlo sonrió retirándose.
— Después nos veremos linda, voy ayudar un rato en la cocina. - se despidió tomando su camino rumbo a la cocina. Kayla observó a Corbin recibiéndolo sonriente.
— Señor esposo, se emocionó, no sabía que lo iba a ver hoy. - lo hizo reír.
— Desde que le dijeron que era su esposo le nombró señor esposo.
— Mi nombre es Corbin,- ¿crees que puedes llamarme así?
La chica asintió, pero su rostro cambió a tristeza.
— ¿Pasa algo?
Le levantó la barbilla con un dedo.
— Me dijeron que el señor era mi esposo. - contestó, me gustaba más llamarle esposo. - suspiró pero le llamaré señor Corbin.
—El mafioso estuvo apunto de soltar a reírse. - la miró con ternura tocando su rostro con sus dedos.
— Esposo es un término, igual que tú eres mi esposa, pero tu nombre es Kayla. - le explicó pacientemente.
— Entonces tú y yo estamos casados? - ¿y como lo hicimos?
— Poco a poco te iré explicando. - reiteró conmovido, era la viva imagen de un ángel.
Kayla se quedó pensando, a Corbin le llamó la atención los gestos, que había adquirido de repente, pero lo siguiente fue una llamarada en su pecho.
Entonces los esposos se dan besos en la boca, lo vi en una revista y en el TV.
Corbin acercó sus labios a los de ella rosándolos levemente.
— ¿Así?
Ella asintió.
— ¿Quieres otro?
— Si. - murmuró
Corbin tomó sus labios con fragilidad, nunca había sentido la necesidad de cuidar a su pareja en cuanto a su tacto, pero la fragilidad de ella era imposible de superar, la mantuvo pegada a él hasta que ella se separó para inhalar aire. Pero se veía contenta.
— Me gustó mucho. - expresó sonriendo.
Te daré muchos más. - le aseguró con otro más en su frente.
Estuvo con ella hasta que llegó la hora de su medicina y ya la terapeuta había llegado, así que se retiró a dónde fue llamado por uno de sus mörders.
— La mujer no deja de decir que quiere verlo. - le dijo el hombre que traía salpicaduras de sangre en su rostro y ropa, no dijo nada, pues era casi normal verlos así cuando hacían algún trabajo especial.
Llegó al sótano donde estaba Serena, dándose cuenta porqué su mörders tenía manchas de sangre.
— Señor por favor, déjeme ir. - suplicó, hubo una equivocación conmigo yo no he hecho nada.
— Sabes quién soy. - sonrió, mirándole con repulsión.
— Tú debiste haberte casado conmigo. - acepto hacerlo, pero libérame.
Corbin no pudo contener una carcajada.
Que mujer imbesil eres. - espectó, el que me haya casado con Kayla te salvó a ti, a estas alturas ya estarías muerta. - le soltó haciendo que la mujer se enojara.
— Esa zorra no se compara conmigo. - farbulló con una mueca distorsionada.
— Por supuesto que no. - espectó, eres junto a ella una mosca entre la mierda, ella es una mariposa que salió del capullo.
— ¡Mírate! - eres lo que tus padres bordaron, una tarraya mal cocida, - reveló, y eso fue lo que te trajo tus males. - la miró malamente. Van a pagar todo el daño que le hicieron a Kayla.
Serena la recorrió un escalofrío desde la nuca hasta los pies. Ya era tarde para remediar algo, sintió pánico, ella había visto cómo su padre golpeaba a Kayla y ella contribuyó igualmente que su madre, entonces pronto también los castigaría, pero porqué aún no los tenía? Serena preguntó.
El mafioso se fue del lugar haciendo que volvieran a cerrar. Nico lo encontró en camino hacia su estudio.
— Ya está todo listo. - informó su amigo, que se había encargado de reubicar a las personas que estaban en los túneles.
El varón ya debe de saber que terminó su reinado. - sonrió imaginando la cara de sorpresa que se llevaría al no encontrar a su hija dónde él pensaba que estaría.
— Theodore y la esposa hoy salieron a Paris, y esta es la subasta donde vendieron las joyas, - le enseñó el papel con la información que había obtenido.
— Déjenlo que regrese por su propio pie. - espectó con burla, ya solo estaba jugando con el. Estoy seguro que pronto tendremos noticias suyas. - suspiro ya le tengo un espacio especialmente esperando para ellos.
—Tu esposa está mejorando. - argumentó hoy la vi y la verdad no parece la misma que entró por esta misma puerta.
— Claro que no, por suerte el maldito, se le ocurrió querer engañarme. - recordó la visita que le hizo a la hija. Era una mujer sin nada, hueca llena de cosas banales, ni siquiera la compararía con su esposa, en las uñas.
Ellos destruyeron su futuro, su crecimiento, la crianza qué le dieron era menos que la de un animal. Solo de recordar sentía deseos de meterles un tiro en la cabeza. Pero quería que también sufrieran. Y ya mero le tocaba su turno.
DOS DÍAS DESPUÉS.
La mejor de Kayla y avances era cada día más notoria. Corbin había ordenado a una tienda de ropa para dama, llevarle la última colección de moda para una chica de 19 años. Zapatillas y todo tipo de accesorios.
Las chicas de limpieza y Marina le ayudaron a usarlos, una mujer experta en maquillaje también se encargó de enseñarle. Así que paseaba con Corbin su esposo por el jardín como una reina.
— Gracias por todo. - soltó susurrándole Kayla a su marido.
Corbin le sonrió.
— Me gusta verte feliz. - reveló besándola en la punta de la nariz.
Pero Corbin notaba que algo quería decirle.
— Puedes tenerme confianza, y decirme lo que piensa esta cabecita. - le tocó con un dedo la cabeza.
— ¿Porqué si estamos casados, tú duermes en una habitación y yo en otra?
La pregunta hizo que el mafioso se atragantara con las palabras.
Los esposos hacen cosas…
Corbin
— Tienen sexo, - contestó por él, he leído mucho, desde que empecé a leer, todo me resulta interesante, y ahora estoy repasando sexología. - dijo sin titubear al significado.
— Estaba esperando que estuvieras lista. - respondió, sin saber si la respuesta era la correcta.
— Corbin esposo ya estoy lista.
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