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Las Sirenas De Mirthalia.

Las Sirenas De Mirthalia.

Status: Terminada
Genre:Romance / Sirena / Venganza / Completas
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

Cuando las profundidades del mar ocultan secretos ancestrales y los ecos de la venganza susurran a través de las corrientes, solo las valientes sirenas de Mirthalia pueden desafiar el destino.

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Capítulo 20: Las Nuevas Mareas

El despertar de una ciudad que ha rozado el olvido es un proceso lento y doloroso, parecido al de un cuerpo que recupera la sensibilidad tras una congelación profunda. Mirthalia ya no estaba envuelta en la neblina gris de Pelagios, pero las cicatrices del conflicto eran visibles en cada arrecife astillado y en cada mirada perdida de sus habitantes. El agua, ahora cristalina y vibrante de magia, bañaba los restos de lo que alguna vez fue un imperio de secretos.

Selene caminaba —o más bien flotaba a pocos centímetros del suelo marino— por la plaza central. Su nueva forma, imbuida de la esencia del Prisma, emitía un fulgor suave que parecía calmar a quienes se cruzaban en su camino. A su lado, Marinus caminaba con la firmeza de alguien que ha encontrado su lugar en un mundo que antes le era ajeno.

—Mira sus manos, Selene —susurró Marinus, señalando a un grupo de sirenas que trabajaban junto a varios buceadores humanos en la reconstrucción de un acueducto de coral—. Ya no hay garras de defensa, ni arpones de ataque. Solo están construyendo.

Selene se detuvo a observar. Era una imagen que, semanas atrás, habría parecido una alucinación febril. Humanos y sirenas compartiendo el espacio, trabajando en una sincronía silenciosa nacida de la necesidad mutua.

—Es hermoso, pero me asusta —confesó Selene. Sus ojos dorados reflejaban la luz de las bio-luminescencias que volvían a brotar—. La paz es mucho más frágil que la guerra, Marinus. En la guerra, sabes quién es el enemigo. En la paz, el enemigo es el prejuicio, el miedo que queda en el fondo de la memoria.

—Tú eres su esperanza —dijo Marinus, deteniéndose frente a ella y tomándole las manos. El calor de su piel, ahora marcada por patrones luminosos, seguía siendo su ancla—. No solo para las sirenas. Mi pueblo, los que están en la superficie, miran el mar ahora y ya no ven un monstruo hambriento de barcos. Ven un misterio que ha decidido abrir sus puertas.

Se sentaron en un saliente de roca que daba a la gran fosa. El silencio era interrumpido por los cantos de las ballenas que habían regresado a las corrientes cercanas, celebrando la purificación de las aguas.

—He hablado con las tres —dijo Selene, refiriéndose a Ariel, Coralia y Ondina—. No quieren volver a ser "damas de compañía" o "escoltas reales". Ariel quiere fundar una academia para exploradores de ambos mundos. Coralia... bueno, Coralia ha decidido que será la encargada de la seguridad de las fronteras, pero esta vez para dar la bienvenida, no para expulsar.

—¿Y Ondina? —preguntó Marinus con una sonrisa.

—Ondina está fascinada con la medicina humana. Dice que nuestra magia de sanación combinada con vuestra ciencia podría erradicar enfermedades que nos han asolado durante siglos.

De repente, una figura se acercó a ellos. Era Sebastián. El viejo guerrero parecía haber envejecido diez años en los últimos días, pero su armadura estaba impecable y su rostro mostraba una serenidad que Selene nunca le había visto.

—Alteza, los emisarios del consejo humano han llegado a la orilla —informó Sebastián—. Piden una audiencia. No vienen a exigir tierras ni oro. Vienen a pedir perdón por las acciones de Lord Delmar.

Selene sintió un nudo en la garganta. La mención de Delmar todavía le provocaba un escalofrío. El hombre que había intentado vender el océano por un puñado de poder ahora languidecía en una prisión humana, juzgado por su propia gente.

—¿Qué debo decirles, Sebastián? —preguntó Selene, sintiendo el peso de la decisión—. ¿Cómo se perdona un siglo de desconfianza?

—No se perdona con palabras, Selene —respondió el veterano—. Se perdona permitiendo que el tiempo demuestre que somos diferentes. No somos nuestros antepasados. Somos el resultado de nuestras propias elecciones.

Marinus se puso en pie y miró hacia la superficie, donde la luz del sol creaba patrones de diamantes en el agua.

—Iré contigo —dijo con firmeza—. Como hijo de los humanos y guardián de estas aguas, seré el puente. Si ven que yo puedo vivir aquí, ellos podrán entender que el mar no es su enemigo.

Selene se levantó también, sintiendo cómo la magia en su interior vibraba en respuesta a la resolución de Marinus. Se acercó a él y apoyó la cabeza en su hombro por un momento, permitiéndose ser simplemente Selene, la mujer que amaba, antes de volver a ser la líder que Mirthalia necesitaba.

—Te amo, Marinus. Gracias por no dejarme sola en este nuevo amanecer.

—Nunca lo estarás —susurró él al oído, rodeándola con sus brazos.

Esa tarde, en el límite donde el azul profundo se encuentra con el aire dorado de la superficie, se llevó a cabo el primer encuentro oficial. Selene emergió del agua, su cabello azul flotando como una aureola de seda, y se encontró con los ojos de hombres y mujeres que temblaban de asombro. No hubo gritos, no hubo armas. Solo un silencio reverencial.

Selene extendió su mano, y de la palma de su mano brotó una pequeña perla de luz que se transformó en una flor de coral, la cual entregó al líder de los humanos.

—Las mareas han cambiado —dijo Selene, y su voz, amplificada por la magia, llegó a cada rincón de la costa—. Durante mucho tiempo, el mar y la tierra fueron dos mundos en guerra. Hoy, el mar ofrece su mano. No pedimos sumisión, pedimos convivencia.

El líder humano, un hombre de cabellos canos y manos curtidas por el trabajo, tomó la flor con manos temblorosas y se inclinó.

—Aceptamos vuestra mano, Reina de las Mareas. Que el agua lave nuestras ofensas pasadas.

A medida que el sol se ponía, tiñendo el horizonte de púrpura y naranja, Selene sintió que una parte del vacío en su pecho finalmente se llenaba. La sombra del pasado aún persistía en los rincones oscuros de la historia, pero mientras miraba a Marinus a su lado y a su pueblo emergiendo de las profundidades para ver las estrellas por primera vez sin miedo, supo que el futuro que estaban construyendo era más fuerte que cualquier rencor. Mirthalia estaba sanando, y con ella, el corazón de la mujer que la había salvado.

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Betsabe Herrera
bonita 😻😻😻
Elba Lucia Gomez
me encanta, mi sirena debe recuperarse😘
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