"Lo soñé mil veces antes de conocerlo. Ahora, él es mi única salvación... o mi perdición."
Bibiana siempre soñó con un hombre misterioso y con el sabor de la sangre. Al mudarse a Finlandia, el hombre de sus sueños se vuelve real. Adam es protector, letal y oculta un secreto que podría matarla.
Mientras su padre huye de un pasado oscuro, el cazador está cada vez más cerca. En un mundo donde los vampiros dominan las sombras, Bibiana descubrirá que no es una humana común: ella está Destinada a un Amor Inmortal.
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Capítulo 9 - La verdad entre las sombras
Bosque Profundo – Afuera de la Cabaña
Adam observó a Bibiana con una mezcla de fascinación y temor. El sol apenas lograba filtrarse entre las copas de los árboles, iluminando el rostro curioso de la joven.
—¿Para qué me buscaste, Bibi? —preguntó Adam, rompiendo el silencio.
—Aún me siento agradecida por lo de ayer. Me gustaría que... bueno, que fuéramos amigos.
Adam desvió la mirada, sintiendo un nudo en la garganta.
—No creo que podamos ser amigos, Bibi. No es buena idea.
—¿Por qué no? —insistió ella, dando un paso hacia él.
—Porque soy peligroso. Soy un riesgo para ti y para cualquier persona que se acerque demasiado a mí.
Bibiana negó con la cabeza, con una convicción que lo desarmó.
—Tú no eres malo, Adam. Lo sé porque me salvaste. Los monstruos no salvan vidas.
—Salvarte no borra lo que soy. Es mejor que no lo sepas, por tu propia seguridad.
—Yo quiero saberlo —sentenció ella, tomándolo suavemente del brazo—. Sé que apenas nos conocimos ayer en persona, pero siento como si te conociera de toda la vida. Mis sueños no pueden estar equivocados.
Adam suspiró, sintiendo que la barrera que había construido comenzaba a desmoronarse.
—Si te lo cuento, podrías morir. Alguien muy importante para mí ya pagó el precio de mis secretos.
—Estoy dispuesta a correr el riesgo —respondió Bibiana con firmeza—. Te prometo que no le diré nada a nadie. Confía en mí, Adam.
Él la miró profundamente a los ojos, rindiéndose ante su luz.
—Está bien... te lo contaré todo. Pero si algo sale mal, Bibi, prométeme que huirás de aquí y no mirarás atrás.
Mansión Soler – Alaska
Bárbara entró al estudio de Marcelo con la arrogancia que la caracterizaba.
—Hola, Marcelo. Me enteré de que tu heredero se fue de casa hace un mes.
—Si ya lo sabes, ¿a qué viniste? —preguntó Marcelo sin levantar la vista de sus papeles.
—Vengo a proponerte un trato. Yo encontraré a Adam, pero a cambio, quiero que me permitas casarme con él. Quiero ser su compañera eterna.
Marcelo soltó una carcajada fría y dejó la pluma sobre el escritorio.
—Incluso si lo encuentras, eso no va a pasar, Bárbara. Mi hijo ya está prometido.
—¿Prometido? ¿Con quién? —preguntó ella, confundida—. Mataste a su novia humana hace poco para "darle una lección" sobre las reglas.
—No estoy rompiendo ninguna regla —dijo Marcelo, levantándose con parsimonia—. Hace muchos años, en Canadá, hice un trato con un humano. Le perdoné la vida a cambio de que me entregara a su hija mayor cuando creciera. Ella será la pareja de mi hijo.
—¡Eso es ridículo! ¡Es una humana! —gritó Bárbara, indignada.
—No lo será por mucho tiempo. La convertiré antes de presentársela a Adam. El problema es que ese humano, un tal Ignacio Anderson, huyó del país con sus hijos y les perdí el rastro. Pero cuando los encuentre, reclamaré lo que es mío.
Bárbara apretó los puños. —Olvida ese pacto estúpido y déjame a mí ese lugar.
Marcelo se movió con velocidad sobrenatural y la tomó por el cuello, levantándola del suelo.
—Ten mucho cuidado con cómo me hablas. Yo soy la autoridad aquí, bajo el poder del Rey Vampiro. Si te parece injusto, te lo aguantas. Ahora lárgate y no agotes mi paciencia.
Bárbara salió del estudio echando chispas de rabia. "No lo voy a permitir", juró en silencio.
El Bosque – Finlandia
Adam y Bibiana se sentaron sobre el tronco caído de un viejo pino. El aire parecía haberse vuelto más frío mientras Adam se preparaba para revelar su naturaleza.
—La razón por la que soy peligroso... —empezó Adam, con voz temblorosa— es porque no soy humano, Bibi. Soy un vampiro.
Bibiana se quedó petrificada.
—¿Un vampiro? Pero... creí que eran leyendas.
Como respuesta, Adam dejó que sus ojos brillaran con un tono carmesí y mostró sus colmillos afilados. Bibiana retrocedió un milímetro, pero no huyó.
—Vengo de Alaska. Mi familia y yo somos inmortales. Huí porque mi padre asesinó a la mujer que amaba frente a mis ojos. Ella era humana, como tú. Mi padre no tolera que nos mezclemos con su especie.
Bibiana sintió una punzada de tristeza en el pecho.
—Lo lamento mucho, Adam...
—Por eso no podemos ser amigos, Bibi. Si mi padre se entera de que estoy cerca de otra humana, te matará sin dudarlo. Nuestra cercanía es tu sentencia de muerte.
Bibiana guardó silencio, procesando la confesión. Miró las manos de Adam, las mismas que la habían salvado del oso, y luego sus ojos, que reflejaban un dolor eterno. El miedo estaba ahí, pero la conexión que sentía era mucho más poderosa que el terror a lo desconocido.