Hace siete años, una noche de tormenta cambió su destino.
Isabella Rossi es una mujer brillante con múltiples identidades ocultas. Genio en tecnología, medicina y negocios, vive en las sombras protegiendo a sus dos gemelos prodigio… y ocultando un secreto que podría destruir su mundo.
Nunca creyó en el amor.
Nunca necesitó a un hombre.
Y mucho menos a un CEO arrogante.
Pero cuando Alexander De Luca —el empresario más poderoso y temido de la ciudad— reaparece en su vida, su pasado vuelve para reclamarla.
Él no sabe que es padre.
Ella no sabe si puede confiar.
Y los gemelos… ya empiezan a sospechar la verdad.
Entre secretos, traiciones, enemigos ocultos y una pasión imposible de ignorar, dos genios deberán decidir:
¿Proteger su corazón…
o rendirse al amor?
NovelToon tiene autorización de Denis Peinado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 20 — Noche de caza
El reloj marcaba noventa segundos.
Y en la mansión De Luca…
El tiempo se había convertido en un enemigo tangible.
La alarma roja bañaba los pasillos con una luz intermitente que parecía latir al mismo ritmo que la tensión en el aire. Cada segundo que pasaba comprimía más el espacio, como si la casa misma supiera que algo decisivo estaba a punto de ocurrir.
Isabella no parpadeaba.
Su mano sostenía con firmeza la de Elena, mientras sus ojos verdes recorrían el mapa táctico proyectado en la pared.
Tres intrusos en el ala norte.
Dos avanzando por el nivel inferior.
Y uno…
Moviéndose demasiado rápido hacia el núcleo central.
—Equipo de punta —murmuró Isabella.
Alexander ya estaba dando órdenes con voz de acero.
—Equipo Alfa, contención inmediata en corredor norte.
Bravo, cierren acceso inferior.
Nadie entra al núcleo.
Las respuestas llegaron rápidas.
Pero no lo suficiente.
Ethan habló sin levantar la voz:
—Tiempo de penetración estimado: sesenta y cinco segundos.
El pulso de Alexander se volvió más lento.
Más frío.
—Demasiado rápido —dijo.
Isabella negó apenas.
—No.
Sus ojos brillaron peligrosamente.
—Exactamente como entrenan.
Eso confirmó lo que ambos ya sabían.
Helix no había enviado mercenarios comunes.
Habían desplegado un equipo de extracción negro.
Profesionales diseñados para entrar, tomar objetivos y desaparecer antes de que el mundo entendiera qué había pasado.
BOOM.
Un impacto seco sacudió el ala norte.
No fue explosión abierta.
Fue carga direccional.
Precisa.
Milimétrica.
Elena se estremeció apenas, pero no gritó.
Valiente.
Demasiado valiente para su edad.
Isabella se agachó un segundo frente a ella.
Su voz se suavizó.
—Escúchame, princesa.
Elena asintió, ojos grandes.
—Pase lo que pase, te quedas detrás de mí. ¿Entendido?
—Sí, mamá.
Ethan ya estaba reconfigurando rutas en su tablet.
—Están forzando el patrón de defensa —informó—. Intentan dividirnos.
Alexander intercambió una mirada rápida con Isabella.
Ambos pensaron lo mismo.
No lo permitirían.
En el perímetro interior…
Las sombras avanzaban con precisión quirúrgica.
Uno de los operativos susurró por el comunicador:
—Entrada norte asegurada. Avanzando al objetivo.
La voz femenina de Helix respondió:
—Tiempo límite: cuatro minutos. Prioridad absoluta: los niños.
Dentro de la mansión…
Isabella sintió el cambio antes de verlo.
Su instinto gritó.
—Se están moviendo por el conducto de servicio —dijo de golpe.
Ethan verificó.
Sus ojos se abrieron apenas.
—Confirmado.
Alexander ya estaba en movimiento.
—Conmigo.
Pero Isabella negó.
—No.
Sus ojos verdes se clavaron en los de él.
Fríos.
Decididos.
—Si nos movemos todos, dejamos el núcleo expuesto.
Silencio tenso.
Alexander odiaba admitirlo.
Pero tenía razón.
Maldita fuera.
—Entonces yo voy —dijo él.
—No solo —respondió Isabella al instante.
Chispas.
Otra vez.
Pero esta vez…
No había tiempo para discutir.
Treinta segundos después…
El pasillo del ala de servicio estaba en penumbra.
Alexander avanzaba primero, arma en mano.
Isabella se movía a su lado.
Silenciosa.
Fluida.
Peligrosamente eficiente.
Y eso…
Eso no pasó desapercibido para él.
Porque cada movimiento de ella gritaba entrenamiento real.
No improvisado.
No aprendido rápido.
Entrenamiento de campo.
De supervivencia.
De combate.
Su sospecha se volvió más profunda.
Más personal.
Pero entonces—
Movimiento al frente.
Dos sombras.
Demasiado cerca.
El primer intruso apareció desde la esquina.
Profesional.
Rápido.
Pero Isabella fue más rápida.
Se movió antes de que él completara el giro.
Golpe al arma.
Desvío limpio.
Descarga eléctrica directa al torso.
El hombre cayó con un gruñido ahogado.
Alexander neutralizó al segundo en el mismo segundo.
Movimiento sincronizado.
Perfecto.
Silencio.
Solo respiraciones controladas.
Sus miradas se cruzaron un instante.
Cargado.
Intenso.
Peligroso.
Pero no hubo tiempo para procesarlo.
En la sala principal…
Ethan monitoreaba todo con concentración absoluta.
Elena estaba sentada muy recta en el sofá, apretando su peluche, pero sin llorar.
Valiente.
Pero sus ojos miraban la puerta constantemente.
—Ethan…
—Sí.
—¿Mamá está bien?
El niño no dudó.
—Sí.
Pero sus dedos se movían más rápido.
Porque la pantalla mostraba algo nuevo.
Algo que no le gustaba.
—Tenemos problema —susurró.
En el pasillo…
Isabella y Alexander regresaban al núcleo cuando—
ALERTA CRÍTICA.
La voz de Ethan sonó por el comunicador interno:
—¡Tercer equipo entrando por el techo!
El corazón de Isabella se volvió hielo.
—Equipo fantasma —murmuró.
Los peores.
Los que entraban cuando todo el mundo miraba al frente.
Alexander maldijo.
—Se dividieron.
—Siempre lo hacen —respondió Isabella.
Y ambos corrieron.
CRASH.
El tragaluz del salón principal estalló hacia adentro.
Tres figuras descendieron con cuerdas tácticas.
Movimiento perfecto.
Cronometrado.
Mortífero.
Elena soltó un pequeño jadeo.
Ethan se puso delante de ella al instante.
Protector.
Instintivo.
El primer intruso ya estaba avanzando hacia ellos cuando—
¡BAM!
Alexander irrumpió desde el pasillo lateral.
Su disparo eléctrico impactó directo.
Pero los otros dos ya se movían.
Demasiado rápido.
Isabella apareció como una sombra.
Su movimiento fue limpio.
Letal.
Interceptó al segundo con una precisión que dejó claro algo brutal:
Nyx no era solo una mente peligrosa.
También era un arma.
El tercer intruso logró avanzar dos pasos más.
Dos.
Nada más.
Porque Alexander se interpuso.
Completamente.
Instintivamente.
Protector.
Su voz salió baja.
Peligrosamente fría.
—Ni un paso más.
El combate duró segundos.
Pero se sintió eterno.
Cuando el último intruso cayó…
El silencio regresó de golpe.
Pesado.
Humeante.
Irreal.
Isabella respiraba controladamente.
Alexander también.
Sus miradas se encontraron.
Y esta vez…
Había algo nuevo.
Algo que ninguno de los dos quería nombrar todavía.
Pero que ya estaba ahí.
Inevitable.
La tablet de Ethan pitó suavemente.
El niño miró la pantalla.
Y por primera vez…
Su expresión cambió de verdad.
—Mamá…
Isabella giró de inmediato.
—¿Qué pasa?
Ethan levantó la tablet lentamente.
Su voz fue baja.
Pero cargada.
—El análisis genético… acaba de completarse.
El mundo se quedó en silencio.
Y justo antes de que Isabella tomara la tablet—
En algún lugar oscuro…
La mujer de Helix sonrió.
—Fase tres…
Una pausa.
Helada.
—Apenas comienza.
y más