De Rusia a México
NovelToon tiene autorización de Eliette Maldondo Velazquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
13
La entrada de los trillizos a la universidad no fue un evento académico, sino el despliegue de una unidad de élite sobre la vida social de Moscú. En el campus, los Petrov no eran estudiantes, eran una fuerza de ocupación. Ivanito y Mikhail, convertidos en dos torres de músculos y elegancia gélida, no solo estudiaban administración y leyes; ellos "vigilaban". Su mera presencia en la cafetería silenciaba a cualquiera que se atreviera a mirar de más a su hermana. Eran la mano derecha e izquierda del imperio, moviéndose entre libros y negocios con la misma naturalidad con la que su padre manejaba un arma.
Pero el verdadero centro del universo era Masha. Ella no caminaba, desfilaba. Heredera de los ojos hipnóticos de Ivan y la expresividad volcánica de Luna, Masha dominaba la facultad con un brillo labial color "Cereza Letal". Sus pretendientes eran legión, pero intentar ser el "novio de una Petrov" era un deporte de alto riesgo con una tasa de mortalidad social del cien por ciento.
La primera gran crisis estalló cuando Masha se fijó en un estudiante de arquitectura, un chico bohemio que no sabía que su suegro era el "Espectro". Ivanito lo "invitó" a dar una vuelta en su auto blindado, mientras Mikhail le explicaba, con gráficos proyectados en su tableta, por qué su esperanza de vida caía drásticamente si volvía a enviarle un mensaje a Masha. El chico desapareció de la ciudad al día siguiente, dejando a Masha con el corazón incendiado de rabia y un deseo ardiente de venganza contra sus hermanos.
—¡Son unos cavernícolas! —gritaba Masha en el salón de la mansión, lanzando sus tacones de diseñador contra los retratos de los antepasados—. ¡Papochka, diles algo!
Ivan, desde su sillón, apenas levantaba la vista. Por dentro, celebraba la eficiencia de sus hijos para proteger el "tesoro" de la familia. Luna, sin embargo, era la única que entendía la profundidad del drama, aunque por seguridad ya había investigado hasta la fe de bautismo del muchacho antes de que sus hijos siquiera lo interceptaran.
En medio de este caos, Mikhail comenzó a experimentar sus propios "romances efímeros". Eran relaciones quirúrgicas, desprovistas de cualquier emoción real. Salía con modelos e hijas de diplomáticos, mujeres hermosas que servían de fachada perfecta para su vida social y para calmar las sospechas de su padre. Pero ninguna duraba más de un mes. Misha las trataba con una cortesía tan gélida que ellas terminaban huyendo, sintiendo que estaban saliendo con un fantasma. La verdad era que, mientras las besaba, Misha sentía un sabor a ceniza; su mente y su pecho seguían anclados en esa conexión invisible con Camila. Sus novias eran distracciones, ruidos de fondo en una sinfonía que solo él y una chica al otro lado del mundo podían escuchar.
Masha, herida en su orgullo y cansada de la sobreprotección, decidió que si no podía tener al hombre que realmente quería —aquel que la ignoraba en los establos y pasillos—, tendría al que más le molestara a su familia. Fue entonces cuando llegó su primer "novio formal": un joven de apellido aristocrático y una arrogancia que sacaba de quicio a los trillizos.
El distanciamiento entre Masha y Alexei se volvió un abismo de crueldad. Ella lo ignoraba con una elegancia refinada, exhibiendo a su nuevo novio frente a él, obligándolo a abrirles la puerta del auto y a escoltarlos a cenas románticas. Alexei permanecía firme como una estatua de hielo, con la mirada perdida en el horizonte, aunque por dentro sintiera que cada risa de Masha con aquel extraño era una bala directa a su pecho. Su silencio era su única armadura, una que Masha intentaba perforar con cada gesto de afecto fingido hacia su acompañante.
La mansión Petrov era ahora un campo de batalla de silencios y estrategias. Mikhail seguía buscando a Camila en cada rostro ajeno, Ivanito se preparaba para la guerra de sucesión, y Masha usaba a un extraño para castigar al único hombre al que realmente pertenecía. El "Espectro" y la "Hechicera" observaban desde la cima de su imperio, sabiendo que la adultez de sus hijos no traería la paz, sino un incendio emocional que ninguna nieve rusa podría apagar