Ella renace en otra época, conoce su futuro y está decidida a cambiarlo.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
**Todas las novelas son independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Raphael 2
El silencio entre ambos ya no era incómodo.
Era… denso.
Cargado de entendimiento.
Rebecca sostuvo la mirada.. o lo que representaba la mirada de Raphael.. y decidió continuar.
Ahora era su turno.
—Si su ceguera es una elección… ¿por qué necesita una doctora?
La pregunta no tenía reproche.
Era lógica.
Directa.
Raphael no tardó en responder esta vez.
—Porque no todo es tan simple.
Su tono era más bajo ahora.
Menos defensivo.
—A veces… el exceso de maná daña mi cuerpo.
Rebecca frunció apenas el ceño, concentrada.
Eso confirmaba una de sus hipótesis.
[Sobrecarga… de energía.. algo muy poco visto y muy poco estudiado]
No era escasez.
Era lo contrario.
—Mi abuela se preocupa —añadió él, con un leve matiz que no era molestia… sino resignación.
Y eso también encajaba.
Lady Dempster no temía por su vista.
Temía por su estado general.
Rebecca asintió levemente.
—Entiendo…
Ahora tenía más claro el panorama.
No debía “curarlo”.
Debía… estabilizarlo.
Evitar que su propio poder lo destruyera.
Pero entonces, Raphael volvió a hablar.
—Ahora tú.
Su voz recuperó ese filo de interés.
—Háblame de tu mundo.
Rebecca lo observó un segundo.
Pensativa.
No podía contarle todo.
Pero sí… algo.
Algo que, curiosamente, conectaba con él.
—Una vez… escuché una historia.. que me recuerda su situación..
Su tono cambió apenas.
Más narrativo.
—Sobre un dios que sacrificó su vista… por conocimiento.
Raphael se tensó levemente.
No en rechazo.
En interés.
Se acercó un poco más.
—Cuéntame.
Rebecca asintió suavemente.
—Se llamaba Odín.
Y mientras hablaba, su voz tomó un ritmo más profundo, más pausado, como si cada palabra tuviera peso propio.
—Era el dios principal de la mitología nórdica. Gobernaba sobre los dioses y los hombres… pero, aun así, no estaba satisfecho.
Hizo una breve pausa.
—Porque entendía algo que pocos aceptaban.. que el poder sin conocimiento… era incompleto.
Raphael no se movió.
Pero su atención era total.
—Existía un lugar.. conocido como el pozo de Mimir. Un sitio antiguo, protegido por una entidad sabia… donde se guardaba el conocimiento más profundo del universo.. No cualquier conocimiento.. No simples respuestas. Sino la comprensión de cómo funciona todo. La vida. El destino. El orden de las cosas.
El silencio se volvió más denso.
—Odín viajó hasta ese pozo.. sabiendo que no sería gratuito. Y no lo fue.
Rebecca bajó ligeramente la voz.
—Para poder beber de esas aguas… tuvo que pagar un precio. Uno real. Uno irreversible. Levantó la mirada hacia Raphael. Su ojo izquierdo.
El aire pareció detenerse.
—Lo entregó voluntariamente. No fue castigo. No fue pérdida. Fue… elección. Porque entendía que la verdadera sabiduría… exige sacrificio.
Rebecca dejó que esas palabras se asentaran.
—Bebió del pozo. Y al hacerlo… no solo obtuvo conocimiento. Obtuvo comprensión. De los ciclos. Del destino. Incluso del fin del mundo que algún día llegaría.
Su voz se volvió más suave.
—Pero nunca recuperó su ojo. Nunca volvió a ver igual. Porque había decidido… ver de otra forma.
El silencio que siguió fue profundo.
No incómodo.
Sino… significativo.
Rebecca no añadió nada más.
No hacía falta.
Porque la conexión era evidente.
Un dios… que eligió perder la vista… por algo más. Más grande. Más valioso para él.
Y frente a ella… un hombre… que había hecho una elección distinta.
Pero no tan lejana.
Rebecca lo observó en silencio.
Esperando.
Porque sabía que esa historia… no había sido casual.
Y que Raphael… la había entendido perfectamente.
El silencio que siguió a la historia no fue inmediato.
Se extendió.
Como si las palabras de Rebecca aún estuvieran flotando en el aire, acomodándose lentamente en la mente de Raphael.
Finalmente, él habló.
—¿Fue feliz?
La pregunta fue más baja que antes.
Menos dura.
Casi… humana.
—Ese dios… ¿fue feliz al obtener ese conocimiento?
Rebecca lo observó en silencio.
No respondió de inmediato.
No porque no tuviera una respuesta.
Sino porque entendía algo importante.
Ese no era su turno.
—Ahora me corresponde preguntar a mí —dijo con calma.
No fue brusco.
Pero sí firme.
Raphael inclinó levemente el rostro.
Y, tras un segundo… asintió.
Aceptando.
Rebecca no perdió tiempo.
—¿Cómo han sido sus tratamientos médicos anteriores?
La pregunta cayó directa.
Sin adornos.
Sin suavizar.
Y la respuesta… fue aún más rápida.
—No los ha habido.
Negó de inmediato.
—No he dejado que nadie me atienda.
Su tono volvió a endurecerse.
—Ni que me toque.. y nadie lo hará.. nunca..
Rebecca no se sorprendió.
Pero sí confirmó lo que ya intuía.
—Entonces…
Se levantó lentamente.
Con naturalidad.
Sin dramatismo.
—No tiene sentido que yo esté aquí.
La frase fue tranquila.
Pero definitiva.
Raphael se tensó.
—Sí lo tiene.
Fue inmediato.
Casi instintivo.
Pero Rebecca ya había tomado su decisión.
Asintió apenas.
Como si hubiera escuchado… pero no aceptado.
Tomó sus cosas con movimientos ordenados.
Y se dirigió hacia la salida.
—Que tenga un buen día, duque.
Su tono fue correcto.
Educado.
Irreprochable.
Y luego… simplemente salió.
Sin esperar respuesta.
Sin mirar atrás.
La puerta se cerró con suavidad.
Pero el efecto fue todo lo contrario.
Dentro del salón… el silencio explotó.
Raphael permaneció de pie.
Inmóvil.
Por un segundo.
Dos.
Y entonces reaccionó.
—¿Qué…?
La sorpresa llegó primero.
Después… la molestia.
Frunció el ceño, girándose hacia donde había estado ella.
—Se fue…
No lo esperaba.
No así.
No sin insistir.
No sin intentar convencerlo.
No sin… quedarse.
Y eso… lo irritó más de lo que quería admitir.
Pero debajo de esa molestia… había algo más.
Algo que no podía ignorar.
Dudas.
La historia.
El dios.
Odín.
El sacrificio.
La elección.
Y esa pregunta… que no había sido respondida.
[¿Fue feliz…?]
Su mandíbula se tensó.
Y por primera vez en mucho tiempo… no era la oscuridad lo que lo incomodaba.
Sino el eco de una conversación que no había terminado.
Y la presencia de una mujer que… no se quedó donde otros sí lo habrían hecho.
Rebecca Sallow se había ido.
Sin miedo.
Sin insistir.
Sin necesidad.
Y eso… lo dejó inquieto.
Porque ahora, en medio de su propia decisión… había una nueva duda que no podía ignorar.. Si el conocimiento tenía un precio… ¿él había elegido bien el suyo?