Impulsado por un afrodisíaco, una marca y la implacable presión del consejo de ancianos, el Rey Alfa se ve forzado a conseguir una Reina Luna mediante un contrato. Sin embargo, la palpable tensión entre ellos siembra la duda: ¿es su unión fruto de los sentimientos que han florecido con los años, una obligación contractual para asegurar el linaje lobuno de reyes alfas, o la innegable conexión de la marca que los une como almas gemelas?.
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Capitulo 11: Suegro
Es increíble cómo todo puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos. Un día estaba sumido en mi deber de alfa, esforzándome por reparar el daño que causé sin ser consciente, la mayoría de las veces, de que actuaba mal porque estaba siendo manipulado. Sin embargo, no puedo huir de mis actos; al final del día, sigo siendo yo quien los cometió.
Pero todo cambió gracias a la ambición de una loba. Ella, mediante un afrodisíaco en mi bebida favorita, planeaba meterse en mi cama para obligarme a hacerme responsable de su "supuesta pureza" y tomarla como mi Luna. Lo que ella no sabe es que, aunque su plan hubiese salido como quería, yo jamás la habría elegido. Lo único que habría ganado es un viaje sin retorno al otro mundo; he aprendido de mis errores y no pienso volver a ser la marioneta de nadie. Antes de permitirlo, los elimino, beneficiándome de mi posición como Rey Alfa para salir bien librado.
Aunque me molesta lo que esa loba intentó hacer, por otra parte le estoy agradecido. Gracias a su mala acción, logró una buena: que Astrid y yo seamos hoy una pareja aprobada por la diosa Luna. Es algo que nunca imaginé, pero ahora que está sucediendo, me hace feliz y me llena de orgullo tener a Astrid a mi lado como mi Luna.
Sin embargo, lo que no me llena precisamente de alegría es la cantidad de preparativos que conlleva una celebración para coronar a Astrid como mi Luna; nunca imaginé que fuese tan difícil organizar un evento de la magnitud que he proyectado. Entre las invitaciones, la comida, la bebida, el alojamiento para los invitados, el protocolo, la música, el entretenimiento, el vestuario y hasta la limpieza, todo esto me ha generado más de un dolor de cabeza desde que comencé.
Aunque Astrid me ha ayudado con la decoración y otros detalles, el volumen de trabajo sigue siendo abrumador. Esto ha sumado una tarea más a mi lista: recompensarla por su excelente labor durante todos estos años a mi lado como mi Delta. No es una tarea fácil y hoy, al encargarme yo mismo, valoro mucho más todo lo que ha hecho por nuestro linaje y por mí, incluso aquello que no formaba parte de sus responsabilidades oficiales.
Afortunadamente, el martirio de organizar la celebración llegó a su fin. Tengo como recompensa saber que todo el esfuerzo y el cansancio valen la pena, porque son para Astrid.
Sin embargo, hay cosas que me incomodan. Primero, no poder actuar aún en contra de esa loba que quiso drogarme con un afrodisíaco; Astrid quiere encargarse personalmente de ella. Segundo, la presencia de Draven, quien cada día confirma que será un problema mayor si no nos adelantamos para arruinar sus planes de usurpar mi lugar.
Por último, me inquieta la presencia de la reina Aylin. Aunque nunca tuve sentimientos por ella, admito que me resulta incómodo compartir el mismo espacio; después de todo, fue mi alma gemela y, como siempre, lo arruiné antes de empezar, incluso teniendo la ventaja de que estábamos destinados. Su presencia es vital en el evento, no solo por ser la reina del territorio vampírico, sino porque es como una hermana para Astrid. Esto vuelve la situación aún más extraña: pasó de ser mi pareja destinada a ser, prácticamente, mi cuñada.
Alejo los pensamientos perturbadores de mi mente y prefiero concentrarme en terminar de arreglarme. Como organizador principal del evento, rey alfa y pareja de Astrid, debo recibir a los invitados; por ello, es imperativo que esté listo antes de que empiecen a llegar. Debo preparar mi mejor sonrisa falsa para aquellos que no son bienvenidos y una expresión serena para ocultar lo raro, incómodo y nervioso que me pone encontrarme nuevamente con la reina Alylin después de tres años.
También está su alma gemela, quien, con solo verme, sé que quiere matarme por lo que le hice a su reina en el pasado. No lo culpo; fui un idiota que se salvó solo porque la Diosa Luna tuvo piedad de él y envió personas para liberarme de la magia negra que envolvía mi mente. Ella me libró de un final atroz y me dio la oportunidad de reivindicarme.
Cuando por fin estoy listo, me dirijo a la entrada para recibir a los invitados. Allí ya me está esperando mi suegro; algo a lo que todavía me resulta difícil acostumbrarme, pues él fue el encargado de mi entrenamiento. Aún recuerdo las palizas que me daba sin importar que yo fuese el Rey Alfa; Arturo siempre se ha tomado su deber en serio y no le importa el rango del lobo, solo su desempeño en el combate. Pero ahora, por una vuelta rara e inexplicable de la vida, es mi suegro y aún no logro asimilarlo.
__Te ves bien, Alfa. Felicidades, pues la organización de este evento ha recaído en su mayoría sobre usted y ha quedado maravilloso. Pero lo que más me gusta es que lo hizo pensando en mi princesa guerrera, a quien se la entregué sin saberlo y sin que pidiera su mano adecuadamente, pues usted primero "se la comió toda". Pero sé que, si ella no hubiera querido, usted no habría podido tocarla ni marcarla como suya; por lo que, como padre, le pido que la cuide y la valore. Proteja su corazón y llénelo solo de alegría y amor, porque ese corazón ya fue herido "aunque ella se haga la fuerte" por un hombre que no vio más allá de los estúpidos preceptos machistas y le rompió las esperanzas de tener una familia y un amor como el de su madre y el mío. Si le falla, no dudaré en defender a mi pequeña como lo hice la primera vez, y no me importa que sea el Rey Alfa__. Así culminó mi suegro su discurso. A medida que hablaba, la saliva se me volvía más espesa; Arturo es un hombre imponente, no por nada es el encargado de entrenar a los guerreros de la guardia real lobuna. Lobos de todo el mundo vienen con el deseo de ser sus estudiantes, pero él solo entrena a los mejores. Ahora yo me he llevado a su tesoro, su "princesa guerrera", como siempre le ha dicho de cariño. Mis nervios aumentan, pero los controlo lo mejor que puedo para responderle, ya que el que nada debe, nada teme.
__Sé que no soy una moneda de oro que le agrada a todo el mundo, especialmente por mi desempeño pasado como alfa y como hombre. Sin embargo, nuestra Madre Luna me dio una segunda oportunidad y la usaré el resto de mi vida para agradecerle y resarcir mis decisiones previas. Por ello, le aseguro que Astrid es mi mayor tesoro; la cuidaré incluso de mí mismo si llega a ser necesario, porque lo que más me importa es su felicidad__.
Mientras hablo, miro a mi suegro sin titubear; dicen que los ojos son las ventanas del alma y quiero que vea la sinceridad en cada una de mis palabras, que entienda que nunca haría nada consciente para lastimar a Astrid. Mis palabras logran sacarle una sonrisa de alegría y gratitud, como quien agradece que su pequeña princesa esté en buenas manos; algo que pienso demostrar con hechos, pues las palabras se las lleva el viento.
Tras esa breve charla con mi suegro, me siento listo para lo que viene. Debido a todo lo que he sobrevivido, me creo capaz de cualquier cosa, aunque por dentro libre una guerra de emociones por lo que me espera: la coronación de Astrid como mi reina, encontrarme nuevamente con los reyes del territorio vampirico y la presencia desagradable de quienes quieren lo que no les pertenece.