Después de un día duro de trabajo como pasante pero entra en su apartamento se desmaya luego de tropezar y de quejarse por las horas extras desearía no tener horas laborales desearía ser una holgazán y que me adorarán, cae inconsciente se oye una voz dentro de su mente iniciándo el sistema de la Diosa iniciando viaje desea comenzar...
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LA VERDAD REVELADA: TAREA OCULTA
Parte 1:
Pearl:
Me quedé helada escuchando sus palabras. Y entonces, el Sistema desplegó una pantalla de luz con mi misión real.
Sistema: Es hora de informarle la Tarea Principal Oculta que ha estado activa todo este tiempo:
MISIÓN PRINCIPAL: CONSTRUIR UN HAREM.
Sistema: Su objetivo no es elegir a uno solo. Su deber es fortalecer los lazos, ganar el amor y la devoción de múltiples candidatos para asegurar su poder y el equilibrio del mundo.
Sistema: Candidatos Prioritarios:
1. Príncipe Heredero Ian (Amor y Lealtad Real)
2. General Emmanuel (Pasión y Protección)
3. Segundo Príncipe (Aún por desarrollar vínculo)
Sistema: Además, existe un cuarto OBJETIVO OCULTO FINAL que no puedo decirle directamente.
Sistema: Usted debe ADIVINAR LA TRAMA. Debe descubrir por qué está aquí, cuál es el verdadero propósito detrás de reunir a estos hombres y qué secreto esconde este mundo.
Yo: ¿Construir un harén...? ¿Adivinar la trama...?
Así que todo esto tenía un plan. Por eso el Sistema me separó de Emmanuel justo en el beso. No porque estuviera mal, sino porque no puedo quedarme solo con él. Tengo que repartir mi amor, tengo que estar también con Ian, con el Segundo Príncipe... y tengo que descubrir qué es lo que realmente está pasando en esta historia.
Me siento avergonzada, me siento culpable por cómo reaccioné con el General, pero ahora entiendo.
No soy solo una Diosa que ayuda... soy el centro de todo, y mi corazón debe ser lo suficientemente grande para todos ellos.
Pero como una mente antigua podría aceptar esto, en este mundo, este país que solo hombres pueden tener consortes y concubinas, acaso podrían soportar la humillación. Decido dormir para olvidar esta situación.
Ian:
No he podido pegar ojo en toda la noche. Mis pensamientos no me dejaban descansar, daba vueltas y más vueltas en mi lecho, recordando todo lo que ha pasado, especialmente lo que sucedió anoche... aunque nadie me ha dicho nada, noto que hay algo diferente en el aire, una energía que se ha transformado.
Decidí levantarme antes de que saliera el sol. Quería estar solo, pensar en silencio, y salí de mi tienda cuando apenas iba amaneciendo. El cielo empezaba a teñirse de tonos rosados y anaranjados, la bruma de la mañana cubría el suelo y el aire estaba fresco y puro. Me quedé de pie mirando hacia el horizonte, sin saber por qué, pero con una sensación extraña en el pecho, como si supiera que algo iba a pasar.
Y entonces, la vi.
De repente, apareció ella. La Diosa Pearl salió de la nada, como si hubiera estado oculta en algún lugar que yo no podía ver hasta ahora.
Su llegada fue tan suave como el viento. Caminaba hacia mí con paso ligero, y cuando se acercó lo suficiente, quedé completamente sin aliento.
Lo primero que me llamó la atención fue su ropa. Nunca la había visto vestida así.
Llevaba un vestido de color rosa, pero no era como los vestidos sueltos y fluidos que suele usar. Este era diferente. Se ajustaba perfectamente a su cuerpo, marcando cada una de sus curvas con una elegancia que me dejó embelesado. Era como si la tela hubiera sido hecha exclusivamente para ella, abrazando su figura de una manera que resaltaba su belleza de una forma que yo no había imaginado nunca.
El rosa del vestido combinaba perfectamente con el color del cielo del amanecer, dándole un brillo especial. Se veía delicada, pero a la vez segura de sí misma. Cada movimiento que hacía, cada paso que daba, hacía que la tela se moviera con suavidad, y yo no podía apartar la vista de ella. Era la imagen más hermosa que mis ojos han visto jamás.
Ella se acercó a mí con una sonrisa dulce, y me preguntó por qué estaba despierto a esas horas. Le expliqué que no podía dormir, que mi mente estaba inquieta.
Y entonces, sin pensarlo mucho, las palabras salieron de mi boca.
"Diosa Pearl..." le dije, con la voz un poco temblorosa por la emoción. "¿Me haría el honor de permitirme dibujarla?"
Ella me miró con sorpresa, como si no esperara esa petición.
"¿Dibujarme?" repitió, inclinando un poco la cabeza con curiosidad.
"Sí" continué, sintiendo cómo mi corazón latía con fuerza. "He visto muchas cosas en mi vida, he conocido a muchas personas, pero nunca he visto nada tan hermoso como usted. Y hoy... hoy que la veo con este vestido, tan diferente y tan maravillosa, siento que si no capturo esta imagen, me arrepentiré para siempre. Quiero plasmar su belleza en un papel, para poder tenerla siempre conmigo, para poder mirarla incluso cuando no esté cerca."
Ella se quedó en silencio por un momento, y yo esperaba con miedo a que me dijera que no, que era algo impropio o que no tenía tiempo. Pero entonces, sonrió, y esa sonrisa iluminó todo el campamento.
"Claro que sí, Ian" me dijo con su voz suave. "Haré lo que me pidas."
Rápidamente, fui a buscar un lienzo: pincel, carbón y tintero. Coloqué todo en una mesa que había fuera, bajo la luz del sol que ya empezaba a iluminar todo con fuerza.
Ella decidió acostarse sobre una nube que parecía ser como una cama, y yo me senté frente a ella, con el corazón en la mano.
Mientras dibujaba, no podía dejar de mirarla. Cada trazo que hacía, cada línea que trazaba, era una forma de expresar todo lo que sentía por ella. Me fijaba en cada detalle: en la forma de sus ojos, en la curva de sus labios, en cómo el vestido rosa se ajustaba a su cuerpo, en cómo el viento movía su cabello rizado.
Era una tarea difícil, porque su belleza es tan grande que es casi imposible plasmarla en un papel. Pero yo ponía todo mi esfuerzo, todo mi amor en cada trazo.
Mientras trabajaba, sentía su mirada sobre mí. Me miraba con una ternura que me hacía sentir el hombre más afortunado del mundo. A veces, me sonreía, y yo tenía que detenerme un momento, porque esa sonrisa me hacía olvidar todo lo demás.
Pasaron las horas, pero para mí fue como si el tiempo se hubiera detenido. Solo existíamos ella, yo y mi dibujo.
Cuando por fin terminé, me quedé mirando el resultado. No era perfecto, porque ninguna obra de arte podría igualar a la realidad, pero capturaba la esencia de lo que yo veía.
Se lo mostré, y ella se acercó para verlo. Sus ojos se iluminaron, y me miró con una expresión que me hizo sentir que todo había valido la pena.
"Es maravilloso, Ian" me dijo. "Tienes un talento increíble. Y gracias... gracias por querer capturar mi imagen así."
En ese momento, supe que aunque mi dibujo no fuera perfecto, lo que realmente había era el amor que siento por ella. Y eso es algo que ningún pincel ni papel podría expresar del todo.
En eso apareció el General Emmanuel.
Parte 2:
EL ENCUENTRO AL AMANECER
Acabo de salir del espacio del Sistema. Todavía siento la energía recorrer mi cuerpo, y aunque lo que me reveló el Sistema sobre mi misión me tiene pensativa, decido dejarlo de lado por un momento. El cielo apenas iba amaneciendo, tiñéndose de esos tonos suaves que anuncian la llegada del sol, y el aire fresco de la mañana me acariciaba la piel.
Caminé hacia el campamento, moviéndome con esa ligereza que me caracteriza, y al llegar a la zona de mando, lo vi allí. El Príncipe Heredero Ian estaba de pie, mirando hacia el horizonte, con una expresión de melancolía y cansancio en su rostro. No había podido dormir, lo supe en cuanto lo vi.
Me acerqué despacio, sin hacer ruido, hasta que estuve a su lado. Al sentir mi presencia, se giró rápidamente, y sus ojos se iluminaron de inmediato. Era hermoso ver cómo su mirada cambiaba al verme, cómo toda esa tristeza o inquietud se desvanecía en un segundo.
"Diosa Pearl..." me dijo, con la voz suave. "No esperaba verla tan temprano."
"Sentí que debía salir y caminar un poco" le respondí con una sonrisa. "Y parece que no soy la única que no podía descansar."
Asentí con la cabeza, y él me miró fijamente, con esa admiración que siempre me hace sentir especial. Y entonces, con un poco de timidez pero con determinación, me hizo su petición: quería dibujarme.
Me quedé sorprendida al principio. Nunca nadie me había pedido algo así, pero me pareció un gesto tan dulce y lleno de cariño que no pude negarme.
"Claro que sí, Ian" le dije. "Haré lo que me pidas."
Él se puso manos a la obra de inmediato. Fue a buscar sus materiales, todo lo que necesitaba para plasmar lo que veía. Yo me acosté sobre la nube que me acompaña le pedí en mi mente al sistema que la nube tuviera la forma de una cama para verme de manera impresionante, tratando de mantener la compostura mientras él me observaba con atención.
Llevaba puesto ese vestido rosa que había elegido especialmente para este día, ese que se ajustaba a mi cuerpo de una manera diferente a lo habitual, marcando mis curvas con elegancia y gracia. Quería que viera algo nuevo, algo que le gustara, y al ver cómo sus ojos se posaban en cada detalle, supe que había acertado.
Mientras él dibujaba, yo lo miraba a él. Ver su concentración, ver cómo sus manos se movían con destreza, cómo fruncía un poco el ceño cuando quería capturar un detalle exacto... era una imagen hermosa en sí misma. El tiempo pareció detenerse. El campamento estaba en silencio, solo se escuchaba el sonido suave del carbón rozando el papel y el canto de los pájaros que despertaban.
Cuando por fin terminó, levantó el dibujo y me lo mostró. Quedé maravillada. Había capturado mi esencia, mi expresión, incluso la forma en que el vestido se ajustaba a mi cuerpo. Era una obra llena de amor y talento.
"Es precioso, Ian" le dije, acercándome para verlo mejor. "Has plasmado todo lo que soy en este papel. Gracias."
Él sonrió, satisfecho.
En eso venía llegando el general Emmanuel mejor no pudo haber sido así les mostraría la tecnología de mi mundo moderno y los dejaría con la boca abierta, decidí tomarme una foto con el príncipe Ian, el general se quedó en la entrada de la esperando recibir indicaciones.
Tú me has regalado esta obra de arte, permitiéndome ver cómo me ves a través de tus ojos" le dije, mientras sacaba de entre mis ropas un objeto pequeño, brillante y de formas extrañas que él nunca había visto—. "Yo también quiero regalarte algo. Algo que te permita tener mi imagen, no solo como interpretación tuya, sino tal como soy, en este mismo instante."
Él me miró con curiosidad, sus ojos fijos en el objeto que sostenía en mis manos.
"¿Qué es eso, Diosa ?" preguntó, acercándose un poco más para verlo mejor.
Sonreí, disfrutando de su intriga.
"Esto es algo que viene de muy lejos, de un lugar donde el tiempo y el espacio se manejan de otra manera" le expliqué. "Se llama cámara instantánea. Y tiene el poder de capturar la realidad tal como es, y convertirla en una imagen en cuestión de segundos."
Lo sostuve frente a mí, lo apunté hacia donde estábamos, y con un simple clic, presioné el botón. Un ligero destello de luz salió del aparato, y casi al instante, una pequeña hoja de papel comenzó a salir por la parte inferior.
"Mira" le dije, tomando la hoja que aún salía despacio. "Espera un momento, y verás."
Ambos nos quedamos mirando el papel con atención. Poco a poco, como por arte de magia, comenzaron a aparecer colores, formas, detalles. Primero se veían los contornos, luego los tonos, hasta que finalmente apareció la imagen completa: él y yo, justo como estábamos en ese momento, con el cielo de fondo, con la luz del amanecer iluminándonos. Era tan real, tan detallada, que parecía que nos estábamos mirando a través de un espejo.
Se la entregué con cuidado. Él la tomó con manos temblorosas, casi sin atreverse a tocarla. La miraba una y otra vez, pasando la vista de la imagen al objeto que yo sostenía, y luego de nuevo a la imagen.
"¡Esto es... esto es increíble! "exclamó, con la voz llena de asombro y emoción "No es un dibujo, no es una pintura... ¡es exactamente lo que vemos! ¡Cada detalle, cada sombra, cada color... es perfecto!"
Me miró con los ojos muy abiertos, llenos de una admiración que me hizo sentir orgullosa.
"¿Cómo es posible? ¿Qué clase de poder es este?" me preguntó, acercándose más, como si quisiera asegurarse de que todo era real. "Esto no puede ser cosa de este mundo... ¡es de otro mundo! ¡Mejor dicho, es un artefacto divino! Solo una diosa podría tener algo así, algo que captura el momento y lo hace eterno en un instante."
No podía dejar de mirar la fotografía, pasando la yema de sus dedos con suavidad por la imagen, como si temiera romperla.
"Es maravilloso" siguió diciendo. "Gracias por mostrarme esto, por regalarme esta imagen. Ahora podré tenerla siempre conmigo, podré mirarla cuando no estés cerca y recordar este momento tan hermoso."
Le sonreí, feliz de haber podido sorprenderlo y de haberle dado algo que le hiciera tanta ilusión.
"Es para ti, Ian" le dije. "Guárdala con cuidado. Y cuando quieras, puedo sacarte más fotos, de nosotros, de la ciudad, de todo lo que quieras. Es mi regalo para ti."
Él me miró con tanta gratitud y amor que sentí que mi corazón se llenaba por completo. En ese momento, supe que aunque mi misión fuera compleja y tuviera que lidiar con muchas cosas, momentos como este hacían que todo valiera la pena.
Me quedé a su lado, viendo cómo seguía admirando la fotografía, y pensé que quizás, con el tiempo, podría mostrarle más cosas, más maravillas que el Sistema me había otorgado. Pero por ahora, bastaba con ver su cara de asombro y alegría.
Yo me desvanecí en el aire para aparecer a un lado de general Emmanuel tomarlo por sorpresa en cuanto le tomara la foto, ellos se juntaron voltearon para varias direcciones en busca de mi presencia cuando yo aparecí atrás de Emmanuel y lo tomé del cuello y me tomé una foto junto con él y luego a ambos juntos.
Esta foto me la quedó de recuerdo para mí. Ese momento se me olvidó comportarme como debería de comportarse una Diosa, pero mi naturaleza traviesa salió sin darme cuenta.
Sonrieron al unísono y no pude evitar sonrojarme.