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Furtiva Atracción. Ella Puso Las Reglas, Él Las Rompió.

Furtiva Atracción. Ella Puso Las Reglas, Él Las Rompió.

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor prohibido / Romance de oficina
Popularitas:4.2k
Nilai: 5
nombre de autor: @ngel@zul

Valeria Álvarez ha hecho de su vida una fortaleza llena de éxitos.
Arquitecta consagrada, brillante y dueña absoluta de su vida, vive bajo una única norma: nada que la ate, nada que la distraiga, nada que comprometa la libertad que tanto le costó ganar. Sus noches pueden ser intensas, pero siempre breves; su corazón, innegociablemente cerrado.
Hasta que, en una de esas noches sin nombre, un desconocido la hace perder el control que tanto presume dominar.
Un beso que incendia.
Un toque que desarma.
Una decisión impulsiva que no quiere repetir… ni olvidar.
Lo último que espera es verlo entrar a su estudio días después.
Mucho menos descubrir que es su nuevo asistente.
Impuesto. Inamovible.
E hijo de uno de sus inversores más poderosos.
Él es joven, talentoso y peligrosamente seguro de lo que quiere: a ella.
Valeria se aferra a sus límites, a su experiencia, a su distancia.
Pero cada mirada pesa, cada roce la contradice, cada discusión los acerca más de lo que deberían.

NovelToon tiene autorización de @ngel@zul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Una decisión sin vuelta atrás

La adrenalina del secreto terminó por convertirse en parte del ritmo natural de sus días.

Al principio había sido un juego peligroso. Miradas robadas durante las reuniones, roces accidentales en los pasillos, mensajes que aparecían en el teléfono de Valeria en los momentos más inoportunos. La excitación de lo prohibido los empujaba a buscar cualquier excusa para estar cerca, incluso en medio del rigor profesional del estudio.

Durante semanas, lograron mantener el equilibrio.

Para los demás, Valeria seguía siendo la arquitecta brillante, meticulosa, la mujer que dirigía el estudio con una mezcla de inteligencia y disciplina que inspiraba respeto inmediato. Tomás, por su parte, continuaba ascendiendo con la misma seguridad que siempre había mostrado, demostrando una intuición técnica que sorprendía incluso a los socios más veteranos.

Pero lo que nadie veía era la corriente subterránea que corría entre ellos.

Una tensión constante.

Un lenguaje secreto construido de miradas y silencios.

El problema de las estructuras sometidas a demasiada presión es que, tarde o temprano, algo empieza a crujir.

Y en el caso de Valeria y Tomás, la fricción comenzó a generar chispas que ya no tenían nada de placenteras.

El peso de la jerarquía seguía ahí.

Valeria lo sentía cada vez que entraban juntos a una reunión. Cada vez que debía corregir un plano frente al equipo. Cada vez que tenía que recordarse que él no era solo el hombre que desordenaba su mundo cuando estaban solos.

También era su subordinado.

Y nadie podía sospechar lo contrario.

Ese miedo la llevó, casi sin darse cuenta, a volverse más estricta con él en público. Más fría. Más exigente. Como si intentara compensar la debilidad que sentía cuando estaban a puerta cerrada.

Tomás lo notó.

Pero al principio lo toleró.

Hasta aquella tarde.

La discusión comenzó por algo aparentemente insignificante: un error en las cuotas de nivel del acceso principal de un nuevo proyecto residencial.

El equipo de delineantes estaba reunido alrededor de la mesa de trabajo cuando Tomás señaló una corrección.

—La pendiente debería ajustarse aquí —dijo, marcando el plano con su lápiz—. Si no, el drenaje no va a funcionar correctamente.

Valeria observó el dibujo.

Sabía que tenía razón.

El error había sido suyo.

Pero también sabía que, si lo reconocía frente al equipo, todos notarían lo rápido que Tomás estaba empezando a eclipsarla en ciertas decisiones técnicas.

Así que hizo lo que su instinto de liderazgo le dictaba.

—No —dijo con firmeza—. Mantén el diseño original.

Tomás frunció el ceño.

—Valeria, si no corregimos esto ahora, tendremos problemas en la ejecución.

—He dicho que lo mantengas —replicó ella, con un tono que no dejaba espacio para discusión.

El silencio que siguió fue incómodo.

Los delineantes intercambiaron miradas discretas.

Tomás apretó la mandíbula, pero no dijo nada más.

Simplemente recogió el plano y volvió a su mesa.

Sin embargo, la tensión quedó flotando en el aire.

Una hora después, la puerta del despacho de Valeria se abrió.

Tomás entró.

La cerró con calma.

Esta vez no hubo sonrisa.

No hubo beso.

Solo una mirada dura.

—Me has desacreditado ahí fuera, Valeria —dijo finalmente—. Y sabes perfectamente que mi solución era la correcta.

Valeria levantó la vista desde su escritorio.

Durante un instante pensó en responder como siempre.

Con autoridad.

Con distancia.

Pero algo en la expresión de Tomás la detuvo.

—Era una decisión técnica —dijo al final—. No mezcles las cosas.

Tomás soltó una risa corta, sin humor.

Luego comenzó a caminar lentamente hacia el escritorio.

—No soy yo quien las mezcla.

Se detuvo frente a ella.

—Eres tú.

Valeria sintió cómo el peso de sus palabras caía sobre el despacho.

—Me atacas profesionalmente porque tienes miedo de lo que te hago sentir —continuó él, con una calma que resultaba más intensa que cualquier grito—. Usas tu cargo como un escudo. Necesitas recordarte que mandas.

Valeria apretó los labios.

—No es eso.

—¿No?

Tomás apoyó ambas manos sobre el escritorio, inclinándose ligeramente hacia ella.

—Entonces explícame por qué ignoraste una solución que sabías que era mejor.

El silencio se estiró entre ellos.

Valeria desvió la mirada hacia la ventana.

La ciudad se extendía detrás del cristal como un mapa infinito de luces y edificios.

—Porque si empiezo a darte la razón en todo… —murmuró finalmente— siento que pierdo el control.

Tomás parpadeó.

No esperaba esa respuesta.

Valeria dejó escapar un suspiro cansado.

Por primera vez desde que él la conocía, parecía vulnerable.

—Es difícil, Tomás —admitió—. No sé cómo ser tu jefa y... esto al mismo tiempo.

Se levantó lentamente de la silla.

El traje que siempre había sido su armadura ahora le resultaba pesado.

—Siento que si reconozco tu talento frente a todos, estoy cediendo terreno. Y si cedo en el trabajo… entonces cedo también en todo lo demás.

Tomás la observó en silencio.

La ira en su mirada empezó a suavizarse.

Dio la vuelta al escritorio.

Esta vez, cuando tomó sus manos, lo hizo con una delicadeza inesperada.

—Valeria —dijo con voz más baja—. No tienes que luchar contra mí.

Entre sus dedos, las manos de ella estaban ligeramente frías.

—Yo no quiero tu puesto —continuó—. Ni quiero que dejes de ser la mejor arquitecta de esta ciudad. Al contrario. Te admiro por eso.

Le sostuvo la mirada.

—Solo quiero que cuando estemos aquí… cuando la puerta esté cerrada… seas simplemente tú.

Valeria.

Sin títulos.

Sin jerarquías.

Sin miedo.

Las palabras quedaron suspendidas entre ellos.

Y por primera vez en mucho tiempo, Valeria sintió que su mundo perfectamente organizado se tambaleaba… no por debilidad, sino por la posibilidad de confiar en alguien más.

Aquella noche el trabajo se extendió hasta tarde.

Uno a uno, los empleados fueron marchándose.

Las luces del estudio se apagaron en los pasillos.

El murmullo lejano de la ciudad entraba por los ventanales como un eco suave.

Tomás estaba frente a su ordenador revisando unos renders cuando sintió la mirada de Valeria.

Levantó la vista.

Ella estaba observándolo desde el otro lado del despacho.

La luz azulada de la pantalla delineaba sus facciones.

En sus ojos ya no había tensión.

Solo una decisión silenciosa.

Valeria se puso de pie.

Caminó lentamente hacia la puerta.

La cerró.

El sonido del seguro resonó en el silencio del despacho.

Luego se giró hacia él.

—Tomás.

—¿Sí?

Ella lo miró durante un segundo que pareció eterno.

—Olvida los cálculos del ala norte por un momento.

Una leve sonrisa apareció en los labios de Tomás.

—¿Por qué?

Valeria dio un paso hacia él.

—Porque creo que hay algo más urgente que revisar.

La distancia entre ellos desapareció lentamente.

Afuera, la ciudad seguía funcionando con su precisión habitual.

Pero dentro de aquel despacho, Valeria comprendió algo que hasta entonces había intentado negar.

Su mundo perfecto, ordenado y controlado ya no le resultaba suficiente.

El caos que Tomás había traído a su vida era peligroso.

Impredecible.

Tal vez incluso destructivo.

Pero mientras él la miraba con esa intensidad que parecía atravesarla por completo, Valeria supo que ya no quería volver atrás.

Aunque eso significara construir su vida sobre un terreno sísmico.

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Marshaan Sanchez
cada día es mejor cada capítulo es ese amor que redime que libera excelente como vas hilando cada momento de ellos y como el le muestra que existe y es una realidad mil gracias por regalarnos tu talento y tiempo
Marshaan Sanchez
lo que siempre e comentado de esta gran escrictora es excelente magnífica y su novela cada uno sevan superando y su nombre es un referente para leer por es una apuesta segura y un éxito yo amo cada novela de ella y la recomiendo
Marshaan Sanchez
oh mi señor que tremendo capítulo y sus descripción impecable 💘me dijo exhausta jajajaja 🤪😂
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
🔥🔥🔥🔥❤️❤️❤️
Marshaan Sanchez
jajajaja está a punto de un Yeyo 🤣😂 tremendo colágeno y lo mejor ya había probado 🤣😜💘
Marshaan Sanchez
estoy más que encantada tengo mis antenas osea mi imaginación a mil y está parejita promete muchaaaaa emoción 💘
Nairobis Cardozo Portillo
Valeria estás perdida te gusta mucho y esas reglas no te sirven de nada
Mariela Alejandra Gonzalez
hay te pico el bichito!!!🤣
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
Tremenda sorpresa Valeria 🤭
Renata R.
😱 = 👶🏻👶🏻
Carola Videla 😈🇦🇷
me gusta la protagonista, aunque es muy cerrada
Nairobis Cardozo Portillo
Y tú asistente es nada menos que el bizcocho del fin de semana
Nairobis Cardozo Portillo
Te llevarás una sorpresa 🤭🤭
Nairobis Cardozo Portillo
Ésta pareja es puro fuego 🔥🔥🔥🔥
Nairobis Cardozo Portillo
Ésto promete 👏
Nairobis Cardozo Portillo
Buenísimo inicio 👏
Marshaan Sanchez
Dios mío esto promete y es pecado jajaja
Marshaan Sanchez
oh mi Dios un Dios del olimpo y justo está en tierra bajo la mira de una depredadora jajajaja que cosa mas rica😜 jajaja
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