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Lazos De Sangre: La Hermana Sustituta

Lazos De Sangre: La Hermana Sustituta

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / CEO / Traiciones y engaños
Popularitas:11.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

Elena e Isabella son dos gemelas separadas al nacer por la ambición y la maldad. Mientras Elena crece en la pobreza, entregando su vida al trabajo para costear el costoso tratamiento médico de su madre, Isabella vive en una jaula de oro, obligada por su poderosa familia a casarse con Alexander Volkov. Él es un heredero implacable, un CEO cuya frialdad y falta de sentimientos son leyenda en el mundo de los negocios. Un encuentro inesperado pondrá a prueba sus destinos cuando Elena deba ocupar el lugar de su hermana en un juego de identidades peligroso. ¿Serán capaces de salir de este enredo? ¿El CEO será tan implacable como dicen?

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo XVIII ¿Quién es Elena Fernández?

Punto de vista de Miguel

A mis treinta y dos años, había lidiado con casos médicos desgarradores y familiares hostiles. No era un hombre fácil de intimidar, pero la voz que me había respondido al teléfono me dejó en un estado de alerta que nada tenía que ver con la medicina.

Estaba en mi oficina, con el expediente de la señora Josefina abierto sobre el escritorio, pero mis ojos permanecían fijos en la pared, reviviendo la conversación.

—¿Isabella Castillo? —murmuré para mí mismo, recordando el nombre que aquel hombre escupió con tanta prepotencia antes de colgar.

Conocía el nombre, por supuesto. ¿Quién en este país no sabía quién era la heredera de los Castillo? Su rostro aparecía constantemente en las secciones de sociedad; siempre descrita como una mujer frívola, fiestera y, a menudo, arrogante. Pero la mujer que yo había conocido en la habitación de la clínica no encajaba en absoluto con esa descripción.

Elena Fernández era, en lo físico, una copia exacta de Isabella Castillo, pero ahí terminaba el parecido. Elena era dulce; en sus ojos había una bondad genuina que no se puede fingir. Algo no encajaba en este rompecabezas y tenía que averiguar qué era. Recordé cómo se veía frente a la cama de Josefina: llevaba el cabello perfectamente peinado y ropa de diseñador, sí, pero su mirada era un pozo de angustia real. Había una humildad profunda en el trato hacia su padre y una desesperación silenciosa que solo poseen aquellos que conocen el verdadero peso del sacrificio.

—Si ella es Isabella Castillo... ¿por qué me dio el nombre de Elena Fernández? —me pregunté, sintiendo una curiosidad que empezaba a rayar en la obsesión.

Esa llamada lo había cambiado todo. El hombre que contestó sonaba posesivo, autoritario, casi violento. Había dicho que ella era su esposa, lo que significaba que era Alexander Volkov. Sentí una punzada de incomodidad; sabía que me estaba metiendo en terreno peligroso, pero la lógica me decía que algo andaba muy mal. La forma en que "Elena" me miró, la timidez con la que me entregó su número... no era la actitud de una mujer que intentaba seducir a un médico por diversión. Era la actitud de alguien que buscaba un salvavidas.

Me levanté y caminé hacia la ventana del hospital, observando el tráfico de la ciudad.

—Isabella Castillo es una mujer que supuestamente lo tiene todo —reflexioné en voz alta—. Pero Elena Fernández parece una mujer que lo está perdiendo todo.

No podía simplemente ignorar lo sucedido. La reacción del hombre al teléfono —el bloqueo inmediato, las amenazas— me indicaba que ella estaba bajo una presión inmensa. Mi instinto médico me decía que estaba en peligro, pero mi instinto personal me aseguraba que había una historia mucho más profunda detrás de esa doble identidad.

Decidí que no me daría por vencido. Si no podía llamarla, tendría que esperar a que regresara a la clínica. Mientras tanto, empecé a investigar por mi cuenta. Busqué en la base de datos los registros de ingreso de la paciente de la cama 315. No había ningún rastro del apellido "Castillo" en su historial ni en sus avales financieros. Todo estaba a nombre de Elena Fernández.

—¿Quién eres realmente? —susurré, mirando la foto de Isabella Castillo en un portal de noticias y comparándola con el recuerdo de la mujer que sostuvo mi mano con esperanza.

Porque estaba seguro de una cosa: la mujer que yo conocí no es la misma que se casó con Alexander Volkov. Mi misión ya no era solo salvar a la paciente de la cama 315; ahora tenía que descubrir qué secreto ocultaba la mujer de los ojos tristes.

Punto de vista de Alexander

El restaurante del hotel había sido cerrado exclusivamente para nosotros y el gerente, un hombre que se deshacía en halagos y atenciones. Yo observaba a Isabella de reojo. Llevaba un vestido negro de seda que gritaba elegancia, pero su palidez y la forma en que jugueteaba con el tenedor me decían que su mente estaba en otra parte. Probablemente pensando en su "amigo" el doctor.

—Señor Volkov, es un honor tener a su esposa con nosotros —decía el gerente—. Sabemos que la señora Castillo tiene gustos muy… particulares.

—Señora Volkov —corregí con frialdad, notando cómo ella se tensaba ante el sonido de su nuevo apellido.

De pronto, el ambiente sofisticado fue interrumpido por un estallido de voz estridente en la mesa de servicio, justo detrás de nosotros. Un hombre de mediana edad, un inversionista que se creía dueño del mundo por su billetera, le gritaba a una joven camarera que apenas parecía tener veinte años.

—¡Eres una inútil! —bramó el hombre, señalando una mancha de vino casi invisible en su pantalón—. ¿Sabes cuánto cuesta este traje? ¡Vale más que tu miserable vida y la de toda tu familia! ¡Llama a tu superior ahora mismo, quiero que te despidan!

La joven estaba temblando, con lágrimas rodando por sus mejillas mientras balbuceaba disculpas. El gerente del hotel se puso de pie, incómodo, dispuesto a intervenir para calmar al cliente importante. Yo simplemente observé, esperando que Isabella hiciera algún comentario sarcástico sobre la "ineficiencia del servicio", como solía hacer.

Pero lo que sucedió me dejó helado.

Isabella se levantó de la mesa con una lentitud que emanaba un peligro absoluto. No hubo gritos, no hubo arrogancia. Caminó hacia el hombre con una postura tan recta y una mirada tan gélida que el comensal se quedó mudo al verla acercarse.

—Usted —dijo ella. Su voz no era la de la heredera caprichosa; era una voz cargada de una autoridad moral que nunca le había escuchado—. Pídale disculpas. Ahora mismo.

El hombre soltó una risa nerviosa, reconociéndola.

—Señora Castillo… perdón, Volkov. Solo le estaba enseñando a esta niña cómo hacer su trabajo…

—Usted no le está enseñando nada —lo cortó ella, dando un paso hacia adelante, invadiendo su espacio personal—. Usted la está humillando porque cree que su dinero le da derecho a pisotear la dignidad de alguien que trabaja para ganarse la vida. El valor de ese traje no compensa la falta de clase que está demostrando.

—Isabella, siéntate —intervine yo, más por curiosidad de ver hasta dónde llegaba que por querer detenerla.

Ella no me miró. Siguió fija en el hombre.

—Si no le pide disculpas y limpia ese desastre usted mismo, me encargaré de que mi esposo retire cada una de sus acciones de su firma inversionista. Y créame, a Alexander no le gustan los socios que causan escenas tan… baratas.

El hombre palideció. Miró al gerente, me miró a mí buscando apoyo, pero yo estaba demasiado fascinado observando a mi esposa. El fuego en sus ojos era real. No era un capricho; era indignación pura.

—Lo… lo siento —murmuró el hombre hacia la camarera, quien lo miraba en shock.

—Díselo de verdad —exigió ella, sin apartar la vista.

—Lo siento mucho, señorita. Fue un error mío.

Isabella asintió una sola vez, se giró hacia la joven y le puso una mano en el hombro con una suavidad que me resultó perturbadora por lo genuina que parecía.

—No dejes que nadie te haga sentir menos por hacer tu trabajo. Ve a descansar, yo me encargo de que no tengas problemas.

Regresó a la mesa y se sentó, tomando un sorbo de agua como si no acabara de desafiar a uno de los hombres más influyentes de la región. El silencio en la mesa era sepulcral. El gerente no sabía dónde mirar.

Yo la observé, sintiendo que el suelo bajo mis pies se movía. Isabella Castillo habría disfrutado la humillación de la empleada o se habría quejado del ruido. Esta mujer había defendido a una desconocida con una valentía que rayaba en la imprudencia.

—¿Quién eres tú realmente? —le pregunté en un susurro, cuando el gerente se alejó un momento.

Ella me miró, y por primera vez, no vi miedo. Vi a una mujer que sabía exactamente lo que era el hambre y el desprecio, aunque llevara un diamante de un millón de dólares en el dedo.

—Soy tu esposa, Alexander. ¿No es eso lo que querías? —respondió, pero sus ojos me decían que había una historia mucho más profunda detrás de esa defensa heroica.

Esa noche, mientras regresábamos a la suite, me di cuenta de que mi investigación no podía esperar. Esa mujer no era Isabella. No podía serlo. Y el hecho de que esa "nueva versión" de mi esposa me estuviera atrayendo más que cualquier otra mujer que hubiera conocido, era el problema más grande de todos.

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Kim Nava
de la madre no se supo más que en un capítulo🧐
Kim Nava
el viejo Dimitri sabe hacer las cosas 🤣🤣🤣
ojalá no bajen la Guardia
Kim Nava
Elena debe ser más fuerte ahora para defender a sus padres de esos malditosb😡
Kim Nava
ojalá Alexander no caiga ante cualquier chantaje😡😡😡sería tan imbécil
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Excelente súper recomendada para las nuevas lectoras
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Hermosa historia de principio a fin. Felicitaciones autora 🥰
Linilda Tibisay Aguilera Romero
muy bonita me gustó y la disfrute mucho
Linilda Tibisay Aguilera Romero
que bello me encantó al fin felices
Linilda Tibisay Aguilera Romero
el es un desgraciado sin alma ni corazón
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Que bueno que encontraron su polo a tierra y que se amén incondicional y cuiden de su familia.
Linilda Tibisay Aguilera Romero
y Miranda dónde está ella es la madre biológica de las dos
Linilda Tibisay Aguilera Romero
yo pregunto y la madre biología donde está por qué ella lo conoció y ella también sería cómplice de Armando en lol que hizo con las hijas
Kim Nava: creo que ella no sabía lo que ese maldito hizo con su otra hija
total 1 replies
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Eso no es un padre es un maniático de lo peor, en la cárcel está bien el desgraciado
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Y la.madre biología de las dos que paso con ella 😔
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Que lindos todos tiene lo que merecen 🤗
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
El viejo sabe cómo es la vuelta 🤣🤣🤣🤣🤣
Eliana Gantus
y si la niegas ???? y si dices q Elena es Isabella ???
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Elena a sacar las uñas porque la guerra es con sangre
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Bien que los ponga en su lugar, que buena jugada Alexander 🥰
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Bien que fortalezcan su relación porque ya viene a joder 😡
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