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ANTES DEL ÚLTIMO TRAGÓ

ANTES DEL ÚLTIMO TRAGÓ

Status: En proceso
Genre:Demonios / Aventura / Amor-odio
Popularitas:134
Nilai: 5
nombre de autor: Jasali

Nicolás Rivas nunca le tuvo miedo a la muerte.
Creció entre calles donde la vida vale poco y la lealtad lo es todo. Aprendió a gastar sin pensar, a reír sin culpa y a vivir como si cada noche fuera la última.
Fiestas. Mujeres. Amigos. Dinero fácil.
Pero todo cambia el día en que recibe una noticia que no puede ignorar.
Su tiempo se está acabando.
Y por primera vez… la muerte deja de ser una idea lejana.
Ahora Nicolás decide vivir como siempre dijo: sin miedo, sin arrepentimientos, sin frenos.
Pero mientras más disfruta…
más lo alcanza el pasado.
Un hermano que perdió.
Una madre que nunca dejó de esperar.
Un amor que no supo cuidar.
Y un enemigo que no ha olvidado.
Porque al final…
no todos llegan en paz al último trago.

NovelToon tiene autorización de Jasali para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

“El Tiempo Empieza a Doler”

📖 CAPÍTULO 15

“El Tiempo Empieza a Doler”

Hay momentos en la vida donde uno entiende que ya nada va a volver a ser igual.

No porque el mundo cambie.

Sino porque uno cambió por dentro.

Y Nicolás…

ya no era el mismo hombre.

Esa noche no durmió.

Intentó.

Pero no pudo.

La imagen de Valeria llorando le daba vueltas en la cabeza como una canción triste que no se puede apagar.

"No quería volver a quererlo así…"

Esa frase…

seguía clavada.

Estaba sentado en el borde de la cama mirando la oscuridad de su cuarto.

Silencio total.

Solo el sonido irregular de su respiración.

Y a veces…

el corazón recordándole que seguía ahí.

O que estaba fallando.

Ya ni sabía.

Se levantó despacio.

Fue a la cocina.

Sirvió agua.

Las manos le temblaban un poco.

—Qué belleza… —murmuró con una sonrisa amarga.

Antes podía pasar noches enteras tomando, riendo, perdiéndose.

Ahora…

subir unas escaleras ya le cansaba.

La vida tenía un humor cruel.

Su mamá apareció en la puerta de la cocina.

—¿No ha dormido?

Nicolás negó.

Ella lo miró unos segundos.

—¿Valeria?

Golpe directo.

Nicolás soltó el aire lentamente.

—Sí…

Su mamá se acercó.

Se sentó frente a él.

—¿Le contó?

—Sí.

Silencio.

—¿Y?

Nicolás se quedó mirando el vaso.

—Lloró…

La voz se le quebró apenas.

—Y yo sentí que le dañé la vida otra vez.

Su mamá negó suavemente.

—No le dañó la vida.

—¿Entonces qué hice?

Ella pensó unos segundos.

—Le dio una verdad difícil.

Pausa.

—Pero las mentiras hubieran sido peores.

Nicolás bajó la mirada.

Sabía que tenía razón.

Aun así…

dolía.

—¿Sabe qué es lo peor? —preguntó él.

—¿Qué?

—Que ahora sí quiero hacer las cosas bien.

Silencio.

—Y ahora sí se me está acabando el tiempo.

La frase quedó flotando en la cocina.

Pesada.

Su mamá se levantó.

Rodeó la mesa.

Y le puso una mano en el hombro.

—Entonces no pierda el que le queda.

Simple.

Pero le llegó directo.

La mañana apareció lenta.

Nicolás salió a caminar temprano.

Necesitaba aire.

Necesitaba pensar.

Necesitaba sentir que todavía tenía control de algo.

La ciudad apenas despertaba.

Panaderías abriendo.

Gente madrugando.

Perros ladrando a lo lejos.

La vida normal.

Y él…

aprendiendo a mirarla como si fuera la última vez.

Eso era lo extraño.

Cuando uno sabe que el tiempo puede acabarse…

todo cambia de valor.

Un café.

Una conversación.

Un abrazo.

Cosas simples…

se vuelven gigantes.

Se sentó en una banca.

Sacó el celular.

Miró la lista.

Leyó cada punto despacio.

Y cuando llegó al cuarto…

se quedó quieto.

“No morirme solo.”

Tragó saliva.

Porque por primera vez…

entendió que no hablaba de personas alrededor.

Hablaba de otra cosa.

De irse sintiendo amado.

Perdonado.

En paz.

Cerró los ojos.

Y por un instante…

tuvo miedo.

Miedo real.

No a morir.

A no alcanzar.

El celular vibró.

Mensaje de Julián.

"¿Está vivo?"

Nicolás sonrió apenas.

"Todavía."

Respuesta inmediata:

"Entonces salga esta noche."

"No tengo ganas de fiesta."

"No hablé de fiesta."

Pausa.

"Hablé de vivir."

Nicolás se quedó mirando el mensaje.

Antes…

esas palabras le hubieran parecido ridículas.

Ahora…

eran importantes.

"¿Qué plan?"

"Venga y ya."

Horas después…

Nicolás llegó al apartamento de Julián.

No había música alta.

No había mujeres.

No había alcohol regado por todas partes.

Solo comida.

Y amigos.

Los de verdad.

Julián abrió la puerta.

—¡Mírenlo! ¡El sobreviviente!

Risas.

Nicolás sonrió.

Y por primera vez en mucho tiempo…

se sintió cómodo sin tener que fingir.

Había carne asándose.

Conversaciones simples.

Chistes malos.

Vida normal.

Y eso…

le pegó duro.

Porque entendió cuánto tiempo pasó buscando felicidad en lugares equivocados…

cuando tal vez estaba en cosas así.

Pequeñas.

—¿Qué piensa tanto? —preguntó Julián sentándose a su lado.

Nicolás miró alrededor.

—Que perdí mucho tiempo siendo bruto.

Julián soltó una risa.

—Sí… pero eso ya lo sabíamos.

Ambos rieron.

Luego el silencio se acomodó tranquilo entre ellos.

—¿Y Valeria? —preguntó Julián.

Ahí volvió el peso.

—Le dije la verdad.

—¿Y?

Nicolás miró el suelo unos segundos.

—Creo que le rompí el corazón otra vez.

Julián suspiró.

—O capaz se lo devolvió.

Nicolás levantó la mirada.

—¿Cómo así?

—Parce… uno no llora así por alguien que ya no ama.

Golpe suave.

Pero poderoso.

Nicolás se quedó pensando.

Porque en el fondo…

sabía que era cierto.

Y eso hacía todo más difícil.

Porque ahora sí había algo hermoso.

Y el tiempo…

seguía destruyéndolo todo.

Más tarde, mientras todos hablaban y reían…

Nicolás sintió el pecho apretarse otra vez.

Fuerte.

Más fuerte que antes.

El aire se le cortó por un segundo.

Se levantó despacio.

Intentando disimular.

Fue al baño.

Cerró la puerta.

Respiró profundo.

Pero el corazón seguía acelerado.

Desordenado.

Violento.

—No… no… no… —murmuró.

Se apoyó en el lavamanos.

El reflejo del espejo lo asustó.

Pálido.

Sudando.

Cansado.

Parecía un hombre diez años mayor.

El pecho dolía demasiado.

Y por primera vez…

pensó algo que nunca había querido aceptar:

Tal vez el tiempo se estaba acabando más rápido de lo que le dijeron.

La idea le heló el cuerpo.

Respiró otra vez.

Lento.

Intentando mantenerse de pie.

Y justo ahí…

sonó el celular.

Valeria.

Nicolás miró la pantalla.

El corazón seguía descontrolado.

Pero ahora…

por dos razones distintas.

La llamada seguía entrando.

Y él no sabía…

si contestar…

o intentar seguir respirando.

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