Ella ha dedicado su vida a entrenar y aunque ahora reencarna en otra época no dejará sus sueños.
* Esta Novela es parte de un mundo mágico*
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Nervios 2
La carta llegó a la mansión Valmont al amanecer.
El mayordomo la entregó con la formalidad de siempre, sin sospechar que ese sobre sellado no contenía un saludo afectuoso, sino una ruptura silenciosa.
El padre de Constance fue quien la abrió.
A medida que avanzaba en la lectura, el color de su rostro cambió.
Primero incredulidad.
Luego tensión.
Después… furia.
—¡¿Qué significa esto?! —gritó, arrojando la carta sobre la mesa de mármol.
Su esposa la tomó con manos temblorosas. Leyó cada línea, cada palabra firme, cada despedida pensada con cuidado.
No vio duda.
No vio petición de permiso.
Vio decisión.
—No puede hacer esto.. Es una Valmont.
Y en esa frase estaba todo.
Ellos no habían criado a Constance para que blandiera una espada en un campo militar. La habían educado para sentarse erguida en un salón diplomático, para sonreír en recepciones reales, para convertirse en un puente político.
Ya habían considerado opciones.
Un marqués del norte.
Un conde cercano a la corte.
Incluso.. aunque no lo habían dicho en voz alta aún.. un anciano duque cuya fortuna y tierras podían consolidar definitivamente la posición de la familia.
El matrimonio no era amor.
Era estrategia.
—Partimos hoy mismo.. Antes de que cruce el portal de la academia la traeré de regreso.
No hablaba como un hombre preocupado por su hija.
Hablaba como un patriarca cuya pieza.. aunque para él.. poco valiosa.. se había salido del tablero.
Prepararon el carruaje con urgencia. No hubo desayuno tranquilo ni deliberación larga. La decisión fue inmediata.
Pero cuando llegaron a la academia…
Ya era tarde.
El capitán había partido al amanecer.
Y Constance con él.
El comandante de guardia confirmó la salida con respeto firme. No había margen de negociación. La admisión estaba registrada oficialmente. Constance Valmont era ahora cadete del ejército.
Su padre apretó los puños.
—Esto no quedará así.
Pero por primera vez, su hija no estaba bajo su techo.
No estaba esperando su aprobación.
No estaba pidiendo permiso.
Mientras tanto, lejos del eco de aquella furia, el carruaje militar avanzaba por el camino empedrado que conducía a la base.
El paisaje cambiaba lentamente.. los jardines cuidados de la ciudad dieron paso a colinas abiertas, campos de entrenamiento visibles a la distancia, banderas ondeando con el emblema del ejército.
Dentro del carruaje, el ambiente era completamente distinto al que se vivía en la academia.. por el escándalo que hacían los Valmont..
Había silencio en el carruaje… pero no tensión hostil.
Constance mantenía la espalda recta. Sus manos descansaban sobre su falda con aparente calma.
Pero su pulso no estaba tranquilo.
El capitán Asaf estaba frente a ella, uniforme impecable, postura relajada pero firme, como si el movimiento del carruaje no lo afectara en absoluto.
Él hablaba con naturalidad.
Le explicó la estructura de la base.
Las rutinas.
Las expectativas.
Las normas no escritas que separaban a los que sobrevivían… de los que regresaban a casa.
Ella escuchaba con atención genuina.
Pero también estaba consciente de algo más.
De la manera en que él la miraba cuando respondía.
No como a una niña noble jugando a ser soldado.
Sino como a alguien que realmente evaluaba sus respuestas.
—No recibirás trato especial —dijo él en cierto momento.
—No lo quiero —respondió ella sin titubear.
Él sostuvo su mirada un segundo más de lo necesario.
—Lo sé.
Ese “lo sé” fue lo que la desarmó por dentro.
Porque no sonó a prueba.
No sonó a advertencia.
Sonó a confianza.
Y eso la hizo sentir un leve calor que no tenía nada que ver con el clima.
Intentó mirar por la ventana para recomponerse, pero la seguridad del capitán era difícil de ignorar. La forma en que ocupaba el espacio. La calma en su voz. La certeza en cada palabra.
No era arrogante.
Era sólido.
Y eso le fascinaba.
Se dio cuenta de que buscaba inconscientemente su aprobación en cada respuesta. Que quería que él asintiera. Que notara su disciplina. Que creyera en ella.
Cuando él hizo una pregunta más personal.. sobre por qué realmente había decidido irse.. ella respondió con honestidad.
—Porque quiero elegir mi vida.
Él no respondió de inmediato.
Solo la observó.
No había juicio.
No había burla.
Solo reconocimiento.
—Entonces asegúrate de sostener esa elección cuando sea difícil.
La manera en que lo dijo hizo que un pequeño nervio recorriera su estómago.
No por miedo.
Por intensidad.
Porque él entendía exactamente lo que significaba esa decisión.
Y ella se dio cuenta de que quería demostrarle que no estaba equivocada al confiar en ella.
El carruaje avanzó, dejando atrás la ciudad, la academia… y la mansión que intentaría recuperarla.
Constance respiró profundo.
Por primera vez, no era la hija de los Valmont.
No era una posible esposa estratégica.
Era una mujer camino a su propio destino.
Y, aunque intentaba disimularlo con cada palabra firme y cada gesto controlado… el hombre frente a ella estaba comenzando a convertirse en una parte peligrosa.. y emocionante.. de ese nuevo camino.