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La Luna Rechazada: La Rosa Quebrada por el Alfa

La Luna Rechazada: La Rosa Quebrada por el Alfa

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Hombre lobo / Completas
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: AUTORAATENA

Luara siempre supo que no pertenecía a esa manada.
Sin haber despertado a su loba, regordeta y constantemente humillada dentro de su propia manada, creció siendo tratada como un error… incluso por quienes debían protegerla. Aun así, su corazón insistía en amar al hombre más inalcanzable de todos: el futuro Alfa.
La noche en que el destino debía coronarla como Luna, todo se convirtió en una pesadilla pública.
Rechazada, rota, marcada por palabras que nunca debieron pronunciarse, Luara descubrió que algunos dolores no matan… solo transforman.
Mientras la manada seguía creyendo que era débil, algo silencioso comenzó a nacer dentro de la olvidada loba blanca.
Porque cuando una rosa es pisoteada demasiado, no muere.
Ella aprende a herir.

NovelToon tiene autorización de AUTORAATENA para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10

CAPÍTULO — EL HEREDERO DE LA LUNA DE PLATA

(Kael)

Desde que atravesé las puertas del salón, todos quisieron un pedazo de mí.

Manos en mi brazo. Sonrisas exageradas. Miradas que se demoraban más de lo necesario. Algunas mujeres se acercaban demasiado, ofreciendo atención, elogios, promesas silenciosas que no necesitaban ser dichas en voz alta. Otras fingían tropezar solo para rozar. Hombres querían mi aprobación. Ancianos querían garantizar su lugar a mi lado.

Yo aceptaba todo con una sonrisa controlada.

Así era como un alfa debía ser.

Mi lobo estaba inquieto bajo la piel. Fuerte. Orgulloso. Impaciente. Él sentía el peso de la luna de sangre sobre nosotros, sentía el momento acercándose. Hoy, yo dejaría de ser solo el hijo del alfa.

Hoy, yo sería Kael Draven, Alfa de la Manada de la Luna de Plata.

Lisa estaba a mi lado.

Ella encajaba allí como si hubiera nacido para eso — cabeza erguida, postura impecable, belleza que llamaba la atención sin esfuerzo. Cuando nuestros brazos se tocaban, había algo confortable, conocido. Una química obvia. Natural.

Era ella.

Siempre lo fue.

Mi lobo reaccionaba bien a la presencia de ella. Tranquilo. Seguro. Orgulloso. Nada de confusión, nada de extrañeza. Aquello solo reforzaba lo que yo ya sabía.

La diosa Selene no se equivocaría conmigo.

Caminé hasta el centro del salón cuando fui llamado. Mi padre estaba allí, vistiendo los colores de la manada, más serio que nunca. Sus ojos encontraron los míos con firmeza.

— Kael Draven — él anunció. — Hijo de mi sangre.

El salón silenció.

La luna de sangre proyectaba su luz rojiza a través de las ventanas altas, pintando todo con un tono ancestral. Mi lobo alzó la cabeza dentro de mí.

Era ahora.

— ¿Aceptas el peso del liderazgo? — mi padre preguntó. — ¿Aceptas gobernar con fuerza, pero también con sabiduría? ¿Proteger a los tuyos, sin excepción? ¿Cuidar de la manada como un todo, de los fuertes y de los débiles?

Débiles.

La palabra resonó más de lo que debía.

— Acepto — respondí, firme.

— ¿Aceptas servir a la manada antes que a ti mismo?

— Acepto.

— ¿Aceptas honrar a Selene, respetar las leyes antiguas y reconocer a tu luna cuando ella se revele, incluso si no es lo que esperas?

Esa parte siempre incomodaba.

— Acepto — repetí.

Lisa apretó levemente mi mano. Sonreí de lado.

Yo esperaba exactamente lo que estaba a mi lado.

El juramento fue hecho. El símbolo del alfa fue colocado. La manada comenzó a murmurar, reverente. Mi padre alzó la mano pidiendo silencio una vez más.

— La luna observa — dijo él. — Y hoy, ella elegirá.

Mi lobo se agitó.

Fue entonces que sentí.

El olor.

No venía de Lisa.

Mi sonrisa congeló por un segundo.

No.

Eso no tenía sentido.

Respiré hondo, intentando ignorar. El olor era… diferente. No era dulce como yo esperaba. No era envolvente. Era incómodo. Demasiado fuerte. Fuera de lugar.

Mi lobo gruñó.

Rabia recorrió mi cuerpo.

La luna no haría eso conmigo.

Forcé la concentración, intentando mantener el control mientras la ceremonia seguía. Pero el olor no desaparecía. Por el contrario. Él me jalaba. Me provocaba. Me irritaba.

Mi padre hablaba algo que yo ya no oía.

Cuando me di cuenta, mis pies se movían solos.

Salí del salón.

El aire frío de la noche me golpeó el rostro, pero no calmó nada. El olor venía del bosque. Del límite entre la luz y la sombra.

Vi una silueta apoyada en los árboles.

Y entonces entendí.

Luara.

Mi estómago se revolvió de puro odio.

— No… — mi voz escapó antes de que yo pudiera contener.

Caminé hasta ella con pasos duros. Agarré sus brazos con fuerza demás. Ella se estremeció, comenzó a llorar, pero no hizo ruido. Como siempre. Patética hasta en eso.

— Mírame — gruñí.

Ella levantó el rostro, los ojos llenos de lágrimas, confusa, quebrada.

Aquello solo me enfureció más.

— Eres mía — las palabras salieron como veneno. — Mía, maldita. Deberías haber desaparecido hace mucho tiempo.

Ella no entendía. Yo veía en los ojos de ella.

— Eres una vergüenza — continué. — Para mí. Para la manada. Para la propia diosa. Mírate. Ellos van a reír. Todos. No pasas de un error.

Mi mano apretó más.

— La diosa se equivocó al elegirte — escupí. — Una fracasada. Una repugnancia.

Fue entonces que sentí otro olor.

Lisa.

Ella estaba detrás de mí.

— Kael…? — la voz de ella quebró. — ¿Qué estás diciendo?

Solté a Luara y me giré.

Lisa me encaraba como si el mundo estuviera desmoronándose bajo sus pies.

— Nosotros… — ella balanceó la cabeza. — Nosotros tenemos todo. Química. Fuerza. Tú sabes de eso. Yo soy la elección correcta. Ella no es nada.

La voz de ella subió, desesperada.

— Yo soy más fuerte. Más rápida. Más estratégica. Tú viste los entrenamientos. ¡Esa ahí es un fracaso!

Otros lobos comenzaron a surgir. Susurros. Miradas. El bosque ya no nos escondía.

Mi lobo aullaba dentro de mí.

Yo estaba acorralado.

El olor.

La luna.

La manada.

No había más como negar.

La elección estaba hecha.

Incluso que fuera la equivocada.

Y, en aquella noche, mientras la luna de sangre observaba en silencio, yo supe — con odio, asco y revuelta — que mi destino no sería fácil.

Y que yo odiaría cada segundo de eso.

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