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Secretos Y Pecados.

Secretos Y Pecados.

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Reencuentro / Amor-odio / Mundo de fantasía / Amor a primera vista / Romance
Popularitas:324
Nilai: 5
nombre de autor: Estefaniavv

Tres casi hermanos, una finca cargada de sombras y un destino que se escribe en la sangre. Sofía, una científica brillante cuya única pasión es un laboratorio que la aísla del mundo; Julián, un hombre de un temperamento volcánico que oculta un poder devastador; y Esmeralda, la calma necesaria en medio de la tormenta familiar. En un lugar donde la tierra parece estar viva, los tres se verán arrastrados por deseos prohibidos y amores que desafían su lógica, mientras el misterio científico de su legado amenaza con consumirlos a todos.

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Capítulo 11: Sofía

...Sofía...

Estaba sumergida en el eco del encuentro que acababa de ocurrir, analizando cada milisegundo. Honestamente, era perfectamente capaz de detenerlo; mi voluntad no se había quebrado, simplemente se había quedado en suspenso. Pude notar que, con un simple "no", él aceptaba mi decisión; la forma en que instantáneamente me liberó de su agarre al sentir mi negativa me dio una extraña seguridad. Por lo menos, un pervertido sin control no era...

Pero ¿a quién quería engañar?

Tengo treinta años. He estudiado la anatomía humana, la respuesta de la piel, la liberación de oxitocina y dopamina, pero nunca había experimentado esta descarga eléctrica de hormonas que me resultaba tan inquietante como adictiva. Era un torbellino. Mi cuerpo, reaccionaba de forma instintiva. Sentía mi intimidad totalmente mojada, un flujo cálido que preparaba el terreno para un desconocido que ahora tenía nombre y apellido. Me resultaba fascinante y aterrador a la vez: las personas también somos animales diseñados para el apareamiento, esclavos de una química que no pide permiso.

Sin embargo, no podía permitirme una distracción. Mis planes en la hacienda eran prioridad, a pesar de que cada fibra de mi ser gritaba por experimentar ese fuego hasta las últimas consecuencias.

Mientras revivía el roce de sus manos y el peso de su cuerpo contra el mío, llegué al punto de encuentro con Rances. El aire fresco del campo me ayudó a recomponer mi máscara de doctora.

—Dra. Videla, encontré la entrada a la cueva. Sígame —dijo Rances, ajustando su linterna frontal.

—Sí, Rances. Vamos.

Nos adentramos en la penumbra. Es intrigante la cantidad de estas formaciones que existen en estas tierras; cada una es un ecosistema sellado, con una peculiaridad distinta. En el interior, el sonido del agua guiaba nuestros pasos. Encontramos una pequeña vena fluvial, un brazo olvidado del río que corría bajo la superficie. Las paredes de roca brillaban con vetas minerales ante la luz de nuestras linternas, creando un espectáculo de destellos plateados en la oscuridad absoluta.

Rances sostenía el monitor detector de minerales con mano experta. Tomamos muestras de sedimentos y rocas que no aparecían en el almacenamiento de datos del dispositivo; esas eran las verdaderas joyas de nuestra investigación. Nada está a simple vista en la geología, ni en la vida; de eso se trata buscar la verdad debajo de las capas de lo evidente. Estuvimos horas allí, perdiendo la noción del tiempo entre el frío de la piedra y la humedad del ambiente. Tomamos cuarenta y una muestras en total.

—Dra. Videla, al llegar comienzo a analizar todo en el laboratorio —propuso Rances, visiblemente entusiasmado.

—No te preocupes, Rances. Ya es tarde, está oscureciendo y ni siquiera hemos probado bocado. Ve a descansar y mañana nos ocupamos de esto con el resto del equipo. Veamos si estos sedimentos nos llevan a un lado diferente de la investigación.

—Está bien.

Regresamos en el 4x4. Dejé a Rances en su casa de campo y conduje hasta la propiedad principal. Al entrar, el ambiente era inusualmente cálido: la familia estaba reunida, compartiendo risas y anécdotas. Solo faltaban Julián y su amigo. Sin embargo, mi radar se encendió al ver a Gabriela. Estaba cabizbaja, con una sombra en los ojos que no cuadraba con la alegría del resto.

—Gabi, ven un momento al cuarto, necesito que me ayudes con algo —mentí, dándole una salida elegante.

Una vez cerré la puerta de la habitación, me giré hacia ella.

—Suéltalo, Gabriela. ¿Qué te ocurre?

—Nada, Sofi... solo me duele un poco la cabeza —respondió, evitando mi mirada.

—Dime la verdad. Justamente te duele la cabeza el día que llega Julián. Te dijo algo desagradable, ¿verdad?

Y sin más, la pequeña de la casa, a quien quería como a una hermana de sangre, se desmoronó. El llanto brotó de ella con una angustia que me apretó el corazón.

—No sé por qué nunca me ha aceptado —sollozó—. Me duele que me trate así. Por más que intente acercarme y ser una hermana más para él, Julián levanta barreras de hierro. Me hace sentir que no pertenezco aquí.

—Lo sabía. Ay, mi Gabi, no quiero verte así —la abracé con fuerza—. Tú sabes el valor que tienes para nosotros. Eres parte de esta familia.

—Excepto para él. ¿Por qué crees que se comporte así? ¿Qué le hice yo?

—No lo sé, siempre me he preguntado lo mismo. Me he cansado de reclamárselo, pero mi hermano es un hueso duro de roer, tiene el alma blindada —dije con rabia contenida.

—Prométeme que no dirás nada, Sofi. No quiero que la discusión sea mayor.

—Tranquila, puedes confiar en mí. Pero prométeme tú que vas a ignorarlo. No le des el poder de lastimarte.

—Vale, primilla. Mañana iré al pueblo vecino a aprender nuevas técnicas de cocina. Prefiero evitarlo a toda costa.

Salí de la habitación con el estómago revuelto. No entendía la crueldad de Julián; Gabriela ya había sufrido demasiado en su vida como para que él añadiera más sal a la herida. Iba caminando por el pasillo de las habitaciones, con la guardia baja, cuando unas manos fuertes me interceptaron, arrinconándome contra la pared de madera tallada.

—Hola —susurró Rodrigo.

Su voz era una vibración que me recorrió la columna, su perfume y olor de recién bañado inundaba mi interior encendiendo la chispa y con una lentitud exasperante, su mano retiró un mechón de cabello de mi cara y, sin pedir permiso, capturó mis labios en un beso profundo, posesivo, que sabía a peligro. Cuando nos separamos apenas unos milímetros, le hablé con toda la calma que pude fingir.

—¿Sabes que no es conveniente que alguien te vea con tus manos sobre mí en esta casa?

—Lo que es conveniente o no lo dicto yo, no te preocupes por los demás —su mano bajó por mi cuello—. Dime algo... ¿te gustó lo de esta mañana? —se inclinó y me susurró al oído, rozando mi lóbulo con los labios—: ¿Te calentó sentirme así?

—Pues sí —respondí, mirándolo directamente a los ojos, sin rastro de pudor—. Quedé bastante mojada, sinceramente. Pero ahora no tengo tiempo para tus juegos.

Mi honestidad pareció descolocarlo un segundo, pero luego su sonrisa se volvió depredadora.

—¿Cómo dices que no tienes tiempo y confiesas eso con tanta seguridad? ¿Por qué lo haces?

—Tú preguntaste. Solo estoy siendo honesta. No tengo por qué mentirte sobre mi cuerpo.

En un movimiento rápido, él tomó mi mano y la llevó directamente a su entrepierna. Mi palma se cerró sobre su miembro, que estaba rígido, palpitante bajo la tela fina de su pantalón. No hacía falta el contacto manual para saberlo; su pelvis estaba presionada contra mi vientre y sentía esa dureza reclamando espacio, una columna de fuego que buscaba desesperadamente una salida.

—Sabes algo, escurridiza... yo no suelo ser así. No soy un Casanova buscando placer barato, pero debo admitir que eres una reina de las tácticas. Sabes exactamente cómo ponerme duro y tenerme detrás de ti como un animal —su respiración era errática.

—No estoy intentando nada, Rodrigo. Tú me buscaste a mí. Ahora suéltame, tengo una cena a la que asistir y me daría mucha pereza tener que explicar por qué el invitado de mi hermano me tiene contra la pared.

—No te vas sin que me dejes probarte... porque creo que me volveré loco si no lo hago ahora.

Me sujetó las manos con una sola de las suyas, alzándolas por encima de mi cabeza y fijándolas contra la pared. Quedé totalmente expuesta. Me besó con una necesidad voraz, casi violenta, mientras su mano libre desabrochaba con destreza el primer botón de mi blusa. Deslizó la mano dentro, apartando el encaje de mi sostén con una urgencia cruda, hasta que mi seno saltó a su encuentro. Lo capturó con su boca, succionando el pezón con una fuerza que me hizo arquear la espalda. Me mordí los labios con fuerza, enterrando los dientes en mi propia carne para no emitir el gemido que pugnaba por salir. La sensación de su lengua caliente contra mi piel fría era un contraste insoportable.

Volvió a besarme en el cuello, dejando una marca que tardaría días en borrarse, y luego buscó mi boca nuevamente. Su objetivo era evidente: quería dejarme en un estado de necesidad tal que yo misma le suplicara que entrara en mí. Era un asedio en toda regla.

—Listo, preciosa —dijo, liberándome de repente, aunque sus ojos seguían inyectados en deseo—. Más tarde me voy a acariciar en mi cuarto pensando en ti, en cómo te estremecías recién. Si me quieres acompañar, te espero. La puerta estará abierta.

—No te canses de esperar —respondí, recuperando mi postura. Me acerqué a él, le planté un último beso y pasé mi lengua por su labio inferior antes de separarme—. Nos vemos en la cena.

Él cree que domina la situación. Cree que su estancia aquí será mi perdición, pero no sabe que yo también sé jugar con fuego sin quemarme... o al menos, eso es lo que intento convencerme mientras siento el frío del pasillo en mi piel todavía encendida. Esta noche, por seguridad, dormiré con Gabriela. No confío en mis propios impulsos si me quedo sola.

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Estefaniavv
🥰🥰👏
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