Anna Marín muere a los 32 años con seis puñaladas en el pecho, asesinada por su hermanastra Mariana mientras su esposo Javier observa sin intervenir. Sus últimos pensamientos son de arrepentimiento: por amar demasiado, por callarse demasiado, por convertirse en invisible.
Pero cuando abre los ojos, está de vuelta dos años antes de su muerte.
Con todos los recuerdos intactos.
Anna sabe exactamente lo que viene: cómo Mariana manipulará a sus hijas gemelas para que la odien, cómo Javier la torturará durante meses para robarle la herencia de la abuela, cómo morirá sola en el mismo piso de mármol donde alguna vez creyó que construiría un hogar.
Esta vez no será la esposa sumisa que se arrastra por amor.
Esta vez será la Loba Blanca que todos temían en los tribunales.
Esta vez cada traidor pagará por adelantado.
Pero cambiar el futuro tiene un precio. Y Anna descubrirá que la venganza, aunque dulce, puede costarle lo único que aún le importa: el alma de la mujer que alguna vez fue.
Una histo
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CAPÍTULO 23
Anna despierta a las tres de la mañana con el corazón latiendo demasiado rápido.
No fue un sueño normal. Fue más que eso. Fue la sensación de que algo está por pasar. La misma sensación que tuvo justo antes de que Mariana intentara sabotear el auto de la abuela.
La sensación de que Mariana se está moviendo.
Anna se sienta en la cama. Respira profundo. Piensa.
En su vida anterior Mariana mató a Leonardo. Ese hombre lo secuestro a fuera de su empresa y Mariana lo apuñaló porque él intentó protegerla, pero se supone que faltan 2 años para que eso pase, porque de pronto soñó con ese final. Pero en esta vida todo se está acelerando. Los eventos que tardaban meses ahora tardan semanas. Las cosas están pasando más rápido. Más violento. Mariana está desesperada. Y si Mariana ya contrató a alguien para matar a la abuela...
¿Qué le impide contratar a alguien para matar a Leonardo?
Anna toma su teléfono. Marca un número que memorizó hace meses.
Contestan al cuarto timbre.
—¿Sí? —dice una voz de hombre. Voz rasposa.
—Soy yo —dice Anna.
Silencio. Luego:
—¿Anna?
—Hola, Raúl.
Raúl Méndez. Primo de Carlos. El hombre que en su vida anterior se convirtió en mensajero de Mariana. El hombre que Anna vio entregar pagos a sicarios. El hombre que vio cometer crímenes por órdenes de Mariana sin hacer nada. Pero en esta vida Anna lo encontró primero. Antes de que Mariana lo contratara. Le ofreció protección legal a cambio de información sobre cualquier movimiento de Mariana.
Raúl aceptó.
Ahora es el espía de Anna.
—¿Qué necesitas? —pregunta Raúl.
—Necesito que me digas si Mariana contrató a alguien recientemente.
—¿Para qué?
—Para matar a alguien.
Raúl respira profundo.
—Mierda. Sí. Contrató a El Fantasma.
Anna siente frío subir por su espalda.
—¿Objetivo?
—No lo sé. El Fantasma no comparte esa información conmigo. Solo sé que el trabajo está programado para dentro de tres días.
Tres días.
Anna cierra los ojos.
—Averigua quién es el objetivo. Cualquier cosa que puedas encontrar. Mándamelo.
—Entendido.
Cuelga.
La notificación llega a las ocho de la mañana.
Anna está en el estacionamiento de la corte a punto de entrar a un juicio importante. Caso un complejo que preparó durante semanas con el abogado Hernández.
El teléfono vibra. Mensaje de Raúl.
"Confirmado. Objetivo: Leonardo Lin. Ataque en 3 días. 7pm. Estacionamiento Grupo Lin. Interceptar auto. Tres hombres incluido El Fantasma."
Anna lee el mensaje tres veces.
Luego lo borra.
Mira hacia la entrada de la corte. El abogado Hernández está esperándola.
Anna marca su número.
—Anna, ¿dónde estás? Empezamos en diez minutos.
—Emergencia. No puedo ir.
—¿Qué? Anna, este caso...
—Lo siento. Tiene toda mi investigación. Puede ganar sin mí.
Cuelga.
Luego marca otro número. Un contacto que Leonardo le dio hace semanas.
Sebastián Montes. Seguridad privada élite. Ex militar.
—Montes.
—Habla Anna Marín. Leonardo Lin me dio su número.
—¿Qué necesita?
—Protección para Leonardo. Nivel máximo. Empezando hoy. Por cuatro días.
—¿Amenaza específica?
—Sicarios profesionales. Tres hombres. Van a interceptar su auto en el estacionamiento de Grupo Lin dentro de tres días a las siete de la tarde.
Silencio.
—¿Cómo sabe eso?
—No puedo explicarlo. Solo protéjalo. Sin que él lo note. No puede saber que hay seguridad extra.
—Eso es difícil.
—Pero no imposible.
—No. Es caro, pero no imposible.
—¿Cuánto?
—Quinientos mil por cuatro días sin que el cliente lo note.
—Aceptado. Le mando la transferencia ahora.
—Necesito detalles de su rutina.
—Se los mando en una hora.
Después de colgar Anna se recuesta en el volante, en esta vida protegerá a Leonardo como sea.
Los siguientes tres días Anna no duerme.
Trabaja. Vigila. Espera.
Ve a Leonardo salir de Grupo Lin todos los días a las siete. Ve el auto negro discreto que lo sigue a distancia. Ve a los hombres de Montes posicionados en el estacionamiento haciéndose pasar por mantenimiento. Leonardo no nota nada. Sigue normal. Trabajando. Reuniones. Como siempre. Anna actúa normal también. Sonríe. Habla de casos. Revisa documentos. Pero cuenta las horas.
Anna está en su auto a media cuadra de Grupo Lin cuando marca las siete.
Ve a Leonardo salir. Ve su auto esperándolo. Ve sombras moviéndose en los rincones.
Los hombres de Montes están listos.
Leonardo camina hacia su auto. Saca las llaves.
Anna aprieta el volante.
"Por favor."
Y aparecen.
Una camioneta negra entra al estacionamiento derrapando. Llantas chirriando. Puertas abriéndose antes de detenerse. Tres hombres bajan. Vestidos de negro. Encapuchados. Armados.
El del centro es más alto. Se mueve con precisión. El Fantasma.
Leonardo se voltea al escuchar el ruido. Frunce el ceño. No entiende.
Los tres levantan las armas. Apuntan a Leonardo.
Anna deja de respirar.
Y los guardias se mueven.
Salen de las sombras. Seis hombres armados. Dos desde autos estacionados. Dos desde la entrada. Dos desde el techo.
En tres segundos rodean a los sicarios. En cinco segundos tienen armas apuntándoles desde seis ángulos.
—¡Suelta el arma! ¡Ahora! —grita el líder.
El Fantasma mira alrededor. Calcula. Ve seis guardias profesionales. Ve a Leonardo protegido. Ve cámaras grabando. Ve testigos en las ventanas.
Ve que el plan se fue a la mierda.
Baja el arma. La deja caer. Levanta las manos.
—Al piso. Los tres. Ahora.
Los otros dos miran a El Fantasma. El Fantasma asiente. Los tres se tiran al piso boca abajo.
Los guardias se mueven rápido. Esposan. Revisan. Encuentran más armas.
Llaman a la policía.
Anna respira.
Leonardo está vivo.
Esa noche Leonardo la llama.
—¿Fuiste tú?
Anna no pregunta a qué se refiere.
—Sí.
—¿Cómo lo supiste?
—No puedo explicarlo.
—Anna...
—Confía en mí. No puedo explicarlo.
Silencio.
—¿Mariana? —pregunta Leonardo.
—Sí.
—¿Intentó matarme?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque estás enamorado de mí. Y eso la hace sentir amenazada.
Leonardo respira profundo.
—Gracias. Me salvaste la vida.
—No tienes que agradecerme.
—Sí tengo.
Cuelgan.
Anna se queda en su apartamento mirando la ventana. Leonardo está vivo. Está a salvo.
Y Mariana acaba de perder su peón más peligroso. Porque El Fantasma está arrestado.
Y cuando hable va a llevar todo directo a Mariana. El juego acaba de cambiar.
Vamos a ver como se destruyen Javier y Mariana 😅😅