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El Pecado De Los Inmortales

El Pecado De Los Inmortales

Status: En proceso
Genre:Demonios / Ángeles / Reencarnación / Romance oscuro
Popularitas:380
Nilai: 5
nombre de autor: Lumina Bazan Enamorado

«El Cielo la condenó. El Infierno la reclamó. Ella decidió que ambos debían arder».

Desde el principio de los tiempos, ángeles y demonios han protegido un equilibrio sostenido por juramentos de sangre y secretos que jamás debieron revelarse.

Cuando una joven comienza a recordar vidas que nunca vivió y a soñar con un hombre de ojos carmesí, su existencia se convierte en una amenaza para ambos reinos.

El Cielo ordena destruir su alma. El Infierno exige capturarla.

Y él, un soberano infernal que una vez la amó y la odió con la misma intensidad, recibe la misión de entregarla a sus enemigos.

Pero ella no recuerda su rostro, sus promesas ni la traición que los separó.

Entre pactos prohibidos, recuerdos manipulados y un amor condenado, descubrirá que los monstruos no siempre habitan en el Infierno.

Porque ella no fue creada para salvar el mundo.

Fue la razón por la que una vez estuvo a punto de desaparecer.

Y el mayor pecado de los inmortales fue olvidar a quién debían temer.

NovelToon tiene autorización de Lumina Bazan Enamorado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Los nombres que nunca existieron

Época moderna — Ciudad de Vespera

La madrugada parecía no tener fin.

Seraphine Veyrath llevaba tanto tiempo observando el reloj de bolsillo que había perdido la cuenta de los minutos.

Las manecillas avanzaban con una normalidad casi insultante.

No habían aparecido símbolos misteriosos.

Ninguna voz había susurrado desde las sombras.

Y, para su considerable decepción, tampoco había surgido una explicación razonable de lo sucedido.

—Perfecto —murmuró—. Ahora también estoy esperando que un reloj me pueda.

Lo dejó sobre el escritorio.

La habitación parecía exactamente igual que antes de la visita de Kaelith y Vael.

La misma cama desordenada.

Los mismos libros apilados sin ningún criterio reconocible.

La misma lámpara que llevaba semanas prometiéndose reemplazar.

Pero algo había cambiado.

No en la habitación.

En ella.

Seraphine se acercó al espejo.

Contempló su reflejo durante varios segundos.

Cabello oscuro.

Ojos cansados.

El rostro de una joven de veintitrés años que debería estar preocupada por sus trabajos universitarios y no por la posibilidad de haber vivido durante milenios.

Se dispuso hacia el cristal.

—¿Quién eres?

Su reflejo no respondió.

Lo cual, considerando los acontecimientos recientes, resultaba tranquilizador.

Volvió al escritorio y abrió su cuaderno.

En la primera página escribió:

COSAS QUE NECESITO AVERIGUAR

Debajo trazó una línea.

Después comenzó a enumerar.

1. ¿Quién era la mujer de la pintura?

2. ¿Qué ocurrió hace tres mil años?

3. ¿Por qué existen dos relojes conectados?

4. ¿Quién está alterando los recuerdos?

Se detuvo.

Miró la última pregunta.

Luego añadió una quinta.

5. ¿Por qué todos parecen tenerme miedo?

Aquello era lo que más la inquietaba.

Kaelith la miraba como si hubiera regresado de una tumba.

Vael hablaba de ella como si sólo su propia existencia pudiera provocar una catástrofe.

Y aquella voz desconocida había celebrado que comenzara a recordar.

Ninguno parecía preguntarse qué deseaba ella.

Seraphine cerró el cuaderno.

—Bien —susurró—. Entonces tendremos que averiguarlo sin pedir permiso.

Reino Infernal — Palacio de Nocthar

Kaelith regresó al palacio bajo el cielo violeta de Nocthar.

En aquel reino no existían amaneceres como los que conocían los humanos.

La luz cambiaba de intensidad, las sombras se desplazaban y las yeguas de mercurio reflejaban constelaciones que jamás habían existido sobre la Tierra.

Pero el soberano apenas reparó en el paisaje.

Tenía una sola pregunta en la mente.

¿Quién estaba detrás de la corona?

Había revivido aquella escena incontables veces.

Recordaba las escalinatas.

La sangre.

La voz de Seraphine.

Recordaba sus propias manos extendidas hacia ella.

Y el instante en que una luz imposible consumió cuanto los rodeaba.

Pero no recordaba ninguna figura detrás de ella.

Ninguna sombra.

Ningún tercer testigo.

Se detuvo frente a una de las ventanas del corredor principal.

—Darío.

El general apareció desde una galería lateral.

—Mi señor.

Kaelith no se volvió.

—Necesito que investigue los registros anteriores al Pacto Primordial.

Darius sintió que algo se contraía en su pecho.

—¿Qué registros?

—Los que sobrevivieron a la primera guerra.

—Muchos fueron destruidos.

—No todos.

El general guardó silencio.

Kaelith finalmente lo miró.

—Busco hace referencia a una figura que pudiera haber estado presente durante la última noche.

—¿Qué clase de figura?

—Una sombra sin rostro.

Durante una fracción de segundo, Darius dejó de respirar.

Fue un movimiento mínimo.

Casi imperceptible.

Pero Kaelith lo conocía desde hacía demasiado tiempo.

—Sabes algo.

—No estoy seguro.

—No te he preguntado si estás seguro.

Darius sostuvo su mirada.

—Hay historias que nunca debieron conservarse.

La expresión del soberano se endureció.

—Y, sin embargo, alguien se tomó la molestia de ocultarlas.

El general bajó la cabeza.

—Investigaré.

Kaelith se acercó.

—Darío.

—¿Sí, mi señor?

—No vuelvas a decidir por mí qué parte del pasado merece ser recordada.

Aquellas palabras resultaron más dolorosas que una amenaza.

Darius inclinó lentamente la cabeza.

—Como órdenes.

El soberano se alejó.

Sin embargo, no regresó a sus aposentos.

En lugar de ello, descendió hacia la galería occidental, donde se conservaban los archivos que ningún consejero podía consultar sin su autorización.

Había confiado en Darius durante milenios.

Eso no había cambiado.

Pero la confianza no debía confundirse con la ceguera.

Y si su general conocía algo sobre aquella sombra, Kaelith estaba decidido a descubrirlo, incluso si debía investigar a espaldas de su amigo.

Mientras tanto, Darius permaneció solo en el corredor.

Solo entonces permitió que su expresión se quebrara.

Porque la sombra que Kaelith buscaba tenía un nombre.

Y pronunciarlo podía ser suficiente para despertar aquello que permanecía encerrado bajo las nueve columnas del norte.

Ciudad de Vespera — Biblioteca Universitaria

A las nueve de la mañana, Eveline Ashford encontró a su mejor amiga sentada frente a una montaña de libros.

—Voy a hacerte una pregunta y necesito que respondas con absoluta sinceridad.

Seraphine no levantó la mirada.

—Buenos días para ti también.

Eveline dejó su bolso sobre la mesa.

—¿Ha dormido?

—Depende de cómo definas dormir.

—Cerrar los ojos durante varias horas.

—Entonces no.

Eveline suspiró.

—Maravilloso. Estás funcionando a base de cafeína y decisiones cuestionables.

Seraphine deslizó un libro hacia ella.

—Necesito tu ayuda.

Su amiga examinó la portada.

Crónicas de los reinos olvidados.

— ¿Estamos investigando para una clase?

—Algo parecido.

Eveline la observó con sospecha.

—Seraphine.

—Eveline.

—¿Qué ocurrió anoche?

Seraphine permaneció inmóvil.

Podía contarle la verdad.

Podía explicarle que dos demonios habían aparecido en su habitación y que uno de ellos aseguraba haberla amado tres mil años atrás.

Pero Eveline era humana.

Y, a diferencia de ella, no había recibido advertencias sobre una posible sentencia celestial.

Involucrarla sin comprender el peligro sería irresponsable.

—Tuve otro sueño —respondió finalmente.

No era una mentira.

Simplemente no era toda la verdad.

Eveline suavizó la expresión.

—¿El hombre de ojos rojos?

Seraphine patrimonial.

—Y la mujer de la pintura.

Su amiga se sentó.

—Entonces quizás deberíamos empezar por el manuscrito.

—Eso estaba pensando.

Eveline abrió su bolso y extrajo una carpeta.

—Conseguí algo mejor.

Seraphine levantó la mirada.

—¿Qué es?

—Una copia de los registros de procedencia de la pintura.

—¿Cómo los conseguiste?

Eveline sonríe.

—Llevo varios días investigando desde que encontramos aquella imagen.

—¿Y no me lo dijiste?

—Quería asegurarme de que había algo útil antes de emocionarte.

Seraphine observó la carpeta.

—¿Y lo hay?

—Más de lo que esperaba.

Eveline abrió la primera página.

—Mi familia ha colaborado durante generaciones con el archivo de una antigua capilla de Vespera. Mi abuelo me ayudó a catalogar algunos de sus documentos y conservamos copias de varios registros.

—¿Tu familia tiene relación con una capilla?

—Una relación bastante antigua. Aunque, si preguntas a mi madre, probablemente te dirá que hay asuntos familiares de los que es mejor no hablar.

Seraphine levantó una ceja.

—Eso suena sospechoso.

—Bienvenida a mi familia.

Ambas sonrieron brevemente.

Después Eveline deslizó la carpeta hacia ella.

En la primera página apareció una fotografía del retrato.

La mujer de la corona quebrada.

El rostro de Seraphine.

Debajo, una anotación escrita en una caligrafía antigua.

«Retrato de la Señora sin Reino».

Seraphine sintió que el estómago se le contraía.

—¿Señora sin Reino?

Eveline.

—Ese es el nombre que aparece en el registro más antiguo que encontramos.

—¿No tiene nombre propio?

—Ahí está lo extraño.

Pasó varias páginas.

—En algunos documentos aparece como una reina. En otros, como una prisionera. Hay incluso un texto que la describe como una hereje condenada por desafiar a los cielos.

Seraphine sintió un escalofrío.

— ¿Y cuál es la versión correcta?

—No lo sabemos.

Eveline señaló una anotación al margen.

—Pero todos coinciden en algo.

Seraphine leyó lentamente.

«Su verdadero nombre fue retirado de los registros por orden de las autoridades del santuario».

—¿Retirado? —murmuró.

—Borrado, eliminado, prohibido... No sabemos exactamente qué significaba.

Seraphine contempló el retrato.

Una mujer que tenía su rostro.

Una mujer cuyo nombre alguien había decidido eliminar.

Y, de pronto, recordó las palabras escritas en su reloj.

La primera mentira fue tu muerte.

—Eveline.

-¿Si?

— ¿Dónde está el original de esta pintura?

Su amiga dudó.

—No está en la universidad.

—¿Entonces?

—El registro indica que fue trasladado hace años a una colección privada vinculada con la capilla. No he confirmado conseguido si todavía permanece allí.

Seraphine levantó la mirada.

—¿Qué capilar?

Eveline revisó la última página.

—La Capilla de Santa Vespera.

El nombre provocó una sensación extraña en el pecho de Seraphine.

Como si lo hubiera escuchado antes.

En otra época.

En otra vida.

Reino Celestial — Cámara de los Juramentos

Elyndra Caelith sostenía el pequeño cristal entre las manos.

La luz atrapada en su interior había comenzado a agitarse.

Durante tres mil años había permanecido inmóvil.

Silenciosa.

Dormida.

Pero desde el despertar de Seraphine, su brillo se había intensificado.

Elyndra cerró los ojos.

—Todavía no —susurró.

El cristal respondió con una pulsación.

Una imagen apareció brevemente en su superficie.

Una mujer de cabello oscuro.

Una corona quebrada.

Y una puerta.

No una puerta de piedra.

Ni de metal.

Una abertura suspendida en medio de la oscuridad.

Elyndra retrocedió.

Conocía aquella puerta.

La había visto una sola vez.

La noche en que se firmó el Pacto Primordial.

Y recordaba perfectamente las palabras que Seraphine había pronunciado antes de cruzarla.

«Si alguna vez regreso, no me entregues la verdad hasta que pueda soportarla».

La guardiana cerró los dedos alrededor del cristal.

Durante siglos había considerado aquella petición una orden sagrada.

Ahora comenzaba a preguntarse si obedecerla había sido un acto de lealtad o de cobardía.

Una voz resonó detrás de ella.

—Sigues protegiendo secretos que no te pertenecen.

Elyndra se volvió.

Thamiel Oris permanecía junto a la entrada.

Sus ojos, velados por una blanca sobrenatural, parecían mirar hacia lugares que ninguna criatura podía alcanzar.

—No deberías estar aquí —murmuró ella.

El oráculo sonó débilmente.

—Eso me dicen con frecuencia.

Elyndra ocultó el cristal bajo su manga.

—¿Qué quieres?

Thamiel le dio la cabeza.

—Advertirte.

—¿Sobre qué?

El anciano avanzaba lentamente.

—El primer nombre ha comenzado a despertar.

Elyndra sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

—Eso es imposible.

Thamiel soltó una risa triste.

—Siempre es curioso escuchar esa palabra de quienes han vivido tanto.

La guardiana guardó silencio.

—¿Qué has visto?

El oráculo levantó el rostro.

—Una ciudad cubierta de campanas. Una joven frente a una puerta que no debería existir. Y nueve columnas que sostienen una prisión que ya no reconoce a sus carceleros.

Elyndra retrocedió.

—¿Las columnas del norte?

Thamiel.

—Tres están heridas.

—Lo sabemos.

—Las otras seis todavía resisten.

La guardiana cerró los ojos.

—Entonces aún tenemos tiempo.

El oráculo no respondió inmediatamente.

Cuando volvió a hablar, su voz parecía provenir de una distancia imposible.

—El tiempo no es lo que está terminando, Elyndra.

Ella levantó la mirada.

—¿Entonces qué?

Thamiel respondió:

—La mentira que lo mantiene unido.

Ciudad de Vespera — Capilla de Santa Vespera

La capilla se encontraba en una de las zonas más antiguas de la ciudad.

Sus muros estaban cubiertos de hiedra y las ventanas de cristal oscuro parecían absorber la luz del mediodía.

No había turistas.

Tampoco fiel.

Solo el sonido lejano del tránsito y el murmullo del viento entre los árboles.

Seraphine permaneció frente a la entrada.

— ¿Estás seguro de que podemos entrar?

Eveline levantó una llave.

—Conseguí autorización para consultar el archivo histórico.

Seraphine la miró.

—¿De quién?

—Del encargado. Mi familia todavía mantiene contacto con él y acordamos venir hoy.

—¿Y dónde está?

—Tuvo que atender un asunto, pero nos permitió entrar y nos pidió que dejáramos todo como lo encontramos.

Seraphine observó la llave.

—¿Y te la entregó así nada más?

—Mi madre respondió por nosotras.

Seraphine suspiró.

—Eso no significa que me sienta más tranquila.

—¡Tenemos permiso! No arruines el momento.

La puerta se abrió con un gemido.

El interior olía a madera antigua y cera.

La luz atravesaba los vitrales y dibujaba figuras de colores sobre el suelo.

Seraphine avanzó lentamente.

Algo en aquel lugar le resultaba familiar.

No la arquitectura.

No los símbolos religiosos.

Era una sensación más profunda.

Como si sus pasos estuvieran siguiendo un camino que ya había recorrido.

Eveline se dirigió hacia una pequeña puerta lateral.

—El archivo está por aquí.

Seraphine no la siguió.

Había visto algo.

En el extremo de la nave principal, detrás de varias filas de bancos, se encontró una estatua cubierta por una tela blanca.

No parece formar parte de la decoración habitual.

Se acerca.

La tela estaba cubierta de polvo.

En la base de piedra había una inscripción casi borrada.

Seraphine se inclinó para leerla.

«A aquel cuyo nombre fue negado, pero cuyo sacrificio jamás pudo olvidarse».

El corazón comenzó a latirle con fuerza.

Extendió la mano.

Retiró lentamente la tela.

Debajo apareció una figura femenina.

Cabello largo.

Vestiduras antiguas.

Una corona quebrada.

Seraphine retrocedió.

La estatua tenía su rostro.

-No...

Una corriente de aire recorrió la capilla.

Seraphine parpadeado.

Durante un instante, creyó ver que las velas apagadas comenzaban a encenderse una por una.

Pero cuando volvieron a mirarlas, seguían apagadas.

Una sensación de hielo recorrió su espalda.

¿Otra visión?

Se volvió hacia la puerta lateral.

—¿Eveline?

No obtuvo respuesta.

Su amiga debía de encontrarse examinando los documentos.

Entonces cerró un susurro.

«No pronuncies el nombre».

La voz parecía surgir de las paredes.

Seraphine retrocedió otro paso.

—¿Qué nombre?

Una línea oscura apareció sobre la frente de la estatua.

Después otra.

Seraphine observó, horrorizada, cómo la piedra parecía agrietarse.

Una pequeña pieza cayó al suelo.

Pero no produjo ningún sonido.

Entonces la hizo comprender que algo no estaba ocurriendo en el mundo físico.

Al menos, no por completo.

Detrás de la corona apareció un símbolo.

Una corona atravesada por una espada.

Seraphine sintió que el aire abandonaba sus pulmones.

El mismo símbolo que había visto sobre el reloj.

Una marca que parecía acompañar cada secreto de aquella historia.

Y entonces, desde algún lugar que no pudo identificar, una voz femenina pronunció una sola palabra.

—Nyxara.

Reino Infernal — Fronteras del Norte

Las nueve columnas se alzaban sobre una extensión de piedra negra.

Tres mostraron grietas profundas.

Las otras seis permanecían intactas.

Hasta que una vibración recorrió la cuarta.

Un sonido atravesó el silencio.

Grieta.

Sobre la superficie apareció una fisura delgada.

No alcanzó el núcleo del sello.

La columna todavía conservaba su poder.

Pero algo había comenzado a debilitarse.

En las profundidades, una presencia respondió.

Una respiración.

Lenta.

Antigua.

Y una voz que parecía haber esperado durante milenios.

—La heredera ha escuchado el primer nombre.

Las sombras comenzaron a moverse entre las columnas.

—Entonces...

La voz se convirtió en un susurro satisfecho.

—Que comience el regreso.

En la Capilla de Santa Vespera, Seraphine permanecía frente a la estatua.

—¿Nyxara? —repitió.

El nombre resonó en el recinto.

Las campanas iniciaron un sonar.

Una.

Dos.

Tres veces.

Desde el archivo lateral, Eveline apareció corriendo.

—¡Serafina! ¿Qué está pasando?

Su amiga no respondió inmediatamente.

Observaba la estatua.

Porque algo había cambiado.

El rostro de piedra ya no se parecía exactamente al suyo.

Los rasgos se habían transformado.

Seguía siendo una mujer.

Pero no era Seraphine.

Sus ojos, tallados en una piedra oscura, parecían contemplarla directamente.

Eveline se detuvo a su lado.

—¿Por qué ha descubierto la estatua?

Seraphine la miró.

—¿No ves nada extraño?

Su amiga examinó la figura.

—Además de que se parece muchísimo a ti, ¿qué debería ver?

Seraphine volvió la mirada hacia la piedra.

Comprendió entonces que Eveline seguía viendo el rostro original.

La transformación solo existía ante sus ojos.

—No lo sé —murmuró.

Las campanas dejaron de sonar.

Por un instante, el silencio pareció envolver toda la capilla.

Entonces aparecieron unas letras sobre la base de la estatua.

No se tallaron en la piedra.

Brillaron sobre ella, como si una mano invisible las estuviera escribiendo desde el otro lado de un cristal.

Seraphine leyó lentamente.

«La reina no murió. Fue dividido».

Sintió que un escalofrío recorría su espalda.

No sabía de qué reina hablaban aquellas palabras.

Tampoco comprendía qué significaba haber sido dividido.

Pero una pregunta comenzó a formarse en su mente.

¿Y si las historias que había encontrado no pertenecían a una sola mujer?

Eveline la vigila con preocupación.

—Seraphine, estás muy pálida.

Ella respiró profundamente.

—Necesito que me ayudes a investigar algo.

—¿Qué cosa?

Seraphine miró nuevamente la estatua.

—Un nombre.

—¿Cuál?

Dudó.

La advertencia todavía resonaba en su memoria.

«No pronuncies el nombre».

—Todavía no estoy segura de haberlo escuchado correctamente.

Eveline frunció el ceño.

Antes de que pudiera preguntar algo más, un sonido surgió desde algún lugar bajo sus pies.

Índice.

Ambas se quedaron inmóviles.

Índice.

Eveline retrocedió.

—¿Escuchaste eso?

Seraphine avanza lentamente.

Índice.

Tres golpes.

Provenían de debajo de la capilla.

De algún lugar al que ninguna de las dos había descendido.

Eveline sujetó el brazo de su amiga.

—Seraphine... creo que deberíamos irnos.

Pero Seraphine contemplaba el suelo de piedra.

Porque, por primera vez desde que comenzaron sus pesadillas, había encontrado una pista que ninguno de los inmortales le había entregado.

Una pista que había descubierto por sí misma.

Y aunque una parte de ella deseaba salir corriendo, otra comprendía que aquella puerta oculta podía contener las respuestas que llevaba tanto tiempo buscando.

Sin embargo, no se mueva.

No todavía.

Primero necesitaba averiguar qué había bajo la capilla.

Y quién había decidido mantenerlo encerrado.

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Orlov ♛ ★J² de mafia♾️ 🚬
Wooow, tenias razón quiero maaaas
Elizabeth Bazan Enamorado: espero y el nuevo capítulo te guste tanto como a mi lamento no haber estado publicando continuamente, me enferme pero regresamos con todo.
total 1 replies
Erislandy Quevedo Horta
siguiente capítulo por favor
Elizabeth Bazan Enamorado: Hola el día de mañana publicaré otros 6 capítulos 🤭 me sorprende la velocidad de tu lectura gracias por apoyar mi trabajo ☺️.
total 1 replies
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