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Una Esposa Por Un Año

Una Esposa Por Un Año

Status: En proceso
Genre:Romance / Matrimonio contratado
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: maleramram

¿Qué sucede cuando un matrimonio comienza como un acuerdo y termina convirtiéndose en el único lugar al que ambos desean pertenecer?

Nyssa Johnson está dispuesta a sacrificarlo todo por su familia, incluso sus propios sueños. Cedric Vellane tiene dinero, poder y una vida sin compromisos, pero está a punto de perder a la única persona que siempre ha estado a su lado: su abuela.

Un matrimonio por contrato parece ser la solución perfecta para ambos. Ella obtendrá la estabilidad que necesita y él cumplirá el último deseo de Eleanor.

Sin amor, sin obligaciones y con una fecha de vencimiento.

Pero entre besos fingidos, discusiones y sentimientos inesperados, las reglas comienzan a desmoronarse.

Y cuando el contrato termine, tendrán que descubrir si lo que los une es suficiente para elegirse sin ninguna obligación.

Porque fingir un matrimonio es fácil. Lo difícil es dejar ir a quien nunca planeaste amar.

Él la dejó marchar porque creyó que no tenía derecho a pedirle que se quedara. Ella se fue creyendo que él nunca la había elegido. Ninguno imaginó que, al separarse, también estaban dejando atrás una parte de sí mismos.

NovelToon tiene autorización de maleramram para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Una noche prestada

Nyssa permanecía sentada en un banco frente a una tienda cerrada, abrazando a Ale y cubriéndolo con su chaqueta para protegerlo del frío.

El niño tenía la cara escondida contra su pecho. Había dejado de hacer preguntas, pero ella notaba cómo sus pequeños dedos se aferraban a su ropa cada vez que alguien pasaba cerca.

Nyssa no podía dejar de mirar a su alrededor.

Cada automóvil que frenaba la hacía tensarse. Cada grupo de hombres que cruzaba la calle le provocaba un nudo en el estómago.

No sabía si el prestamista los estaba buscando.

Tampoco sabía dónde dormirían esa noche.

—¿Tienes frío, cariño? —preguntó, acomodándole la chaqueta sobre los hombros.

Ale negó con la cabeza, aunque tenía la nariz enrojecida.

—¿Tú tienes frío?

—Un poquito.

El niño levantó la cara y la miró con preocupación.

—Podemos abrazarnos más fuerte.

Nyssa sonrió débilmente.

—Es una excelente idea.

Lo estrechó contra ella y le besó el cabello.

Había pasado años intentando que Ale no tuviera que preocuparse por los problemas de los adultos. Quería que pudiera jugar, estudiar y hacer preguntas absurdas sin sentir que el mundo podía derrumbarse en cualquier momento.

Pero esa noche ni siquiera había conseguido llevarlo a una habitación caliente.

Miró el teléfono.

Cedric le había dicho que iría a buscarlos, pero habían pasado varios minutos y todavía no tenía noticias.

No quería llamarlo de nuevo. Ya le había pedido ayuda una vez y no sabía hasta qué punto estaba dispuesto a involucrarse en sus problemas.

Sin embargo, tampoco podía permitirse el orgullo de quedarse allí toda la noche.

Estaba a punto de marcarle cuando el teléfono vibró.

Cedric Vellane.

—¿Dónde estás exactamente? —preguntó él apenas respondió.

Nyssa le dio la dirección y describió el local que tenía enfrente.

—¿Sigues con tu hermano?

—Sí. Está conmigo.

—Bien. Quédate donde estás. Estoy a unas calles.

Ella soltó el aire que llevaba conteniendo.

—Cedric…

—¿Qué sucede?

Nyssa bajó la mirada hacia Ale.

—No tengo adónde ir esta noche.

No añadió nada más. No sabía cómo explicar que su casa ya no era un lugar seguro, que había tenido que escapar con su hermano y que ni siquiera llevaba dinero suficiente para pagar una habitación.

—Lo sé —respondió él—. Vamos a resolverlo cuando llegue.

La llamada terminó.

Nyssa guardó el teléfono y volvió a observar la calle.

No confiaba ciegamente en Cedric. Apenas lo conocía. Era un hombre rico que le había ofrecido dinero a cambio de un matrimonio, y eso no lo convertía automáticamente en alguien bueno.

Pero había respondido cuando lo necesitaba.

Por el momento, tendría que bastarle.

El automóvil negro apareció unos minutos después.

Nyssa se puso de pie inmediatamente, sosteniendo a Ale contra su cuerpo. Cuando Cedric bajó del vehículo, llevaba un abrigo oscuro sobre el traje y una expresión seria que ella no había visto durante su reunión.

Sus ojos recorrieron primero a Nyssa y luego al niño.

Se detuvieron en la mochila pequeña que Ale llevaba colgada de un hombro.

Cedric no hizo preguntas de inmediato.

Se quitó el abrigo y se lo ofreció a Nyssa.

—Póntelo.

—No hace falta.

—Estás temblando.

Ella quiso discutir, pero el frío le había entumecido los dedos. Finalmente aceptó la prenda y envolvió con ella a Ale también.

Cedric abrió la puerta trasera del automóvil.

—Suban. La calefacción está encendida.

Nyssa dudó.

—¿Adónde vamos?

—A mi casa. Hay habitaciones de sobra y podrán descansar esta noche.

Ella lo observó con cautela.

—Todavía no firmé el contrato.

—Lo recuerdo.

—Entonces no tienes ninguna obligación de hacer esto.

Cedric sostuvo su mirada.

—No necesito que firmes un contrato para entender que no puedes pasar la noche en la calle con un niño de seis años.

Nyssa apretó los labios.

No quería que la compadeciera. Tampoco quería deberle algo que después pudiera utilizar en su contra.

—No quiero que pienses que puedes decidir por mí porque me estás ayudando.

Cedric arqueó ligeramente una ceja, pero no pareció ofendido.

—Y yo no quiero que confundas ofrecerte un techo con comprar el derecho a controlarte. Puedes dormir en mi casa y seguir decidiendo si aceptas o no mi propuesta.

Ella lo estudió durante unos segundos, buscando alguna señal de burla o impaciencia.

No encontró ninguna evidente.

Finalmente, subió al automóvil con Ale.

Cedric cerró la puerta y ocupó el asiento delantero.

Durante el trayecto, Nyssa mantuvo a su hermano abrazado. Ale observaba las luces de la ciudad por la ventana, demasiado cansado para hablar.

—¿Es tu amigo? —le susurró a su hermana.

Nyssa miró a Cedric, que parecía concentrado en la carretera.

—Es alguien que nos está ayudando.

Ale asintió, aceptando la explicación.

Unos minutos después, el niño apoyó la cabeza en el regazo de Nyssa y se quedó dormido.

Ella le acarició el cabello y volvió a mirar por la ventana.

Cuando el automóvil se detuvo frente a una imponente residencia, Nyssa sintió que el estómago se le encogía.

La casa era enorme, iluminada y silenciosa. Nada que ver con el pequeño apartamento del que había tenido que escapar.

Cedric bajó primero y abrió su puerta.

—Ven. Te mostraré dónde pueden instalarse.

Nyssa salió con cuidado, todavía llevando la mochila de Ale.

Antes de entrar, miró una última vez hacia la calle.

No sabía si había conseguido escapar definitivamente del prestamista. No sabía cómo pagaría las deudas ni qué ocurriría con su madre.

Pero Ale estaba dormido, abrigado y a salvo por esa noche.

Y, por ahora, eso era lo único que importaba.

Cedric esperó a que ella cruzara la entrada antes de cerrar la puerta.

—Mañana hablaremos de lo que pasó —dijo—. Esta noche puedes descansar.

Nyssa asintió sin mirarlo demasiado.

No estaba acostumbrada a que alguien le ofreciera ayuda sin exigirle una respuesta inmediata.

Y todavía no sabía qué hacer con eso.

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Carmen Chávez Rebolledo
excelentes relatos me encantan
𝑴𝒊𝒏𝒂𝒓𝒚ღ
Nueva seguidora ✨
Claudia Oroná
que mujer tan estúpida y cobarde!!! xq no lo llamo a Cédric y averigua?
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