ADVERTENCIA
Esta historia contiene escenas fuertes en algunas partes: crueldad emocional, celos posesivos, discusiones, furia, manipulación
un alfa y un omega
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Demasiado serca
El alfa apartó lentamente la mirada de Eiden. Su corazón seguía latiendo con fuerza y no entendía por qué aquel chico conseguía ponerlo tan nervioso.
—Vamos, levántate —dijo Eiden, manteniendo la mano extendida.
Pero el alfa no respondió. Simplemente se puso de pie, dispuesto a marcharse.
—Oye, ¿adónde vas? —preguntó Eiden.
El alfa siguió caminando sin mirarlo.
Eiden frunció el ceño.
—¡Espera! ¡Todavía estoy hablando contigo!
Al ver que el desconocido no le hacía caso, Eiden se apresuró a sujetarlo del brazo.
—¡Oye, tú…!
Sin embargo, ninguno de los dos se dio cuenta de que habían pisado una zona de tierra suelta.
Eiden perdió el equilibrio y tiró del alfa sin querer.
—¡¿Eh?!
Ambos cayeron al suelo.
¡PUM!
El alfa terminó de espaldas sobre el césped, mientras Eiden cayó directamente encima de él, apoyando las manos a ambos lados de su cuerpo.
Durante unos segundos, ninguno se movió.
Eiden levantó lentamente la cabeza.
Sus rostros estaban demasiado cerca.
Sus ojos se encontraron y el tiempo pareció detenerse.
—¿Q-qué…? —balbuceó Eiden.
Entonces comprendió la posición en la que estaban.
—¡¡LO SIENTO!!
Eiden se apartó de inmediato y se levantó tan rápido que casi volvió a tropezar.
—¡Perdón! ¡No quería hacer eso! ¡Solo intentaba detenerte!
Se sacudió el uniforme, completamente avergonzado, mientras evitaba mirar al desconocido a los ojos.
—Dios mío… Qué vergüenza…
Mientras tanto, el alfa seguía tendido sobre el césped, mirando fijamente el cielo.
Su rostro estaba completamente rojo.
Rojo hasta las orejas.
Su corazón latía tan fuerte que sentía que iba a salírsele del pecho.
¿Qué acaba de pasar?
¿Por qué está tan cerca de mí?
¿Y por qué mi corazón está haciendo tanto ruido?
Nunca había experimentado algo parecido. Había enfrentado situaciones peligrosas sin pestañear, pero una simple caída con aquel chico había conseguido dejarlo completamente desorientado.
Eiden se inclinó un poco hacia él.
—Oye, ¿estás bien? ¿Te golpeaste?
El alfa lo miró.
Eiden volvió a extenderle la mano.
—Déjame ayudarte a levantarte.
El alfa observó su mano durante un instante. Después miró su rostro sonrojado.
Y entonces, sin decir absolutamente nada, se levantó de golpe.
—¿Eh? ¿Qué haces? —preguntó Eiden.
El alfa comenzó a caminar rápidamente.
Después aceleró el paso.
Y, finalmente…
¡Salió corriendo!
—¡¡OYE, ESPERA!! —gritó Eiden, sorprendido—. ¡¿Por qué estás corriendo?! ¡Ni siquiera me has dicho tu nombre!
Pero el alfa no se detuvo.
Corrió por el sendero del parque, con el rostro ardiendo y una mano presionada contra su pecho.
¡Maldita sea!
¿Qué demonios me está pasando?
¡Solo fue una caída!
¡Una caída estúpida!
Sin embargo, cuanto más intentaba olvidar el momento en que había tenido a Eiden tan cerca, más claramente recordaba su rostro.
Su expresión preocupada.
Su voz.
Y aquella mano que le había ofrecido sin dudarlo.
El alfa apretó los dientes y continuó corriendo hasta desaparecer entre los árboles.
Mientras tanto, Eiden permaneció en el mismo lugar, observando el camino por el que aquel extraño había huido.
—¿Pero qué le pasa a este chico?
Se pasó una mano por el cabello y soltó un suspiro.
—Primero no habla, después se cae conmigo y ahora sale corriendo como si hubiera visto un fantasma…
Eiden miró su propia mano, todavía confundido.
—Qué chico tan extraño.
Después de unos segundos, soltó una pequeña risa y regresó a su trabajo.
Sin embargo, mientras caminaba, volvió a recordar los ojos del desconocido.
Había algo en aquella mirada que le resultaba difícil de explicar.
—Me pregunto si volveré a verlo…
A varias calles de distancia…
El alfa finalmente se detuvo en un callejón vacío. Apoyó la espalda contra la pared y se cubrió el rostro con ambas manos.
—Estoy perdido… —murmuró.
No comprendía por qué había huido.
Tampoco comprendía por qué deseaba regresar al parque.
Solo sabía una cosa.
Por primera vez en su vida, había conocido a alguien capaz de alterar por completo su tranquilidad con una simple sonrisa.
Y ese alguien era precisamente Eiden, el chico al que jamás debería acercarse.