Una joven reservada y profesional trabaja en la empresa de la familia de su exnovio, soportando humillaciones constantes por no encajar en el ideal de “mujer perfecta”: dulce, sociable y complaciente.
Durante un evento corporativo, salva la vida de un misterioso hombre que ha sido atacado. Sin saber quién es realmente, lo ayuda a escapar y cura sus heridas.
Él desaparece… pero no la olvida.
Cuando finalmente va a buscarla, descubre que ella fue despedida injustamente. Y quienes la destruyeron… están más cerca de lo que cree.
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Capitulo 21
Bastian
Nina llegó temprano.
Demasiado temprano.
Eso, por sí solo, ya era una señal.
Levanté la mirada apenas la vi entrar a la oficina.
Su expresión no era de miedo…
pero tampoco de calma.
—¿Qué pasó?
No rodeé la pregunta.
Ella no respondió de inmediato.
Se acercó.
Y dejó un sobre sobre mi escritorio.
Lo abrí.
Leí.
Una.
Dos.
Tres cartas.
Mi mandíbula se tensó.
—Hay que estar muy desesperado… —murmuré, cerrando el sobre con calma—. Claramente, ese hombre no sabe perder.
Nina apoyó las manos sobre el escritorio.
—No le duele perder.
Me miró directo.
—Le duele el orgullo.
Le sostuve la mirada.
Y entendí.
No era solo molestia.
Era peligro.
Me levanté.
Rodeé el escritorio.
Me acerqué a ella.
Y, sin decir nada…
le di un beso suave en los labios.
No fue impulsivo.
Fue una afirmación.
Ella sonrió.
Y tomó mi mano.
—Perdón por traerte esto hasta aquí.
Negué levemente.
—Gracias por confiar en mí.
Su expresión cambió.
Más tranquila.
Se inclinó un poco.
Y me besó de nuevo.
—Voy a hablar con el equipo de diseño —dijo—. Tenemos que avanzar con el lanzamiento.
—Que te vaya bien.
—A ti también.
Nos dimos otro beso.
Corto.
Cálido.
Y salió.
El silencio volvió.
Tomé el sobre otra vez.
Lo abrí.
Leí con más atención.
Palabras intensas.
Demasiado intensas.
Obsesivas.
Apreté el papel.
Una parte de mí…
quería ir directamente a buscarlo.
Pero no era así como se ganaba esto.
Respiré.
Y en ese momento…
como si lo hubiera invocado—
La puerta se abrió.
—Señor Kros.
Levanté la mirada.
Damián.
—No lo esperaba hoy.
Mi tono fue neutral.
—Perdón por llegar sin avisar.
Se sentó sin que lo invitara.
Error.
Me recosté en la silla.
—Tengo poco tiempo.
—Claro —respondió—. Solo quería hablar de un punto del contrato.
—¿Cuál?
Sonrió.
—Nos gustaría que Nina estuviera involucrada.
Silencio.
—¿Nina Galen?
—Sí.
Negué con calma.
—No será posible.
Su expresión cambió.
—¿Por qué?
Bajé ligeramente el tono.
—Porque no está vinculada a esta empresa.
Se inclinó hacia adelante.
—Me pareció verla aquí.
—Sí.
Hice una pausa.
—Pero no está vinculada a esta línea.
Lo vi tensarse.
—¿Y no hay posibilidad de que se incorpore?
—No.
Silencio.
Pesado.
Y entonces…
cruzó la línea.
—¿Es porque no puede… o porque se la quiere coger?
El aire cambió.
No respondí de inmediato.
Me levanté.
Con calma.
Me abroché el saco.
Y caminé hasta el frente del escritorio.
Me senté en el borde.
Lo miré.
Directo.
—Disculpe.
Mi voz fue baja.
Controlada.
—Usted no es nadie para venir a imponer condiciones en mi empresa.
Di un pequeño paso hacia él.
—Le recuerdo que este contrato se puede terminar en cualquier momento.
Sus ojos no se movieron.
Pero su postura sí.
—Y también puedo solicitar, sin objeción, que usted quede fuera del proyecto por conducta no ética.
Hice una pausa.
—Así que piense antes de hablar.
Mi mirada no se apartó de la suya.
—Y no hable para pensar.
Silencio.
—Puede retirarse.
Me giré levemente.
—Al salir, cierre la puerta.
Damián se levantó.
No dijo nada.
Pero su mirada…
prometía problemas.
Salió.
Y obedeció.
Tomé el teléfono.
—Andrea.
—¿Señor Kros?
—Envía un memorando a Camila Grace.
—Dígame.
—Quiero una reunión urgente.
Hice una pausa.
—Y solicita el código de conducta ética de su empresa.
—De inmediato.
Colgué.
Luego le escribí a Nina.
“Damián está aquí.”
La respuesta fue inmediata.
“Ay no… gracias por avisarme. Iba a subir a tu oficina.”
“Yo te busco.”
Salí.
La encontré en el pasillo.
—Me estaba buscando —dijo.
—Ya pedí que lo saquen.
Se acercó.
Y me abrazó.
La rodeé con los brazos.
—Gracias.
—No tienes que agradecer.
Sentí su respiración calmarse poco a poco.
—Estás tenso —murmuró.
—No es nada.
Mentira.
Pero no iba a preocuparla más.
Nos separamos.
Entramos a la oficina.
—Estuve pensando en el lanzamiento del programa —dije, retomando el control—. Quiero hacer un evento formal.
—¿Qué tipo de evento?
—Invitaremos socios, contratistas, autoridades locales…
Hice una pausa.
—Alcaldes, gobernadores… incluso miembros de la policía.
Sus ojos se abrieron.
—¿En serio?
—En serio.
Su expresión…
valió todo.
—Gracias.
—Esto no es solo un proyecto —dije—. Es necesario.
Se sentó frente a mí.
—¿Qué quería Damián?
La miré.
Y le dije todo.
Sin suavizar.
Su expresión cambió.
—No puede ser…
Negó levemente.
—Está demasiado loco.
Asentí.
—Y por eso…
Me incliné hacia ella.
—No voy a permitir que se acerque a ti.
Silencio.
Nos quedamos mirándonos.
Y esta vez…
no hizo falta decir más.
Porque ambos sabíamos…
Que esto ya no era solo un problema.
Era una amenaza.
Y también…
algo más.
🤷🏼
eres un poco hombre./Smug/
qué satisfacción puede generarte , obligar a una mujer estar a tu lado 🤦🏼
han destruido el cimiento de tu empresa más no tu fuerza y ojalá ya esto no pase desapercibido
desgraciado Pero te metes con las personas equivocadas tenlo por seguro