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Entre Dimensiones Y Destino.

Entre Dimensiones Y Destino.

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Mundo de fantasía / Aventura
Popularitas:128
Nilai: 5
nombre de autor: Rosearia

En un mundo donde la magia determina el valor de una persona, Eryan ha aprendido desde pequeño que sobrevivir es más importante que vivir.
Abandonado cuando apenas era un bebé, terminó en el Orfanato Santa Lucía, un lugar que aparentaba proteger a niños sin familia. Pero detrás de sus enormes puertas se escondía una realidad mucho más cruel: los niños eran vendidos como esclavos a nobles, mercenarios y organizaciones clandestinas.
Eryan creció entre golpes, hambre, miedo y trabajos que ningún niño debería conocer.
Sin embargo, desde que tiene memoria, hay algo extraño en él.
Cuando siente miedo, las sombras se mueven.
Cuando se enfada, el espacio parece romperse.
Y algunas noches escucha una voz que le susurra:
«Este mundo no es tu hogar.»
A los diez años, Eryan descubre accidentalmente un secreto que cambiará su vida para siempre.
Existen otras dimensiones.
Durante años creyó que el mundo en el que vivía era el único que existía. Ahora sabe que hay incontables mundos....

NovelToon tiene autorización de Rosearia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3 — Los recuerdos que permanecen

La mañana llegó lentamente a Arven.

Después de varios días de lluvia, el cielo finalmente estaba despejado. La luz del sol atravesaba las ventanas del Orfanato Santa Lucía y dibujaba largas franjas doradas sobre el suelo de piedra.

Desde el patio podían escucharse los sonidos de la ciudad despertando.

Carros avanzando por las calles.

Vendedores anunciando sus productos.

Herreros golpeando el metal.

Personas conversando mientras se dirigían al mercado.

Para la mayoría de los habitantes de Arven era una mañana normal.

Para Eryan no.

Había pasado casi toda la noche despierto.

Acostado en su cama, había intentado comprender lo ocurrido en el sótano.

La voz del niño.

Los seis desaparecidos.

Los hombres que hablaban del comprador.

Y, sobre todo, aquella extraña luz violeta que había aparecido en su mano.

No sabía qué había sido.

No sabía cómo lo había hecho.

Y tampoco sabía si podía volver a ocurrir.

Por eso decidió no contárselo a nadie.

Ni siquiera a Lina.

Al menos por ahora.

Eryan abrió los ojos cuando escuchó la primera campanada.

Dong.

Se incorporó lentamente.

Miró alrededor.

Los demás niños comenzaban a levantarse.

Algunos todavía dormían profundamente.

Lina estaba en la cama de enfrente, con el cabello completamente despeinado.

Eryan sonrió.

—Lina.

Ella no respondió.

—Lina.

Nada.

—La campana sonó.

La niña abrió un ojo.

—No me importa.

—Tenemos que levantarnos.

—Dile a la campana que vuelva más tarde.

Eryan soltó una pequeña risa.

—Eres imposible.

Lina se cubrió nuevamente con la manta.

—Cinco minutos.

Eryan negó con la cabeza.

Había algo reconfortante en aquella rutina.

Por un momento podía olvidar todo lo ocurrido.

Pero entonces recordó a los seis niños.

Y la sonrisa desapareció de su rostro.

Se levantó.

Se vistió.

Antes de salir, miró nuevamente por la ventana.

Las dos lunas habían desaparecido.

Solo quedaba el cielo azul.

El sol brillaba sobre Aetherya.

Eryan observó las montañas durante unos segundos.

No sabía por qué, pero cada vez que las miraba sentía deseos de ir hacia ellas.

Quizá porque representaban algo que nunca había tenido.

---

Libertad.

---

Después del desayuno, los niños fueron enviados a sus tareas.

Eryan recibió un cubo y un paño.

—Limpia la biblioteca.

La orden vino de una de las cuidadoras.

Eryan asintió.

—Sí.

La biblioteca estaba en el segundo piso.

Era uno de sus lugares favoritos del orfanato.

No porque fuera especialmente grande.

De hecho, apenas tenía unas cuantas estanterías.

Pero allí nadie solía molestarlo.

Y había libros.

Libros sobre historia.

Geografía.

Criaturas.

Magia.

Reinos.

Antiguas guerras.

Eryan había aprendido casi todo lo que sabía sobre Aetherya gracias a ellos.

Entró en la biblioteca.

El polvo cubría algunas estanterías.

Comenzó a limpiar.

Mientras trabajaba, sus ojos recorrieron los libros.

Historia de los Siete Reinos.

Las criaturas mágicas de Aetherya.

Fundamentos de la energía mágica.

Los grandes magos de la antigüedad.

Eryan tomó este último.

Lo abrió.

Había una ilustración de un hombre rodeado de una luz azul.

Debajo había una explicación.

> La magia es una energía presente en todos los seres vivos.

Eryan leyó la frase varias veces.

Todos los seres vivos.

Entonces recordó la luz violeta de su mano.

¿Eso había sido magia?

No estaba seguro.

Los niños del orfanato aprendían cosas básicas sobre magia, pero ninguno había demostrado tener habilidades.

Los adultos decían que la mayoría de las personas nacían con una conexión demasiado débil para utilizarla.

Solo algunos podían hacerlo.

Magos.

Guerreros mágicos.

Curanderos.

Personas capaces de controlar elementos.

Eran poco comunes.

Eryan había pensado muchas veces que sería maravilloso tener magia.

Pero nunca había imaginado que él pudiera tenerla.

Cerró el libro.

No quería pensar demasiado en eso.

Siguió limpiando.

Hasta que encontró algo detrás de una estantería.

Un pequeño libro cubierto de polvo.

No tenía título.

Eryan lo tomó.

La cubierta era vieja y estaba dañada.

Lo abrió.

Las primeras páginas estaban vacías.

Después encontró una lista de nombres.

Algunos estaban tachados.

Eryan pasó los dedos por ellos.

No reconocía ninguno.

Hasta que llegó a una página casi al final.

Había una fecha.

Año 612 del Calendario de Aetherya.

Y debajo:

Niños recibidos por el Orfanato Santa Lucía.

Eryan comenzó a leer.

Nombres.

Fechas.

Edades.

Lugares de procedencia.

Algunos niños habían llegado desde otras ciudades.

Otros desde pueblos pequeños.

Pero cuando llegó a una página mucho más antigua encontró algo diferente.

La tinta estaba casi borrada.

Solo quedaba una línea.

"Infante masculino. Edad aproximada: pocos días. Sin identificación. Encontrado en las afueras de Arven."

Eryan dejó de respirar.

Siguió leyendo.

"Sin familiares localizados."

Debajo había una fecha.

La misma fecha que aparecía en sus documentos.

Su nacimiento.

Eryan sintió que algo se movía dentro de su pecho.

Había visto aquellos datos anteriormente.

Pero nunca había pensado demasiado en ellos.

Hasta ahora.

Encontrado.

No entregado.

No llevado.

Encontrado.

—¿Eryan?

El niño cerró rápidamente el libro.

Lina estaba en la entrada.

—¿Qué haces?

—Nada.

Ella se acercó.

—Siempre dices eso cuando estás haciendo algo.

Eryan le mostró el libro.

—Encontré esto.

Lina lo abrió.

Leyó la página.

—¿Ese eres tú?

Eryan asintió lentamente.

—Creo que sí.

Lina volvió a mirar la frase.

—"Encontrado en las afueras de Arven".

—Sí.

—Entonces...

Se quedó pensando.

—¿No sabes quién te encontró?

Eryan negó con la cabeza.

—No.

Lina lo miró.

—¿Nunca te contaron?

—Solo dijeron que no tenía familia.

Lina permaneció callada.

Eryan volvió a abrir el libro.

Había algo extraño.

La información sobre los demás niños ocupaba varias líneas.

La suya apenas unas pocas.

—Es raro.

—¿Qué?

—No dice dónde me encontraron exactamente.

Lina señaló la página.

—Aquí pone "afueras de Arven".

—Eso es todo.

—Quizá no lo sabían.

—Puede ser.

Eryan cerró el libro.

No quería hacerse demasiadas preguntas.

Pero una ya había aparecido en su mente.

¿De dónde había venido antes de llegar al orfanato?

---

Durante la tarde, Eryan siguió pensando en aquella página.

Mientras ayudaba en la cocina.

Mientras llevaba agua.

Mientras limpiaba el patio.

Incluso mientras comía.

La pregunta no desaparecía.

Había pasado diez años creyendo que simplemente no tenía padres.

Ahora comprendía que quizá nadie sabía realmente de dónde había salido.

Cuando terminó sus tareas, Eryan se sentó solo detrás del edificio.

Era un pequeño espacio donde casi nunca iba nadie.

Había un árbol antiguo.

Sus ramas se extendían sobre el muro.

Eryan se sentó bajo su sombra.

Cerró los ojos.

Intentó recordar.

Su infancia.

Su llegada.

Algo.

Cualquier cosa.

Pero solo encontró oscuridad.

Después aparecieron imágenes.

Una mujer.

Cabello largo.

No podía ver su rostro.

Un cielo completamente oscuro.

Muchas estrellas.

Una luz blanca.

Y una voz.

—No tengas miedo.

Eryan abrió los ojos de golpe.

Respiró profundamente.

—¿Qué fue eso?

No sabía si era un recuerdo.

O un sueño.

Quizá simplemente lo había imaginado.

Se llevó una mano al pecho.

Su corazón latía rápidamente.

La imagen de aquella mujer seguía en su mente.

No podía recordar su rostro.

Pero recordaba algo.

Sus manos.

Parecían estar sosteniendo a un bebé.

A él.

Eryan cerró los ojos nuevamente.

Intentó regresar a aquel recuerdo.

Pero desapareció.

—¿Eryan?

Abrió los ojos.

Lina estaba frente a él.

—¿Qué haces aquí?

—Te estaba buscando.

—¿Por qué?

—La directora quiere que lleves unas cajas.

Eryan suspiró.

—Claro.

Se levantó.

Lina lo observó.

—Estabas llorando.

Eryan se tocó la cara.

Había una pequeña lágrima en su mejilla.

—No me había dado cuenta.

Lina no preguntó por qué.

Solo caminó junto a él.

---

Esa noche, Eryan volvió a soñar.

Esta vez no había una puerta.

Estaba en un campo.

El cielo era completamente oscuro.

No había lunas.

Solo miles de estrellas.

Frente a él había una mujer.

Eryan no podía ver su rostro.

Ella llevaba una larga túnica blanca.

En sus brazos sostenía a un bebé.

Eryan.

La mujer estaba llorando.

—Perdóname.

La voz era suave.

Eryan quiso acercarse.

Pero no podía moverse.

—¿Quién eres?

La mujer levantó la cabeza.

Aunque no podía ver su rostro, Eryan sintió una tristeza enorme.

—Algún día lo entenderás.

—¿Qué?

—No eres de aquí.

Eryan sintió un escalofrío.

—¿De dónde soy?

La mujer comenzó a desaparecer.

—Cuando llegue el momento...

La voz se volvió cada vez más débil.

—...recuerda las estrellas.

Eryan despertó.

Se incorporó rápidamente.

Respiraba con dificultad.

Miró la ventana.

El cielo estaba oscuro.

Las dos lunas brillaban sobre Arven.

Eryan permaneció sentado.

No eres de aquí.

Las palabras seguían resonando en su cabeza.

Pero no sabía si aquel sueño significaba algo.

Tal vez era simplemente producto de todas las preguntas que había tenido durante el día.

Eso era lo que quería creer.

Se levantó y caminó hasta la ventana.

Miró las estrellas.

Por alguna razón, una de ellas parecía especialmente brillante.

Eryan la observó durante mucho tiempo.

Y entonces sintió algo.

Un pequeño calor en la palma de su mano.

Bajó la mirada.

Durante un instante apareció una diminuta luz violeta.

Eryan se quedó inmóvil.

La luz desapareció.

—Otra vez...

Esta vez estaba seguro.

No había sido imaginación.

Algo estaba ocurriendo dentro de él.

Pero todavía no sabía qué.

---

Al día siguiente, Eryan decidió visitar la biblioteca nuevamente.

Quería encontrar información sobre la magia.

Buscó durante horas.

Finalmente encontró un libro antiguo.

"Introducción a la Energía Arcana".

Lo abrió.

Las primeras páginas explicaban que la energía mágica existía en todo Aetherya.

Cada persona poseía una pequeña cantidad.

Pero algunas personas nacían con una capacidad mayor.

La energía podía manifestarse de distintas maneras.

Fuego.

Agua.

Viento.

Tierra.

Luz.

Oscuridad.

E incluso formas desconocidas.

Eryan llegó a una página que hablaba sobre la energía violeta.

Leyó.

Sus ojos se abrieron lentamente.

La explicación era breve.

"La energía violeta es extremadamente rara. Los registros históricos sobre ella son escasos."

Debajo había otra frase.

"Su origen continúa siendo desconocido."

Eryan cerró el libro.

No quería seguir leyendo.

Algo en su interior le decía que aquello no era una coincidencia.

Pero antes de que pudiera devolverlo a la estantería, escuchó una voz.

—No deberías leer ese libro.

Eryan se giró.

Era el cuidador más antiguo del orfanato.

Un hombre llamado Aldren.

Tenía más de sesenta años y era responsable de la biblioteca.

—¿Por qué?

Aldren tomó el libro.

—Porque algunas cosas no necesitan ser conocidas por un niño.

—¿Por qué?

El hombre lo observó.

Durante unos segundos pareció querer decir algo.

Pero finalmente negó con la cabeza.

—Olvídalo.

Se marchó.

Eryan lo observó alejarse.

Aldren sabía algo.

Estaba seguro.

Y eso significaba que había más secretos de los que imaginaba.

---

Esa noche, Eryan se acostó temprano.

No quería soñar.

Pero sabía que no podía controlar eso.

Cerró los ojos.

Pensó en Lina.

En el orfanato.

En Arven.

En las montañas.

En las dos lunas.

Y por primera vez también pensó en algo que nunca había considerado.

Quizá algún día viajaría.

Quizá conocería otros reinos.

Quizá descubriría quién era.

Quizá encontraría a la persona de sus recuerdos.

No sabía qué le esperaba.

Pero había algo que sí sabía.

No quería permanecer allí para siempre.

Quería ser libre.

Quería ser fuerte.

Y algún día quería conocer el mundo que existía más allá de las montañas.

Sin saberlo, aquella decisión sería el comienzo de un viaje mucho más grande.

Un viaje que no terminaría en otro reino.

Ni siquiera en otro continente.

Porque el mundo que Eryan conocía era solo uno entre muchos.

Pero todavía faltaban años para que descubriera esa verdad.

Por ahora, seguía siendo un niño de diez años.

Un niño sin familia.

Un niño con un poder que no comprendía.

Un niño que todavía creía que su mayor problema era escapar del orfanato.

Y mientras dormía, muy lejos de allí, en una habitación olvidada del mismo edificio, alguien abrió lentamente un antiguo libro.

En una de sus páginas había una ilustración casi borrada.

Una figura pequeña.

Rodeada por una luz violeta.

Debajo aparecía una frase escrita en un idioma que Eryan todavía no conocía.

"El niño que cruza los mundos regresará cuando las dos lunas se alineen."

La página se cerró.

Y el secreto permaneció oculto.

Continuará...

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