Ella tiene una vida difícil. Hasta que reencarna en un nuevo mundo, ahora solo busca ayudar a otros, para agradecer por esa oportunidad de vivir.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Equipo 1
Al día siguiente, Lucille descubrió algo que hasta ese momento no había comprendido del todo.
Jack podía ser todavía peor.
O mejor.
Dependía completamente de cómo se mirara.
Desde temprano, Lucille tuvo que ayudarlo a organizar las atenciones.
Había preparado los registros.
Había ordenado los nombres de los pacientes.
Había separado los casos según la urgencia.
También había organizado los horarios para que nadie tuviera que esperar demasiado.
Y, por supuesto, Jack no aceptaba que ninguna otra persona hiciera aquel trabajo.
—Puedo asignarle a alguien para que organice las listas
le dijo Lucille.
—No.
—Jack...
—No.
—¿Por qué?
—Porque quiero que lo hagas tú.
Lucille lo miró fijamente.
—Eso no es una razón.
Jack sonrió.
—Me gusta trabajar contigo.
Lucille suspiró.
[Este hombre]
—Además, tú sabes exactamente qué necesita cada paciente.
—Eso sí es una razón.
—Y eres muy bonita cuando estás concentrada.
Lucille cerró los ojos.
[¡Y volvió a hacerlo!]
—Jack.
—¿Sí?
—Estamos trabajando.
—Yo también.
—Entonces concéntrese.
—Estoy completamente concentrado.
—¿En los pacientes?
Jack sonrió.
—En ti.
Lucille tomó una hoja y se la puso delante del rostro.
—Lea esto.
—¿Qué es?
—La lista de pacientes.
—Ah.
Jack tomó el documento.
—Mucho más interesante.
Lucille lo miró con sospecha.
—¿Qué?
—Que tienes una letra preciosa.
[Es imposible.]
Aun así, tuvo que reconocer algo.
Por más insoportable que pudiera ser su comportamiento, Jack era extraordinariamente bueno en lo que hacía.
Cuando llegaba un paciente, cambiaba inmediatamente.
Escuchaba con atención.
Hacía preguntas precisas.
Examinaba.
Utilizaba su magia.
Y explicaba cuidadosamente qué estaba haciendo.
No era simplemente alguien que poseía magia poderosa.
Sabía utilizarla.
Muy bien.
Durante la mañana, Lucille comenzó a notar que los médicos que trabajaban en la casa de cuidados hablaban entre ellos.
—Es impresionante.
—¿Lo conocías?
—Solo de nombre.
—¿Sabes quién es?
—He escuchado historias.
—Dicen que ha atendido casos muy difíciles.
—Y que ha trabajado para algunos ducados.
Lucille levantó ligeramente la cabeza.
[Entonces realmente es importante.]
No era la primera vez que escuchaba aquello.
El día anterior, el hombre que había llevado la donación también lo había reconocido.
Sus padres habían reaccionado de la misma manera.
Y ahora los médicos hablaban de él con evidente respeto.
Lucille miró discretamente a Jack.
Él estaba atendiendo a un paciente.
Su expresión era seria.
Su magia se movía con precisión.
No parecía estar esforzándose demasiado.
[Entonces...]
[Realmente es un mago extraordinario.]
Aquello explicaba muchas cosas.
Explicaba por qué el templo lo había enviado.
Explicaba por qué otros nobles lo conocían.
Y también explicaba por qué parecía tener tanta experiencia.
Pero entonces Jack terminó la atención.
Miró hacia Lucille.
Y volvió a sonreír.
—¿Me estabas mirando?
Lucille inmediatamente apartó la mirada.
—No.
—Sí.
—No.
—Te estabas preguntando qué tan bueno soy.
Lucille cruzó los brazos.
—Estaba pensando que, aunque usted es bastante extraño, parece ser muy competente.
Jack sonrió orgulloso.
—¿Eso fue un cumplido?
—Fue una observación.
—Lo aceptaré como un cumplido.
Lucille negó con la cabeza.
[Definitivamente tiene una interpretación muy conveniente de las cosas.]
La mañana avanzó rápidamente.
Después llegó el mediodía.
Y luego la tarde.
Para sorpresa de Lucille, la lista de pacientes disminuía mucho más rápido de lo que había previsto.
Jack no solo atendía.
También explicaba a cada persona qué debía hacer después.
Algunos necesitaban volver en unos días.
Otros requerían medicamentos.
Otros necesitaban descansar.
Y algunos podían continuar sus actividades con ciertas precauciones.
Lucille anotaba absolutamente todo.
A veces Jack le dictaba las indicaciones.
—Este paciente debe volver en cinco días.
Lucille escribía.
—Cinco días.
—Y no debe levantar objetos pesados.
—Anotado.
—También necesita beber más agua.
—Anotado.
Jack se inclinó sobre ella.
—Y necesita dejar de trabajar tanto.
Lucille levantó la mirada.
—¿Quién?
—Tú.
Ella parpadeó.
—Estoy bien.
—Llevas horas sin descansar.
—Usted también.
—Yo tengo magia.
—Eso no significa que no se canse.
Jack sonrió.
—Te preocupas por mí.
—Me preocupo por todos los que trabajan aquí.
—Pero especialmente por mí.
—No.
—Sí.
—No.
—Un poquito.
Lucille volvió a escribir.
—Siguiente paciente.
Jack se rio.
Con el paso de las horas, Lucille comenzó a comprender que aquel hombre tenía un extraño talento para hacer dos cosas al mismo tiempo.
Ayudar a las personas... y coquetear descaradamente con ella.
Podía estar atendiendo a un paciente y, de repente, decir..
—Lucille, ¿podrías acercarme ese frasco?
—Claro.
Ella se lo entregaba.
—Gracias.
—De nada.
—Tus manos son muy bonitas.
Lucille lo miraba.
—Jack.
—¿Sí?
—Estamos trabajando.
—Lo sé.
Y continuaba como si nada.
En otra ocasión, mientras ella revisaba unos documentos, Jack pasó detrás de ella.
—Tu cabello huele bien.
Lucille se quedó quieta.
—¿Qué?
—Dije que tu cabello huele bien.
—¿Por qué está tan cerca?
—Porque necesitaba pasar.
—Hay espacio suficiente por el otro lado.
Jack sonrió.
—Pero este lado era más bonito.
Lucille cerró los ojos.
[Respira.]
[Es solo Jack.]
[Es un mago extraño.]
[Respira.]
Sin embargo, detrás de todas aquellas bromas había algo que Lucille comenzaba a valorar.
Jack jamás descuidaba a sus pacientes.
Nunca hacía esperar innecesariamente a alguien.
Nunca trataba a una persona de manera diferente por su posición social.
Para él, una anciana pobre recibía la misma atención que un noble.
Un trabajador recibía el mismo respeto que un comerciante.
Un niño recibía la misma paciencia que un adulto.
Y eso hizo que Lucille lo admirara un poco más.
[Es una persona extraña.]
Miró cómo atendía a otro paciente.
[Realmente extraña.]
Jack terminó el tratamiento.
La persona salió sonriendo.
Lucille sonrió también.
[Pero es buena.]
Entonces Jack se volvió hacia ella.
—¿Sabes qué?
—¿Qué?
—Creo que hoy trabajamos muy bien juntos.
Lucille asintió.
—Sí.
—Hacemos un buen equipo.
—Eso parece.
Jack sonrió.
—Podríamos seguir haciéndolo durante mucho tiempo.
Lucille levantó una ceja.
—Mientras continúe ayudando a las personas.
—Por supuesto.
Hizo una pausa.
—Aunque tengo una condición.
—¿Cuál?
—Que tú sigas trabajando conmigo.
Lucille lo miró.
—¿Por qué?
Jack sonrió.
—Porque eres eficiente.
Lucille esperó.
—Y...
—¿Y?
—Porque me gusta verte.
Ella inmediatamente volvió a sus documentos.
—Siguiente paciente.
Jack soltó una carcajada.
—Está bien.
Y así continuaron.
Durante todo el día.
Jack ayudando a decenas de personas.
Lucille organizando.
Los médicos colaborando.
Los registros avanzando.
Y la lista de pacientes reduciéndose mucho más rápido de lo que cualquiera había esperado.
Al final de la jornada, Lucille miró las últimas páginas de su cuaderno.
Habían avanzado muchísimo.
Mucho más de lo que había imaginado.
[Realmente es bueno.]
Miró a Jack.
El mago estaba sentado, descansando después de tantas atenciones.
Su cabello claro estaba ligeramente desordenado.
Parecía cansado.
Pero todavía sonreía.
Lucille sonrió también.
[Quizás...]
[Quizás no fue tan mala idea que viniera.]
Entonces Jack abrió un ojo.
—¿Me estabas mirando otra vez?
Lucille inmediatamente apartó la mirada.
—No.
—Sí.
—No.
—Definitivamente sí.
Lucille suspiró.
—Descanse, Jack.
Él sonrió.
—Solo si te quedas aquí.
—Tengo trabajo.
—Entonces trabajaré mientras tú trabajas.
Lucille negó con la cabeza.
Pero esta vez no pudo evitar reírse.
Y mientras la tarde comenzaba a convertirse en noche, ambos continuaron trabajando juntos.
Ella, intentando mantener una relación estrictamente profesional.
Él, haciendo todo lo posible para convertir cada momento de trabajo en una oportunidad para hacerla sonreír.
Y, aunque Lucille todavía no quería admitirlo... cada vez le resultaba más difícil ignorar al misterioso mago de cabello claro.