Ya llegue con una nueva historia, bueno lean la y comenten
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3
Capítulo 3
El primer intento de asesinato
La lluvia había cesado.
El amanecer bañaba el Palacio Solar con una luz dorada que hacía brillar las enormes torres de mármol.
Todo parecía tranquilo.
Demasiado tranquilo.
Selene llevaba más de una hora entrenando en el patio principal. Su espada cortaba el aire con una precisión impecable, mientras decenas de caballeros observaban en silencio.
—La princesa ha vuelto a derrotar al capitán.
—Es imposible tocarla.
—Nació para gobernar.
El capitán, arrodillado sobre una rodilla, bajó la cabeza con respeto.
—He perdido otra vez, Su Alteza.
Selene guardó la espada.
—Levántese.
En ese momento, una voz conocida rompió el silencio.
—¿Ya terminaron?
Todos giraron la cabeza.
Astaroth apareció bostezando, con una taza de café en una mano y una sonrisa burlona en el rostro.
—Qué temprano entrenan aquí. En mi imperio a esta hora todavía estamos durmiendo.
Selene ni siquiera lo miró.
—Eso explica muchas cosas.
—¿Insinúas que somos perezosos?
—No.
—¿Entonces?
—Lo afirmo.
Los soldados soltaron una risa que intentaron disimular de inmediato.
Astaroth se llevó una mano al pecho.
—Princesa... acabas de herirme.
—Sobrevivirás.
—Qué fría eres.
—Y tú demasiado ruidoso.
—Por eso hacemos buena pareja.
Selene lo fulminó con la mirada.
—No hacemos ninguna pareja.
—Todavía.
Ella decidió ignorarlo y comenzó a alejarse.
Astaroth caminó a su lado como si fuera lo más natural del mundo.
—¿Siempre me ignoras?
—Sí.
—¿Y funciona?
—Todavía no.
—Entonces seguiré hablando.
Selene soltó un leve suspiro.
—Eso ya lo había imaginado.
Horas más tarde...
Los dos imperios recorrían los jardines reales como parte de una ceremonia de unión.
Músicos tocaban melodías suaves.
Los nobles conversaban.
Los emperadores discutían asuntos políticos.
Todo parecía ir perfectamente.
Hasta que Astaroth se detuvo de golpe.
Su sonrisa desapareció.
Sus ojos dorados recorrieron lentamente los árboles.
Algo no estaba bien.
Había un olor.
Hierro.
Veneno.
Sangre.
Selene notó el cambio.
—¿Qué ocurre?
Él no respondió.
Por primera vez desde que lo conocía... parecía completamente serio.
Entonces...
Un destello plateado cruzó el aire.
Una flecha.
Venía directamente hacia Selene.
—¡¡Agáchate!!
Antes de que ella pudiera reaccionar, Astaroth la sujetó por la cintura y la lanzó al suelo junto con él.
La flecha pasó silbando sobre sus cabezas.
Y explotó contra una estatua.
El mármol estalló en cientos de pedazos.
Los invitados comenzaron a gritar.
—¡Protejan a los emperadores!
—¡Es un ataque!
—¡Encuentren al asesino!
Selene intentó incorporarse.
—Suéltame.
—Espera.
Otra flecha.
Astaroth giró sobre sí mismo, cubriéndola con su cuerpo.
La flecha atravesó el lugar donde ella había estado un segundo antes.
Los ojos de Selene se abrieron con sorpresa.
Él...
La había protegido.
Sin pensarlo.
En la copa de un árbol, un hombre encapuchado sonrió.
—Interesante...
Sacó una tercera flecha.
Pero antes de tensar el arco...
Una sombra apareció detrás de él.
—Te encontré.
El asesino apenas tuvo tiempo de girarse.
Astaroth ya estaba allí.
Lo golpeó con tal fuerza que el árbol se partió por la mitad.
El encapuchado rodó por el suelo.
Desenvainó dos dagas.
—Maldito demonio.
—Gracias.
—¡Muere!
Las dagas brillaron con veneno.
Astaroth las esquivó con una facilidad insultante.
—Eres lento.
El asesino rugió.
Atacó otra vez.
Otra.
Y otra.
Ningún golpe alcanzó al príncipe.
Astaroth parecía estar jugando.
—Qué decepción.
De repente...
El asesino lanzó una pequeña esfera negra al suelo.
Una explosión de humo cubrió el bosque.
Cuando los soldados llegaron...
Ya no había nadie.
Solo una máscara negra permanecía entre la hierba.
Esa noche...
El consejo imperial se reunió de urgencia.
—Alguien intentó asesinar a la princesa.
—¿Cómo lograron infiltrarse?
—¿Fue un traidor?
—¿O buscan iniciar otra guerra?
Las preguntas no dejaban de surgir.
Mientras tanto, Selene permanecía en silencio.
No podía dejar de recordar el momento en que Astaroth la había protegido.
Él se dio cuenta de que lo observaba.
Sonrió con esa arrogancia habitual.
—¿Qué pasa?
—Nada.
—Me estás mirando mucho.
—No.
—Sí.
Ella apartó la vista.
—Solo intentaba entender algo.
—¿Qué cosa?
—¿Por qué me salvaste?
Astaroth dejó de sonreír por un instante.
—Porque eres mi prometida.
Selene esperaba una broma.
Pero él continuó hablando con una seriedad que nunca antes había mostrado.
—Mientras lleves mi apellido prometido... nadie tiene derecho a hacerte daño.
Durante unos segundos, el salón quedó completamente en silencio.
Luego, como si nada hubiera ocurrido, Astaroth volvió a sonreír.
—Además...
Si alguien va a sacarte de quicio...
Prefiero ser yo.
Selene rodó los ojos con evidente fastidio.
—Eres imposible.
—Y tú acabas de sonreír.
Ella se quedó inmóvil.
No se había dado cuenta.
Había sonreído.
Apenas un instante.
Pero Astaroth lo había visto.
Y, desde el otro extremo del salón, escondido entre los consejeros, un hombre observó la escena con una mirada llena de odio.
Apretó un anillo negro entre sus dedos.
—Así que el demonio ya empezó a encariñarse con ella...
Perfecto.
Entonces la próxima víctima...
No será la princesa.
Será alguien que obligue al demonio a elegir entre el deber... y el corazón.
Una sonrisa siniestra se dibujó en sus labios.
La conspiración apenas estaba comenzando.
muchas gracias, bendiciones...