Morir fue inesperado.
Despertar dentro de una novela fue absurdo.
Pero reencarnar como Serena Valmont, la villana destinada a morir a manos de su propio esposo, fue una completa pesadilla.
Conozco esta historia.
Sé que el emperador Kael Draven jamás amará a Serena. Sé que muy pronto conocerá a la verdadera protagonista. Y sé que, cegada por los celos, Serena cometerá una serie de crímenes que terminarán llevándola al cadalso.
Pero yo no soy Serena.
Y no pienso seguir su destino.
Mi plan es simple: alejarme de la protagonista, pedirle el divorcio al emperador y desaparecer antes de que la historia comience.
Solo hay un problema.
—Quiero el divorcio.
Kael alzó la mirada hacia mí.
—No.
...¿Cómo que no?
Se suponía que esta historia ya estaba escrita.
Entonces, ¿por qué está empezando a cambiar?
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Capítulo 16
Capítulo 16: Esta vez no voy a interferir.
Había tomado una decisión adulta, sensata y completamente razonable.
No iba a interferir.
Nada de impedir encuentros.
Nada de secuestrar protagonistas.
Nada de inventar serpientes.
Nada de eliminar copas.
Nada de esconder pañuelos.
Nada de perseguir el argumento con un palo.
La historia quería que Kael y Elena quedaran juntos durante una tormenta.
Perfecto.
Maravilloso.
Incluso conveniente.
Quizá después de una noche romántica junto al fuego Kael regresaría al palacio, me miraría profundamente a los ojos y diría:
Serena, he conocido al amor de mi vida. Quiero el divorcio.
Y yo respondería:
¿Dónde firmo?
Fin.
Felicidad.
Cuello intacto.
Plan impecable.
Solo existía un pequeño detalle.
Alguien estaba intentando matar a Kael.
Pero no iba a dejar que eso estropeara mi optimismo.
—La montura.
Lucien ni siquiera levantó la mirada.
—Ya la revisé.
—¿Dos veces?
—Tres.
—¿Las herraduras?
—Revisadas.
—¿El freno?
—También.
—¿Las riendas?
—Serena.
—¿Qué?
Lucien finalmente me miró.
Estábamos frente a los establos imperiales.
El sol apenas había salido y yo ya llevaba aproximadamente cuarenta minutos interrogando a todo ser humano que hubiera respirado cerca del caballo de Kael.
—Has preguntado por el mismo caballo siete veces.
—Precaución.
—Hiciste que dos mozos desmontaran la silla.
—Seguridad.
—Obligaste al herrero imperial a revisar cuatro herraduras perfectamente sanas.
—Profesionalismo.
—Después tú misma mordiste una de las correas.
—Comprobaba la calidad del cuero.
Lucien empezó a reír.
—No es gracioso.
—Lo es muchísimo.
—Si alguien intenta asesinar a tu mejor amigo y tú estás riéndote, eso habla bastante mal de ti.
La sonrisa desapareció.
Ups.
—Serena.
—Metafóricamente.
—Deja de utilizar esa palabra.
—Estoy mejorando.
—No.
Maldito hombre.
Lucien bajó la voz.
—¿Encontraste algo?
Miré alrededor.
Guardias.
Criados.
Nobles preparándose para la salida.
No podía contarle sobre los documentos allí.
—Nada concreto.
—Pero sigues creyendo que Kael corre peligro.
—Sí.
Lucien me observó unos segundos.
Después asintió.
—No me separaré de él.
Me relajé.
—Gracias.
—Pero tú tampoco te separarás del grupo.
—¿Yo?
—Tú.
—No soy quien está en peligro.
—Recibiste una amenaza anoche.
Me congelé.
—¿Cómo sabes eso?
Lucien sonrió.
—Tus aposentos principales tienen guardias nuevos.
—¿Y eso significa automáticamente que recibí una amenaza?
—No.
Se acercó ligeramente.
—Pero también hiciste que revisaran todas las ventanas.
Margaret hablaba demasiado.
—Estoy perfectamente segura.
—Nunca dije que no.
—Entonces ¿por qué debo quedarme con el grupo?
Lucien me miró.
—Porque alguien está amenazando a una emperatriz que tiene la mala costumbre de caminar por cornisas inexistentes, esconderse detrás de arbustos y enfrentarse sola a problemas que no comprende.
—Eso fue innecesariamente específico.
—Me preocupo de manera específica.
Mi corazón hizo esa cosa irritante otra vez.
No.
No.
Prohibido.
—Pues no es necesario.
—Lo sé.
Sonrió.
—Lo haré igualmente.
Maldito Lucien.
¿Por qué tenía que ser agradable?
Los segundos protagonistas deberían venir con advertencias sanitarias y definitivamente deberían existir psicólogos en estos universos.
...****************...
—Serena.
La voz de Kael llegó detrás de mí.
Me giré.
Y me arrepentí inmediatamente.
El hombre iba vestido para montar.
Botas negras.
Abrigo oscuro.
Guantes.
Cabello ligeramente desordenado por el viento.
Ridículo.
Absolutamente ridículo.
¿Era necesario que alguien se viera así para subirse a un caballo?
No.
La autora tenía favoritismos.
—¿Qué?
Kael frunció el ceño.
—Me estabas mirando.
—No.
—Sí.
—Estaba mirando detrás de ti.
Kael se giró.
No había nadie.
—Había alguien.
Lucien hizo un extraño sonido.
—No te rías.
—No estoy haciendo nada.
Traidor.
Kael miró su caballo.
Después a mí.
—¿Es cierto que hiciste revisar mi silla tres veces?
—Cuatro.
Lucien me miró.
—¿Cuatro?
—La última fue después de que te fueras.
Kael cerró los ojos.
—Serena.
—¿Qué?
—Voy a montar un caballo, no a cruzar territorio enemigo.
—No sabes eso.
Silencio.
Lucien me observó.
Kael también.
Otra vez mi boca.
—Quise decir...
Piensa.
—Los bosques son peligrosos.
—Es una ruta imperial protegida.
—Los árboles no respetan títulos.
Kael se quedó callado.
Lucien giró para ocultar una sonrisa.
Lo odiaba.
—Solo ten cuidado —murmuré.
Kael me miró.
Su expresión cambió ligeramente.
—¿Estás preocupada por mí?
No.
Pregunta trampa.
—Por supuesto.
Mal.
Muy mal.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
—Soy tu esposa.
Peor.
—Temporalmente —añadí.
La sonrisa desapareció.
Mucho mejor.
Lucien tosió.
—Qué bonito momento matrimonial.
Kael lo miró.
—¿No tienes nada que hacer?
—Muchas cosas.
—Empieza.
Lucien me guiñó un ojo antes de marcharse.
Kael lo vio.
Perfecto.
Su mandíbula se tensó.
Yo fingí no notar nada.
Era experta en ignorar señales emocionales inconvenientes.
—¿Dónde está tu caballo? —preguntó.
Señalé.
Una criatura enorme, blanca y claramente salida directamente de mis pesadillas esperaba junto a un mozo.
Kael miró al caballo.
Luego a mí.
—¿Vas a montar a Astrid?
—¿Tiene nombre?
—Todos los caballos tienen nombre.
—El de Lucien parece llamarse Caballo.
—Se llama Ares.
—Claro que se llama Ares.
Dramático.
Me acerqué a Astrid.
La criatura me miró.
Yo la miré.
—No hagas nada estúpido.
Resopló.
—Te estoy vigilando.
—Serena.
—Estoy creando confianza.
Intenté subir.
Fallé.
La dignidad imperial murió en el acto.
—Otra vez.
Puse el pie.
Empujé.
El vestido se enganchó.
—Maldición.
El caballo se movió.
—¡NO TE MUEVAS!
—¿Quieres ayuda?
Kael.
—No.
Volví a intentar.
Nada.
—Puedo hacerlo.
Tercer intento.
Peor.
Escuché una risa.
Giré.
Lucien estaba sentado sobre Ares.
Sonriendo.
—¿Necesitas una escalera?
—Necesito nuevos amigos.
—Puedo bajarte después.
—¡Cállate!
Kael suspiró.
Se acercó.
—Déjame.
—No.
—Serena.
—Puedo subir sola.
—Llevas cinco minutos luchando con un caballo inmóvil.
Astrid volvió a resoplar.
—No está inmóvil. Está conspirando contra su emperatriz, contra la corona.
Kael me agarró por la cintura.
Mi cerebro dejó de funcionar.
—¿Qué...?
Me levantó.
Literalmente.
Como si no pesara nada.
Un segundo después estaba sobre la silla.
Lo miré.
Él seguía con una mano en mi cintura.
Demasiado cerca.
—Listo.
—Podrías haber avisado.
—Te avisé.
—No suficientemente.
Su mano desapareció.
Me acomodé.
—Gracias.
—De nada.
Lucien nos observaba.
La sonrisa se había reducido un poco.
Oh.
Interesante.
No.
No tenemos tiempo.
Triángulos amorosos más tarde.
Supervivencia ahora.
...****************...
Elena apareció pocos minutos después.
Cabello rubio recogido.
Vestido de montar verde.
Sonrisa luminosa.
La protagonista estaba lista para su capítulo romántico.
—Serena.
—Elena.
Se acercó con su caballo.
—¿Estás emocionada?
—Muchísimo.
—¿De verdad?
—No.
Ella rio.
—Entonces ¿por qué viniste?
Miré a Kael.
Después a la montura.
Luego recordé la carta.
—Necesitaba aire fresco.
Lucien levantó una ceja desde lejos.
Elena siguió mi mirada.
Kael hablaba con un guardia.
La historia quería que esos dos quedaran juntos.
Bien.
No iba a impedirlo.
Más aún.
Iba a ayudar.
—Elena.
—¿Sí?
—¿Te gusta montar?
—Muchísimo.
—Kael también.
Ella parpadeó.
—¿Y?
—Nada.
Sonreí.
—Conversación.
Me miró sospechosamente.
—¿Por qué estás intentando hablarme del emperador?
—No estoy intentando nada.
Ding.
Me congelé.
No.
Las letras aparecieron discretamente.
🦋[EVENTO PRINCIPAL 006 INICIADO.]
Sí.
Ya sé.
🦋[Participantes requeridos presentes.]
Perfecto.
🦋[Intervención de anomalía: 0%.]
Sonreí.
—¿Qué? —preguntó Elena.
—Nada.
Por una vez realmente era nada.
—Hoy seré una ciudadana modelo.
—Eres emperatriz.
—Una emperatriz modelo.
Elena definitivamente no entendía.
No importaba.
La historia podía hacer lo que quisiera.
Yo iba a observar.
Desde lejos.
...****************...
La primera hora transcurrió sorprendentemente bien.
No llovió.
Nadie murió.
Ningún caballo intentó un golpe de Estado.
Gran éxito.
Yo iba entre Elena y Lucien.
Kael estaba unos metros delante.
Y había descubierto algo: montar a caballo era horrible.
—Me duele todo.
Lucien sonrió.
—Solo llevamos una hora.
—¿Una?
—Sí.
—¿No podemos regresar?
—Pensé que querías venir.
—La Serena de hace una hora era una idiota.
Elena rio.
—Te acostumbrarás.
—No quiero.
Astrid siguió caminando.
—¿Cómo se detiene?
—Tiras suavemente de las riendas.
—¿Y si decide ignorarme?
—Es un caballo entrenado.
—No confío en ella.
Astrid resopló.
—¿Ves?
Lucien negó con la cabeza.
—Nunca había conocido a alguien capaz de enemistarse con su propio caballo.
—Ella empezó.
Elena estaba riéndose tanto que casi perdió el equilibrio.
—No te caigas —dije.
—Estoy bien.
—Todos dicen eso antes de caerse.
Algo se movió delante.
Kael levantó una mano.
El grupo se detuvo.
—¿Qué ocurre? —pregunté.
Lucien se puso serio.
—No sé.
Un guardia regresó desde el frente.
—Majestad, uno de los puentes está bloqueado.
Mi estómago se tensó.
No recordaba un puente bloqueado.
Kael habló con el capitán.
—¿Por qué?
—Un árbol cayó durante la noche.
Lucien miró hacia el cielo.
Nubes.
No.
Todavía no.
—Tomaremos la ruta del valle —ordenó Kael.
Mi corazón dio un salto.
La ruta del valle.
Eso sí estaba en la novela.
Era allí donde comenzaba todo.
🦋Ding.
🦋[Ruta narrativa restaurada.]
—Bien —susurré.
Lucien me miró.
—¿Qué?
—Nada.
—Tienes esa cara.
—¿Qué cara?
—La que pones antes de hacer algo extraño.
—Hoy no.
Sonrió.
—Eso me preocupa más.
...****************...
Entramos al valle cerca del mediodía.
Los árboles se cerraban alrededor del camino.
El cielo estaba cada vez más oscuro.
Exactamente como recordaba.
Mi estómago se revolvió.
En la novela la tormenta llegaba de golpe.
Un trueno asustaba al caballo de Kael.
Elena estaba cerca.
Ambos se separaban del grupo.
Todo según lo previsto.
No iba a interferir.
Solo... miraría.
Entonces vi el caballo de Kael.
Movía la cabeza.
Demasiado.
Kael tiró ligeramente de las riendas.
El animal volvió a sacudirla.
Algo no estaba bien.
—Lucien.
Él ya lo había visto.
Se acercó a Kael.
—Tu caballo está nervioso.
—Lo sé.
—Detengámonos.
Kael negó.
—Faltan pocos kilómetros.
No.
La Serena original había anotado un accidente a caballo.
Montura cortada.
Pero Lucien la había revisado.
Yo también.
Todo estaba bien.
¿Verdad?
CRACK.
Un trueno.
El caballo de Kael se levantó sobre las patas traseras.
—¡KAEL!
No.
No iba a intervenir.
El caballo salió disparado.
Kael logró mantenerse montado.
—¡Majestad! —gritaron los guardias.
Y Elena... su caballo también se asustó.
Tal como en la novela.
Salió detrás de él.
Perfecto.
No.
No perfecto.
Pero narrativamente perfecto.
—¡ELENA! —grité.
Los guardias intentaron seguirlos.
Entonces otro trueno.
Astrid se movió.
—No.
El caballo giró.
—No, no, no.
Salió corriendo.
—¡ASTRID!
Escuché a Lucien gritar mi nombre.
—¡SERENA!
Me agarré de las riendas.
—¡DETENTE!
Astrid no compartía mi opinión.
Los árboles pasaban a ambos lados.
—¡TE JURO QUE VOY A VENDERTE!
El caballo siguió.
Detrás escuchaba otro caballo.
Lucien.
—¡Tira de las riendas!
—¡LO ESTOY HACIENDO!
—¡No de esa forma!
—¡NO TENGO MANUAL!
Astrid saltó sobre una rama caída.
Mi alma salió de mi cuerpo brevemente.
—¡AAAAH!
Aterricé.
Seguía arriba.
Milagro.
Lucien estaba cada vez más cerca.
—¡Serena!
—¡HAZ ALGO!
—¡Estoy intentando alcanzarte!
—¡INTENTA MÁS RÁPIDO!
Otra curva.
Entonces Astrid pisó barro.
Resbaló.
Sentí que el mundo giraba.
Y caí.
Lo primero que sentí fue dolor.
—Ay.
Bien.
Seguía viva.
Otra vez.
Empezaba a coleccionar experiencias cercanas a la muerte.
—Serena.
Abrí los ojos.
Lucien estaba arrodillado a mi lado.
—¿Estás herida?
—Mi dignidad lo está.
—Hablo en serio.
—Yo también.
Sus manos revisaron mis brazos.
Hombros.
Cara.
—Lucien.
—Quédate quieta.
—Estoy bien.
—Caíste de un caballo.
—El suelo frenó mi caída.
Me miró.
—Qué tranquilizador.
—Intento ser positiva.
Se quedó observándome.
Demasiado cerca.
Una de sus manos seguía en mi mejilla.
—Me asustaste.
La voz había cambiado.
Ya no estaba bromeando.
Mi sonrisa desapareció.
—Estoy bien.
Lucien cerró los ojos un instante.
Después dejó caer la frente contra la mía.
Mi corazón decidió que aquel era un excelente momento para empezar a comportarse como idiota.
—No vuelvas a hacer eso.
—No estaba en mis planes.
Una risa pequeña escapó de él.
—Bien.
Entonces escuchamos el trueno.
Ambos miramos hacia arriba.
La lluvia comenzó.
Primero gotas.
Después... un diluvio.
—Perfecto —murmuré.
Lucien se levantó.
Me ayudó.
—Tenemos que encontrar refugio.
Miré alrededor.
No veía al grupo.
Ni guardias.
Ni Kael.
Ni Elena.
Solo árboles.
—¿Dónde estamos?
Lucien observó el bosque.
Su expresión se volvió seria.
—Nos desviamos bastante.
—¿Podemos volver?
Otro trueno.
—No con este clima.
Fantástico.
—Entonces...
Lucien señaló a lo lejos.
Había una pequeña construcción.
Una cabaña.
Me quedé inmóvil.
No.
No podía ser.
La cabaña.
La misma.
O una bastante parecida.
—¿Qué pasa?
—Nada.
Lucien me tomó de la mano.
—Vamos.
Me dejé llevar.
Porque tenía frío.
Porque estaba empapada.
Y porque la historia estaba haciendo algo muy extraño.
Según la novela... Kael y Elena debían pasar la noche juntos en una cabaña. Yo debía seguir con el resto de la comitiva y Lucien también.
Pero ahora... Nuestras manos estaban unidas.
Lucien estaba conmigo.
🦋Ding.
Las letras aparecieron.
🦋[EVENTO PRINCIPAL 006 EN CURSO.]
Sí.
Kael y Elena.
Perfecto.
🦋[Pareja narrativa principal separada del grupo.]
Bien.
🦋[Variable secundaria detectada.]
Mi estómago cayó.
—No.
Lucien se giró.
—¿Qué?
—Nada.
Las palabras continuaron.
🦋[SERENA VALMONT + LUCIEN RAVENTHAL]
Oh.
No.
🦋[Resultado no contemplado en narrativa original.]
Esperé.
Corrección.
Advertencia.
Nada.
Entonces:
🦋[Variación aceptada.]
Me detuve.
Lucien tiró suavemente de mi mano.
—Serena.
Yo seguía mirando las palabras.
Aceptada.
Porque Lucien había elegido seguirme.
Él podía cambiar la historia.
Y acababa de hacerlo.