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Renacer Entre Espinas

Renacer Entre Espinas

Status: En proceso
Genre:Mundo mágico / Traiciones y engaños / Mujer poderosa
Popularitas:4.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Itz

"No todas las segundas oportunidades llegan para recuperar el pasado. Algunas llegan para construir un futuro."

NovelToon tiene autorización de Itz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Una mesa demasiado grande

La campana anunció la cena.

Como cada noche, los miembros de la familia Belmonth ocuparon sus lugares en el enorme comedor del Archiducado.

La larga mesa de caoba estaba impecablemente servida. Candelabros de plata iluminaban el salón con una luz cálida que contrastaba con el silencio que reinaba en la estancia.

Alaric ocupó la cabecera.

A su derecha se sentó Kael.

A su izquierda, Eryan.

Everly se dirigió al asiento que siempre había ocupado.

Antes de que pudiera sentarse, sintió un pequeño tirón en la manga de su vestido.

—Hermana...

Everly bajó la mirada.

Iraide la observaba con una sonrisa tímida.

—¿Puedo sentarme contigo?

El mayordomo vaciló unos segundos antes de dirigir la mirada hacia el Archiduque.

Alaric apenas levantó la vista de los documentos que aún sostenía entre las manos.

—Si así lo desea, no veo inconveniente.

La pequeña sonrió de inmediato.

—¡Gracias, padre!

Sin esperar más, tomó asiento junto a Everly.

—Así podemos cenar juntas.

Everly no pudo evitar sonreír.

—Claro.

El mayordomo hizo una discreta señal a los sirvientes y cambiaron la vajilla de lugar.

El silencio volvió a instalarse.

Solo se escuchaba el suave tintinear de los cubiertos contra la porcelana.

Everly observó la mesa por un instante.

Todo seguía igual.

Las cenas continuaban siendo formales.

Ordenadas.

Correctas.

Y terriblemente silenciosas.

Hasta que...

—Hermana.

La voz de Iraide rompió aquella quietud.

—Hoy terminé el libro del dragón.

Everly levantó la vista.

—¿Y te gustó?

La pequeña infló ligeramente las mejillas.

—No.

El caballero era un tonto.

Hubiera sido mucho más fácil preguntarle a la princesa qué quería en lugar de decidir por ella.

Durante un instante...

Nadie dijo nada.

Después, Eryan bajó la cabeza para ocultar una pequeña sonrisa.

Incluso una de las doncellas tuvo que girarse para disimular la risa.

Kael dejó lentamente la copa sobre la mesa.

—Supongo que no deja de ser una opinión interesante.

—¡Tengo razón! —protestó Iraide.

Everly soltó una risa tan suave que casi pasó desapercibida.

Pero Alaric la escuchó.

Hacía años que no oía reír a su hija.

Continuó cenando sin hacer comentario alguno.

Kael dirigió entonces la mirada hacia Everly.

—Escuché que tus manos ya están mejor.

Everly dejó los cubiertos sobre el plato.

—Sí.

Gracias por preguntar.

Kael asintió una sola vez.

—Me alegra.

No añadió nada más.

No era un hombre de muchas palabras.

Pero tampoco había frialdad en su voz.

Solo una sinceridad torpe.

Eryan permaneció en silencio.

Observó el plato de Everly.

Apenas había probado la carne.

Sin decir una palabra, tomó la pequeña cesta de pan recién horneado y la acercó discretamente hacia ella.

—Pensé que seguía gustándote.

Everly levantó la vista, sorprendida.

Eryan se encogió ligeramente de hombros.

—Cuando éramos niños siempre comías primero el pan.

El tiempo pareció detenerse.

Ella no recordaba aquel detalle.

O quizá sí...

Pero estaba enterrado entre demasiados recuerdos dolorosos.

Tomó uno de los pequeños panes.

—Gracias.

Fue apenas un susurro.

Eryan simplemente asintió y continuó cenando.

Al otro extremo de la mesa, Alaric observó la escena de reojo.

Iraide hablaba animadamente con Everly.

Kael había iniciado una conversación por voluntad propia.

Eryan recordaba pequeñas cosas de su hermana.

Y Everly...

Respondía con educación.

Con tranquilidad.

Sin buscar llamar la atención de nadie.

Era extraño.

Aquella mesa seguía siendo la misma.

Pero el ambiente...

Había cambiado.

Cuando la cena terminó, todos se levantaron.

Iraide tomó la mano de Everly con absoluta naturalidad.

—¿Mañana seguimos leyendo?

Everly entrelazó sus dedos con los de la pequeña.

—Claro.

Pero esta vez tú elegirás la historia.

Los ojos de Iraide brillaron de emoción.

—¡Sí!

Las dos abandonaron el comedor caminando una al lado de la otra.

Nana Lía las observó desde la puerta.

Y sonrió en silencio.

Alaric permaneció unos segundos más junto a la mesa vacía.

Su mirada se detuvo en el asiento donde Everly había estado sentada.

Luego recordó la risa que había escuchado hacía unos minutos.

Era un sonido que creía haber olvidado.

Frunció levemente el ceño.

¿Desde cuándo... su hija sonreía de esa manera?

Sin encontrar una respuesta, abandonó el comedor.

La noche continuó envolviendo la mansión Belmonth.

Pero, por primera vez en mucho tiempo...

El enorme comedor ya no se sentía tan frío.

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