Una joven reservada y profesional trabaja en la empresa de la familia de su exnovio, soportando humillaciones constantes por no encajar en el ideal de “mujer perfecta”: dulce, sociable y complaciente.
Durante un evento corporativo, salva la vida de un misterioso hombre que ha sido atacado. Sin saber quién es realmente, lo ayuda a escapar y cura sus heridas.
Él desaparece… pero no la olvida.
Cuando finalmente va a buscarla, descubre que ella fue despedida injustamente. Y quienes la destruyeron… están más cerca de lo que cree.
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Capitulo 16
Bastian
Habían pasado varios días desde el incidente en el bus.
Y aun así…
cada vez que recordaba a Damián…
la calma se me rompía.
No por celos.
No por orgullo.
Por lo que vi en los ojos de Nina.
Miedo.
La médica que la atendió fue clara.
Lesiones leves… pero consistentes con agresión.
Había quedado registrado.
La denuncia se amplió.
Y esta vez…
yo me aseguraría de que no quedara archivada.
También había otra pieza en juego.
Su antigua empresa.
Cuando pedí referencias…
la respuesta fue impecable.
Demasiado impecable.
Negativa.
Fría.
Calculada.
Se lo dije a Nina sin rodeos.
Ella no se sorprendió.
—Esa mujer me odia —dijo con una calma que no era calma—. Nunca le gustó cómo soy.
La observé en silencio.
—Eso no define tu valor profesional.
Me sostuvo la mirada.
Y no respondió.
Ahora…
tenía algo más entre manos.
Una propuesta.
La revisé una vez más.
Completa.
Detallada.
Perfectamente estructurada.
Demasiado.
—Interesante… —murmuré.
Sabían exactamente lo que buscaba.
Rutas desde Singapur y China.
Optimización de costos.
Cumplimiento normativo internacional.
No era coincidencia.
Era estrategia.
Y eso…
me interesaba.
Nina llegó puntual.
Como siempre.
—Hola.
—Hola.
Llevaba un vestido.
Sencillo.
Elegante.
Y sin esfuerzo…
capturaba la atención.
—Tengo algo que mostrarte —dije, entregándole la propuesta.
La tomó.
Se sentó.
Comenzó a leer.
El silencio se llenó de páginas pasando.
—Wow… —murmuró finalmente—. Nunca había visto una propuesta tan completa.
Apoyó el documento en la mesa.
—Deberías aceptarla.
La miré.
—¿Así de simple?
Se encogió ligeramente de hombros.
—No. Probablemente sea una trampa.
Sonreí apenas.
—Eso pensé.
—Pero puedes sacar provecho —añadió—. Mientras organizas tu empresa… puedes aprender de su estructura.
Me incliné hacia adelante.
—Es un arma de doble filo.
—Lo es.
—Y aun así me dices que la acepte.
—Te digo que la analices con inteligencia —corrigió—. No desde el miedo.
Silencio.
Sonreí.
—No es mala idea.
Porque tenía razón.
Si jugaban…
yo también podía hacerlo.
Y mejor.
Dejé el documento a un lado.
—Hablemos del programa.
Nos sentamos juntos.
—Necesitamos tres pilares —dije—. Prevención, atención y seguimiento.
Nina asintió.
—En prevención podríamos trabajar con talleres en empresas… educación sobre señales de violencia.
—Y campañas digitales —añadí—. Que no sean solo informativas… sino que generen identificación.
—Historias reales —dijo ella—. Sin exponer a las víctimas.
La miré.
—Eso es importante.
Tomé nota.
—En atención —continuó—. Asesoría legal básica, apoyo psicológico… rutas claras de acción.
—Y alianzas con entidades —añadí—. Para que no se queden solas en el proceso.
—Exacto.
Su voz era firme.
Segura.
Distinta.
—Y seguimiento… —dijo, bajando un poco el tono—. Que no sea solo ayudarlas a denunciar… sino acompañarlas después.
La observé.
—Eso es lo más difícil.
—Pero lo más necesario.
Asentí.
En ese momento…
vi algo más que una profesional.
Vi propósito.
Y eso…
no se enseña.
—Esto puede crecer mucho —dije—. Incluso convertirse en una línea permanente de la fundación.
Me miró.
Y sonrió.
—Eso sería increíble.
Trabajamos por horas.
Sin sentir el tiempo.
Hasta que decidí cerrar el computador.
—Vamos a cenar.
Me miró sorprendida.
—¿Ahora?
—Ahora.
Aceptó.
La conversación cambió.
Más ligera.
Más personal.
—¿Siempre has sido así? —pregunté.
—¿Así cómo?
—Reservada.
Sonrió levemente.
—Sí.
—¿Y no te cansas?
—A veces.
Hizo una pausa.
—Pero es más fácil que fingir.
Asentí.
—Te entiendo.
Me miró.
—No pareces alguien que finja.
—No lo hago.
—Eso se nota.
Silencio.
Pero no incómodo.
Había algo…
creciendo.
Sutil.
Pero imposible de ignorar.
Al terminar, la llevé a casa.
Esta vez…
caminé con ella hasta la puerta.
Nos detuvimos.
Frente a frente.
—Acepta la propuesta —dijo suavemente—. Siento que puedes sacarle provecho.
La miré.
—Lo pensaré.
Hice una pausa.
—Gracias.
Sonrió.
Y por un momento…
nadie dijo nada.
El aire cambió.
Di un paso más cerca.
Ella no retrocedió.
Levanté la mano.
Dudé un segundo.
Y acomodé un mechón de su cabello detrás de su oreja.
Su respiración cambió.
La mía también.
—Nina…
No terminé la frase.
Porque algo dentro de mí…
me detuvo.
No era el momento.
Aún no.
Pero el deseo…
estaba ahí.
Claro.
—Buenas noches —dijo ella, en voz baja.
—Buenas noches.
La vi entrar.
Y me quedé unos segundos más.
Pensando.
En ella.
En la propuesta.
En Damián.
Y en lo que venía.
Porque algo estaba claro.
Esto…
ya no era solo un negocio.
Era una jugada.
Y yo…
no pensaba perder.
🤷🏼
eres un poco hombre./Smug/
qué satisfacción puede generarte , obligar a una mujer estar a tu lado 🤦🏼
han destruido el cimiento de tu empresa más no tu fuerza y ojalá ya esto no pase desapercibido
desgraciado Pero te metes con las personas equivocadas tenlo por seguro