NovelToon NovelToon
El Monstruo Sin Nombre

El Monstruo Sin Nombre

Status: En proceso
Genre:Venganza / Romance / Mafia
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Black_Dragon

En las heladas tierras de Rusia nació un hombre destinado a conocer el verdadero significado del sufrimiento. Desde su infancia fue arrojado a un mundo de violencia, traición y muerte, donde cada día era una batalla por sobrevivir. Las cicatrices que cubrían su cuerpo eran solo una pequeña muestra de las heridas que consumían su alma. Después de perder todo aquello que alguna vez amó, se convirtió en una sombra de sí mismo: un guerrero despiadado que caminaba entre cadáveres y campos de batalla sin sentir miedo, compasión o esperanza. Para él, el mundo era un infierno interminable, y él mismo era uno de sus demonios. Sin embargo, cuando el destino parecía haber sellado su condena, una mujer apareció en su vida. A diferencia de los demás, ella no vio al monstruo que todos temían, sino al hombre roto que se ocultaba tras años de dolor. Con paciencia, valentía y una determinación inquebrantable, comenzó a derribar los muros que protegían su corazón.

NovelToon tiene autorización de Black_Dragon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3: Los ojos del invierno

El jefe había regresado.

Toda la mansión parecía diferente desde su llegada.

Los guardias caminaban más rectos.

Los instructores gritaban más fuerte.

Los sirvientes bajaban la mirada cuando cruzaban ciertos pasillos.

Era como si una tormenta invisible hubiera entrado en aquella prisión de piedra.

Y todos la sintieran.

Todos menos yo.

O al menos eso intentaba creer.

Porque la verdad era que también estaba nervioso.

No entendía por qué.

Tal vez porque durante toda mi vida había escuchado hablar de él.

Tal vez porque representaba todas las respuestas que nunca había obtenido.

O tal vez porque algo dentro de mí me decía que aquel hombre estaba relacionado con mi existencia.

Aquella mañana nos encontrábamos entrenando en el patio principal.

La nieve cubría el suelo.

El frío era insoportable.

Mis manos estaban entumecidas.

Mi respiración formaba pequeñas nubes blancas.

Sin embargo, nadie se detenía.

Nadie podía hacerlo.

Los castigos eran demasiado severos.

—¡Más rápido!

—¡Muévanse!

—¡Otra vez!

Los gritos resonaban constantemente.

Corríamos.

Caíamos.

Nos levantábamos.

Y volvíamos a correr.

Como animales entrenados.

Como herramientas.

Como objetos.

No como niños.

Jamás como niños.

Mientras escalaba una pared de madera escuché algo extraño.

No era un grito.

No era una orden.

Era silencio.

Un silencio repentino.

Pesado.

Incómodo.

El tipo de silencio que aparece cuando alguien importante entra en una habitación.

Todos los instructores se quedaron quietos.

Los guardias enderezaron la espalda.

Algunos incluso bajaron la cabeza.

Yo miré hacia la mansión.

Y entonces lo vi.

Por primera vez.

No claramente.

No de cerca.

Pero lo vi.

Caminaba detrás de una enorme ventana del segundo piso.

Su figura cruzó lentamente el pasillo.

Alto.

Muy alto.

Vestía un elegante traje negro.

Su postura era perfecta.

Autoritaria.

Imponente.

Como si el mundo entero le perteneciera.

Y entonces vi su cabello.

Blanco.

Completamente blanco.

Mi respiración se detuvo.

Mis manos dejaron de moverse.

Por un instante olvidé dónde estaba.

Olvidé el frío.

Olvidé el entrenamiento.

Olvidé todo.

Porque aquel hombre tenía el mismo color de cabello que yo.

Blanco como la nieve.

Blanco como el invierno.

Nunca había conocido a nadie igual.

Los demás niños tenían cabello oscuro.

Los guardias también.

Los instructores también.

Yo era diferente.

Siempre lo había sido.

Y ahora...

Ahora veía a otro igual.

La figura desapareció tras una puerta.

Y el silencio terminó.

—¡SIGAN ENTRENANDO!

El grito de un instructor me devolvió a la realidad.

Continué escalando.

Pero mi mente ya no estaba allí.

Seguía observando aquella ventana.

Aunque estuviera vacía.

Esa noche no pude dormir.

Otra vez.

Me estaba acostumbrando a ello.

Mientras los demás descansaban yo observaba el techo.

Pensando.

Siempre pensando.

"Cabello blanco."

La imagen no desaparecía.

Era absurda.

Probablemente no significaba nada.

Pero no podía evitarlo.

Mi mente seguía regresando a ella.

"¿Por qué nos parecemos?"

Cerré los ojos.

Intenté imaginarlo nuevamente.

Su figura.

Su postura.

Su cabello.

Parecía una estatua.

Una de esas figuras que los artistas esculpían en los libros viejos que ocasionalmente encontraba escondidos en la biblioteca abandonada.

No parecía humano.

Parecía algo más.

Algo distante.

Algo imposible de alcanzar.

Y aun así...

Sentía curiosidad.

Mucha curiosidad.

Quizás demasiada.

Los días continuaron.

El jefe permanecía dentro de la mansión.

Nosotros permanecíamos afuera.

Era como si existieran dos mundos.

Uno pertenecía a él.

El otro a nosotros.

Nunca se mezclaban.

Nunca se tocaban.

Sin embargo, empecé a notar algo.

A veces observaba desde las ventanas.

No podía verlo claramente.

Pero sentía su presencia.

Como si estuviera vigilándonos.

Como si analizara cada movimiento.

Como si estuviera evaluándonos.

Aquella sensación era incómoda.

Muy incómoda.

Porque no sabía qué esperaba encontrar.

Una tarde ocurrió algo extraño.

Nos ordenaron formar filas en el patio.

Todos obedecimos inmediatamente.

El viento golpeaba nuestros rostros.

La nieve caía lentamente.

Los instructores caminaban frente a nosotros.

Entonces apareció un hombre que nunca había visto.

Vestía un traje elegante.

Llevaba guantes negros.

Su mirada era fría.

—El jefe desea observar el progreso de los candidatos.

Nadie respondió.

Nadie se movió.

—Por lo tanto, comenzarán nuevas pruebas.

Algunos niños temblaron.

Yo también.

Porque conocíamos perfectamente el significado de aquella palabra.

Pruebas.

Dolor.

Castigos.

Supervivencia.

Siempre era lo mismo.

—Los débiles serán descartados.

Mi estómago se contrajo.

Otra vez esa frase.

Siempre la misma.

Siempre persiguiéndonos.

Como una sentencia.

Las nuevas pruebas comenzaron al día siguiente.

Fueron peores que cualquier cosa anterior.

Mucho peores.

Nos obligaron a correr durante horas bajo la tormenta.

Nos hicieron cargar peso.

Nos hicieron permanecer inmóviles en temperaturas extremas.

Algunos niños colapsaron.

Otros lloraron.

Otros simplemente desaparecieron después.

Yo seguía resistiendo.

No porque fuera fuerte.

No porque fuera valiente.

Sino porque tenía miedo.

Muchísimo miedo.

Miedo de convertirme en otro nombre olvidado.

Aunque ni siquiera tuviera nombre.

Miedo de desaparecer.

Miedo de morir.

Porque aunque odiara aquella vida...

Todavía quería vivir.

Y no entendía por qué.

Una noche me encontré observando mi reflejo nuevamente.

El pequeño espejo roto seguía escondido bajo mi cama.

Lo sostuve frente a mi rostro.

Mis ojos parecían más fríos.

Más cansados.

Más vacíos.

Había cambiado.

Lo sabía.

Y aquello me aterraba.

Porque apenas era un niño.

¿Los niños deberían verse así?

¿Pensar así?

¿Sentirse así?

No lo sabía.

Nunca había conocido una infancia normal.

Jamás había tenido amigos.

Jamás había tenido una familia.

Jamás había escuchado a alguien decirme que me quería.

Lo único que conocía era aquella mansión.

Y aquella mansión estaba destruyendo algo dentro de mí.

Algo que ni siquiera comprendía.

Los días siguieron pasando.

Hasta que ocurrió algo inesperado.

Algo pequeño.

Pero importante.

Aquella mañana me encontraba limpiando nieve en uno de los patios laterales.

Era un trabajo simple.

Uno de los pocos momentos donde no había gritos constantes.

Entonces sentí una presencia.

Alcé la vista.

Y lo vi nuevamente.

Esta vez mucho más cerca.

Estaba en un balcón del tercer piso.

Observando.

No hablaba.

No se movía.

Simplemente observaba.

El jefe.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

Por primera vez pude distinguir mejor su rostro.

Sus facciones eran afiladas.

Su expresión era fría.

Impasible.

Como si nada pudiera afectarlo.

Como si jamás hubiera conocido el sufrimiento.

Y entonces ocurrió.

Durante apenas un segundo.

Sus ojos se dirigieron hacia mí.

Directamente hacia mí.

El tiempo pareció detenerse.

No podía moverme.

No podía respirar.

No podía pensar.

Aquella mirada era aterradora.

No por odio.

No por rabia.

Sino porque estaba completamente vacía.

Era como mirar el hielo.

Como mirar una tormenta.

Como mirar la muerte.

Y aun así...

No aparté la vista.

Algo dentro de mí se negó.

Algo dentro de mí quería entender.

Quería saber.

Quería descubrir quién era aquel hombre.

Por qué nos hacía esto.

Por qué yo era diferente.

Por qué compartíamos aquel cabello blanco.

El jefe permaneció observándome durante unos segundos más.

Luego simplemente se dio la vuelta.

Y desapareció.

Como si nunca hubiera estado allí.

Como si yo no existiera.

Como si fuera invisible.

Sentí algo romperse dentro de mi pecho.

No sabía qué era.

Rabia.

Tristeza.

Decepción.

Quizás una mezcla de todo.

Porque durante años había imaginado aquel momento.

Había imaginado respuestas.

Había imaginado palabras.

Había imaginado algo.

Y al final...

No había obtenido nada.

Ni una sola palabra.

Ni una explicación.

Ni siquiera un gesto.

Solo una mirada vacía.

Aquella noche comprendí algo importante.

Algo doloroso.

Algo que me perseguiría durante años.

Para aquel hombre yo no era una persona.

No era un niño.

No era alguien importante.

Era solo uno más.

Uno entre muchos.

Un candidato.

Una herramienta.

Un experimento.

Nada más.

Permanecí despierto hasta el amanecer.

Observando la nieve caer tras la ventana.

Y mientras el invierno cubría nuevamente el mundo con su manto blanco, una pregunta comenzó a crecer dentro de mí.

Una pregunta peligrosa.

Una pregunta que jamás debería haber formulado.

Si aquel hombre realmente era mi padre...

¿Por qué me miraba como si fuera un completo desconocido?

Y por primera vez en mi vida, una pequeña semilla de odio comenzó a nacer dentro de mi corazón.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play