Ella renace decidida a cambiar su destino y a sobrevivir.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Mago Jack 2
Jack seguía observando el pequeño frasco con la gota de sangre como si acabara de descubrir el mayor tesoro del reino.
Tenía una sonrisa tan grande que apenas podía contenerse.
De repente levantó la vista hacia el duque.
—¿Sabes?
El duque seguía sosteniendo cuidadosamente a Davina para evitar que resbalara del sofá.
—¿Qué?
Jack soltó una risita.
—No es la primera vez que duermo a una mujer en el despacho de un duque.
El duque lo miró sin expresión alguna.
Jack continuó, completamente ajeno al peligro.
—Si lo piensas, esto ya empieza a convertirse en una costumbre.
El duque cerró lentamente los ojos.
—No quiero saber.
—Pero fue muy gracioso aquella vez...
—Jack.
—¿Sí?
—No quiero saber.
El mago suspiró.
—Qué poca curiosidad tienes.
Volvió a mirar el frasco.
Entonces, como si acabara de recordar algo importantísimo, abrió enormemente los ojos.
—¡Ah!
—¿Qué ocurre?
Jack sonrió.
—Vengo enseguida.
Se dio media vuelta.
El duque frunció el ceño.
—Despiértala.
Pero Jack ya estaba corriendo por el pasillo.
—¡Cinco minutos!
—¡No hagas nada raro!
Su voz desapareció a lo lejos.
El despacho quedó completamente en silencio.
El duque soltó un largo suspiro.
—Insoportable...
Bajó lentamente la vista.
Davina seguía profundamente dormida.
Una de sus manos descansaba sobre el vestido mientras algunos mechones rosados caían sobre su rostro.
El duque permaneció inmóvil.
Recordó inmediatamente la noche en que la había conocido.
Aquel baile.
Su sonrisa tímida.
La forma en que había aceptado bailar con él.
Después...
Las largas conversaciones.
Las risas.
Y una noche que ninguno de los dos había planeado.
Nunca había sentido que ella se hubiera entregado por obligación.
Todo lo contrario.
Había visto ilusión.
Confianza.
Cariño.
Cuando despertó a la mañana siguiente...
Ella ya no estaba.
No dejó una carta.
Ni un mensaje.
Ni una explicación.
Simplemente desapareció.
Durante semanas llegó a preguntarse si todo aquello había sido un sueño.
Y ahora...
La misma mujer descansaba entre sus brazos.
Durmiendo plácidamente.
Era tan hermosa como la recordaba.
Quizás incluso más.
Pero había algo diferente.
Algo que no lograba explicar.
No parecía la misma joven tímida de aquella noche.
Su expresión, incluso dormida, transmitía una extraña firmeza.
Como si detrás de aquella tranquilidad existiera una voluntad imposible de quebrar.
El sonido de unos pasos apresurados rompió el silencio.
Jack regresó casi sin aliento.
Llevaba una caja de madera bajo el brazo.
—¡Ya volví!
La abrió sobre la mesa.
Dentro había varios cristales transparentes de distintos tamaños.
El duque levantó una ceja.
—¿Y eso?
Jack sonrió.
—Necesitaba confirmar una teoría.
Comenzó a sacar cuidadosamente cada cristal.
Antes de colocarlos, levantó nuevamente la vista hacia el duque.
—Por cierto... Los Evans no poseen magia.
El duque asintió.
—Lo sé.
—Precisamente por eso esto será interesante.
Jack empezó a distribuir los cristales alrededor del sofá donde descansaba Davina.
Uno cerca de sus pies.
Otro junto al respaldo.
Dos más a ambos lados.
Y uno justo frente a ella.
El duque observó cada movimiento.
Su paciencia comenzaba a agotarse.
—Jack.
—¿Sí?
—Si uno solo de esos cristales la golpea...
El mago levantó ambas manos.
—No la van a golpear.
—O si haces cualquier otra cosa que pueda lastimarla...
El despacho se volvió repentinamente más frío.
Una sombra completamente negra comenzó a deslizarse desde la punta de los dedos del duque.
Como humo.
Pero mucho más densa.
La oscuridad reptó lentamente sobre el suelo.
Silenciosa.
Amenazante.
Jack tragó saliva.
Conocía perfectamente aquella magia.
No era una demostración de poder.
Era una advertencia.
Muy clara.
Muy seria.
Aun así...
Lejos de asustarse, una enorme sonrisa apareció lentamente en su rostro.
Miró nuevamente los cristales.
Después a Davina.
Y finalmente al duque.
—Si mi teoría es correcta...
Su voz perdió por completo el tono bromista.
Ahora hablaba con la emoción de un investigador que estaba a punto de resolver un misterio imposible.
—...todo va a cambiar.
El duque entrecerró los ojos.
—¿Qué significa eso?
Jack no respondió de inmediato.
Luego apoyó dos dedos sobre el cristal más cercano.
Una por una.
Como si todas estuvieran conectadas entre sí.
El aire del despacho cambió.
Se volvió más pesado.
Más denso.
Los cristales comenzaron a emitir una vibración casi imperceptible.
Jack observaba el fenómeno con una mezcla de nerviosismo y entusiasmo.
—Vamos...
Murmuró.
—Muéstramelo...
El duque permanecía completamente inmóvil.
La sombra oscura seguía danzando alrededor de sus pies.
No apartaba la vista de Davina ni un solo instante.
Si ocurría cualquier cosa...
Interrumpiría el experimento de inmediato.
Pero, por primera vez desde que Jack había comenzado toda aquella extraña investigación...
El propio mago parecía haber dejado de jugar.
Su sonrisa seguía allí.
Aunque ahora estaba llena de asombro.
Como la de alguien que estaba a punto de contemplar algo que ningún libro de magia había descrito jamás.
que en las noches se buscan a ver si algo hace que dejen ese orgullo para que su hijo nazca en un lugar estable con padres dejen su orgullo por el
Si me reí, pero se pasó de descarada, y Jean no va dejar de pasar la. oportunidad de satisfacerse de su esposa tóxica masoquista , pobre criatura cuando sea grande y pregunté cómo eran sus padres 🤣🤣
me fascina leer