Hola aaa aquie le straigo otra historia nueva, espero que les guste y que le den mucho amor como a las demás..
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15.. El libro del destino
El compromiso entre el Archiduque Arion Drakhar y Alisa Beaumont había dejado de ser un simple rumor.
Ahora era una realidad.
Y, por donde caminaban, todas las miradas terminaban posándose sobre ellos.
—¿Está segura de que necesita comprar tantos libros?
Preguntó Arion mientras observaba las tres bolsas que ya cargaban los sirvientes.
Alisa sonrió con inocencia.
—No los necesito...
Los quiero.
Arion dejó escapar una pequeña risa.
—Eso explica muchas cosas.
—Además...
Ella tomó otro volumen de un estante.
—Cuando uno encuentra un buen libro nunca sabe cuándo volverá a verlo.
—Entonces compra todos los que quieras.
La joven levantó la vista.
—¿No le preocupa el dinero?
Arion la observó divertido.
—Alisa...
Podría comprar toda esta calle si fuera necesario.
Ella soltó una carcajada.
—Eso ha sonado terriblemente arrogante.
—Lo sé.
Y ambos continuaron caminando entre los puestos del mercado.
Los comerciantes sonreían al verlos pasar.
Las damas nobles cuchicheaban discretamente.
—Hacen una bonita pareja.
—Jamás pensé ver al Archiduque caminando de esa forma con alguien.
—Mírala cómo sonríe...
Incluso varios niños corrían detrás de ellos saludando a Alisa.
Ella respondía a todos con la misma amabilidad de siempre.
Arion simplemente la observaba.
Cada vez le resultaba más difícil apartar los ojos de ella.
Al abandonar el mercado principal, Alisa se adelantó unos pasos para observar un puesto de flores.
Sin darse cuenta...
Terminó entrando en una calle más estrecha.
Una mano sujetó suavemente su muñeca.
—Alisa.
Ella giró sorprendida.
—¿Su Alteza?
El príncipe heredero permanecía frente a ella.
Había ido solo.
Su expresión reflejaba una mezcla de tristeza y desesperación.
—Necesitaba hablar contigo.
—No es el momento.
Intentó continuar caminando.
Pero él volvió a sujetarla.
—Escúchame solo un minuto.
Alisa retiró la mano con firmeza.
—Le he dicho que me suelte.
—Ese compromiso no tiene por qué continuar.
Ella dio un paso atrás.
—Eso no le corresponde decidirlo.
El príncipe respiró profundamente.
—Si vienes conmigo...
—No.
La respuesta fue inmediata.
—Alisa...
—No.
Su voz sonó mucho más firme.
—Lo respeto como príncipe heredero.
Pero soy la prometida del Archiduque.
Y esa decisión fue mía.
El príncipe, cegado por la frustración, volvió a intentar detenerla sujetándola del brazo.
Alisa forcejeó inmediatamente.
—¡Suélteme!
—¡Solo escúchame!
—¡He dicho que me suelte!
En ese instante...
Una figura apareció detrás del príncipe.
Ni siquiera tuvo tiempo de girarse.
Un golpe seco impactó sobre su mandíbula.
El heredero perdió el equilibrio y cayó inconsciente sobre el empedrado.
Arion permanecía inmóvil.
Sus ojos rojos brillaban con una intensidad aterradora.
Su respiración era pesada.
Durante un instante...
El dragón había estado a punto de tomar el control.
Alisa lo observó sorprendida.
—Arion...
Él caminó directamente hacia ella.
—¿Te hizo daño?
Ella negó con la cabeza.
—No...
Arion examinó cuidadosamente sus brazos para asegurarse de que no hubiera ninguna herida.
Solo cuando comprobó que estaba bien consiguió respirar con normalidad.
Sin decir una palabra más, tomó delicadamente la mano de Alisa.
—Nos vamos.
Ella asintió.
Y ambos abandonaron el callejón mientras los guardias imperiales acudían para auxiliar al príncipe.
Desde la sombra de un antiguo templo...
El Gran Oráculo había observado toda la escena.
Cuando Alisa pasó cerca de él, el anciano habló apenas en un susurro.
Solo ella logró escucharlo.
—No permitas que el príncipe cambie tu destino...
Alisa se detuvo.
—¿Perdón?
El anciano levantó lentamente la mirada.
Sus ojos parecían contener siglos de sabiduría.
—Confía en el dragón...
Aunque a veces su fuego te asuste.
Él jamás permitirá que caigas.
Antes de que pudiera hacer otra pregunta...
El anciano ya había desaparecido entre la multitud.
Aquella misma tarde...
Al regresar al Palacio Negro, una inesperada visitante aguardaba en el gran salón.
Vestía una túnica completamente blanca adornada con símbolos antiguos.
Su largo cabello plateado llegaba hasta la cintura.
En sus manos sostenía un báculo de cristal.
Los sirvientes inclinaron respetuosamente la cabeza.
—Bienvenida, Santa Pontífice Seraphine.
La máxima autoridad espiritual del Imperio sonrió con serenidad.
Sus ojos se posaron primero sobre Arion.
Después sobre Alisa.
Y una expresión imposible de descifrar cruzó fugazmente su rostro.
—Así que ustedes son la pareja de la que habla todo el continente...
Arion realizó una breve inclinación.
—¿A qué debemos su visita?
Seraphine respondió con calma.
—He venido porque los dioses comienzan a mover sus piezas.
Y ustedes dos...
Se encuentran en el centro del tablero.
Esa noche...
Inquieta por las palabras del Oráculo y de la Pontífice, Alisa regresó a la inmensa biblioteca.
Su mirada buscó de inmediato el misterioso libro blanco.
El mismo que, semanas atrás, había encontrado completamente vacío.
Lo tomó entre sus manos.
Lo abrió.
Y contuvo la respiración.
Las páginas ya no estaban en blanco.
Líneas de tinta negra aparecían lentamente ante sus ojos, como si alguien las estuviera escribiendo en ese mismo instante.
Con el corazón acelerado comenzó a leer.
"Cuando la Dama entregue su corazón al Dragón...
el sello comenzará a romperse.
El amor despertará un poder olvidado.
Pero antes de que la luna vuelva a teñirse de rojo...
uno de ellos deberá elegir entre el Imperio...
o la persona que ama."
Las manos de Alisa comenzaron a temblar.
Aquellas palabras no hablaban del pasado.
Hablaban de un futuro que aún no había ocurrido.
Y, por primera vez desde que llegó a ese mundo...
Sintió verdadero miedo de conocer el final de su propia historia.
Gracias autora /Heart//Rose//Heart/