En el reino de , una serie de secretos y decisiones prohibidas comienzan a sacudir los cimientos de la familia real. Lo que parece una vida perfecta dentro del palacio esconde amores imposibles, alianzas inesperadas y peligros que amenazan con cambiar el destino del reino para siempre.
Mientras las tensiones aumentan y un enemigo oculto mueve sus piezas desde las sombras, los miembros de la corona deberán enfrentarse a sus propios sentimientos, a las expectativas de la sociedad y a las consecuencias de sus elecciones.
Entre romance, intriga, traiciones, sacrificios y momentos inolvidables, Valdoria se convierte en el escenario de una historia donde el amor y el deber chocan constantemente, y donde una sola decisión puede cambiar el futuro de todos.
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Una familia rota
Después de recibir a los Montenegro, el ambiente en el castillo se volvió incómodo. Los sirvientes guiaron a Emilia e Isabella hasta las habitaciones destinadas para las invitadas mientras varios nobles murmuraban al verlas pasar.
—Todavía hablan de nosotros —dijo Isabella observando las miradas.
—Porque tu padre fue importante para el reino —respondió Emilia—. Aunque algunos quieran borrarlo de la historia.
Cuando llegaron a la habitación, Isabella se acercó a la ventana. Desde allí podía ver gran parte del palacio real.
—Ese hombre arruinó nuestra vida —murmuró refiriéndose al rey Alejandro.
—Y sigue siendo el rey —contestó Emilia seriamente—. Nunca olvides eso.
Mientras tanto, en el despacho real, Alejandro discutía con Arturo Belmonte.
—No me gusta que Isabella Montenegro esté aquí.
—Fue la reina quien insistió en la invitación.
El rey caminó molesto alrededor de la habitación.
—Ramiro sabía demasiadas cosas antes de morir.
Arturo bajó la voz.
—Han pasado muchos años, majestad.
—Los secretos nunca desaparecen.
En otra parte del castillo, Esteban entró al comedor buscando vino. Allí encontró a la reina Beatriz sentada sola.
—¿Ya comenzaste a coquetear con la invitada nueva? —preguntó ella sin mirarlo.
—¿Celosa, madre?
Beatriz soltó una risa fría.
—Solo me sorprende que una joven decente te soporte más de cinco minutos.
Esteban tomó una copa.
—No parece impresionada por ser príncipe.
—Quizá porque conoce mejor a esta familia que el resto del reino.
Las palabras llamaron la atención del joven.
—¿Qué quieres decir?
La reina finalmente lo miró.
—Nada. Solo ten cuidado con los Montenegro.
Antes de que Esteban pudiera preguntar más, Alejandro entró al comedor.
—Mañana asistirás conmigo a la reunión con los duques del norte —ordenó el rey.
—No quiero pasar horas escuchando políticos aburridos.
—No te estoy preguntando.
El príncipe rodó los ojos.
—Algún día deberías aceptar que nunca seré como tú.
El ambiente se tensó inmediatamente.
Alejandro dio un paso hacia él.
—Y deberías agradecerlo. No sabes el peso que tiene esta corona.
Beatriz observó la discusión en silencio, como si disfrutara el conflicto entre ambos.
Horas después, Isabella salió a recorrer los jardines del castillo. Necesitaba despejar su mente después del largo viaje.
Mientras caminaba cerca de las fuentes, escuchó pasos detrás de ella.
—Parece que el destino quiere seguir cruzándonos —dijo Esteban acercándose lentamente.
—O quizá usted no sabe cuándo dejar tranquila a una mujer.
El príncipe sonrió divertido.
—Debo admitir que eres más interesante que todas las personas de este castillo.
Isabella lo observó con desconfianza.
—Entonces tiene una vida bastante vacía, alteza.
Por primera vez en mucho tiempo, Esteban no supo qué responder.
Desde una de las ventanas del segundo piso, la reina Beatriz observaba discretamente a Esteban e Isabella en los jardines.
—Esto terminará mal —murmuró.
Muy cerca de ella, Alejandro apareció en silencio.
—¿Qué observas?
La reina sonrió con frialdad.
—El comienzo de nuevos problemas para esta familia.
Mientras Isabella regresaba al castillo, notó que un guardia la seguía discretamente seguro por orden del rey Alejandro. Los secretos comenzaban a rodearla cada vez más.