Carolina Ferreira creía haber encontrado el amor de su vida. Se casó llena de sueños e hizo todo lo posible para que el matrimonio funcionara. Pero, con el tiempo, empieza a sentir que algo no encaja. La distancia de Henrique Rodrigues no proviene solo de palabras duras, sino también del silencio, la frialdad y las ausencias nocturnas que hieren más que las peleas.
Henrique carga con un pasado que Carolina no conoce del todo y unas decisiones que nunca fueron realmente suyas. Mientras ella insiste en amar, él se cierra. Pero ningún corazón aguanta amar solo para siempre. Y cuando el sentimiento empieza a enfriarse, las consecuencias pueden ser irreversibles, y Henrique descubrirá que no se debe pisotear un corazón apasionado. Pero ¿será demasiado tarde?
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Capítulo 9
Carolina,
Iba a desistir de este matrimonio hoy mismo, ya que él piensa que me casé con él por interés, no hay motivos para que continuemos. Sin embargo, su madre vino a mí y me hizo desistir del divorcio. Sus palabras fueron sabias, si me voy ahora, él sabrá que venció, que tenía razón en todo, que solo me casé por dinero.
Fuera de eso, iba a sufrir mucho si no lo viera, y ese amor se convertiría en añoranza, y cada vez que lo viera en algún lugar, me quedaría recordando todo. Mejor continúo en el matrimonio, e irme desapegando solo de ver las cosas que él está haciendo conmigo. No hay amor que sobreviva a tanto desprecio.
Perdí la esperanza que tenía de que un día le gustara, lo que toca ahora, es que empiece a pensar en mi futuro, cómo será después de que me separe de él. Porque eso un día va a suceder con certeza.
Por la mañana, después del café seguimos para la cocina, para coger algunos guijarros para dejar en la mesa del área de ocio, ya que los camareros aún no han llegado. Pero, cuando doña Vera mira por la ventana, suelta una palabrota tan alta, que apuesto que todos los invitados oyeron.
Ella me arrastra hasta el portón, y solo cuando llegamos del lado de fuera, es que me doy cuenta de lo que está sucediendo. La novia de Henrique está aquí. La discusión de las dos es acalorada, pero yo no me meto, me quedo solo mirando para ver hasta dónde va a dar. Por estar ella con Henrique, yo no haré nada, pero si ella lastima a doña Vera, ahí sí voy a hacerla comer polvo directo de la fuente.
—Madre, para por favor. Entra, yo ya estoy yendo.
—No, tú vas a entrar ahora conmigo y con tu esposa.
—¿Qué esposa? —La rubia abre la boca, y como Henrique tiene la manía de siempre interrumpir mi diversión, creo que ahora es hora de revidar—. Ellos no tienen nada, duermen en cuartos separados. Si quiere un nieto, solamente yo podré dar a la señora.
—¿Quién dijo eso? —Digo y todos los tres miran para mí—. Henrique y yo dormimos juntitos todos los días. —Doña Vera sonríe, pero Henrique y la rubia parecen sorprendidos—. Ora, Henrique, ¿estás mintiendo para tu Amiga?
—¿Amiga? ¿Qué historia es esa Henrique?
—Ella está mintiendo, Tati. Yo nunca la toqué. —Él intenta justificarse con ella, pero ella no parece creer mucho en él.
—Antes de salir de casa, todos los días hacemos el amor. Él tiene un apetito y tanto. —Él mira para mí con tanto odio, que puedo ver chispas saliendo por los ojos—. Él me dijo que tú eras apenas amiga de escuela de él, nunca imaginé que serías amante. Eso es feo para una mujer, ¿no crees?
—¡CIERRA LA BOCA, CAROLINA! —Él grita impaciente, y doña Vera viene para mi lado—. Tati, eso no es verdad.
—Vámonos de aquí, vamos para casa. —Ella lo llama pegándole en el brazo. Pero doña Vera sostiene en el otro brazo y lo jala para nuestro lado.
—Tú no vas, Henrique. No vas a dejar a tu madre y a tu esposa aquí solas. Si te vas, olvídate que tienes madre.
—Si tú no vienes conmigo, me voy para Salvador y solo vuelvo de aquí a un mes. —Él parece dividido, mirando para la madre y para la amante.
Yo cruzo los brazos y suelto un suspiro, él mira para mí, como si esperara que yo suplique para que él se quede, pero yo no hago, apenas observo. Él cierra los ojos, mientras las dos jalan de él de un lado para el otro, hasta que él jala los brazos de las dos, y comienza a hablar.
—Vete para casa, Tati. Mañana yo voy allá a quedarme contigo así que salga de la fiesta.
—No me vas a encontrar. Tú hiciste tu elección. Hasta nunca más. —Ella entra en el carro y se va cantando neumáticos. Yo puedo no conseguir nada de Henrique, pero la madre de él tiene total dominio sobre él. Eso es bueno por un lado, principalmente porque ella está de mi lado.
—¿Están felices por eso? Madre, quiero hablar con mi "esposa" a solas.
—Está bien, no demoren en entrar, la fiesta ya comenzó. —Ella entra y Henrique se aproxima de mí como una fiera. Sostiene en mis brazos, y me empuja hasta una de las paredes prendiéndome entre ella y su cuerpo.
—¿Por qué mentiste? Yo nunca la toqué.
—Y ni me vas a tocar. Pero yo no podía dejar que ella me humillara de aquel modo, aún más en frente de tu madre. —Él aproxima el rostro del mío, quedando pocos sentimientos de besarme.
—Yo no la toco porque no quiero, porque sé que tú me quieres.
—Quería, ahora no quiero más. —Empujo el pecho de él para que se aleje—. Tú me tenías en tus manos, podrías hacer todo conmigo, pero preferiste el rechazo. Entonces, todo lo que yo sentía por ti acabó, si me tocas, será la última cosa a hacer en tu vida de mierda. —Paso por debajo de su brazo y entro en el sitio nuevamente. Ya él se queda allá parado como si estuviera procesando todo lo que yo hablé.
Yo aún lo amo mucho, aún siento mi corazón latir fuerte cuando él está cerca. Aún siento mariposas en la barriga cuando él me mira. Pero necesito ser fuerte, no puedo demostrar eso para él, o él va a continuar pisando en mí.
Así que llego en el área de ocio, quito la falda de mi cuerpo, y me lanzó dentro de la piscina. Mismo que haya sido para pelear conmigo, su aproximación me dejó un poco aturdida. Me recuerdo de haber despertado encima de él, abrazándolo como si fuera la cosa más linda del mundo.
Bajo mi cabeza en el agua, y me quedo por diez segundos hasta subir nuevamente. Cuando yo salgo, veo él del lado de la madre de él, ella dando un regaño y él mirándome con la cara seria. Viro la espalda y nado hasta el otro lado del borde, quiero más que él se explote.