Valentina Visconti nació para heredar un imperio, pero eligió salvar vidas antes que administrar fortunas. Renunció a su apellido, a su riqueza y al futuro que su familia había planeado para ella, convencida de que el amor debía elegirse, nunca negociarse.
Cuando la traición del hombre con quien soñaba casarse destruye todas sus certezas, un impulso desesperado la lleva a besar a un completo desconocido para escapar de su pasado.
Alessandro Moretti carga con el peso de uno de los apellidos más poderosos y temidos del país. Aunque ha construido su propio imperio lejos de la violencia y prefiere mantenerse fuera de los reflectores, el legado de su familia nunca deja de perseguirlo.
Lo que ninguno de los dos imagina es que ese encuentro cambiará sus vidas para siempre.
NovelToon tiene autorización de Liose Tess para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
24- hasta mañana
Cuando abandonaron la feria, el reloj ya se acercaba a las diez de la noche.
Las luces de los juegos comenzaban a apagarse poco a poco.
El parque seguía lleno de familias que aprovechaban los últimos minutos de la jornada.
Camila estiró los brazos.
—Creo que no caminaba tanto desde la universidad.
—Y eso que dijiste que solo íbamos a dar una vuelta.
Respondió Matteo.
—La culpa fue de Valentina.Quería ganar todos los juegos.
—¡Eso no es cierto!
Protestó Valentina abrazando con fuerza el enorme oso panda.
Alessandro levantó una ceja.
—¿No?
—No. Solo quería demostrar que ese puesto de dardos estaba arreglado.
Los cuatro comenzaron a reír.
Al llegar al estacionamiento, el BMW de Alessandro seguía exactamente donde lo habían dejado.
Él sacó las llaves del bolsillo y desbloqueó las puertas.
—Vamos. Las llevo a las dos.
Camila miró el asiento trasero.
Después los dos enormes peluches.
Luego volvió a mirar el automóvil.
Matteo carraspeó.
—Creo que eso será un poco complicado.
Los tres lo miraron.
Él señaló el interior del BMW.
—Entre nosotros cuatro y esos dos gigantes...
No creo que nadie viaje cómodo.
Camila soltó una risa.
—Tienes razón. Entonces pediré un taxi.
Sacó el teléfono del bolso.
Pero Matteo habló antes de que pudiera desbloquear la pantalla.
—Ni hablar.
Ella levantó la vista.
—¿Qué?
—No vas a ir sola en un taxi a esta hora.
Camila sonrió con diversión.
—¿Y cuál es tu solución?
—Yo te acompaño.
Ella permaneció unos segundos observándolo.
Después sonrió.
—Está bien. Acepto.
Matteo respiró aliviado sin darse cuenta.
Alessandro escondió una sonrisa.
Valentina observó a ambos sin decir nada.
Había algo distinto entre ellos.
Algo que apenas empezaba a notarse.
—Entonces nosotros nos vamos.
Dijo Alessandro mientras abría la puerta del conductor.
—Cuando lleguen a casa de Camila me escriben.
Matteo hizo un saludo militar exagerado.
—Sí, señor.
—Y procura no perderte.
—Eso pasó una sola vez.
Camila levantó una ceja.
—¿Una sola?
—Bueno... Quizá dos.
Los cuatro volvieron a reír.
Valentina abrazó el panda y lo coloco en el asiento de atrás antes de subir al automóvil.
—Buenas noches.
—Nos vemos el lunes.
Respondió Camila.
El BMW arrancó lentamente.
Matteo y Camila permanecieron de pie en la acera viendo cómo desaparecía al final de la avenida.
Cuando el automóvil dobló la esquina...
Los dos quedaron solos, permanecieron unos segundos en silencio.
Camila fue la primera en hablar.
—Bueno... Creo que ahora sí debemos pedir ese taxi.
Matteo asintió.
—Sí.
Sacó el teléfono y, en pocos segundos, solicitó uno.
Mientras esperaban, continuaron caminando lentamente por la acera.
—La pasé muy bien hoy.
Dijo Matteo.
Camila sonrió.
—Yo también. Hace tiempo que no me reía tanto.
Él soltó una pequeña risa.
—Aunque sigo sin superar a Alessandro cargando ese oso de peluche.
Camila estalló en carcajadas.
—¡Yo tampoco!
Creo que esa imagen vivirá gratis en mi cabeza por mucho tiempo.
Un automóvil amarillo se detuvo frente a ellos.
—Llegó.
Dijo Matteo mientras abría la puerta trasera.
—Después de usted, doctora.
Matteo hizo una pequeña reverencia exagerada.
—Qué caballero.
Los dos subieron al taxi.
Durante el trayecto siguieron conversando de cualquier cosa.
Del hospital.
De la feria.
De los intentos fallidos de Valentina con los dardos.
Y, por supuesto...
Del enorme oso de peluche de Alessandro.
El viaje se les hizo sorprendentemente corto.
El taxi se detuvo frente al edificio donde vivía Camila.
Ella pagó antes de que Matteo pudiera protestar.
—La próxima invitas tú.
Dijo sonriendo.
—Trato hecho.
Camila abrió la puerta.
Pero, justo antes de bajar, se volvió hacia él.
Lo observó unos segundos.
Matteo la miró con curiosidad.
—¿Qué pasa?
Ella sonrió.
Se inclinó despacio hacia él.
Y, antes de que Matteo pudiera entender qué estaba haciendo...
Depositó un beso breve sobre sus labios.
Fue apenas un roce.
Tan rápido... Que él ni siquiera alcanzó a reaccionar. Camila sonrió divertida.
Bajó del taxi. Cerró la puerta.
Y, antes de entrar al edificio, volvió a girarse.
Matteo seguía exactamente en la misma posición.
Con los ojos abiertos.
Completamente inmóvil.
Ella soltó una pequeña risa.
—Ahora sí... Te dejé sin palabras.
Le guiñó un ojo. Y desapareció por la entrada del edificio.
Solo cuando el taxi volvió a ponerse en marcha...
Matteo levantó lentamente dos dedos hasta sus labios.
Seguía sin creer lo que acababa de pasar.
El conductor lo miró por el retrovisor y sonrió con complicidad.
—Creo que la señorita sí lo dejó sin palabras.
Matteo dejó escapar una risa nerviosa.
—Sí... Creo que tiene razón.
El taxi se detuvo finalmente frente al edificio donde vivían Alessandro y Matteo.
Todavía con una sonrisa imposible de borrar, Matteo pagó el recorrido y subió al apartamento.
Abrió la puerta con cuidado.
—Ya llegué...
No obtuvo respuesta.
Frunció ligeramente el ceño.
Dejó las llaves sobre el recibidor y caminó hacia la sala.
Entonces lo vio.
Alessandro estaba recostado en el sofá.
En una mano sostenía un vaso de whisky.
Y, justo frente a él... Sobre la mesa de centro...
Descansaba el enorme oso de peluche que Valentina le había regalado.
Matteo tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no echarse a reír.
Se quedó observando la escena unos segundos.
Después habló con total seriedad.
—Creo que el oso ya te adoptó.
Alessandro levantó apenas la vista.
—Buenas noches.
—No cambies de tema.
Señaló el peluche.
—¿Piensas dormir con él o solo lo estás estudiando?
Alessandro tomó un pequeño sorbo de whisky.
—Estoy pensando dónde ponerlo.
—Ajá... Claro.
Matteo caminó lentamente alrededor de la mesa.
Observó el oso desde todos los ángulos.
—Nunca imaginé vivir para ver esto.
Alessandro dejó escapar un suspiro resignado.
—¿Quieres decir algo útil?
—Sí.
Matteo sonrió de oreja a oreja.
—Estás enamorado.
Alessandro soltó una risa incrédula.
—¿Por un peluche?
—No. Por la mujer que te lo regaló.
Hubo un breve silencio.
Alessandro giró el vaso lentamente entre los dedos.
—No confundas las cosas. Es solo un regalo.
—Claro... Y por eso lo trajiste hasta la sala en lugar de dejarlo en el carro.
Alessandro no respondió.
Matteo sonrió satisfecho.
Había dado en el blanco.
Se dejó caer en el sofá frente a él.
—Bueno... Ya que estamos hablando de regalos...
Yo también recibí uno esta noche.
Alessandro levantó una ceja.
—¿Ah, sí?
Matteo apoyó un dedo sobre sus propios labios.
Una sonrisa completamente distinta apareció en su rostro.
—Muchísimo mejor que un oso de peluche.
Alessandro lo miró unos segundos.
Y, por primera vez en toda la noche...
Sonrió con verdadera curiosidad.
—¿Qué hiciste ahora?
Matteo soltó una pequeña risa.
—Yo no hice nada... Fue Camila.
Alessandro dejó el vaso sobre la mesa.
—Habla.
Matteo respiró hondo. Todavía le costaba creerlo.
—Me besó.
Silencio.
Alessandro parpadeó una vez.
Luego otra. Y, finalmente...
Una sonrisa apareció lentamente en su rostro.
—Vaya... Parece que el único que salió ganando esta noche fuiste tú.
Matteo negó con una sonrisa.
—No estés tan seguro... Creo que a los dos nos fue bastante bien.
Considerando que lo tuyo es una farsa.
Alessandro soltó una pequeña risa.
—No empieces.
—¿Por qué? Es la verdad.
Lo mío fue un beso de verdad.
Lo tuyo...
Matteo señaló el enorme oso de peluche.
—...un oso.
Alessandro tomó nuevamente el vaso de whisky.
—Y aun así parece que te tiene bastante celoso.
—¿Celoso yo?
Matteo abrió mucho los ojos.
—Por favor... Yo ya pasé al siguiente nivel.
Tú todavía estás coleccionando peluches.
Alessandro negó divertido.
—Qué rápido cambiaste.
Hace una semana decías que Camila te parecía simpática. Ahora resulta que ya la besaste.
Matteo sonrió para sí.
—Ni yo sé cómo pasó.
Hubo un pequeño silencio.
Después añadió con una sinceridad que sorprendió incluso a Alessandro.
—Pero me gustó y Mucho.
Alessandro lo observó unos segundos.
—Me alegro por ti.
Matteo sonrió agradecido.
No era común que Alessandro hablara de sentimientos.
Por eso aquella frase valía más de lo que parecía.
Se acomodó mejor en el sofá.
—Ahora hablemos de ti.
—No.
—Sí.
—No.
—¿Te diste cuenta de que Valentina te regaló el oso que ella misma ganó?
Alessandro bajó la mirada hacia el peluche.
Una leve sonrisa apareció sin pedir permiso.
—Sí.
—Y tú le regalaste el panda.
—Ella quería ese panda.
—Exacto.
Matteo levantó un dedo.
—Ninguno de los dos estaba pensando en el premio. Estaban pensando en hacer feliz al otro.
Alessandro permaneció unos segundos en silencio.
Después bebió un poco de whisky.
—Estás leyendo demasiado entre líneas.
—¿Ah, sí?
Matteo se inclinó ligeramente hacia él.
—Entonces responde una sola pregunta.
—Depende.
—¿Por qué el oso está aquí... Y no guardado en tu habitación o en cualquier lugar?
Alessandro miró el enorme peluche.
Pensó unos segundos antes de responder.
—Porque... Hace mucho que nadie me regalaba algo.
La sonrisa de Matteo desapareció por completo.
No esperaba aquella respuesta.
Alessandro apoyó el vaso sobre la mesa.
—Normalmente, cuando alguien se me acerca...
Siempre espera algo de mí.
Un contrato.
Un favor.
Una inversión.
O mi apellido.
Miró nuevamente al oso.
—Ella solo quiso regalarme algo. Sin esperar nada a cambio.
El apartamento quedó en silencio.
Matteo comprendió entonces que Alessandro no estaba aferrándose a un peluche.
Se estaba aferrando al gesto. Porque, después de muchos años...
Alguien había pensado en él sin ningún interés oculto.
Matteo sonrió con sinceridad.
—Cuídalo.
Alessandro levantó la vista.
—¿Al oso?
—No... A la persona que te lo regaló.
Alessandro no respondió.
Solo volvió a mirar el peluche. Y, por primera vez en mucho tiempo... La idea de que alguien pudiera quererlo simplemente por ser Alessandro...
Le parecía mucho más valiosa que cualquier empresa o fortuna que pudiera llegar a tener.
Matteo primero, luego Giovanni y Lorenzo y los osos juntos esa química es indudable y ellos no quieren aceptar que están enamorados.
Alessandro no se imagina lo que la loca de Camila le dejo en su gaveta 🤣😂🤣😂
Quien secuestro a Valentina 🤔🤔🤔❓❓❓
Porque lo hizo de quien se quiere vengar 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Dónde está Lucia fue ella quien lo hizo o tuvo ayuda de alguien 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Alessandro ahora sí sacará a relucir su apellido Moretti a relucir y quien lo haya hecho se busco su muerte porque si no lo hace Alessandro lo hará el viejo Don Vittorio.
Valentina lo dejaste como novio de pueblo vestido y alborotado.
Hasta tu padre se dió cuenta que están perdidamente enamorados.
Bombón así necesito uno que me dé muchos regalos 🤣😂🤣😂
Es verdad lo que dice Camila ustedes dos ya no respetan el contrato eso ya pasó a hacer una relación verdadera besos, me quedo a dormir etcétera cuando darán el paso a sincerarse.