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Salvando Al Heredero

Salvando Al Heredero

Status: Terminada
Genre:Romance / Padre soltero / Hijo/a genio / Salvar al hijo enfermo / Completas
Popularitas:20.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

​Liam Volkov es un CEO implacable que cree que el dinero puede comprarlo todo, excepto la salud de su único heredero, el pequeño Ian, quien padece una enfermedad cardíaca degenerativa. Desesperado y tras haber despedido a diez especialistas, se cruza con la Dra. Elena Ríos, una cardióloga brillante, extrovertida y sin filtros que no le teme a sus gritos ni a su fortuna.
​Mientras la villana, Sabrina Valois (la ambiciosa prometida de Liam), planea la "muerte accidental" del niño para heredar la fortuna Volkov, Elena se convierte en el escudo de Ian. Pero en el proceso de salvar la vida del pequeño, Elena terminará operando el órgano más difícil de tratar: el corazón de piedra de su padre.

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Capitulo 13

​La mansión Volkov, a pesar de la luz que Elena intentaba filtrar por sus ventanas, seguía teniendo rincones donde las sombras parecían cobrar vida propia.

Tras el enfrentamiento en la cocina, el ambiente se había vuelto espeso, cargado de una calma artificial que a Elena le erizaba el vello de la nuca. Sabía que Sabrina no se quedaría de brazos cruzados; una mujer con ese nivel de narcisismo no aceptaba la humillación pública sin planear un contraataque.

​Esa tarde, aprovechando que Sabrina había salido supuestamente a una "tarde de té benéfico" y que Liam estaba encerrado en una videoconferencia internacional, Elena decidió seguir su corazonada. El instinto médico le decía que la prueba del sabotaje a Ian no estaba en la farmacia de la casa, sino en los aposentos personales de la futura señora de la casa.

​Con el corazón galopando contra sus costillas, Elena se deslizó por el pasillo del ala oeste. Entrar en la suite de Sabrina se sentía como invadir el nido de una cobra.

La habitación olía intensamente a un perfume floral empalagoso y caro, un aroma que a Elena le resultaba asfixiante. Todo era seda, espejos dorados y una pulcritud que rozaba lo enfermizo.

​Elena se dirigió directamente al tocador, un mueble de caoba blanca lleno de frascos de cristales tallados. Empezó a abrir cajones con manos enguantadas, con un sentimiento de culpa mezclado con una urgencia desesperada.

​—Tiene que estar aquí... —susurró, moviendo joyeros y cajas de maquillaje.

​En el fondo del tercer cajón, oculto tras una doble pared de terciopelo, sus dedos rozaron algo frío. Un pequeño frasco de vidrio ámbar, sin etiqueta comercial, pero con una pequeña marca roja en la tapa. Al abrirlo, el olor la golpeó: no era el aroma metálico de las vitaminas convencionales. Era un olor herbáceo, dulzón y penetrante. Elena vertió una cápsula en su mano. Era exactamente igual a las que Rosa había intentado tirar a la basura: el mismo color beige, la misma textura granulada.

​Un escalofrío de triunfo y horror recorrió su espalda. Lo tenía. No era una suposición; era la prueba física de que Sabrina estaba administrando un compuesto no autorizado que interactuaba con la digoxina de Ian, debilitando su músculo cardíaco día tras día. La rabia de Elena estalló: ¿cómo alguien podía mirar a un niño a los ojos y robarle el aliento por un puñado de acciones o una posición social?

​—¿Buscabas algo, doctora?

​La voz de Sabrina, fría como el filo de una navaja, cortó el silencio de la habitación.

​Elena se giró bruscamente, apretando el frasco en su mano. Sabrina estaba en el umbral, pero no lucía como alguien que acababa de llegar de un té benéfico. Su sonrisa era lenta, predatoria, y sus ojos brillaban con una malicia que Elena nunca había visto tan desatada.

​—Sabrina... esto es lo que le estás dando a Ian —dijo Elena, levantando el frasco—. Sé lo que es. Sé que esto es lo que está matando su corazón. Se acabó tu juego.

​Sabrina no se inmutó. No hubo miedo, ni ruego, ni negación. En su lugar, soltó una carcajada que resonó en las paredes de seda.

​—Pobre e ingenua Elena. ¿De verdad creíste que podrías entrar en mis aposentos y salir como si nada? —Sabrina dio un paso hacia ella, pero no para quitarle el frasco, sino para arrancarse de un tirón un collar de perlas que llevaba al cuello, esparciéndolas por el suelo con un estruendo seco—. ¡SEGURIDAD! ¡LIAM! ¡AUXILIO!

​El cambio de registro fue tan repentino que Elena se quedó paralizada. Sabrina empezó a desordenar su propio tocador, tirando perfumes y joyas al suelo, mientras gritaba con una desesperación fingida que habría envidiado cualquier actriz de drama.

​—¡Suéltame! ¡Ladrona! ¡Ayuda! —chillaba Sabrina, despeinándose el cabello con manos frenéticas.

​En menos de diez segundos, los pasos pesados de Liam retumbaron en el pasillo. Entró en la habitación como un vendaval, seguido por dos guardias de seguridad. Lo que vio lo dejó petrificado: su prometida sollozando en el suelo, rodeada de joyas esparcidas, y a Elena Ríos de pie junto al tocador, con un frasco en la mano y una expresión de shock.

​—¡Liam! —gritó Sabrina, gateando hacia él y abrazándose a sus piernas—. ¡La encontré robando mis joyas! Cuando intenté detenerla, me empujó... ¡Quería mis diamantes, Liam! ¡Mira lo que ha hecho!

​Liam miró a Sabrina, que temblaba con una maestría aterradora, y luego clavó sus ojos azules en Elena. Su mirada era una mezcla de confusión, decepción y una furia creciente. El hombre que ayer le había llevado café con ternura parecía haber sido reemplazado por un juez de hielo.

​—Elena... —la voz de Liam fue un latigazo—. ¿Qué haces en la habitación de Sabrina?

​—Liam, no es lo que parece —dijo Elena, intentando mantener la voz firme a pesar de que el corazón le martilleaba en los oídos—. No he tocado sus joyas. Vine aquí porque sabía que escondía esto.

​Elena levantó el frasco ámbar, pero Sabrina fue más rápida.

​—¡Es mentira! —chilló Sabrina—. ¡Eso es mío! Son mis sales de baño personalizadas. ¡Las tomó para esconder su robo! Liam, revisa su bolsillo, seguro tiene el broche de esmeraldas de mi abuela.

​Uno de los guardias, por orden silenciosa de Liam, se acercó a Elena. Ella no opuso resistencia, pero sus ojos estaban fijos en los de Liam, suplicándole que viera la verdad detrás de la puesta en escena. El guardia metió la mano en el bolsillo de la bata de Elena y sacó, efectivamente, un broche de esmeraldas que brillaba bajo la luz de la lámpara.

​Elena palideció. La trampa era perfecta. Sabrina lo había plantado en algún momento del forcejeo fingido o lo había dejado allí antes de entrar.

​—Yo no puse eso ahí —susurró Elena, sintiendo una náusea profunda—. Liam, mírame. Sabes que no soy una ladrona. Vine por el frasco. Analiza el contenido de este frasco y verás que tengo razón sobre Ian.

​Liam tomó el broche de manos del guardia, sus dedos apretando la joya con una fuerza que amenazaba con romperla. Se acercó a Elena, quedando a escasos centímetros de ella. El aire entre ambos, que antes estaba cargado de una atracción incipiente, ahora estaba saturado de traición.

​—Te di las llaves de mi casa, Elena —dijo Liam, su voz vibrando de una rabia contenida que daba más miedo que cualquier grito—. Te di mi confianza. Te permití estar cerca de mi hijo cuando nadie más podía. ¿Y me pagas entrando en la habitación de mi prometida a robar?

​—¡No estoy robando! —estalló Elena, las lágrimas de frustración empezando a nublar su vista—. ¡Estoy tratando de salvar a tu hijo de esta mujer! ¡Analiza el frasco, Liam! ¡Es lo único que te pido!

​Liam miró el frasco de vidrio ámbar que Elena sostenía. Sabrina, desde el suelo, sollozó más fuerte.

​—¡Dáselo, Liam! ¡Que se lleve sus "pruebas" imaginarias si eso la hace sentir mejor! ¡Pero que se vaya de esta casa! ¡Me ha atacado físicamente! —Sabrina mostró una marca roja en su muñeca, que ella misma se había provocado segundos antes.

​Liam tomó el frasco de la mano de Elena con un movimiento brusco. La miró por lo que pareció una eternidad, una lucha interna librándose tras sus ojos azules. Una parte de él quería creer en la mujer que cantaba canciones de cuna, pero los hechos frente a él eran devastadores: ella estaba en una habitación prohibida, con joyas robadas en su bolsillo y una víctima llorando a sus pies.

​—Fuera —dijo Liam, su voz era un susurro gélido—. Guardias, llévenla a su habitación. Que no salga de allí hasta que yo decida qué cargos presentar.

​—Liam, por favor... —suplicó Elena, sintiendo que el mundo se desmoronaba—. No dejes que ella gane. No por mí, sino por Ian.

​—¡HE DICHO QUE FUERA! —rugió Liam, perdiendo por fin los estribos.

​Los guardias tomaron a Elena por los brazos. Ella no luchó, pero mientras la sacaban de la habitación, su mirada se cruzó con la de Sabrina. La villana, oculta en el pecho de Liam, le dedicó una sonrisa gélida y triunfal. Había logrado lo imposible: convertir a la salvadora en criminal a los ojos del hombre que empezaba a amarla.

​Elena fue encerrada en su cuarto, escuchando el sonido de la llave girar en la cerradura. Se dejó caer contra la puerta, abrazándose las rodillas. Tenía el frasco en su mente, pero Liam lo tenía ahora en sus manos. La pregunta era: ¿lo analizaría con la mente de un padre desesperado, o lo tiraría a la basura siguiendo el consejo de una mujer que acababa de escenificar el robo del siglo?

​En la suite principal, Liam sostenía el frasco ámbar, mirando a Sabrina que seguía aferrada a él. El broche de esmeraldas quemaba en su bolsillo. Se sentía vacío, traicionado en un nivel que no podía explicar. Sin embargo, mientras acariciaba el cabello de su prometida para calmarla, su mirada volvió al pequeño frasco de vidrio. Un eco de la voz de Elena, desesperada y honesta, resonó en su cabeza: "Analiza el contenido".

​La trampa de las vitaminas se había cerrado, pero en el corazón de Liam Volkov, la semilla de la duda, aunque enterrada bajo el peso de la evidencia, se negaba a morir.

1
Melisuga
Es una linda historia.
😍😍😍
Melisuga
¿Está embarazada?
😃
Melisuga
¿El mayordomo también es de apellido Petrov?
😳😳😳
Melisuga
No sé de dónde saca Ian que el olor a limón es malo. 🤔
Melisuga
Espero que Ian esté mencionando a Petrov porque no sabe que fue despedido y no porque Liam lo dejó trabajando con él a pesar de su traición.
Melisuga
¡Bien por Elena!
👏🏼👏🏼👏🏼
Demuestra que es una persona fiel a sus principios y a sí misma.
Melisuga
¡Calladita te ves más bonita, Sabrina! Estás poniendo más clavos en el ataúd de tu familia con semejante confesión.
Melisuga
¡Qué horror!
😱😱😱
Maritza Suarez
👍
Melisuga
Ya me extrañaba que Liam fuera desfalcado por Sabrina de esa manera tan burda.
Melisuga
¿Liam no tiene también una empresa de ciberseguridad?
Melisuga
¿Pero a Sabrina no se la habían llevado presa del hospital?
Melisuga
O sea, ¿No usaron el quirófano con los monitores manipulados para el engaño? Espero que así haya sido.
Melisuga
Espero que también cambie el quirófano al que llevará a Ian.
Melisuga
Debió mandarle el audio a Liam sin decirle a Sabrina que lo había grabado. 🤷🏻‍♀️
Melisuga
Quiero creer que todo es un montaje de Liam para que Sabrina se confíe. Caso contrario, ¡Que se vaya al mismísimo infierno Liam por estúpido, imbécil, prepotente y soberbio!
🤬🤬🤬
Melisuga
Liam no es más tonto porque no practica. ¿Desde cuándo Elena conoce sus secretos industriales? Pero aún, ¿Cómo es capaz de equiparar la salud de su hijo a sus empresas? Realmente, Elena merece salvar a Ian y luego seguir su vida y encontrar un hombre que la valore y ame sin secretos ni desconfianza. Si al final de la novela se queda con Liam, me entristecerá muchísimo su perdida de dignidad y amor propio.
Melisuga
No pueden salirle mal las cosas a Elena. Es entendible que aparezcan imprevistos en el transoperatorio pero, por favor, estimada escritora, que no pase a mayores.
Melisuga
Espero que revise su maletín antes de salir. Es algo que hace cualquier profesional de la salud cuando va a enfrentarse a cualquier situación: verificar sus herramientas y suministros.
Melisuga
Espero que ocurra algún imprevisto de último minuto que impida que logren llevar a cabo tan maquiavélico plan.
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