En su vida pasada, Camila era una científica obsesionada con descubrir los secretos de la naturaleza. Ahora ha reencarnado como Xenia, una joven noble en un mundo lleno de magia… y para ella eso solo significa una cosa: nuevos experimentos.
Decidida a entender y dominar la magia como si fuera ciencia, convierte su vida en un laboratorio, creando pociones cada vez más imposibles y peligrosas.
Pero cuando el príncipe del reino empieza a aparecer constantemente en su laboratorio, Xenia descubre que, además de la magia, hay otro fenómeno que no logra explicar del todo: por qué el príncipe parece cada vez más interesado en ella… mientras ella solo piensa en su próximo experimento.
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Capítulo 3
Durante los días siguientes, Xenia prácticamente comenzó a adueñarse de la cocina de la mansión Edevane.
Bueno… siempre y cuando estuviera vacía.
Las cocineras ya habían aprendido que, si Lady Xenia aparecía cargando frascos, hierbas y pequeños recipientes de vidrio, era mejor abandonar el lugar antes de que algo explotara accidentalmente.
Y sinceramente, considerando que dos veces había llenado la cocina de humo rosado, no podían culparlas.
Aquella mañana, Xenia se encontraba mezclando cuidadosamente una crema espesa dentro de un pequeño recipiente de porcelana mientras Jane observaba fascinada desde un lado.
—¿Y eso qué hará, señorita?
—Suavizar el cabello —respondió Xenia sin apartar la vista de la mezcla—. El aceite de lirio lunar hidrata bastante bien, pero si se mezcla con demasiada esencia solar puede resecar las puntas… así que estoy intentando estabilizarlo.
Jane claramente no entendió ni la mitad de lo que dijo.
Pero igual asintió impresionada.
La crema terminó siendo un éxito absoluto.
Cordelis prácticamente le exigió un recipiente apenas la probó, y dos días después las doncellas no dejaban de tocarse el cabello diciendo que se sentía “como seda”.
Luego Xenia creó un brillo labial usando miel cristalizada y extracto de flores rosadas, el cual dejaba un leve brillo natural sobre los labios y además olía increíblemente bien.
Las doncellas estaban completamente convencidas de que Lady Xenia era una genio.
Xenia, en cambio, solo pensaba que aquel mundo estaba peligrosamente atrasado en cosmética básica.
Actualmente se encontraba terminando otro experimento cuando escuchó unos suaves golpes en la puerta.
El mayordomo apareció poco después inclinando ligeramente la cabeza.
—Lady Xenia, el duque desea verla en la sala principal.
Xenia dejó lentamente el pequeño frasco que tenía entre las manos.
—¿Mi padre?
El hombre asintió.
Curiosa, se limpió rápidamente las manos antes de salir de la cocina y dirigirse hacia la sala donde Viktor la esperaba.
El duque estaba de pie junto a una de las ventanas con la misma expresión seria de siempre. Incluso quieto imponía presencia.
—Padre, ¿me mandó a llamar?
Viktor levantó la vista hacia ella.
—Ven. Acompáñame.
Eso fue todo lo que dijo antes de comenzar a caminar.
Xenia frunció ligeramente el ceño, confundida, aunque terminó siguiéndolo en silencio. Salieron de la mansión principal y caminaron varios minutos por uno de los senderos de piedra rodeados de jardines hasta llegar a una pequeña construcción apartada cerca de la parte trasera de la propiedad.
Parecía una pequeña casa independiente.
Viktor abrió la puerta y luego la miró brevemente.
—Entra.
Xenia obedeció.
Y apenas cruzó la puerta… se quedó inmóvil.
La habitación era amplia y estaba perfectamente organizada. Había mesas largas de trabajo, estanterías vacías, recipientes de vidrio, cajones para almacenar ingredientes, pequeñas herramientas de alquimia, espacio suficiente para libros y hasta varias ventanas grandes que dejaban entrar luz natural.
En una esquina ya habían colocado distintas hierbas secándose cuidadosamente.
Todo estaba limpio.
Ordenado.
Preparado.
Como si alguien hubiera construido aquel lugar específicamente para ella.
Xenia giró lentamente el rostro hacia Viktor, incapaz de ocultar la sorpresa en sus ojos.
—Ahora puedes hacer tus experimentos aquí —dijo él con calma—. Ya no tendrás que ocupar la cocina principal.
Por un momento, Xenia simplemente lo miró.
Sintió el corazón acelerarse de una forma extraña.
Porque nadie en su vida pasada había hecho algo así por ella.
Nunca.
—¿De verdad…? —preguntó casi sin creerlo—. ¿Es para mí?
Viktor asintió.
Y antes de que pudiera detenerse a pensar demasiado, Xenia avanzó rápidamente hacia él y lo abrazó.
El duque claramente no esperaba aquello.
Su cuerpo se tensó apenas por la sorpresa mientras Xenia lo sujetaba con fuerza.
—¡Gracias! —dijo ella con una emoción completamente genuina—. Muchas gracias, padre.
Viktor permaneció quieto unos segundos antes de finalmente apoyar una mano sobre la cabeza de su hija de forma algo torpe.
—…Solo intenta no hacer explotar la mansión.
Xenia soltó una pequeña risa antes de separarse rápidamente.
Después de eso comenzó a recorrer el lugar casi con brillo en los ojos, observando cada rincón con emoción creciente.
Hacían falta muchas cosas.
Demasiadas.
Pero eso no era un problema.
Ella misma las diseñaría.
Algunas herramientas aún ni siquiera existían en ese mundo, pero justamente eso era lo emocionante. Podía crearlas desde cero, mejorarlas y convertir aquel lugar en un verdadero laboratorio.
Su laboratorio.
Varios días después, Xenia se encontraba dentro de un elegante carruaje junto a Cordelis mientras observaba distraídamente el paisaje que avanzaba tras la ventana.
Sinceramente, todavía no entendía del todo cómo había terminado en aquella situación.
Todo había comenzado durante una de las interminables reuniones de té de las nobles, a las cuales Cordelis asistía religiosamente. Según había escuchado de las doncellas, la duquesa Edevane había provocado bastante revuelo aquella tarde.
Y honestamente… no era para menos.
Su cabello lucía absurdamente brillante y sedoso gracias a la crema que Xenia había preparado, mientras que su piel parecía más luminosa y suave que nunca. Varias damas incluso llegaron a preguntarle en secreto si había conseguido algún artefacto mágico de rejuvenecimiento.
Cordelis, completamente orgullosa, no tardó ni un segundo en responder:
—Mi hija Xenia hizo todo esto.
Y aparentemente eso había sido suficiente para despertar el interés de alguien mucho más importante.
La reina.
Así que ahora ahí estaban.
De camino al palacio real.
Xenia soltó un pequeño suspiro apoyando el mentón sobre su mano mientras el carruaje avanzaba.
—¿Tengo que ir realmente?
Cordelis la miró inmediatamente.
—Por supuesto que sí. Su Majestad pidió conocerte personalmente.
Eso no tranquilizó a Xenia en absoluto.
—Eso suena problemático.
La duquesa soltó una suave risa.
—Xenia, deja de actuar como si fueras camino a una ejecución.
La joven no respondió.
Porque honestamente preferiría mil veces estar en su laboratorio mezclando sustancias peligrosas antes que asistir a reuniones sociales llenas de nobles.
Actualmente llevaba un vestido elegante color vino oscuro con delicados bordados dorados que hacían resaltar aún más sus ojos claros y su cabello borgoña corto. Cordelis prácticamente había obligado a varias doncellas a arreglarla apropiadamente para la ocasión.
Aunque, sorprendentemente, Xenia no lucía incómoda.
Su belleza era demasiado llamativa incluso cuando permanecía completamente seria.
—Recuerda comportarte apropiadamente frente a la familia real —dijo Cordelis acomodándole apenas un mechón de cabello—. Y por favor intenta no hablar de explosiones, venenos o experimentos extraños.
Xenia parpadeó lentamente.
—…No prometo nada.
—Xenia.
—Estoy siendo honesta.
Cordelis soltó otro suspiro resignado.
El carruaje finalmente atravesó las enormes puertas del palacio real de Virelune, avanzando por un amplio camino rodeado de jardines perfectamente cuidados y fuentes de mármol blanco que brillaban bajo la luz del sol.
Xenia observó el lugar con curiosidad silenciosa.
Era enorme.
Ridículamente enorme.
La mansión Edevane ya era impresionante, pero aquello estaba en otro nivel completamente distinto.
Cuando el carruaje finalmente se detuvo, varios sirvientes se acercaron inmediatamente para abrir las puertas.
Cordelis descendió primero con absoluta elegancia antes de girarse hacia su hija.
—Ven.
Xenia tomó su mano y bajó del carruaje.
Y apenas puso un pie frente al palacio…
Sintió varias miradas sobre ella.
Sirvientes.
Caballeros.
Nobles cercanos.
Todos parecían ligeramente sorprendidos al verla.
Porque los rumores sobre Lady Xenia Edevane ya se habían extendido bastante.
La extraña hija del duque.
La joven que había cambiado completamente después de su accidente.
La noble que fabricaba productos milagrosos usando alquimia.
Y también…
La dama que se había cortado el cabello escandalosamente corto.
Xenia ignoró completamente las miradas mientras avanzaba junto a Cordelis por los enormes pasillos del palacio.
Aunque, muy en el fondo, una extraña sensación comenzó a crecer dentro de ella.
Como si algo estuviera a punto de complicarle muchísimo la vida.
***Los Edevane***:

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