Sangre y Cenizas
"Te mataría si pudiera dejar de amarte"
Maya es cazadora de vampiros. Lucien es el vampiro que debería haber
muerto hace años.
Entre encuentros clandestinos y besos prohibidos, descubren que existe
un amor más peligroso que cualquier arma: uno que te envenena desde
adentro, que te hace traicionar todo lo que eres, y que solo termina
de una manera.
En la oscuridad, donde el bien y el mal se desdibujan, dos almas
rotas aprenderán que algunos fuegos nunca deberían encenderse.
Pero algunos ya arden.
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CAPÍTULO 14: En la Oscuridad del Sacrificio
Maya pasó la noche en las calles de la ciudad, caminando sin rumbo, su mente dando vueltas.
Lucien se había sacrificado por ella. Había aceptado ser esclavo de Seraphine, había aceptado perder su libertad, con tal de que ella estuviera segura. Y ella no podía hacer nada al respecto. Se sentía impotente, rota, como si una parte de ella hubiera sido arrancada.
Alrededor de las tres de la mañana, recibió un mensaje de texto de Viktor:
"Necesitamos hablar. Voy por ti. - V"
Treinta minutos después, Viktor la estaba llevando en su auto a un lugar que Maya no reconocía. Era un edificio abandonado en el barrio industrial, lejos de cualquier testigo.
—¿Qué quieres? —preguntó Maya cuando entraron—. ¿Vienes a convencerme de que Seraphine está en lo correcto? ¿Que sacrificar a Lucien es por el bien mayor?
—No —respondió Viktor, encendiendo una lámpara que iluminó una habitación llena de documentos antiguos, mapas, símbolos—. Vengo a decirte que Seraphine mintió.
Maya se giró hacia él.
—¿Qué?
—Seraphine mintió —repitió Viktor—. Cuando juró que no te tocaría, mintió. Los vampiros antiguos pueden jurar por su antigüedad, pero pueden romper ese juramento si el poder que ganan es lo suficientemente grande.
—¿Qué estás diciendo? —preguntó Maya, sintiendo que el pánico se apoderaba de ella.
—Estoy diciendo que Seraphine va a convertirte en vampiro —dijo Viktor—. No inmediatamente, pero lo hará. Porque sabe que eres la forma de controlar a Lucien. Porque sabe que si te convierte, él hará cualquier cosa que ella quiera.
Maya se sentó, sintiéndose como si el mundo se estuviera desmoronando.
—¿Cómo sabes esto?
—Porque he vivido trescientos años, Maya —respondió Viktor—. Porque he visto a Seraphine trabajar antes. Porque conozco sus métodos, sus trucos, sus mentiras. —Se acercó a ella—. Y porque necesito tu ayuda para detenerla.
—¿Mi ayuda? —preguntó Maya—. ¿Qué puedo hacer yo? Soy solo una cazadora. Soy solo una humana. No tengo poder.
—Tienes algo mejor que poder —respondió Viktor—. Tienes acceso. Tienes la confianza de los cazadores. Y tienes a tu padre.
—Mi padre me echó de la casa —dijo Maya—. Me dijo que si volvía, me mataría.
—Pero aún te ama —respondió Viktor—. Y si le dices la verdad sobre Catherine, sobre Seraphine, sobre todo lo que está sucediendo, creo que hará lo correcto.
Viktor caminó hacia una mesa y abrió un mapa de la ciudad.
—Seraphine va a llevar a Lucien a un lugar específico —continuó—. Un lugar donde hay poder antiguo. Un lugar donde puede hacer que componga la sinfonía sin ser interrumpido. Ese lugar es la catedral abandonada en las afueras de la ciudad.
Señaló un punto en el mapa.
—¿Cuándo? —preguntó Maya.
—En tres días —respondió Viktor—. Seraphine necesita tiempo para preparar los rituales. Necesita tiempo para establecer los símbolos de poder. En tres días, comenzará el proceso de conversión de Lucien. En tres días, lo convertirá completamente en su esclavo.
—¿Y qué sucede entonces? —preguntó Maya.
—Entonces, Lucien compondrá la sinfonía —respondió Viktor—. Y cuando la sinfonía esté completa, Seraphine la tocará en cada ciudad del mundo simultáneamente. Y todos los vampiros del planeta serán controlados. Y todos los humanos se convertirán en esclavos.
Maya sintió que la rabia la consumía.
—¿Cómo podemos detenerla?
Viktor sonrió.
—Matándola. Y la única forma de hacerlo es durante el ritual. Cuando esté enfocada en convertir a Lucien, será vulnerable. Ese es nuestro momento.
Maya pasó todo el día siguiente planeando.
Fue a la universidad como si nada hubiera pasado. Asistió a sus clases, tomó apuntes, fingió ser una estudiante normal. Pero en su mente, estaba planeando una guerra.
Esa noche, fue a la casa de su padre.
Thomas no quería dejarla entrar. Estaba en la puerta, bloqueando su camino, sus ojos grises fríos como el acero.
—Dije que no volviera —gruñó.
—Papá, por favor —suplicó Maya—. Necesito hablar contigo. Es sobre Catherine. Es sobre todo.
Thomas dudó, pero finalmente se hizo a un lado.
Adentro de la casa, Maya le contó todo. Le contó sobre Catherine trabajando para Seraphine durante diez años. Le contó sobre el plan para controlar a todos los vampiros del mundo. Le contó sobre Lucien sacrificándose para salvarla.
Thomas la escuchó en silencio, su rostro endureciéndose con cada palabra.
Cuando terminó, Thomas se levantó y caminó hacia el sótano.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó Maya.
—Preparándome para la guerra —respondió Thomas—. Porque si lo que dices es verdad, entonces Catherine es una traidora. Y una traidora debe ser juzgada.
Se giró hacia Maya.
—¿Estás segura de esto? ¿Completamente segura?
—Sí —respondió Maya—. Lo vi con mis propios ojos. Escuché con mis propios oídos.
Thomas asintió lentamente.
—Entonces nos prepararemos. Reuniré a los cazadores. Haremos un plan. Y vamos a detener a Seraphine antes de que sea demasiado tarde.
—Hay algo más —dijo Maya—. Lucien está siendo llevado a la catedral abandonada en las afueras de la ciudad. En tres días, Seraphine va a convertirlo completamente en su esclavo. Tenemos que atacar antes de que eso suceda.
—¿Tres días? —preguntó Thomas—. Eso es poco tiempo.
—Es el único tiempo que tenemos —respondió Maya.
Thomas caminó hacia una pared donde había un arsenal de armas. Cuchillos de plata, estacas de fresno, frascos de agua bendita, símbolos de protección.
—Entonces tenemos trabajo que hacer —dijo.
Los siguientes dos días fueron un caos controlado.
Thomas reunió a todos los cazadores que pudo encontrar. Había aproximadamente cincuenta en total, todos armados, todos listos para luchar. Maya trabajó con ellos, ayudando a planificar la estrategia, ayudando a preparar las armas.
Pero todo el tiempo, estaba pensando en Lucien. ¿Dónde estaba? ¿Qué le estaba haciendo Seraphine? ¿Estaba sufriendo?
La noche antes del ataque, Maya no pudo dormir.
Se fue a la azotea de su apartamento y se sentó bajo las estrellas, observando la ciudad que se extendía bajo sus pies.
Recibió un mensaje de texto. Era de un número desconocido, pero sabía quién era.
"Mi amor,
No sé si alguna vez leerás esto. No sé si sobreviviré a lo que está por venir. Pero necesitaba escribirte, necesitaba que supieras que cada momento contigo fue real. Cada beso, cada caricia, cada palabra que te dije fue verdad.
Te amo, Maya. Y si debo morir para salvarte, entonces muero feliz.
Lucien"
Maya lloró, sus lágrimas cayendo como lluvia sobre la ciudad dormida.
Luego escribió una respuesta:
"Mi amor,
No voy a permitir que mueras. No voy a permitir que Seraphine te tome. Voy a venir por ti. Voy a sacarte de allí. Y vamos a escapar juntos, al final del mundo si es necesario.
Te amo. Y no voy a dejarte ir.
Maya"
Envió el mensaje, aunque no sabía si Lucien lo recibiría.
A la mañana siguiente, Maya se despertó con el sonido de su teléfono sonando.
Era Thomas.
—Es hora —dijo simplemente—. Todos están listos. Nos vemos en el punto de encuentro en una hora.
Maya se levantó, se vistió, y se preparó para la batalla.
Se puso su uniforme de cazadora, los cuchillos de plata en sus muslos, el agua bendita en su mochila. Se miró en el espejo y vio a alguien que no reconocía. Vio a una mujer que estaba lista para ir a la guerra. Vio a una mujer que estaba lista para morir.
Cuando llegó al punto de encuentro, había cazadores por todas partes. Estaban en formaciones, verificando sus armas, preparándose mentalmente para lo que estaba por venir.
Viktor estaba allí también, con sus vampiros. Eran una alianza extraña, cazadores y vampiros trabajando juntos, pero en ese momento, no había opción. Tenían un enemigo común.
Thomas se acercó a Maya.
—¿Estás lista? —preguntó.
—No —respondió Maya honestamente—. Pero vamos de todas formas.
Thomas asintió.
—Entonces vamos a ir a la catedral. Vamos a enfrentar a Seraphine. Y vamos a salvar a Lucien. Cueste lo que cueste.
Se giró hacia los cazadores y vampiros reunidos.
—¡Hoy, luchamos! —gritó—. ¡Hoy, defendemos nuestro mundo! ¡Hoy, nos negamos a ser esclavos!
Un rugido de aprobación resonó entre la multitud.
Y luego, se movieron como una sola unidad, dirigiéndose hacia la catedral abandonada.