⚠️🔞🔥La historia sigue a Tae-jun y Min-hyuk, los dos máximos herederos de las corporaciones tecnológicas más grandes del país, quienes están atrapados en una feroz disputa comercial por el control del mercado. Sin embargo, al encontrarse frente a frente, la rivalidad profesional se deforma de inmediato bajo el peso de una atracción animal asfixiante. Desafiando las leyes tradicionales del sistema, donde los Alfas dominantes deben buscar compañeros sumisos, estos dos predadores deciden romper las reglas de su sociedad para entregarse en secreto a un adictivo juego de poder y versatilidad dentro de un refugio clandestino. Entre marcas prohibidas, espionaje familiar y sacrificios corporativos, ambos deberán unirse para defender su nido de las bajas pasiones que intentan destruirlos.🔥🔞⚠️
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El juego
El piso veinticinco de la Torre Corporativa Kim se sentía como una nevera de cristal. El aire acondicionado zumbaba con suavidad, pero no lograba disipar el calor sofocante que comenzaba a acumularse en el ambiente. Frente al enorme ventanal que mostraba los rascacielos de la ciudad bajo un cielo gris de tormenta, Tae-jun se ajustaba los puños de su camisa negra.
Tae-jun era un Alfa que no pasaba desapercibido. Su rostro tenía facciones afiladas, casi felinas, con unos labios carnosos que siempre parecían curvarse en una mueca de superioridad. Llevaba el cabello largo, de un negro azabache, sujeto en una media coleta que dejaba al descubierto su cuello pálido y la línea perfecta de su mandíbula. Su cuerpo era alto y estilizado, pero bajo el traje de diseñador a la medida se escondían unos hombros anchos y una musculatura fibrosa, entrenada para matar o para someter.
Él sabía lo que valía. Sabía que su sola presencia hacía que los Omegas bajaran la mirada y que otros Alfas apretaran los puños por puro instinto de competencia. De su piel emanaba constantemente un rastro sutil de su aroma: madera fina, tabaco dulce y un fondo penetrante de cereza negra. Era un perfume elegante, caro, pero tan denso que podía asfixiar a cualquiera que intentara desafiarlo.
—La junta comenzará en cinco minutos, señor —anunció su secretario por el intercomunicador, con la voz temblorosa—. Los representantes del Grupo Min ya están ingresando al edificio.
Tae-jun no respondió. Solo sonrió de lado, mostrando una frialdad letal. Hoy era el día. Su familia llevaba meses compitiendo por un contrato millonario de fusión tecnológica, y el único obstáculo en su camino era el primogénito del clan rival.
Cuando Tae-jun entró a la sala de juntas, el ambiente ya estaba cargado de tensión. Los directivos de ambos bandos ocupaban sus asientos en la mesa de cristal oscuro, pero el asiento principal del lado contrario seguía vacío. Tae-jun caminó con paso elegante y seguro, sentándose en su lugar con la espalda recta. Cruzó las piernas, apoyó los brazos en la mesa y esperó.
Entonces, las puertas dobles se abrieron de par en par.
El aire de la habitación cambió en un en menos de un segundo. No fue un cambio sutil; fue como un golpe en el pecho. Las feromonas de un Alfa dominante extranjero inundaron el espacio con una violencia salvaje. Era un olor a tormenta eléctrica, a mar salado y a cedro amargo. Un aroma puramente masculino, territorial y aplastante.
Min-hyuk entró a la sala.
Si Tae-jun era la definición de la elegancia felina, Min-hyuk era la fuerza bruta corporativa. Era notablemente alto, con una espalda imponente y un pecho amplio que llenaba a la perfección su traje gris oscuro. Su cabello corto y texturizado revelaba una frente despejada y unas cejas pobladas que se juntaban en una expresión de arrogancia pura. Tenía una mandíbula cuadrada, marcada, y una pequeña cicatriz sutil cerca de la ceja derecha que le daba un aire peligroso, como el de un lobo que ha sobrevivido a mil batallas.
Los ojos de Min-hyuk, oscuros y profundos, barrieron la sala hasta clavarse directamente en Tae-jun.
Ninguno de los dos parpadeó. Ninguno de los dos bajó la cabeza.
En el mundo, cuando dos Alfas dominantes de ese calibre se encontraban en el mismo espacio, el instinto básico dictaba una sola cosa: pelear por el territorio. Las feromonas de ambos comenzaron a chocar en el centro de la sala como dos olas gigantescas. El tabaco dulce y la cereza negra de Tae-jun se envolvieron ferozmente con la tormenta y el cedro amargo de Min-hyuk.
Los secretarios y directivos de menor rango, especialmente los Betas, comenzaron a sudar frío. El aire se volvió tan espeso que costaba respirar. Los instintos de los presentes les gritaban que salieran huyendo de ahí antes de que los dos depredadores se despedazaran.
Min-hyuk caminó despacio, manteniendo la mirada fija en Tae-jun. Sus pasos eran pesados, seguros. Rodeó la mesa y se sentó justo enfrente de él. Las manos de Min-hyuk eran grandes, con venas marcadas que subían por sus muñecas, ocultándose bajo las mangas de su camisa. Apoyó los codos en la mesa, entrelazó sus dedos y clavó sus ojos en el rostro de Tae-jun.
—Buenas tardes —dijo Min-hyuk. Su voz era una vibración tan baja que pareció retumbar en las paredes de la sala y en la boca del estómago de Tae-jun.
—Llegas tarde —respondió Tae-jun, con una voz suave, sibilante y cargada de veneno, pero sin perder un ápice de su compostura elegante.
—El tráfico de la ciudad es difícil. Pero siempre llego justo a tiempo para lo que me interesa —replicó Min-hyuk, con una sonrisa ladeada que encendió una chispa de furia en los ojos felinos del pálido Alfa.
La reunión comenzó, pero nadie estaba prestando verdadera atención a los gráficos de la pantalla ni a las proyecciones financieras. La verdadera batalla se libraba debajo de la mesa, en el intercambio invisible de sus feromonas.
Tae-jun envió una ráfaga concentrada de su aroma a cereza negra, una orden silenciosa de sumisión que habría puesto de rodillas a cualquier otro Alfa. Sin embargo, Min-hyuk ni siquiera se inmutó. Al contrario, el aroma a tormenta eléctrica de Min-hyuk se intensificó, expandiéndose por la mesa como un desafío directo. Era como si le dijera: Inténtalo si puedes.
A lo largo de las dos horas que duró la presentación, el roce de sus miradas fue constante. Cuando Tae-jun hablaba, exponiendo los puntos fuertes de su empresa con una inteligencia afilada, Min-hyuk lo observaba con atención devoradora. No miraba los papeles; miraba el movimiento de los labios carnosos de Tae-jun, la forma en que su cuello se movía al pasar saliva, y la fiera luz de sus ojos oscuros.
Tae-jun, por su parte, sentía la piel erizada. Su instinto de Alfa estaba en alerta máxima, pero no era solo ira lo que sentía. Había algo más. Algo oscuro, caliente y prohibido que comenzaba a ramificarse por sus venas. El olor de Min-hyuk, ese cedro amargo y mar salado, se le estaba metiendo por la nariz de una forma adictiva. En lugar de repelerlo, su cuerpo experimentaba una extraña y peligrosa necesidad de acercarse más para olerlo directamente de la fuente.
Era una locura. Dos Alfas no debían sentirse atraídos de esa manera. El orden natural exigía que buscaran un Omega sumiso, alguien a quien reclamar y proteger. Pero el calor que se acumulaba entre ellos dos no tenía nada que ver con el orden natural. Era el choque de dos fuerzas iguales que querían destruirse... o consumirse mutuamente.
—Bien, creo que los puntos clave han quedado claros —dijo el presidente de la junta, interrumpiendo el silencio tenso—. Analizaremos ambas propuestas y daremos el veredicto final la próxima semana. Pueden retirarse.
Los directivos se levantaron casi de inmediato, ansiosos por escapar de la presión asfixiante de la sala. El hermano menor de Min-hyuk, que había estado sentado a su lado observándolo todo con ojos de sospecha y envidia, le dio una palmada en el hombro.
—Buen trabajo, hermano. Nos vemos abajo —dijo, lanzándole una mirada fría a Tae-jun antes de salir junto al resto del personal.
En menos de dos minutos, la enorme sala de juntas se quedó completamente vacía. Solo quedaban ellos dos, sentados uno frente al otro, separados únicamente por la larga mesa.
El silencio que quedó era pesado, cargado de una electricidad estática que hacía que el vello de los brazos se pusiera de punta. Ninguno de los dos se movió para recoger sus carpetas.
—Tienes una boca muy grande para los negocios, Min-hyuk —soltó Tae-jun, rompiendo el silencio. Se reclinó en su silla, observando al Alfa más grande con una mezcla de desprecio y fascinación.
Min-hyuk se levantó despacio. Su imponente figura se proyectó sobre la mesa, bloqueando la luz que entraba por el ventanal. Caminó lentamente alrededor de la mesa, sin apartar los ojos de Tae-jun, hasta detenerse justo al lado de su silla.
El aroma a tormenta y cedro rodeó por completo a Tae-jun, envolviéndolo en una burbuja invisible. Min-hyuk se inclinó un poco, apoyando una de sus grandes manos en el respaldo de la silla de Tae-jun y la otra sobre la mesa, acorralándolo sin llegar a tocarlo físicamente.
—Y tú tienes unos ojos demasiado feroces para ser solo un hombre de negocios, Tae-jun —susurró Min-hyuk, a escasos centímetros de su oído. Su aliento caliente rozó la piel pálida del cuello de Tae-jun, haciendo que este apretara los dientes para no soltar un gruñido—. Tus feromonas están intentando morder las mías desde que entré por esa puerta.
Tae-jun giró la cabeza despacio, quedando rostro a rostro con Min-hyuk. La distancia era tan corta que podía ver la textura de la piel del otro, la pequeña cicatriz en su ceja y la intensidad salvaje de sus pupilas dilatadas.
—¿Te molesta mi aroma? —desafió Tae-jun, humedeciendo sus labios carnosos de forma deliberada, un gesto que no pasó desapercibido para Min-hyuk—. Si no puedes soportar la presión de un Alfa de verdad, puedes retirarte de la competencia ahora mismo.
Min-hyuk soltó una risa baja. Sus ojos oscuros brillaron con una peligrosa chispa de excitación. El juego de poder apenas estaba comenzando, y ninguno de los dos estaba dispuesto a retroceder.
—No me molesta en absoluto —respondió Min-hyuk, bajando la mirada hacia los labios de Tae-jun—. Al contrario... me está dando un hambre voraz.
El choque de sus feromonas alcanzó su punto máximo en ese instante, transformando la rivalidad corporativa en una tensión incontrolable que amenazaba con hacer estallar las paredes de cristal de la torre. El territorio ya estaba en disputa, y la batalla no se ganaría en una sala de juntas.
respecto a la nueva novela, espero novedades de sonde leerla pronto, apoyo toda su escritura y le sigo a donde vaya!!!💜💋
se viene lo bueno, no puedo esperar!!!😈😈😈
Vamos Min, no solo eres fuerza bruta, haz que tu mente vuele, demuestra de que estas hecho. Tae tiene que saberlo también juntos podrían idear la forma de salir de este terreno lodos 💪