Bajo el velo de una sumisa y angelical monja que sana a los heridos en una ciudad infestada de demonios y avaricia corporativa, Verónica oculta una fuerza colosal y destructiva que late en sus mechas carmesíes, esperando el momento exacto para desatar a la bestia sagrada que lleva dentro.
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Capítulo 14: La Respuesta del Trono de Pedro
La biblioteca del Convento de la Sagrada Misericordia estaba envuelta en un silencio denso, solo roto por el suave tecleo de los dedos de Verónica sobre el terminal holográfico. Eran las 4:17 a.m. La mayoría de las hermanas dormían, exhaustas después de tres días intensos atendiendo refugiados y reforzando bendiciones en las zonas limítrofes. Pero Verónica no había descansado. Sus ojos azules profundos permanecían fijos en la pantalla mientras terminaba el último informe.
Sus mechas carmesíes, ligeramente visibles bajo el velo ajustado, parecían palpitar con cada palabra que escribía. El documento era meticuloso, clínico y profundamente honesto, tal como exigía su disciplina. Titulado *Informe Interno: Análisis de la Incursión Zángano y Acusaciones Corporativas*, detallaba con precisión quirúrgica todo lo ocurrido.
Verónica describía las fisuras iniciales, la intervención fallida y arrogante de las corporaciones (nombrando específicamente a Eclipse Dynamics y sus dispositivos de resonancia), la respuesta coordinada de la Orden de San Miguel y los independientes, y las repercusiones humanitarias. Incluía datos de energía demoníaca, patrones de aparición y, sobre todo, un apartado dedicado a la campaña de difamación orquestada por hélix, Eclipse y Kurogane.
«No fue negligencia de la fe —escribió con letra elegante y firme—. Fue la soberbia tecnológica la que amplificó un problema latente en uno catastrófico. Mientras las corporaciones buscan culpables para proteger sus contratos, nosotros seguimos atendiendo a los heridos, alimentando a los desplazados y conteniendo lo que ellas liberaron.»
Al final del informe, añadió una sección personal, destinada solo al Vaticano:
*“Recomiendo el envío inmediato de refuerzos espirituales y tácticos. La anomalía en las fisuras sugiere una inteligencia superior coordinando desde el otro lado. Además, la alianza entre la Orden y los independientes está dando frutos inesperados. Es una oportunidad para demostrar que la fe y la acción humana pueden unirse más allá de divisiones.” *
Verónica selló el documento con su firma digital y un símbolo de bendición codificado. Lo envió a través del canal encriptado directo al Vaticano. Luego se recostó en la silla, cerrando los ojos por un momento. Sus manos, largas y firmes, temblaron ligeramente. La otra faceta había estado inquieta desde su incursión solitaria en los barrios evacuados. Contenerla cada vez costaba más esfuerzo.
A las 7:45 a.m., el Padre Superior convocó una reunión de emergencia en la sala capitular del convento. Asistieron Mateo, tres hermanas mayores, dos novicias y Verónica.
—El Vaticano ha confirmado la recepción de tus informes, Sor Verónica —dijo el anciano con voz grave pero cargada de orgullo—. Los calificaron como “ejemplares en claridad y profundidad”. Han decidido actuar.
Mateo, sentado con la espalda recta pese al cansancio, intervino:
—¿Qué tipo de ayuda enviarán, Padre?
—Un contingente especial. No solo cazadores. Incluye teólogos de alto rango, exorcistas veteranos y un equipo de investigación dimensional. Llegarán en menos de cuarenta y ocho horas. El Cardenal Giovanni Rossi liderará la delegación.
Un murmullo recorrió la sala. El Cardenal Rossi no era cualquier figura. Era uno de los hombres de mayor confianza del Santo Padre, conocido por haber dirigido operaciones contra incursiones demoníacas en Roma y Nueva Delhi.
Verónica habló con su habitual serenidad:
—Mis informes detallan la necesidad de una respuesta unificada. Las acusaciones de las corporaciones buscan fracturar la confianza pública. Debemos contrarrestarlas con transparencia y acción concreta.
El Padre Superior asintió.
—Precisamente. El Vaticano ha autorizado una estrategia de tres frentes. Primero: comunicación pública. Segundo: refuerzo espiritual y militar. Tercero: investigación profunda sobre las fisuras, basada enteramente en tus observaciones, Verónica.
Mientras tanto, en el Centro Cívico Aurora, Elena Vargas coordinaba con Mateo la distribución de suministros recién llegados. La noticia del apoyo vaticano se había filtrado.
—¿De verdad viene gente desde Roma? —preguntó Elena mientras cargaba una caja.
Mateo sonrió con cansancio.
—Verónica ha sido clave. Sus informes son impecables. No solo describen hechos; analizan patrones, motivaciones y riesgos futuros. El Vaticano confía en ella.
Elena se detuvo un momento.
—Esa monja… hay algo en ella. La vi en el comedor antes de la invasión. Y después, cuando curaba a la gente. No es como las demás.
Mateo no respondió inmediatamente. Recordaba cómo Verónica había salido sola y los “terremotos” que habían destruido nidos. Aún no conectaba los puntos, pero sentía que había más en ella.
**En la Ciudad del Vaticano – Dos horas después**
El Cardenal Giovanni Rossi, un hombre de sesenta y ocho años con cabello plateado y ojos penetrantes, leía los informes de Verónica en su despacho privado dentro de los muros apostólicos. A su alrededor se encontraban tres obispos, dos exorcistas de élite y un experto en demonología dimensional.
—Esta joven monja tiene un don —murmuró Rossi, pasando las páginas holográficas—. No solo describe. Anticipa. Sus observaciones sobre el debilitamiento progresivo del velo y la posible inteligencia coordinando desde el otro lado coinciden con lecturas antiguas que creíamos olvidadas.
Uno de los exorcistas, el Padre Luca Moretti, intervino:
—Hemos preparado un equipo de doce personas. Incluye al Hermano Alessio, especialista en sellos dimensionales, y a la Hermana Caterina, experta en energías residuales.
El Cardenal se levantó.
—Partimos en cuatro horas. Esta no es solo una ayuda pastoral. Es una declaración: la Iglesia no se quedará callada ante las mentiras corporativas. Publicaremos una respuesta oficial basada en los informes de Sor Verónica.
**De regreso en el convento – Preparativos**
Verónica fue puesta a cargo de organizar la recepción del contingente vaticano. Pasó el día coordinando con Mateo y Elena. La alianza callejera se involucró activamente: los Vigilantes del Umbral prepararon un perímetro seguro para la llegada.
Por la tarde, Verónica se reunió en privado con Mateo en la capilla secundaria.
—Hermano Mateo, tus informes de campo complementaron perfectamente los míos —dijo ella con voz suave—. La Iglesia está respondiendo con fuerza porque vio la verdad que presentamos.
Mateo la miró con respeto profundo.
—Eres la razón principal, Sor Verónica. Tu claridad… es como si vieras más allá de lo evidente.
Por un instante, las mechas carmesíes brillaron levemente bajo el velo. Verónica bajó la mirada.
—Solo cumplo con mi deber. Como todos.
**Respuesta Pública de la Iglesia**
A las 18:00 horas, el Vaticano emitió un comunicado global transmitido en todos los canales importantes y plataformas holográficas. El Cardenal Rossi, desde Roma, leyó el mensaje:
«Ante las infundadas acusaciones de ciertas corporaciones que buscan desviar su responsabilidad en la reciente tragedia, la Santa Sede presenta los siguientes hechos, basados en informes detallados de nuestras hermanas y hermanos en el campo:
Las corporaciones Eclipse Dynamics y Kurogane Dynamics activaron dispositivos experimentales que amplificaron fisuras preexistentes, según evidencia recolectada y verificada.
La Orden de San Miguel y grupos civiles independientes respondieron de inmediato, salvando miles de vidas mientras las fuerzas corporativas priorizaban activos económicos.
La Iglesia no solo reza. Actúa. Y continuará actuando con transparencia.»
El comunicado incluía extractos anonimizados de los informes de Verónica, presentados como “análisis de campo”. La respuesta fue inmediata. Millones de personas en todo el mundo compartieron el mensaje. La confianza en la Iglesia comenzó a recuperarse en los sectores populares, mientras que las acciones de las corporaciones sufrieron caídas moderadas.
**Llegada del Contingente Vaticano**
El transporte aéreo blindado del Vaticano aterrizó en una zona segura cerca del convento a las 23:45. El Cardenal Rossi descendió primero, seguido de su equipo. Verónica, el Padre Superior y Mateo los recibieron.
—Sor Verónica —dijo Rossi, tomándole las manos con genuino respeto—. Sus informes han sido fundamentales. El Santo Padre los leyó personalmente y quedó impresionado por su rigor.
Verónica inclinó la cabeza con humildad.
—Solo sirvo, Eminencia.
Durante las siguientes horas, se realizó una reunión exhaustiva. Rossi escuchó los reportes actualizados de Mateo y Elena (quien fue invitada como representante de los independientes). Verónica presentó un análisis complementario sobre las fisuras, sugiriendo patrones que indicaban una posible inteligencia directora.
—Esto coincide con antiguas profecías sobre un “Caballero del Enjambre” —comentó uno de los exorcistas.
El Cardenal Rossi tomó decisiones rápidas:
—Reforzaremos las defensas del convento con sellos de nivel cardenalicio. Enviaremos equipos mixtos (eclesiásticos e independientes) a patrullar las zonas críticas. Y comenzaremos una investigación profunda sobre la anomalía energética detectada en los barrios evacuados.
Elena, presente en la reunión, habló con franqueza:
—Mi gente está dispuesta a trabajar con ustedes. Pero no queremos que nos usen como herramientas. Queremos respeto mutuo.
Rossi sonrió.
—Después de leer los informes de Sor Verónica, queda claro que su alianza es uno de los pocos rayos de esperanza en esta oscuridad. No venimos a mandar. Venimos a servir juntos.
**Desarrollo de la Estrategia**
Durante los siguientes dos días, el contingente vaticano trabajó incansablemente. Verónica actuó como enlace principal, coordinando información. Sus reportes originales sirvieron de base para nuevos protocolos de contención.
Mateo y Elena lideraron patrullas mixtas con los recién llegados. Descubrieron dos nidos residuales que fueron purificados con rituales combinados de fe antigua y tácticas callejeras.
En paralelo, el Vaticano lanzó una campaña global de ayuda humanitaria: envíos masivos de alimentos, medicinas y equipos de reconstrucción. Esto contrarrestó directamente las narrativas corporativas de “Iglesia inactiva”.
Verónica, en momentos privados, sentía el peso creciente. La bestia sagrada en su interior respondía a la presencia de los refuerzos vaticanos. Sabía que pronto tendría que decidir cuánto revelar.
El Cardenal Rossi, durante una conversación privada con ella en el claustro, le dijo:
—Hay algo especial en ti, hija. Tus informes no solo informan. Iluminan. Continúa así. El Señor te ha dado un don grande.
Verónica solo sonrió serenamente.
—Haré lo que se me pida, Eminencia.
La respuesta de la Iglesia estaba en marcha. Basada en la claridad de una monja de mechas carmesí, se convertía en un baluarte contra las acusaciones corporativas y en un faro de esperanza para los afectados. Pero todos sentían que esto era solo el comienzo de una guerra mucho más grande.
Las fisuras seguían palpitando……Y en algún lugar del Abismo, un Caballero y su Príncipe observaban.