Para el mundo, Ada Medina de 35 años es una ingeniera en sistema muy exitosa en un campo dominado por hombres, pero para su familia, es solo la hermana que nunca superó a su amor de la infancia Sebastián Hernández, sin embargo, bajo la sombra de la etiqueta de “pagafantas” que su hermana Victoria con malicia se encargó de difundir, la realidad es que Ada guarda un secreto.
Desde hace años Ada vive un romance clandestino con Damián Hernández un valiente bombero de 37 años, y hermano mayor de Sebastián.
Al ser ambos los eternos postergados y los “segundos” de sus respectivas familias, han preferido mantener en secreto su “vínculo” bajo la imagen de una simple amistad para evitar el estallido de conflictos muy dolorosos.
Pero el silencio tiene un límite y Ada está a punto de demostrar que no es el plan B de nadie, y que el amor de su vida siempre estuvo ahí, esperando el momento adecuado para salir a la luz.
NovelToon tiene autorización de @maryurisve para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo III: Entre Caníbales
Era el mes de junio del año 1990, Ada se preparaba para el examen de admisión a la facultad de Informática en la Universidad más prestigiosa del país, y estaba motivada por dos razones: la primera alcanzar su sueño a pesar de que era un campo dominado principalmente por hombres y sobre todo poner tierra de por medio con su familia además de que guardaba la secreta esperanza de que lejos de las presiones familiares, su amistad con Sebastián, el cual también había prometido que se postularía para estudiar en la misma universidad, finalmente se convertiría en algo más.
Esa noche, todo el grupo de clases decidió darse un respiro de sus estudios e ir a un karaoke a cantar y comer hamburguesas, estaban a un mes de definir su futuro y Ada estuvo de acuerdo a pesar de que su hermana Victoria estaría allí, pero Sebastián se lo pidió y ella no podía negarse, además se había quedado sola porque su hermano Mateo se había ido de campamento y sus padres se encontraban fuera de la ciudad.
De alguna manera Victoria con su crueldad habitual logró verter laxantes en la bebida favorita de Ada y tras pasar mucho tiempo encerrada en el baño, consultó la hora en su reloj y se dio cuenta de que eran las siete de la noche, se esmeró en lograr su maquillarse dramático, y se vistió con su estilo inconfundible un jumper de color gris cuya falda llegaba hasta mitad de pierna, franela blanca de mangas largas, medias de red y botas militares de plataforma.
Al salir de la casa, apurada y luciendo su estilo tan único, se topó con Damián, que estaba llegando a la casa de sus padres justo en ese momento, con sus 20 años tenía un físico imponente forjado en la academia de bomberos y le sorprendió que regresara a casa.
—Hola extraño—dijo Ada chocando el puño con él, como era su costumbre—No sabía que vendrías de visita.
Damián soltó su bolso con desenfado y, tras chocar el puño, la rodeó con sus brazos y la elevó del suelo con una facilidad pasmosa, riendo ante el fingido enojo de Ada.
—Aquí la única extraña eres tú—soltó él con una carcajada—Pero me gusta tu estilo, ¿A dónde vas a esta hora?
Ada se mordió el labio sintiéndose un poco nerviosa debido al retraso, además de que suponía que la estaban esperando, ocultó sus manos tras la espalda, pero a Damián no le pasó por alto el esmalte rojo sangre de sus uñas.
—Voy al karaoke
Damián volvió a tomar su bolso; como si su intención de entrar a la casa de sus padres se hubieran esfumado en un segundo, era una urbanización de clase media, y el transporte público era una odisea a esa hora, así que él no la dejaría ir sola.
—Yo te llevo.
—Pero … ibas a ver a tus padres.
Damián pensó en las caras largas de sus padres y su entusiasmo se enfrió de inmediato, había viajado por tres horas para invitarlos a su condecoración como uno de los mejores de su promoción, pero la cobardía o tal vez el presentimiento del rechazo que recibiría de su parte, lo detuvo en la puerta.
—Eso puede esperar —dijo abriendo la puerta del copiloto de su Chevette verde—Ahora lo importante es que llegues segura.
Ada lo observó acomodar el bolso y rodear el auto y subir al puesto del conductor, el vehículo era pequeño para un hombre con su 1,92 mts de estatura, pero ella sabía que era un modelo económico y que él se lo había comprado con su propio esfuerzo.
Al encender el motor, las notas de “Entre Caníbales” de Soda Stereo inundaron el espacio, y ambos empezaron a cantar con la misma intensidad.
Damián era el único con quien Ada podía hablar de música sin que pusiera los ojos en blanco; porque en sus familias eran dos extraños compartiendo el gusto por el rock en su idioma.
Llegaron al centro comercial donde se encontraba el karaoke, Damián pudo dejarla en la entrada y seguir su camino, pero no lo hizo, porque lo que no le confesó es que su visita imprevista no era solo para invitar a sus padres; también había vuelto para advertirle de que se había enterado de que Sebastián no solo se estaba postulando a la misma facultad que Victoria, sino que de hecho ellos llevaban un par de meses saliendo en secreto.
Sebastián la mantenía en vilo, alimentando sus ilusiones solo porque necesitaba que Ada lo ayudara con las materias de análisis y comprensión lectora.
—Gracias por traerme Damián —dijo Ada con una sonrisa tímida.
Damián apretó el volante con sus manos y se debatía internamente entre contarle la verdad o mantenerse callado, la apreciaba profundamente; habían crecido juntos, compartiendo ese sentimiento de ser siempre los relegados de su familia, y el héroe que ya empezaba a forjarse en él le gritaba que hablara, aunque significaba arruinar la relación con su hermano, pero ella no se merecía esa humillación.
—Ada, ¿Me regalas un par de minutos? —preguntó con una incomodidad evidente.
Ada conocía la fama de mujeriego de Damián así que no quería malinterpretar las cosas y arruinar la amistad entre tan hermosa que existía entre ambos.
—Damián, voy tardísimo … pero te prometo que mañana hablamos, ¿Sí? —respondió ella, dándole un par de golpecitos amistosos al marco de la ventana.
Se bajó del auto y respiró hondo, tuvo que admitir que esos ojos negros y profundos de Damián eran perturbadoramente atractivos, pero solo era el hermano mayor de Sebastián y su amigo de la infancia, así que negó con la cabeza, y se lo repitió varias veces, convenciéndose de que su corazón le pertenecía al hermano menor.
Caminó con seguridad hacia el lugar, a pesar de su look tan excéntrico, no era la única que vestía de esa manera, simplemente era uno de los estilos que estaba de moda, ella no llamaba la atención por su forma de vestir sino por lo hermosa que en realidad era; después de todo, solo su madrastra, de mente estrecha, pensaba que vestirse de esa manera era un pecado.
— ¡Maldita sea! ¡Si no lo hago, me voy a arrepentir el resto de mi vida! —gruñó Damián buscando un lugar donde estacionar a toda prisa.
Dentro del karaoke el grupo estaba reunido y obviamente nadie esperaba por Ada, ni siquiera Sebastián que tanto había insistido en su asistencia, Victoria acomodada en su regazo, con la arrogancia de quien se siente vencedora, apoyaba su cabeza en su pecho mientras recorría el lugar con la mirada.
—¿No te da miedo que Ada llegue y los descubra? —preguntó uno de los amigos de Sebastián entre risas.
Sebastián, en vez de responder, buscó los labios de Victoria y le plantó un beso lento y apasionado ante los vítores del grupo.
—¿Qué importa si se entera?, siempre ha sido mi “pagafantas”, y si yo le digo “salta”, ella solo pregunta qué tan alto.
Las carcajadas estallaron, sin saber que, a pocos pasos, los sueños de una joven de dieciocho años se hacían añicos, una de las presentes, Constanza la más sensata del grupo, y quien años después sería la mejor amiga de Ada, alzó la voz indignada:
—Eres un sinvergüenza Sebastián, la tienes a la expectativa, sembrándole ilusiones, mientras sales con su hermana a sus espaldas—protestó Constanza con vehemencia.
—Ada es buena como amiga, pero no me interesa como mujer —se defendió él— Ella es tan…
Sebastián vaciló, buscando una palabra que no lo hiciera sonar como el hombre miserable que realmente era.
—Entonces déjala en paz, deja de mentirle con lo de la universidad, cuando la verdad es que piensas quedarte en la ciudad para estudiar finanzas.
—No entiendes que la necesito para asegurar mis promedios —se justificó él, sin un ápice de vergüenza.
—Además, no es como si ella fuera a pisar esa universidad —intervino Victoria, con un tono de burla punzante—Papá no está dispuesto a permitir que estudie una carrera que es exclusiva para hombres.
—¿De qué hablas, Victoria? —preguntó la chica, horrorizada— ¿Piensas sabotear su admisión?
—Exactamente, y es por eso que necesito que todos aquí cierren filas conmigo —sentenció Victoria con malicia— ¿No es así, Sebastián?
—Lo que pida mi reina, yo solo cumplo órdenes —respondió él, con una sumisión que rayaba en lo patético.
hermosa me encantó 💕
en ningún momento ella se dejó almedendrar x esos atorrantes poca cosa , dejan mucho q desear como personas especialmente el padre